¿Qué casa construyes al Señor?

Luis Alberto Coria

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¿Qué casa construyes al Señor?

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: ¿Qué casa construyes al Señor?

Predica Cristiana Lectura Bíblica: Lucas 21:5-6

Introducción

¿La adornas con tus ministerios, con tus dones y con tus talentos? De gracia los recibiste y de gracias debes entregarlos en ofrenda a Dios para que solamente Él sea glorificado, de ésta forma su casa se verá llena de la belleza esplendorosa de su poder.

Leamos la Palabra de Dios en Lucas 21:5-6Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida”.

¿Qué casa construyes al Señor?

La Escritura nos esta hablando allí de un templo construido por hombres, con bellos adornos que se podían apreciar con los ojos humanos, un templo fuerte y resistente desde el punto de vista físico, pero que aún así poseía la fragilidad de todo lo humano y por ello se puede destruir con facilidad.

Así como construimos y adornamos nuestra casa con cuadros y demás, el hombre sin Cristo construye templos, físicos o no para adorar, puede colocar allí muchas cosas: Imágenes, esposo, hijos, su trabajo, el dinero. En fin, cuanta cosa pueda ocasionar una idolatría, aún puede colocar dentro de ese templo su propia vida.

Una vez construido, el mismo hombre se encarga de colocarle adornos, pero lo mas triste es que en muchas ocasiones se emplean para adornar esos templo idolátricos a los dones y talentos que el Señor entrega por gracia y para otros fines muy distintos; lo que el hombre sin Cristo no alcanza a comprender es que ésos templos pueden ser destruidos completamente en escaso tiempo, “En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida” (vers. 6).

La casa de Dios

Estas cosas no suceden cuando hablamos del templo espiritual, del templo santo de Dios, de la fortaleza indestructible que es por estar fundada en la roca firme que es Cristo. La casa de Dios es sólida desde su fundamento y se sobreedifica a través de las vidas que han comprendido la necesidad del compromiso y de la entrega para la obra del evangelio, cada hombre, cada mujer, cada joven o cada niños que verdaderamente dejó que el Señor ocupe la totalidad de su ser, pasa a ser una piedra indestructible que será empleada para la construcción de la obra de Dios, “Desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 Pedro 2:4).

Seis días se trabajará, mas el séptimo os será santo, día de reposo para Jehová; cualquiera que en él hiciere trabajo alguno, morirá(Éxodo 35:2). No es que el Señor este diciendo que el trabajo es malo y te llevará a la muerte, el Señor esta diciendo que el día de reposo es para dedicarlo por entero al Él y de hecho que si así no lo haces, si no cumples con el mandato de congregarte y dedicarle este día, te estarás alejando de Dios; y allí, en ése alejamiento comienzas a morir espiritualmente.

El Señor está hablando de no efectuar trabajos físicos en su día, pero como cristianos debemos entender que en ése día es cuando mayor debemos esforzarnos en la edificación del templo de Dios, es el momento destinado a preparar el material para la ornamentación y embellecimiento de la casa de Dios. El día de reposo es día destacado por el Señor para traer las ofrendas al templo, es día en que la casa del Señor debe lucir en plenitud de belleza, ornamentada con las ofrendas de sus hijos.

“Todos presentaban ofrenda de oro a Jehová”, “Ofrenda de plata”, “Piedras de ónice”; “Madera de acacia”, Pieles de tejones”; “Lino fino”, “Pieles teñidas de rojo” (Éxodo 35:22-28).

Podríamos hacer tres grandes grupos con las ofrendas:

“Oro, Plata, Piedras preciosas, etc”, son elementos de mucho valor porque son escasos y difíciles de conseguir, para lograrlos se debe trabajar mucho y como alguna vez dijimos se debe desviar muchas corrientes de agua para poder seguir la veta del mineral, debe profundizarse en la tierra y en ocasiones cuesta aún la vida misma de quienes buscan esos elementos.

