Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas
Algo que he dicho en numerosas ocasiones, y que me escucharan repetir continuamente es que ninguno de nosotros somos perfectos.
Yo sé que todos aquí tratamos de hacer lo mejor que podamos en toda ocasión, pero con frecuencia no le damos al blanco. Con frecuencia hacemos, decimos, o pensamos cosas que no agradan a Dios.
Ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿se puede evitar todo esto?
La respuesta que les voy a dar quizás no agrade a algunos, pero la gran realidad es que no existe manera humana que nosotros podamos evitar faltarle a Dios. Todos aquí tratamos, todos aquí nos esforzamos, pero nunca podremos evitar faltarle a Dios completamente.
¿Les estoy diciendo que podemos hacer lo que nos plazca sin importarnos nada como algunas sectas o religiones enseñan? Absolutamente ¡NO! No podemos faltarle a Dios deliberadamente; faltarle a Dios deliberadamente se llama “PECAR.”
No creo que tenga que entrar en mucho detalle acerca de todo esto, ya que todos sabemos muy bien cual es la paga del pecado. Pero si no podemos evitar faltarle a Dios, entonces: ¿qué podemos hacer? Éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy.
Hoy vamos a reconocer que existe algo que podemos hacer humanamente que nos ayudara a reconocer nuestras debilidades, lo que nos conducirá a disminuir con la frecuencia que le faltamos a Dios. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Romanos 6:15-23 – ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. 20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. 22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.
Lo primero que debemos notar es que los escolares de la Palabra están de acuerdo con que el autor de éste libro fue el apóstol Pablo. Ellos basan éste hecho en la salutación que encontramos en Romanos 1:1 cuando leemos: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios.”
Además de esto, las referencias personales y hechos encontrados en el capitulo 15 prueban sin duda alguna que Pablo fue el autor.
Lo segundo que debemos saber es que Pablo no estableció la iglesia en Roma, y que la tradición de que Pedro fue su fundador es contraria a toda la evidencia histórica.
Lo más posible es que la iglesia tuvo su inicio cuando los judíos y prosélitos al judaísmo que se convirtieron a Cristo en el día de Pentecostés regresaron a Roma. Esto es algo que encontramos bien reflejado en Hechos 2:10 cuando leemos: “en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos.”
Así que la iglesia en Roma estaba compuesta de judíos y gentiles que se habían convertido a Cristo. Lo tercero que debemos saber es el propósito que cumple ésta epístola. En ésta epístola Pablo no estaba enfocando un problema específico en la iglesia; él escribió esta epístola con tres cosas en mente.
Número uno, revelarles el plan soberano de salvación de Dios; esto queda claramente expuesto en Romanos 1:16-17 cuando leemos: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”
Número dos, para enseñarles como los judíos y gentiles formaban parte del plan de Dios; esto es algo que encontramos reflejado en Romanos 3:29-30 cuando leemos: “¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. 30Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión.”
Número tres, para exhortarles a que viviesen vidas justas y en armonía; esto es algo que queda bien declarado en Romanos 15:5-6 cuando leemos “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, 6 para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.”[1]
¿Por qué es necesario saber estos detalles? Es necesario saber estos detalles porque en ellos encontramos la fundación sobre la que edificaremos en el día de hoy.
En estos detalles encontramos la identidad del autor de ésta epístola; Pablo aunque fue extremadamente bendecido no era perfecto, pero siempre se movió hacia la santidad. Dile a la persona que tienes a tu lado, muévete hacia la santidad.
En estos detalles también encontramos que Dios tiene un propósito para con nosotros, es decir, todos nosotros formamos parte del plan de Dios, y que como fieles creyentes todos tenemos que esforzarnos hacia la perfección; en otras palabras tenemos que perseverar y no desmayar. Manteniendo estos detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.
