La sangre de Cristo

Luis Alberto Coria

La sangre de Cristo

Predicas Cristianas Predica de Hoy: La sangre de Cristo

Introducción

El poder redentor de la sangre de Cristo

Quizás al leer la Biblia, sobre todo el Antiguo Testamento, muchos se han preguntado ¿Por qué tanto derramamiento de sangre?, y el motivo es que de esta manera Dios quiere grabar en nuestra mente algo fundamental, nos está diciendo que los temas relacionados con nuestra vida son tan profundos que solamente pueden ser resueltos por medio de la muerte, nos está diciendo que la base de la vida cristiana es la muerte a la vida en el mundo y el renacer en una vida entregada a Cristo, y nos dice además que no lo conseguiremos nunca sobre la base de una vida natural, por lo que tenemos que descubrir una nueva clase de vida, la natural, y de ninguna manera podemos tener las dos cosas a la vez.

La lucha que se produce en la vida cristiana es debida a que intentamos seguir aferrándonos a la antigua vida natural, negándonos a aceptar la nueva, que es espiritual, y la sangre del Señor nos habla acerca de esto.

Leamos la Palabra de Dios en 1 Corintios 10:1-4, 6, 12-16 “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. 6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 12 Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. …… Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. Como a sensatos os hablo……. 16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?”

I. La sangre de Cristo: fundamento de la vida cristiana

La sangre vertida la cruz es la que nos lleva a poner en práctica el amor en todas las relaciones de la vida, a Dios no le preocupa tanto lo que hacemos en la iglesia como lo que hacemos en el hogar y en cada lugar en donde nos encontramos, como resultado de haber asistido a la iglesia, y es por esto que debemos aprender que lo más importante en la vida es conocer al Dios vivo que se encuentra detrás de todas las cosas que nos suceden.

Como cristianos debemos tomar consciencia de aquellas cosas que están en juego y su importancia, aprendiendo cómo toda nuestra vida está en la balanza al llegar a este punto, sabiendo que se espera una decisión de nosotros y que hay dos caminos por delante, pero solamente una opción por la que nos debemos decidir.

Dios nos coloca en esa situación y nos ayuda a darnos cuenta de que nos va a tocar decidir el camino por el cual deberemos de transitar; el Señor nunca dice: “Voy a hacer que lleves una vida desgraciada” sino que dice, “Si prefieres sentirte angustiado y no quieres ser sanado, puedes seguir por el camino que transitas; pero si quieres vida, solo tienes una opción, pues ‘Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas’” Juan 10:10-11

Dios no nos impone nunca su voluntad, pero pone delante nuestro las opciones, lo deja todo muy claro y luego espera a que reaccionemos sobre la base de las enseñanzas que Él nos ha dado a través de Su conocimiento.

II. La sangre de Cristo y la santidad: llamados a ser del Señor

El Señor nos dice: “Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo” Levítico 11:45

Esa es la meta que se ha fijado Dios, quiere que seamos suyos, pero nos ve en nuestra condición espiritual fluctuante, sintiéndonos divididos entre el cielo y el mundo, con nuestras faltas e imperfecciones, entonces nos toma de la mano y nos dice:

Mío eres tú; …., no me olvides. Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” Isaías 44:21-22, “Mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador” Isaías 43:1-3.

Cuando fuimos incrédulos, probablemente nunca habíamos sido inquietados por nuestra conciencia hasta el día en que la Palabra de Dios empezó a despertarnos y a traer luz a nuestra vida espiritual; nuestra conciencia hasta entonces había estado muerta, y los que tienen la conciencia muerta no son de ninguna utilidad para Dios como tampoco lo son quienes “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios” Romanos 1:21-22, pero cuando creímos, nuestra conciencia despertó y se volvió sensible a lo que el Espíritu nos indica, y “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” Apocalipsis 3:5-6.

Si Dios puede aceptar la sangre de Cristo como pago por nuestros pecados y como el precio de nuestra redención, podemos estar seguros de que la deuda ha sido saldada, y debemos también recordar que Él es santo y justo, y que un Dios santo y justo, tiene derecho de decir que la Sangre es aceptable a Sus ojos y que dicho pago le ha satisfecho plenamente.

III. La sangre de Cristo, la comunión y la obediencia espiritual

Pero en la práctica aceptamos fácilmente la acusación de Satanás, y la razón está en que aun nos aferramos a la esperanza de tener alguna justicia en nosotros mismos, por lo que la base de esta esperanza está errada; Satanás ha logrado desviar nuestra vista de la cruz y con ello ha ganado ventaja, haciéndonos ineficaces para la obra del Señor, pero si aprendemos a no poner la confianza en la carne y ver cuán inútiles somos por cuanto aun sustentamos alguna confianza en nosotros mismos, comprenderemos que es allí cuando Satanás viene y nos acusa, haciéndonos sentir nuevamente pecadores y sin posibilidad de renacer a una nueva vida en Cristo.

Cuando pecamos, ganamos la muerte, “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 6:23, pero Jesús pagó el precio de nosotros con su propia sangre en la cruz, Jesús derramó su sangre en la cruz por nuestra expiación e hizo posible que fuésemos uno con Dios, lo que significa que no somos sus enemigos sino sus amigos y sus hijos, ya que por fe hemos aceptado lo que Jesús hizo por nosotros, pues “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” Juan 1:12-13.