“Madera de acacia, pieles de tejones, pelo de cabra, etc”, cosas que quizás no tengan un valor material demasiado importante en la actualidad, aunque en esos tiempos si lo tenían; son elementos que tienen una belleza muy particular y por ello son buscados para emplearles en la ornamentación.

“Hilados de lino fino, de púrpura, de carmesí, pieles teñidas, etc”, obra de las manos de las mujeres, hoy también de los hombres; elementos que para lograrlos llevaban tiempo, trabajo y sacrificio, quizás no tengan demasiado valor material pero son destacados por su belleza.

En el primer caso, podríamos comparar esta ofrenda con los ministerios entregados por gracia del Señor. Los ministerios son como esos elementos, escasos y de un valor muy elevado, “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 22:14). Para llegar a ellos se debe trabajar muchos y es necesario sacrificar muchas cosas.

Para llegar a los metales preciosos o a las gemas valiosas es necesario llegar a lugares inhóspitos, abriendo caminos en donde no los hay, salvando cuantas dificultades se presentan para cumplir el propósito. En orden de desarrollar un ministerio es necesario sacrificar nuestra relación con todo aquello que proviene del mundo, debemos abrirnos camino a través de las pruebas y luchas bajo la guía del Señor para llegar al lugar de la bendición, debemos aprender a sortear cuanta dificultad nos presente el enemigo para llegar a buen puerto y cumplir con nuestro propósito.

Los dones espirituales

En el segundo caso, compararíamos la ofrenda con los dones espirituales; los dones son diversos y entregados por la gracia del Señor, “Teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada” (Romanos 12:6). Para llegar a ellos es necesario hallarlos y luego pulirlos para darles la utilidad requerida.

Estos elementos no son escasos y quizás para muchos no tengan valor pero se destacan por su belleza, son brindados por la gracia de Dios pues existen en la naturaleza misma de la creación. Los dones espirituales nos son brindados por la gracia del Señor, pero en nosotros está el hallarlos, y una vez que hemos descubierto lo que el Señor nos dio, debemos trabajar sobre ellos para pulirlos y que sean útiles para el desarrollo del cuerpo de Cristo, exaltando a través de ellos la belleza del Señor.

Los talentos personales

Y en el tercer caso, compararíamos la ofrenda con los talentos personales; son muchos y dados a cada uno según la gracia del Señor, “Mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos” (Isaías 65:22). El Señor, en medio de su gracia los ha entregado y seguramente cada uno conoce los suyos desde hace tiempo, ahora la tarea es perfeccionarlos buscando la excelencia para ofrendarlos al Señor, contribuyendo con éstos a la obra del evangelio.

El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? Dice el Señor” (Hechos 7:49). Aunque primeramente tendrías que preguntarte si es que realmente le estás edificando casa a Él o simplemente vas a la iglesia para ver como avanza la obra que edifican tus hermanos sin ocuparte de ser parte de la misma, sin interesarte mucho por el crecimiento o su extensión; piensa cuál es la casa que tú le edificas.

Reflexiona si estás edificando una casilla de emergencia, fundada en las necesidades del momento, en una enfermedad o en un problema y sobreedificada con oraciones circunstanciales, en una mínima comunión con el Señor, en una pequeña y eventual lectura bíblica; piensa si la casa que edificas al Señor es tan precaria que ante la menor tormenta se destruye y no queda nada de ella, ni el cimiento pues éste no era sólido.

¿Has edificado para el Señor?

Piensa si la casa que has edificado para el Señor no es semejante a las enramadas que se hacían en tiempos de cosecha, simplemente eran una protección circunstancial pero no servían para habitación permanente pues no tenían fundamento.

Tenían muchas rendijas por donde se colaba el viento y la lluvia, si esta es la casa que edificas, ten cuidado porque por las rendijas se colará el viento y la lluvia de problemas, enfermedades y cuantas cosas presenta el enemigo. Tal vez te parezca muy espiritual su condición, lo cierto es que allí no luce, a causa de su precariedad las ofrendas con que se pretenden adornarla no tienen lucimiento por bellas que ellas sean.