Lo primero que encontramos aquí es: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”
Esto aquí nos revela claramente que no podemos pecar deliberadamente; aunque en ocasiones si pecamos inconscientemente, nunca podemos hacerlo deliberadamente porque actuar de esa forma invalida y pisotea el sacrificio de Cristo en la cruz por nuestros pecados, y esto solo producirá la ira de Dios sobre nosotros.
Esto es algo que queda claramente expuesto en Hebreos 10:26-27 cuando leemos: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.”
Ahora bien, cuando digo que pecamos inconscientemente no estoy hablando de cosas mayores que nos conducirán directamente al infierno.
No estoy hablando acerca de las cosas que encontramos en Apocalipsis 21:8 que declara: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”
Estas cosas encontradas en estos versículos de Apocalipsis son actos cometidos deliberadamente y conscientemente, los cuales tendrán su paga. Pero el Espíritu Santo nos revela hoy esas cosas que hacemos inconscientemente que en numerosas ocasiones no llegamos a reconocer.
Por ejemplo, examinemos el área más común en la que todos con frecuencia le faltamos a Dios. La oración.
Todos sabemos que estamos llamados a orar los unos por los otros; esto queda bien declarado en Santiago 5:16 cuando leemos: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”
Pero con frecuencia estamos tan envueltos en nuestras propias situaciones que se nos olvida orar por nuestros hermanos; esto no es algo que hacemos conscientemente o deliberadamente, sin embargo lo hacemos.
Todos sabemos que debemos orar diariamente pidiéndole a Dios que nos fortalezca para no caer en tentación; algo que el Señor nos deja claramente expuesto en Mateo 26:41 cuando leemos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”
Sin embargo, la mayoría de nosotros no le pedimos a Dios Su fortaleza. Esto nuevamente no es algo que hacemos deliberadamente, pero si es algo que hacemos con frecuencia lo que nos conduce a no cumplir con la voluntad de Dios.
Todos sabemos que estamos llamados a orar aun por nuestros enemigos; esto es algo que el Señor nos deja claramente declarado en Lucas 6:28 cuando leemos: “bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.” Sin embargo, la mayoría de nosotros inconscientemente omitimos esto de nuestras oraciones.
Podríamos continuar haciendo una lista extensa, pero con estos pequeños ejemplos yo sé que el Espíritu Santo le ha revelado a muchos de las numerosas maneras que le faltamos a Dios.
El punto principal que deseo hacerles con todo esto es que cuando dejamos de cumplir con lo que Dios nos ha encomendado, entonces seremos ineficaz en el reino de Dios, y esto es exactamente lo que nuestro enemigo busca cumplir con todo creyente.
No es que nos pueda arrastrar al infierno, pero si puede tratar de detenernos de actuar de la manera que Dios desea que actuemos. Existe algo que podemos hacer humanamente que nos ayudara a no caer en la tentación; existe algo que podemos hacer humanamente que nos ayudara a disminuir con la frecuencia que le faltamos a Dios. ¿Qué podemos hacer? La respuesta la encontramos en 1 Tesalonicenses 5:17; así que dile a la persona que tienes a tu lado: “Orad sin cesar.”
Continuando leemos: “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. 20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.”
Como he dicho en otras ocasiones, todos aquí tenemos ciertas debilidades que el enemigo tratara de explotar para hacer que seamos ineficaz en el Reino de Dios. En otras palabras, tenemos que reconocer todas esas debilidades que nos hacían esclavos al pecado, cosas como la avaricia, la soberbia, la vanagloria, y la ira. Es por esta razón que siempre debemos tener muy en mente lo que encontramos en 1 Juan 2:16 cuando leemos: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”
Pero lo que sucede es que existen muchos que no han podido superar estos tipos de emociones. Existen muchos que continúan sujetándose a todas esas cosas que estamos llamados ha abandonar, debido a los fracasos y malas o amargas memorias del pasado y las frustraciones que en ocasiones experimentamos en el presente. Pero a esto no es ha lo que somos llamados.