Dios es todo poderoso para tratar con nuestros pecados, pero no puede hacerlo con un hombre que acepta la acusación de Satanás porque no está confiando en la Sangre, la Sangre habla en su favor, pero él está escuchando a Satanás; Cristo es nuestro abogado, ya que “si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” 1 Juan 2:1-2, pero nosotros, los acusados, obedecemos de alguna manera al acusador por cuanto no hemos llegado a reconocer que Dios ha contestado en nuestra defensa y lo ha hecho a través de la sangre preciosa de Jesucristo, nuestro Señor.

En Levítico 8:23 leemos: “Tomó Moisés de la sangre, y la puso sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho”, allí, la sangre sobre el lóbulo de la oreja significa que debemos escuchar la voz de Dios, pero el hombre no convertido no entiende la voz de Dios y por eso, cuando el incircunciso oía la voz de Dios pensaba que eran truenos, pues sin la sangre no podemos escuchar la voz de Dios y entenderla.

La sangre en la mano significa que el hombre ha de trabajar para Dios, pero no puedes trabajar para Dios hasta que estás protegido por la sangre, y hasta ese momento nada de lo que haces tiene valor, “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” Santiago 2:26, por lo tanto, no dejes que nadie te engañe, no dejes a Satanás que te engañe diciéndote que puedes ir al cielo por algún otro medio, “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:5-6.

Los discípulos no estaban dispuestos a hacer cosas pequeñas sino que preferían hacer algo importante, pero tú no puedes hacer nada que agrade a Dios hasta que creas, y mucha gente puede hacer obras día y noche trabajando hasta agotarse, pero nunca harán nada aceptable a los ojos del Señor hasta que hagan lo que Dios requiere de ellos.

La sangre del dedo del pie derecho muestra que Aarón tenía que andar con Dios; cuando Adán cayó la comunión con Dios se interrumpió, antes, Adán andaba con Dios, pero en el momento que pecó perdió la comunión y a partir de allí Dios ha tratado de conseguir que el hombre entre de nuevo en comunión, pero es un Dios de verdad y de justicia, por lo que su justicia debe ser cumplida y una vez que ha sido cumplida está satisfecho.

Dios no había vuelto a andar con el hombre hasta que lo puso tras la sangre, en Gosén; pasaron el mar Rojo y Dios dijo a Josué: “Yo os he entregado, …, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie………….Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida” Josué 1:3-5, y había gigantes en la tierra que tenían que conquistar pero un joven del Señor derrotó al gigante Goliat, y si Dios es con nosotros los gigantes son como hormigas, pero si Dios no está con nosotros la cosa es diferente, y a Dios le sirven más diez hombres apartados del mundo que diez mil cristianos que van a la reunión de la iglesia por la mañana y al baile por la noche.

El Señor habla al pueblo diciendo: “Lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová” Éxodo 12:11, y si como cristianos no tenemos más poder es porque no nos alimentamos del Cordero y es por esto que hay tantos cristianos débiles, “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” 1 Corintios 11:28-30.

Conclusión

El pacto eterno sellado con la sangre de Cristo

Delante tenemos un largo trayecto por el desierto como los hijos de Israel, para lo cual, después de haber sido salvos tenemos que ser alimentados de Cristo; Él es el verdadero pan de vida, y si no alimentamos nuestra vida espiritual del verdadero pan del cielo viviremos enfermizos y débiles y no tendremos poder para salir a trabajar por Cristo, y ésta es la razón por la cual no todos en la Iglesia tienen poder; algunos creen que con dar una mirada a Cristo cada semana ya es suficiente, mientras que algunos piensan demasiado en lo que comen, pero si en Cristo todo es por fe, ¿por qué los hijos de Dios han de pensar tan racionalmente en su alimento espiritual?.

Ponte de pie ahora, cierra tus ojos y dile al Señor: Ahora entiendo lo que significa el derramamiento de la sangre de Cristo para el Padre, para Satanás y para mí. Hago ahora voto de compartir con otros la verdad respecto a la sangre de Cristo predicando al evangelio a todo aquél que me brinde la oportunidad de hablarle de la salvación que Jesús vino a traer a la humanidad.

Me recordaré a mí mismo, permanentemente, el pacto que Dios tiene conmigo para perdonar mi pecado, limpiarme de toda maldad, y protegerme de los planes de Satanás a fin de no caer nuevamente en la prisión del pecado; y le pido al Señor que me fortalezca y recuerde este voto cada vez que sea tentado a no cumplirlo, se lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

© Luis A. Coria. Todos los derechos reservados.

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Luis Alberto Coria
Autor

Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, soy un Pastor jubilado. Estoy casado con Nora Griselda Correa; tenemos cuatro hijos. Tuvimos una iglesia en Córdoba, Argentina, que formaba parte del ministerio El Nuevo Pacto. Somos fieles seguidores de la palabra de Dios.

1 comentario en «La sangre de Cristo»

  1. Aleluya aleluya aleluya pastor Coria que predica tan profunda y con tanta sabiduría realmente es un hombre de Dios pues nadie expone la Palabra Santa como usted sus predicas sacuden el infierno y construyen el Reino de Dios aquí en la tierra siga así se lo pedimos

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