Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas
Si se acuerdan, la semana pasada les mencione que en ocasiones el creyente tiende a caer en la trampa del enemigo; en ocasiones el creyente tiende a caer enredado en la trampa de la compasión o lástima propia, lo que causa que en casi toda ocasión nos desviemos de los caminos de Dios.
Ciertamente eso fue lo que le sucedió al profeta Elías durante la etapa de su vida que exploramos la semana pasada, y definitivamente es algo que el enemigo continúa usando para desviar al pueblo de Dios de hoy. Ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué podemos ser desviados de los caminos de Dios con tanta frecuencia?
La respuesta es porque en la mayoría de los casos, al encontramos en situaciones difíciles, nosotros tendemos a olvidarnos de quienes somos. Es decir, al confrontar situaciones difíciles, primero buscamos solucionar las cosas por nuestra propia fuerza, y cuando esto no resulta entonces comenzamos a ahogarnos en el ¿por qué a mí?
Así que para aprender a como no permitir ser desviados de los caminos de Dios, hoy vamos a explorar acerca de ¿quiénes somos? y ¿por qué a mí? Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
1 Corintios 1:2-5 – A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: 3 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Acción de gracias por dones espirituales 4 Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; 5 porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia
Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Corintios era la ciudad más importante de Grecia en el tiempo de Pablo. Corintios era un centro bien ocupado de comercio mundial, pero tenía una cultura degradada, y religión idólatra.
Corintios llegó a ser tan notorio por sus males que decir “actuar como un corintio” se convirtió en un sinónimo para la corrupción e inmoralidad. Lo que estaba sucediendo es que ésta inmoralidad y corrupción estaban afectando a la iglesia.
La inmoralidad y corrupción causo problemas dentro de la iglesia, y es algo que queda muy evidente en 1 Corintios 1:11 cuando leemos: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.”
Así que como podemos ver, Pablo escribió ésta carta como respuesta correctiva a las noticias de problemas y desórdenes entre ellos. En otras palabras, ésta carta fue diseñada para corregir actitudes inapropiadas y para promover un espíritu de unidad entre los hermanos, sus relaciones y la adoración. ¿Por qué es necesario que sepamos éstas cosas?
Es necesario saber éstas pequeñeces porque a través de ellas nos damos cuenta que aunque ésta carta fue escrita alrededor del 56 d.C., en realidad las personas no han cambiado mucho, y el mundo se encuentra más o menos en la misma situación. En otras palabras la mayoría de las personas en éste mundo se pasan la vida entera en búsqueda de placeres, títulos, y lo material en vez de buscar más de Dios.
La mayoría de las personas en éste mundo están tan conectadas a la corriente de maldad que corre por éste mundo que se han completamente desconectado de Dios.
Esto es la verdad acerca de todo aquel que aun no conoce a Cristo como su Rey y Salvador, es decir a los no creyentes; pero desdichadamente, existe un buen grupo de personas dentro del cuerpo de Cristo, que tal como en ese entonces están tan envueltos en las cosas de éste mundo que lo único que hacen es causar divisiones, contiendas, y desacuerdos. Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.
En los versículos que estamos estudiando en el día de hoy encontramos tres palabras claves que nos ayudan a establecer nuestra identidad, para de ésta manera poder detener ser desviado de los caminos de Dios. La primera palabra clave es “iglesia”, la segunda es “santificados”, y la tercera es “enriquecidos”. Examinemos ahora estas palabras detalladamente para descubrir el poder tan grande que existe en nuestra verdadera identidad.
La primera palabra es: “iglesia.” Para poder entender bien el significado tan poderoso de ésta palabra, nos será necesario detenernos aquí por un breve momento y examinar el origen de ella.
La palabra “iglesia” es la traducción de la palabra griega “ekklēsia”, la cual tiene doble definición ya que puede ser definida como: “1. reunión o asamblea de un grupo de ciudadanos llamados fuera de sus hogares a un lugar publico”; “2. reunión o asamblea de cristianos reunidos para adorar en un centro; el cuerpo de Cristo dispersado en toda la tierra.” Así que usando éstas definiciones encontramos dos cosas de suma importancia.
Número uno; Él nos ha llamado por nombre y apellido para que salgamos del mundo y entremos en Su Reino. Esto es algo que el apóstol deja muy bien declarado en 1 Corintios 1:9 cuando leemos: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”
Número dos; nosotros formamos parte del cuerpo de Cristo. Esto es algo que el apóstol también deja extremadamente claro en Romanos 12:4-5 cuando leemos: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, 5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.”