El creyente es llamado a algo muy diferente, y es como encontramos en Efesios 4:31 que nos dice: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” Y también en Colosenses 3:8 cuando leemos: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.”
Todo el que continúe sujetándose a esos sentimientos que nos impiden ser eficaz en el reino de Dios, todo el que continúe sujetándose a los impulsos de la carne, en esencia se hacen nuevamente esclavos del pecado. Esto es algo que se nos advierte claramente en Romanos 8:7-8 cuando leemos: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.” Dile a la persona que tienes a tu lado: reconoce tus debilidades.
Continuando leemos: “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Cristo nos ha hecho libres de la esclavitud al pecado; todos tenemos el privilegio de escoger. Si verdaderamente buscamos agradar a Dios, entonces tenemos que enterrar todo eso que busca separarnos de la presencia de Dios, y sujetarnos a la libertad que Él nos ha entregado. Es como nos dice la Palabra en Gálatas 5:1 cuando leemos: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”
La sangre de Cristo es lo único que nos justifica ante Dios.
No existe nada que podamos hacer humanamente que logre redimirnos ante Dios, ¿por qué? Porque todos somos imperfectos. Todos, sin excepción de uno nunca lograremos llegar permanecer en la presencia de Dios sin Cristo. Esto es algo que queda sumamente claro en las palabras de nuestro Señor según encontramos en Juan 14:6 cuando Él nos dice: “…Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Tu opinión de lo bueno que piensas que eres no te justificara ante Dios. Es por eso que en Proverbios 16:2 encontramos que se nos advierte: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus.” Y también en Proverbios 30:12 cuando leemos: “Hay generación limpia en su propia opinión, Si bien no se ha limpiado de su inmundicia.”
La Biblia en Lenguaje Sencillo traduce éste versículo un poco diferente, y nos dice: “Hay quienes se creen perfectos, pero están llenos de pecado.” Tus obras no te justificaran ante Dios. Es por eso que en Efesios 2:8-9 encontramos que se nos dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe.” Dile a la persona que tienes a tu lado: solo Cristo nos ha hecho libres.
Para concluir. El Espíritu Santo en el día de hoy nos ha revelado que si existen cosas que podemos hacer humanamente que nos ayudaran a disminuir de la manera que le faltamos a Dios.
Lo primero que tenemos que hacer es fortalecer nuestra vida de oración; la oración es la única arma que podemos usar para derrotar los ataques del enemigo, ya que no será la fuerza humana quien lo derrote, sino será el poder de Dios.
Lo segundo que tenemos que hacer es reconocer nuestras debilidades. En las terapias para los adictos a las sustancias químicas y el alcohol lo primero que una persona tiene que hacer para recuperarse es reconocer que es un adicto. Este es el primer paso a la recuperación e independencia a una adicción.
De igual manera nosotros tenemos que reconocer las debilidades que nos mantienen esclavos al pecado, y tenemos que fortalecer nuestro espíritu a través de la Palabra de Dios para poder superar y vencer esos espíritus inmundos que buscan separarnos de nuestro Padre celestial.
Lo tercero que tenemos que hacer es reafirmarnos en el hecho de que Cristo nos ha hecho libres. El sacrificio perfecto de nuestro Señor en la cruz nos ha entregado la victoria sobre el pecado, pero de nada nos servirá si continuamos pecando deliberadamente. Así que si has parado de orar por tus hermanos, comienza hoy.
Si has parado de evangelizar a los que están perdidos o apartados, comienza hoy. Si has caído en pecado, arrepiéntete hoy ante el Señor y serás perdonado.
Si tu vida espiritual se ha estancado y has perdido la visión que Dios te ha entregado, entierra hoy el orgullo, la vanagloria, la arrogancia, y la soberbia; sométete hoy a Su autoridad y serás restaurado.
[1] The Wilkinson & Boa Bible Handbook
© 2008, José R.Hernández. Todos los derechos reservados.





