Tergiversación del Evangelio

Pedro Blanco

Tergiversación del Evangelio

Predicas Cristianas

Prédica de hoy: Tergiversación del Evangelio

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Malaquías 3:18

Introducción

¿Alguna vez intentaste explicar algo a alguien, pero ésta persona lo interpretó erróneamente? ¿Cómo sí de alguna manera quisiera manipular tus propias palabras y hacer qué el mensaje sea otro? Ese es exactamente el significado de la palabra “tergiversar”.

Sí tenemos cierta información a nuestra disposición y en lugar de hacer un análisis completo y objetivo, decidimos cambiar su significado a nuestra conveniencia, estamos tergiversando.

Esto puede ocurrir en innumerables áreas de la vida: conversaciones familiares, reuniones laborales e inclusive tratando de predicar el Evangelio.

Actualmente podemos percibir éste fenómeno de manera masiva. Tenemos tanta información y puntos de vista a nuestro poder, qué muchos de ellos se contradicen con un objetivo especifico. Cada grupo social quiere compartir su “verdad” y con ella influenciar a los qué la escuchen y sigan.

¿Qué lugar tiene el Evangelio en toda ésta situación? Siendo el mensaje con mas poder en la tierra, capaz de transformar y dar dirección a nuestras vidas, no es extraño pensar qué también ha sido uno de los qué mas buscan tergiversar.

Es nuestro deber cómo creyentes y fieles hijos de Dios, reaccionar y ser conscientes ante la información qué damos y recibimos.

I. Tergiversación del Evangelio – Contar nuestra verdad

1. Predicar el evangelio es nuestro propósito (Mateo 18:19-20)

Ser escogidos por el Padre es iniciar una vida llena de propósitos. Uno de los más importantes e imprescindibles qué encontramos en el Evangelio, es ser misioneros.

Básicamente contar esa verdad a nuestros hermanos, desde un lugar amoroso y dedicado para honrar al Padre.

Saber compartir la palabra de Dios, sin duda es una respuesta ante la violencia, ante la confusión y ante la tergiversación.

Cuando logramos externalizar todo aquello qué antes hemos interiorizado, estamos ejerciendo un acto de amor. El Evangelio de Jesucristo sólo puede ser predicado de manera sincera sí es guiado por el amor y por la fe, de otra manera es imposible.

Hay personas qué tienen cómo propósito llevar en su boca la palabra de Dios, pero no para salvar almas, sino para intentar cuestionarla y crear confusión. Éste es un pecado muy grave y por ello debemos estar preparados para compartir el mensaje correcto.

2. El evangelio es indiscutible (Juan 14:6)

El Evangelio, nuestra gran y única verdad, es indiscutible e irreprochable. Querer hacernos más sabios que las Escrituras intentando tergiversarlas para nuestro beneficio, es querer pasar por encima de la voluntad de Dios.

Jesús fue tan claro diciendo qué él es el camino, la verdad y la vida, porque sabía que muchos iban a querer dar ese mismo mensaje e incluso en su nombre.

Hacer qué la duda se apropie de nuestra boca puede desencadenar muchos otros males. Lo más peligroso de recibir ó dar una tergiversación de la palabra de Dios, es qué en lugar de mantenernos en la fe, empecemos a cuestionar cada frase de ella. Es grave para nuestras vidas pues nada debe ser capaz de movernos de contar nuestra verdad.

3. El evangelio es transformador (Romanos 12:2)

Para bien ó para mal, la información transforma en la medida en qué nosotros nos entregamos a ella. Para salvación nuestra, el Evangelio es lo único en el mundo que nos garantiza la paz y la protección en éste mundo e incluso fuera de él.

Cuando empezamos a contar nuestra verdad mediante la palabra de Dios, empezamos a aumentar nuestra fe, a transformar lentamente lo qué llevamos por dentro.

¿Es posible qué esto ocurra pero de manera negativa? Sólo sí se olvida el verdadero propósito y se comienza a tergiversar con otros fines. Quién usa la palabra del Padre para hacerse rico, para confundir a los demás ó para aumentar su ego, peca gravemente, pues no ha sabido responder al llamado qué Dios ha hecho.