Esto significa que nosotros no somos una pequeña congregación, sino que somos un poderoso frente de liberación. Así que formar parte de la iglesia significa que nuestra ciudadanía fue transferida de la tierra a los cielos. Formar parte de la iglesia significa que fuimos liberados de las asechanzas del diablo.
Es como nos dice el Señor en Juan 8:32 cuando leemos: “…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”
No fuimos liberados por nuestra propia fuerza o voluntad, sino por la sangre de Cristo Jesús y la divina Palabra de Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado: somos la iglesia.
La segunda palabra aquí es: “santificados.” Para poder entender bien el significado tan poderoso de ésta palabra, nos será necesario detenernos aquí nuevamente por un breve instante y examinar el origen de ella.
La palabra “santificados” viene de la palabra griega “hagiazō” que significa: “purificar; limpiar externamente; purificar por expiación: libre de culpabilidad o pecado; purificar internamente por el renovar del alma”.
Así que la palabra santificar es usada como un acto de purificación, y esto era algo muy bien entendido por los Judíos y el pueblo de ese entonces. Ellos entendían esto muy bien porque durante el tiempo que Jesús estuvo aquí en la tierra, las personas que quisieran entrar al templo para adorar a Dios tenían que primero purificarse en uno de los “Mikvehs”; (“Mikvehs” un baño ritual que los judíos usan para purificarse antes de cualquier acto de adoración).
En otras palabras, las personas tenían que sumergirse en las aguas de un ritual antes de poder acercarse a Dios. Y con el sacrificio de Cristo en la cruz, Dios hizo esto exactamente con cada uno de nosotros.
Nosotros fuimos purificados y lavados no con agua; fuimos purificados por la sangre de Jesús. Es como nos dice la Palabra en Juan 3:16 cuando leemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Esto significa que se nos ha dado una nueva vida.
La tercera palabra es: “enriquecidos.” Para poder entender bien el significado de ésta palabra, nos será necesario detenernos aquí nuevamente por un breve instante y examinar el origen de ella. La palabra “enriquecidos” viene de la palabra griega “πλουτίζω” (ploutizō – Strong’s G4148) que significa: “hacer rico; riquezas espiritual.”
Así que esto significa que nosotros no hemos recibido poco, nosotros hemos recibido mucho. Dile a la persona que tienes a tu lado, somos ricos. Muchos en el mundo quisieran tener lo que tenemos nosotros. ¿Qué tenemos nosotros que muchos en el mundo buscan, pero nunca encuentran?
Nosotros tenemos la paz de Dios en nuestro corazón y nuestra mente.
Es como nos dice la Palabra de Dios en Filipenses 4:7 cuando leemos: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
En ocasiones a nosotros se nos llaman nombres como fanáticos, locos, o tontos. Pero esto sucede porque como nos dice la Palabra en 1 Corintios 1:18: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” Así que para el creyente fiel, ésta palabra “enriquecido” significa que no tenemos límites. Hermanos el apóstol aquí no estaba hablando de las riquezas materiales que pueden ser obtenidas en éste mundo, sino que estaba hablando de la riquezas que son las bendiciones espirituales.
Pensemos en esto por un breve momento; Dios nos ha dado a cada uno de nosotros diferentes dones. Se nos ha dado riquezas como ninguna; riquezas que no pueden ser compradas con todo el oro o plata en el universo. Se nos fue entregada la ciudadanía en el Reino de Dios.
Así que en momentos de dificultad, en momentos de preocupación, en momentos que causan temor, nunca se nos puede olvidar quienes somos. Así que como podemos ver, en estos versículos encontramos la respuesta a la primera pregunta de hoy. ¿Quienes somos?
Somos una iglesia; en otras palabras personas escogidas por Dios. Somos santificados; en otras palabras, fuimos purificados por la sangre de Jesús. Somos enriquecidos; en otras palabras somos bendecidos por Dios en todo momento. Dile a la persona que tienes a tu lado: somos la iglesia.
La segunda pregunta que hicimos en el día es ¿por que a mi? Lo que sucede es que al igual que en el caso del profeta quien estudiamos la semana pasada, muchos de nosotros nos ahogamos en compasión o lastima propia. Esto nos causa que nos encerremos en nosotros mismos, y nos conduce a un sufrimiento interno y callado.
La realidad de todo es que es muy fácil sentirse deprimido y tener lastima propia. Todos lo hemos hecho en un tiempo u otro; y es aquí donde el enemigo quiere atraparte.
