No es fácil

José R. Hernández

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Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas

Una cosa que he dicho en numerosas ocasiones es que seguir a Dios y guardad Su Palabra no es algo fácil de hacer. Digo que no es algo que encontraremos fácil de hacer porque en todo caso, cuando realmente nos mantenemos fiel a la Palabra de Dios, y seguimos el camino que Él ha trazado para nosotros, esto producirá consecuencias negativas por parte del mundo que afectaran nuestra vida, y la vida de aquellos que nos rodean.

Pero no obstante esto, como el pueblo de Dios que somos, nosotros tenemos que reconocer la importancia de mantenernos fiel a Dios y de seguir Su camino.

Es por esto que en el día de hoy deseo que estudiemos un acontecimiento histórico que nos ayudara a entender la necesidad de mantenernos fiel a la Palabra de Dios, y las consecuencias que esto puede producir en nuestra vida. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Jeremías 38:1-10Oyeron Sefatías hijo de Matán, Gedalías hijo de Pasur, Jucal hijo de Selemías, y Pasur hijo de Malquías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad morirá a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se pasare a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y vivirá. 3 Así ha dicho Jehová: De cierto será entregada esta ciudad en manos del ejército del rey de Babilonia, y la tomará. 4 Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal. 5 Y dijo el rey Sedequías: He aquí que él está en vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros. 6 Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno. 7 Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa real, que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y estando sentado el rey a la puerta de Benjamín, 8 Ebed-melec salió de la casa del rey y habló al rey, diciendo: 9 Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad. 10 Entonces mandó el rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Primero de todo conozcamos un poco más a éste hombre llamado Jeremías. Jeremías nació durante tiempos bien difíciles; eran tiempos cuando la apostasía, la idolatría y los rituales paganos florecían en el Pueblo de Dios, y Dios estaba un poco cansado de todo.

Esto es algo que queda claramente ilustrado en Jeremías 17:1-4 cuando leemos, “El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares, 2 mientras sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus imágenes de Asera, que están junto a los árboles frondosos y en los collados altos, 3 sobre las montañas y sobre el campo. Todos tus tesoros entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio. 4 Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre arderá.”

Jeremías le ministro a éste pueblo por un periodo de más de cuarenta años, y le tocó vivir durante lo que sería los últimos días del reino de Judá.

En éste punto de la historia, Judá tenía un bloqueo militar a su alrededor, y tenían al ejército de Babilonia a las puertas. Ellos habían bloqueado la ciudad con su poder militar, algo que había durado por un periodo de más o menos dos años. Imaginémonos lo que está aconteciendo en estos versículos; usemos nuestra imaginación y transportémonos por un momento a ese entonces.

Ésta ciudad estaba aislada del mundo, las rutas comerciales estaban bloqueadas, la comida estaba disminuyendo, el pueblo se encontraba irritado y atormentado, la moral y el ánimo del pueblo estaba por el piso, y si todo esto no fuese poco, aquí tenemos a Jeremías predicando lo que evidentemente tiene que ser un mensaje de traición. Pero, ¿estaba predicando Jeremías traición? En los ojos del hombre podemos contestar que si, pero la respuesta en actualidad es NO.

La respuesta es no porque Jeremías no estaba hablando sus palabras, Jeremías hablaba lo que Dios le mandaba. Esto es algo que queda bien establecido desde el principio de su ministerio como encontramos en Jeremías 1:4-8 cuando leemos, “Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. 6 Y yo dije: !!Ah! !!ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. 7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. 8 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.”

Así que podemos decir confiadamente que Jeremías solo declaraba la verdad de Dios. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Los mensajes que Jeremías les estaba trayendo no eran populares y alentadores; eran mensajes que llamaban al pueblo al arrepentimiento, y descubrían el pecado de una generación rebelde. Una gran verdad acerca de la Palabra de Dios es que los mensajes no siempre son populares y aceptados.

Esto es cierto en éste caso, ya que el mensaje que él estaba llevando era visto por los príncipes como traición y por eso vemos que le querían matar. Pero el punto de vista del hombre no detuvo a éste varón de Dios; nada podía detenerle o amedrentarle porque él sabía que Dios estaba con él. Desdichadamente existen muchos en el pueblo de Dios que carecen de ésta convicción, que carecen fe.

Desdichadamente hoy en día vemos como muchos dejan de declarar la verdad por temor a las consecuencias, y esto incluye no solo al creyente, esto también incluye a muchos ministros, pastores, y líderes en el Cuerpo de Cristo.

