No erreis

Reenier Gonzalo Prado

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No Erréis: Nuestras Conversaciones Edifican o Destruyen la Fe

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: No Erréis: Nuestras Conversaciones Edifican o Destruyen la Fe

Predica Cristiana Lectura Bíblica: Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos. No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.” 1 Corintios 15:32-3-4

Introducción

Lo que conversamos y la forma en que actuamos están íntimamente ligados, y esto se pone de manifiesto con el tiempo. “No erréis,” nos advierte la Palabra, porque las conversaciones, incluso aquellas que parecen inofensivas al principio, tienen un impacto profundo en nuestras vidas.

Como una gota que golpea una piedra hasta destruirla, las palabras pueden desgastar nuestra fe si no son edificantes. Al principio, las conversaciones que no edifican —murmuraciones, críticas y cuestionamientos— parecen no causar daño. Sin embargo, con el tiempo, terminan destruyendo la fe de quienes participan.

El habla humana es un don divino

El habla humana es un don divino, porque “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Pero muchas veces no valoramos este regalo como es debido.

Esto hace que no nos demos cuenta de que las conversaciones pueden consolidar amistades, resolver malentendidos, animar a los deprimidos, fortalecer la fe y enriquecer la vida espiritual. Sin embargo, también pueden hacer todo lo contrario.

“Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina” (Proverbios 12:18). Pero también está escrito: “El labio veraz permanecerá para siempre; mas la lengua mentirosa sólo por un momento” (Proverbios 12:19).

Los siervos y siervas de Dios

Los siervos y siervas de Dios debemos tener conversaciones que curen y edifiquen, no que hieran y derrumben. Debemos usar la lengua para alabar al Señor tanto en lo público como en nuestras conversaciones privadas. Por lo tanto, debemos aprender a medir bien lo que decimos.

¿Por qué? Porque:

“Yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36-37).

Cuando el Señor nos dice: “No erréis,” nos advierte que al participar de conversaciones vanas y destructivas estamos errando. Este error nos lleva a ejecutar acciones equivocadas, que terminan corrompiendo las buenas costumbres y destruyendo la fe.

Esto lo vemos en aquellos que hablaron mal de la iglesia y terminaron sin congregarse, apartados de Dios. Por eso:
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).

Un buen siervo de Dios sabe que la mejor forma de obedecer al Señor es entablando conversaciones espirituales, porque: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).

Nuestras prioridades

Es posible que, sin darnos cuenta, nuestra vida y pensamientos se hayan centrado en cosas secundarias. Si ese es el caso, debemos cambiar nuestras prioridades para mejorar nuestras conversaciones y nuestra vida.

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1:9-11).

También debemos tener cuidado con las conversaciones internas, esos pensamientos que vienen del diablo y que se nos presentan como nuestro propio criterio, alejándonos de Dios. Estas ideas pueden determinar nuestro comportamiento, sembrando palabras que destruyen en lugar de edificar.

Relaciones personales

Este concepto también lo debemos aplicar en nuestras relaciones personales. Debemos considerar no solo lo que hablamos, sino también con quién nos juntamos a hablar. Aunque esto no parezca importante, tiene un impacto significativo en nuestra forma de actuar.

El apóstol Pablo nos enseña: “Me he hecho a los judíos como judío… a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Corintios 9:20-22).

El propósito de Pablo era ganar almas, no participar de las cosas del mundo. Si te juntas con gente del mundo, debes estar firme en el Señor para no caer en sus actitudes.

En nuestras conversaciones

En nuestras conversaciones podemos edificarnos hablando de los testimonios dados en las reuniones, de la alabanza y de la Palabra recibida. Esto nos edifica y refuerza nuestra fe, sabiendo que:
“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos…” (Hebreos 4:12-13).

Sin importar el tema, nuestras conversaciones serán edificantes si las ajustamos a lo dicho en Filipenses 4:8:
“Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable… en esto pensad.”

Conversaciones edificantes

Tengamos conversaciones edificantes con nuestros hijos, como manda el Señor:
“Estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos…” (Deuteronomio 6:6-7).

Nuestros hijos necesitan testimonios edificantes. Los padres deben disponer tiempo para hablar de las cosas de Dios, fortaleciendo la fe familiar. Como dice Proverbios 22:6:
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

Nuestras palabras

El crecimiento espiritual personal ocurre porque lo provocamos, no porque pase el tiempo. Y una gran parte de este crecimiento se manifiesta en nuestras palabras.

“Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (Proverbios 31:26). Participar en chismes o críticas solo nos acerca al pecado, pero usar nuestras palabras para alabar a Dios glorifica su nombre.

Conclusión

Utilicemos el don del habla para estimular a los demás a seguir el camino de la salvación y para alabar a Dios. Esto nos producirá gozo a nosotros, animará a los demás y alegrará el corazón de Dios:

“Los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero… y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová” (Malaquías 3:16-17).

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Reenier Gonzalo Prado
Autor

Reenier Gonzalo Prado

Siervo de Jesucristo, proclamando la Palabra de Dios a través de mensajes cristianos que exaltan al Salvador y edifican al pueblo de Dios. Mi llamado no es una ocupación, sino una entrega total al Reino. Cada mensaje que predico y escribo nace del deseo profundo de glorificar a Cristo, alumbrar corazones con la verdad del Evangelio y despertar una fe genuina en quienes escuchan. Mi compromiso es con la sana doctrina, la obediencia a las Escrituras y la guía del Espíritu Santo, para que todo lo que salga de mi boca y pluma esté alineado con el corazón de Dios.

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