Padre rico, mente pobre

Luis Alberto Coria

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Padre rico, mente pobre

Padre rico, mente pobre | Predicas Cristianas

Dios, en Su Palabra se declara: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” Hageo 2:8, y la misma Palabra declara que: “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” Romanos 8:16-17.

Con esta base, y como hijos de Dios, podemos decir con seguridad que nuestro Padre es rico, y que nosotros debemos serlo también ya que somos sus herederos.

Somos herederos de un Padre rico

Leamos la Palabra de Dios en Marcos 6:30-44:

“Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. Y comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. Y los que comieron eran cinco mil hombres”.

El verdadero valor de las riquezas en la vida del creyente

“Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios a los que confían en las riquezas!” Marcos 10:23-24.

Aquí, Jesús habla de las riquezas humanas, esas que el hombre sin Cristo considera su tesoro. Pero Dios, en cambio, habla de las riquezas verdaderas que transforma nuestra vida. Romanos 2:4 dice: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”.

Las riquezas espirituales son nuestra mayor herencia

Efesios 1:17-18 nos revela: “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos”.

Ahí está el Reino de Dios, nuestra verdadera herencia. Teniéndolo en nuestra vida, todas las otras cosas nos serán añadidas.

Las estructuras mentales que limitan las bendiciones de Dios

La cultura tradicional aleja al ser humano de Dios, estableciendo una estructura mental que enseña que la única forma de mejorar económicamente es trabajando cada vez más, incluso sacrificando el tiempo de Dios.

Pero Deuteronomio 5:13-14 es claro: “Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios”. Además, Filipenses 4:17 nos recuerda: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

La mentalidad pobre que impide alcanzar la abundancia en Cristo

Muchos temen dar a Dios lo que es de Dios porque no entienden que todo lo que tienen es una bendición suya. Otros temen emprender algo nuevo con Cristo por falta de experiencia personal.

El que no abre su mente a lo nuevo se encierra en esa vieja estructura de seguridad aprendida. Se aferran a buscar empleo “seguro” y jubilarse, pero en ese plan no aparece Dios ni las promesas de abundancia de Su Palabra.

La barrera que separa al creyente obediente del mundo

A un lado están los del mundo, incluso creyentes que confían solo en sus fuerzas. Al otro lado están los cristianos fieles, que saben que su futuro económico está seguro en Dios, porque buscan primero su Reino.

Entre ambos lados están los “me gustaría, pero…”, los indecisos. Ven la posibilidad de vivir en abundancia con Cristo, pero no se atreven a dar el paso.

La fe, la obediencia y el trabajo abren el camino a las bendiciones

Si quieres cruzar esa barrera, debes actuar con fe y obediencia. Las circunstancias pasarán, pero la variable que determina tu abundancia eres tú mismo.

En el camino de Dios, las bendiciones no se alcanzan por apariencia, sino por obediencia, lectura y aplicación de la Palabra, y por cumplir lo que Él pide.

Las riquezas verdaderas son el resultado de buscar primero a Dios

El crecimiento espiritual y la prosperidad vienen de Dios. Él ha prometido recompensas terrenales, pero también advierte que no debemos confiar más en las riquezas que en Él.

Nuestro corazón debe buscar lo de arriba, porque es ahí donde están las verdaderas riquezas.

Recuerda al Dios que te da el poder para hacer riquezas

Deuteronomio 8:11-18:

“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día”.

No olvides nunca que todo lo que tienes viene de Dios, y solo Su bendición añade verdadera riqueza a tu vida.

Conclusión:

Amados hermanos y hermanas, la Palabra ha sido clara hoy. Nosotros no fuimos llamados a vivir bajo la mentalidad del mundo ni a depender de estructuras humanas. Somos hijos de Dios, herederos de Su Reino, y el Señor ya ha provisto todo lo necesario para que vivamos una vida de bendición, pero bajo Sus principios y no bajo las mentiras del enemigo.

La verdadera libertad económica, la verdadera paz, el verdadero desarrollo personal y familiar no vienen del esfuerzo humano desconectado de Dios, sino de caminar en obediencia, en fidelidad, y aplicando cada día la Palabra de Dios en todas las áreas de nuestra vida.

Dios no está en contra de que prosperes, al contrario, Él es quien te da el poder para hacer las riquezas, pero jamás olvides que todo viene de Él, que todo es por Él, y que si queremos disfrutar de las bendiciones de Dios sin caer en las trampas del orgullo o la autosuficiencia, debemos buscar primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás vendrá por añadidura.

Hoy te invito a que examines tu corazón. Pregúntate sinceramente: ¿estoy confiando en mis fuerzas, en lo que el mundo me enseñó, o estoy viviendo como un verdadero hijo de un Padre rico, obedeciendo Su Palabra, siendo fiel en todo, y creyendo que Su voluntad es buena, agradable y perfecta?

Si hasta hoy estabas estancado en esa pista intermedia, con temor, con dudas, sin dar el salto de fe, hoy es el día para decidirte a confiar plenamente en el Señor, obedecer Sus mandamientos y caminar como un verdadero heredero de las promesas.

Dios tiene un plan para ti, pero requiere fe, obediencia y acción. No te conformes con las migajas del mundo cuando tu Padre celestial te ha llamado a disfrutar de las riquezas verdaderas en Cristo.

Recuerda lo que dice la Escritura: “Acuérdate de Jehová tu Dios, porque Él te da el poder para hacer las riquezas” (Deuteronomio 8:18).

Que hoy sea el día en que decides vivir como un hijo obediente, fiel, y que todo lo que hagas lo hagas para la gloria de Dios, confiando que Su mano poderosa está sobre ti.

¡Dios te bendiga grandemente!

© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.

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Luis Alberto Coria
Autor

Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, soy un Pastor jubilado. Estoy casado con Nora Griselda Correa; tenemos cuatro hijos. Tuvimos una iglesia en Córdoba, Argentina, que formaba parte del ministerio El Nuevo Pacto. Somos fieles seguidores de la palabra de Dios.

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