Existen muchas personas que no declaran la verdad porque en muchas ocasiones la verdad duele; en muchas ocasiones la verdad es bien difícil de aceptar; en muchas ocasiones declarar la verdad de Dios puede traer adversidad a nuestro diario vivir; en muchas ocasiones declarar la verdad de Dios nos causara que perdamos amistades, familiares y hasta trabajos y demás.

Hace varios años atrás salió una película titulada “Pocos hombres buenos” (A few good men), ¿alguien se acuerda de ésta película? Siempre me recuerdo de cuando el abogado estaba interrogando al coronel delante del juez en el juicio, y le dijo “yo quiero saber la verdad,” y el coronel le respondió “usted no puede soportar la verdad.” ¿Se acuerda alguno de esa escena?

Les digo que existen muchos en el pueblo de Dios que no soportan la verdad. Existen muchos en el pueblo de Dios que no declaran y predican la verdad por temor. No predican la verdad porque la verdad puede vaciar una iglesia; la verdad puede hacer que muchos supuestos Cristianos huyan y no regresen; cuando esto sucede el temor siempre es que no se podrán pagar los gastos, que el pastor o líder no podrá cobrar un salario, temor, temor, y temor.

Pero recordemos que Dios no nos hizo con espíritu de temor, Dios nos hizo con espíritus de valentía y esto es algo que queda bien declarado en 2 Timoteo 1:7 cuando leemos, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” No podemos hablar y predicar para agradar al hombre; tenemos que hablar y predicar para agradar a Dios.

Esto es algo que queda bien ilustrado en Gálatas 1:10 cuando leemos, “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” Sin embargo, con frecuencia nosotros permitimos que el temor reine en nuestra vida y que interrumpa las bendiciones que nuestro Padre celestial quiere derramar.

Nosotros mismos permitimos que nuestro enemigo detenga de la manera que Dios quiere que vivamos. El temor a lo que pueda suceder detiene las bendiciones porque en si no estamos confiando en el poder de Dios, estamos confiando en el poder del hombre. Dile al hermano que tienes a tu lado; “Hay que declarar la verdad.”

En muchas ocasiones he escuchado decir “yo conozco la Palabra de Dios y la aplico a mi vida a mi manera según la interpreto” o quizás algo como “hasta ahora Dios no me ha desamparado ni se ha apartado de mí, Él me conoce como soy porque Él así me creo.”

Estas declaraciones siempre son hechas con un propósito, son hechas para tratar de proveer una excusa para continuar conduciendo una vida pecaminosa; una vida que nunca agradara a Dios. Pero, yo estoy aquí para declararte la verdad de Dios; si pensamos de ésta manera, entonces NO nos vale de nada venir a la iglesia domingo tras domingo.

Ésta manera de pensar es otra mentira de nuestro enemigo quien viene a robarnos la bendición que Dios nos da de conocer Su Palabra. ¿Quieren la verdad? ¿Podrán soportar la verdad?

La verdad es difícil, la verdad es dura, ¡la verdad es que Dios no habita donde hay pecado! Cuando pensamos que Dios habita en una vida abiertamente pecaminosa, que Dios habita en una vida que persevera en el pecado y no en la Palabra de Dios, en realidad el que reina en nuestra vida es el diablo. Es el diablo haciéndonos creer que estamos bien; es el enemigo a quien obedecemos continuamente y nos mantenemos en el pecado. ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque la verdad es que Dios nunca cambiará Su Palabra para agradar al hombre; el hombre es el que tiene que cambiar su vida y dejar el pecado para agradar a Dios.

Dios nos advierte y amonesta diariamente a través de Su Palabra con el propósito de que seamos salvos; esto es algo que se nos dice claramente en 1 Timoteo 2:3-4 cuando leemos, “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.”

Aunque en éste pueblo de antigüedad existían muchos que perseveraban en el pecado, Dios les estaba dando una oportunidad para arrepentirse y salvar sus vidas.

Por cuarenta años Jeremías venia advirtiéndoles de las consecuencias de sus acciones, y ahora faltaba poco tiempo antes de que ellos fueran llevados cautivos por Babilonia, quedaba poco tiempo pero Dios en su infinita misericordia les estaba ofreciendo otra oportunidad.