Las enramadas, como no estaban arraigadas se podían mover de aquí para allá como muchos cristianos se mudan de una iglesia a otra cuando algo no les agrada o no se hacen las cosas como ellos quieren.

¿Qué casa edificas para el Señor?

Quizás sea una casa que tenga fortaleza, que esté cimentada en la roca y bien arraigada, pero que solamente tenga las mínimas comodidades, que no te cueste demasiado el mantenerla. Tal vez que edificas la casa de esta forma porque no quieres asumir compromiso con el dueño de la casa, tal vez te agrada participar en la obra aportando lo justo y lo necesario, no muy cerca del fuego para no quemarte ni muy lejos para no enfriarte, pero el Señor dice: “Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16), en esta vivienda las ofrendas adornan pero no lucen en la plenitud de su belleza.

La casa que construyamos para el Señor debe tener a Cristo por su fundamento para que al estar fundada sobre la roca, “Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:25).

Nuestras vidas, los ladrillos empleados en la obra, deben ser de barro puro y trabajado por los dedos de Dios como barro en las manos del alfarero celestial, ladrillos cocidos y purificados por el fuego, “Porque él es como fuego purificador” (Malaquías 3:2).

La dimensiones de la casa que construyamos para Dios serán infinitas pues el amor que debe contener, el amor de Dios, no tiene límites, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Nuestra consagración para con la obra, para con la construcción de la casa, debe ser total y el trabajo realizado con excelencia, “No como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones” (1 Tesalonicenses 2:4), sin importarnos que hagan o digan los demás puesto que “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo” (Eclesiastés 4:4).

La casa de Dios que construyamos debe estar completamente adornada y embellecida, luciendo en ella la plenitud de los ministerios de los ministerios, dones y talentos que el Señor por gracia entregara a sus Hijos, conscientes que el propietario de éstos adornos es el dueño de la casa, que suya es la gloria y que solamente nos los entrega para que los presentemos como ofrenda en su templo, “Mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10).

Si ésta es la casa que estás construyendo para Dios, puedes sentirte un buen cristiano, un verdadero Hijo del Altísimo que a sido lleno del Espíritu Santo y del amor de Dios, si ésta es la casa que construyes para el Señor seguramente ya tienes galardón en los cielos que podrás disfrutar “Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello” (Proverbios 1:9) tus acciones

CONCLUSIÓN:

Piensa en qué casa estas edificando para el Señor, piensa si realmente estás fundando la obra en Cristo que es la roca fuerte y estás arraigado; haz un análisis de todo tu ser, aún de lo más intimo, para estar seguro de que eres un ladrillo indestructible capaz de ser parte de la edificación, o es que dentro tuyo quedan sitios débiles que aún no ha sido tratados por el Señor.

Piensa si la casa que estás edificando para el Señor es de la calidad y dimensiones que Él merece o es que falta esforzarte aún más; y por último, piensa si has colocado tu ofrenda en la casa de Dios para que ésta sea embellecida, para que Él sea glorificado o solo vas a su casa para mostrar tu ofrenda y luego te la llevas de vuelta para adornar tu propio templo.

© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.

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Luis Alberto Coria
Autor

Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, soy un Pastor jubilado. Estoy casado con Nora Griselda Correa; tenemos cuatro hijos. Tuvimos una iglesia en Córdoba, Argentina, que formaba parte del ministerio El Nuevo Pacto. Somos fieles seguidores de la palabra de Dios.

1 comentario en «¿Qué casa construyes al Señor?»

  1. Aleluya pastor Coria en nombre mio y de las dos IGLEISAS y dos centros de rehabilitación que somos enseñados por sus predicas le damos las gracias que predicas tan poderosas y llenas de inspiración Divina un a la usted es un elegido de Dios para llevar su Palabra al su pueblo y el pueblo se vuelva a Él

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