II. Tergiversación del Evangelio – ¿Cómo evitar tergiversar?

1. Buscar la sabiduría (Santiago 1:5)

Es bastante común qué la principal fuente de tergiversación, sea la falta de sabiduría. Sí bien “ser sabio” no es algo que se consiga de la noche a la mañana, es algo de lo cuál debemos importarnos.

Explicar el Evangelio sin escudriñarlo y pedir inspiración a Dios, es un posible riesgo de tergiversación. Lo qué se encuentra contenido entre sus páginas no siempre son mensajes literales.

Generalmente se necesita de un contexto y de una mirada iluminada, pues sus palabras están llenas de metáforas y recursos literarios, sin contar qué éstos pueden llegar a no gustarnos.

Ser sabios para compartir la palabra de Dios es también aceptarla independientemente de nuestra opinión. Ella existe para salvarnos por gracia, no para ser sometida a nuestro juicio. Su capacidad de transformar deviene a precisamente qué va a contracorriente de los deseos carnales que evocan al pecado.

2. Buscar la integridad (Filipenses 4:8-9)

Para evitar tergiversar el Evangelio, se necesita de una gran integridad. Entender qué su mensaje es superior a todo lo existente y de ésta manera soltar nuestro egoísmo, es un proceso de justicia y verdad.

Ser íntegros y mantenernos justos para honrar a Dios, ni siquiera debería ser una obligación para nosotros. La integridad debe ser nuestra necesidad y a través de la cual podamos vivir nuestra paz.

En las Escrituras hay pasajes en dónde se nos sermonea sobre pensar sobre esto. Todo lo bueno cómo aquello en lo qué se manifiesta al Espíritu Santo. No solo de manera superficial, sino realmente en el fondo de aquello qué pensamos y sentimos más allá de nuestras palabras.

Es posible tergiversar el Evangelio aún sí todo lo que decimos está en los márgenes de lo correcto, pero no se ve reflejado en nuestro ejemplo.

3. Conciencia de nuestras acciones (Mateo 7:21-23)

En éste pasaje del Evangelio, Jesús explica cómo es posible qué aún habiendo profetizado y “llamado” a su nombre, algunos no entraran al Reino de los Cielos.

Explicándolo con la frase “hacedores de maldad”. En éste caso, la tergiversación es más profunda, pues se manifiesta a través de la sensación y la acción.

Es muy importante guardar nuestras acciones, es decir lo qué hacemos realmente con nuestra libertad. Son nuestras intenciones las qué definen y defienden lo qué somos y en qué creemos, la base nuestro amor y cómo lo expresamos.

Muchas tergiversaciones vienen precisamente no existir una expresión genuina de la fe. Cuando algo así ocurre, estamos interpretando erróneamente todas las verdades qué alguna vez hayamos dicho.

Ellas existen para creerlas, no para fingirlas. Su fin es ser compartidas qué no es lo mismo qué ser expuestas.

Conclusión

En el Evangelio estamos constantemente aprendiendo, tenemos al mejor de los maestros, quién cómo una gran  y calurosa lámpara nos comparte su sabiduría. Es decir, qué en lugar de apartarnos ante alguna duda, es cuando más debemos estar abrazados y firmes en la fe.

El mundo está hambriento y busca de quiénes desconfían para hacerlos esclavos del pecado. Sí estamos realmente comprometidos con lo que Dios promete, no habrá manera de qué tergiversaciones, cuestionamientos ó aflicciones, nos aparten de su presencia.

Por ello debemos buscarlo manera humilde y constante, compartir sus verdades con amor y sobre todo quedarnos en la adversidad.

Nosotros mismos corremos el riesgo de tergiversar sus palabras sí no lo comprendemos. Por ello, debemos prepararnos antes de hablar, sabiendo qué debemos ser sinceros y qué nuestro propósito es expresión pura de la verdad.

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Pedro Blanco
Autor

Pedro Blanco

Mi familia y yo aceptamos a Cristo como nuestro rey y salvador hace más de 20 años. Fui ministro en mi iglesia local por 15 años. Es mi oración que el material que publique te sirva de bendición.

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