El enemigo quiere que digamos nada me sale bien, siempre tengo éste problema. Pero, ¿qué nos dice la palabra acerca de esto? ¿Está garantizado de que cuando venimos a Cristo se nos quitaran todos los problemas? ¿Qué cuando venimos a Cristo la vida se convierte en una preciosidad? ¡¡No!!
Pero el Señor si nos hace un bella promesa acerca de todo sufrimiento y dolor como encontramos en Juan 16:33 cuando leemos: “Estas cosas os he hablado apara que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
Cuando analizamos éste versículo nos damos cuenta que contesta la segunda pregunta claramente. Nos contesta el ¿por qué a mí? ¿Por qué digo esto?
Digo que en ese versículo el Señor contesta el por qué a mi porque en ese versículo encontramos que el Señor sabe que pasaremos por tribulaciones que serán difíciles.
Él sabe que atravesaremos por situaciones que nos causaran dolor. Pero con esto Él nos anima a fortalecernos; con esas palabras el Señor nos inspira a confiar en Él; con esas palabras el Señor nos anima a no desmayar; con esas palabras el Señor nos da aliento para que no caigamos en la lástima propia. “Pero confiad, yo he vencido al mundo“. Con esto el Señor nos está diciendo que seamos fuertes. Que no desmayemos y que no permitamos que el enemigo nos derrote. El Señor nos dice confía en mi y todo será resuelto.
Yo sé que quizás algunos estén pensando: “si pero es que usted no sabe por lo que yo estoy atravesando”. Yo sé que en ocasiones podemos sentirnos como si estuviésemos solos, o como que Dios nos ha abandonado; Jesús mismo durante los momentos más físicamente dolorosos de Su vida llego a sentirse de esa manera.
Esto es algo que queda bien reflejado en Mateo 27:46 cuando leemos: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Pero te digo en el día de hoy que no importa la circunstancia, que no importa la situación, que no importa lo difícil que todo aparente ser, Dios nunca abandona a un siervo fiel.
Recordemos que el Señor tiene un plan y un propósito con todo lo que sucede; el propósito de Dios fue cumplido en la cruz del calvario. ¿Cuál fue el propósito de Dios? El propósito de Dios fue nuestra salvación. ¡Gracias Señor!
Dios tiene un propósito en todo, lo que quiere decir que tenemos que mirar las cosas que nos suceden como una experiencia de la cual tenemos algo que aprender. La realidad es que ninguno de nosotros podemos decir de forma cierta el por qué Dios permite que sucedan ciertas cosas, pero de lo que si podemos estar muy seguros es que existe un propósito divino, y el propósito divino siempre será para nuestro bien.
Esto el algo que queda muy bien reflejado en Jeremías 29:11-12 cuando leemos: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré.” Con esto aquí Él nos dice: yo estoy en control, tranquilo, aguarda. Como les dije hace un momento, ser cristiano no nos garantiza una vida libre de sufrimiento, pero si nos garantiza que Él nos guiara a través de nuestro dolor.
En Juan 14:16 el Señor nos dice: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.” Y es ésta promesa la que nos garantiza de que no obstante la situación, el creyente fiel siempre obtendrá una conclusión gloriosa, ya que hasta la misma muerte no tiene poder alguno en nosotros, porque Dios nos entrego vida eterna. Dile a la persona que tienes a tu lado: confía en el Señor.
Para concluir. Dios ha hecho numerosas cosas por nosotros que quizás desconozcamos, y otras que quizás hayamos visto sin dificultad. Y es por eso que tenemos muchas razones por la que darle gracias a Dios. Pero la bendición más grande que tenemos es Su palabra.
Cuando buscamos de Él, cuando tomamos en tiempo de estudiar y meditar en Su palabra, pronto nos damos cuenta de que no existe pregunta ni problema que Él no nos pueda contestar o ayudar. ¿Por qué pueden ser muchos desviados de los caminos de Dios con facilidad? La respuesta es porque a muchos se les olvidan su verdadera identidad.
¿Cómo podemos evitar ser desviados de la presencia de Dios? Lo podemos evitar recordando que fuimos escogidos por Dios, que fuimos llamados afuera de éste mundo. Lo podemos evitar recordando que fuimos santificados, limpiados, purificados por la sangre del Cordero de Dios.
Lo podemos evitar recordando que fuimos enriquecidos; fuimos enriquecidos en cosas que todo el dinero o las posesiones materiales combinadas en éste mundo no pueden comprar.
Lo podemos evitar recordando que Dios nunca abandona a un siervo fiel. Es por eso que te digo en el día de hoy, no permitas más que el enemigo te atrape en el ¿por qué a mí? ¡Recuérdate de quien eres!
© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.