Fíjense bien en las palabras de Jeremías: “Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad morirá a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se pasare a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y vivirá. 3 Así ha dicho Jehová: De cierto será entregada esta ciudad en manos del ejército del rey de Babilonia, y la tomará.” Pero estas palabras fueron vistas por el pueblo de ese entonces como una traición. Es verdad que lo que el profeta les dijo fueron palabras desalentadoras y fuertes, pero eran la verdad de Dios.

Dios ya había decidido que Judá seria castigada por sus malas acciones, Dios había decidido que el imperio de Babilonia la tomaría, y Jeremías solo declaraba la verdad, pero como les dije, la verdad es difícil de aceptar, especialmente cuando no concuerda con la manera en que pensamos.

¿Creen ustedes que a Jeremías le iba bien? ¿Creen ustedes que por hablar la verdad Jeremías era aceptado y reconocido? Fíjense en lo bien que bien le iba y el reconocimiento recibió: “Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal. 5 Y dijo el rey Sedequías: He aquí que él está en vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros. 6 Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno.”

Les puedo decir que ésta no fue la única vez que a Jeremías le tocó pasar por momentos difíciles. Jeremías confió en Dios y Su Palabra, algo que muchos de nosotros aun tenemos que aprender.

Jeremías conocía las repercusiones que existirían al predicar la Palabra de Dios, pero esto no lo detuvo. Jeremías persevero en todo momento.

Te declaro una verdad en el día de hoy, estamos llamados a perseverar en nuestra fe en todo momento. Esto es algo que queda claramente expresado en Hebreos 10:38-39 cuando leemos, “Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. 39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”

Como podemos ver en los versículos que estamos explorando en el día de hoy, Jeremías fue echado en la cisterna, fue lanzado por el hombre a un lugar desagradable donde perdería su vida, pero ¿abandono Dios a Jeremías?

Para contestar ésta pregunta continuamos con nuestro estudio y leemos, “Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno.”

A primera vista muchos dirían que Dios aparentemente había abandonado a Su siervo, pero les aseguro que éste no fue el caso. Dios no le abandono, pero Él si probo su fe. ¿Pasamos nosotros por lo mismo?

Cuándo un creyente recibe la salvación, ¿le da Dios una vida sin problemas y perfecta?

Algunas veces pensamos que Dios debería hacer esto ¿verdad? Pensamos que Dios no debería permitir que las pruebas, o como muchos lo ven, cosas malas nos sucedan. Pero, ¿por qué permite Dios que sucedan? ¿Por qué llegan las pruebas a nuestra vida?

Tenemos pruebas porque nuestra fe tiene que ser refinada; fíjense bien como esto es algo que queda bien ilustrado en 1 Pedro 1:7 cuando leemos, “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.”

Pero la pregunta que se mantiene es, ¿por qué Dios prueba nuestra fe? Hermanos, Dios prueba la fe de los creyentes para que desarrollemos una fe genuina.

Pedro aquí hace una comparación bien interesante, él compara al creyente con el oro. ¿Sabe alguien aquí el proceso por cual el oro tiene que pasar antes de que llegue a su pureza final?

Porque después de todo, el oro sin procesar no es muy bonito, es solo una piedra de metal llena de impurezas. El oro tiene que ser puesto al fuego para limpiar todas las impurezas y pueda llegar a ser puro y limpio.

Igual nuestra fe, cuando nos mantenemos fiel, el fuego de la prueba refina nuestra fe y la hace brillar, y es el brillar de la fe de un verdadero cristiano lo que atrae a otros, El brillar del fuego del Espíritu Santo nos saca de las tinieblas.

Para concluir. Dios no abandono a Jeremías: “Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa real, que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y estando sentado el rey a la puerta de Benjamín, 8 Ebed-melec salió de la casa del rey y habló al rey, diciendo: 9 Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad. 10 Entonces mandó el rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera.”

Dios no abandono a Jeremías y Dios no te abandonará jamás; esto es algo que el Señor nos deja declarado claramente en Mateo 28:20 cuando leemos, “…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Dios le aseguro a Jeremías su seguridad, y Dios te asegura a ti tu seguridad. Esto es algo que queda completamente claro en Juan 3:16 cuando leemos, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Dios le aseguro a Jeremías que no serian sus palabras sino serian Palabras de Dios que él predicaría; Dios te dice a ti declara la verdad, yo pongo las palabras en tu boca.

Esto es algo que el Señor nos deja claramente declarado en Marcos 13:11; cuando leemos, “Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.”

Prediquemos la verdad de Dios en todo momento, declaremos la verdad de Dios en todo instante en nuestra vida.

© 2008, José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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