Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Prédica de Hoy: ¿Tienes obras para presentar al Señor?
Introducción
¿Tienes obras para presentar al Señor?, o limitas tu vida espiritual a la fe solamente; si tu crees que con asistir regularmente a la iglesia y cambiar parcialmente tu vida para adecuarla a la Palabra de Dios en aquello que no te afecte demasiado, si tu crees que teniendo fe en suficiente para ser un buen cristiano, déjame decirte que te equivocas.
Leamos la palabra de Dios en Isaías 65:17-24 “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo… No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos…”.
Tenemos acá una preciosa promesa del Señor que nos entrega cuando le recibimos en nuestro corazón; es allí cuando nos el Señor comienza su obra en nuestra vida, cielos nuevos y tierra nueva, lo de arriba es nuevo pues si ahora miramos hacia el cielo sabemos que estamos poniendo nuestra mirada en Jesús; tierra nueva pues el ámbito en que vivimos cambia el rodearnos de creyentes, hermanos en Cristo que profesan la fe y desarrollan la vida bajo los preceptos de Dios.
Todo se hace nuevo en nuestra vida al recibir a Cristo y además nos dice el Señor que todo lo pasado será borrado de su memoria, nos dice el Señor que ni siquiera vendrá al pensamiento nuestra vieja vida, ni nuestra faltas, ni nuestro dolores.
Por el contrario, el Señor nos promete gozo y alegría mientras permanezcamos en esas cosas nuevas que Él ha creado en nuestra vida, y va más allá la promesa ya que el Señor la extiende al pueblo, a ese pueblo que es tu familia.
“El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero” (2 Timoteo 2:6), grandes promesas vienen sobre nosotros cuando recibimos a Jesús, pero es necesario que trabajemos primero para luego disfrutar de las bendiciones de Dios; las promesas están, las bendiciones están, pero debemos entender que debemos poner nuestras manos en el arado:
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:1-2).
Predicar la palabra de Dios es la principal tarea a desarrollar por todo cristiano, para luego participar de las bendiciones que el Señor tiene dispuestas para cada uno de nosotros.
Conforme a este pasaje, debemos instar, redargüir y exhortar, pero debemos hacerlo llenos de doctrina, de esa doctrina que aprendemos mediante el conocimiento de la palabra de Dios y asistiendo a las clases bíblicas que se dan en la iglesia, Proverbios 9:9-10; estas enseñanzas son las que nos permiten conocer a Cristo para luego cumplir con la Palabra de Dios.
Muchas veces escuchamos decir que es necesario buscar la sabiduría de lo alto y no sabiduría humana, esto es así pero debemos asumirlo como lo dice la Escritura, Santiago 3:13-18, ya que muchas veces esperamos que descienda del cielo un libro lleno de conocimientos y que se introduzca en nuestra cabeza llenándonos de sabiduría y revelación de la palabra de Dios.
Pero sería bueno preguntarnos si la principal aplicación de la frase “buscar la sabiduría de los alto” no estará dada por recibir primeramente esa enseñanza que se le proporciona a la iglesia ya que el Señor normalmente no nos revelará algo que no podamos asimilar o comprender, Hechos 1:6-7.
Adoramos a un Dios lleno de gracia y amor, debemos trabajar y debemos hacer obras que si bien traerán su recompensa, pues “Salario hay para tu trabajo, dice Jehová” (Jeremías 31:16), solamente somos movidos a ellas por el amor que Dios a puesto en nosotros y no por la recompensa que nos traerá, ya que la mayor recompensa está en nuestra esperanza de vida eterna, Romanos 6:22-23.
Leamos en Santiago 2: “Hermanos míos, ¿Qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene Obras?” vers. 14, “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” verss. 17-18.
Es necesario tener fe pues sin fe es imposible agradar a Dios, Hebreos 11:6, pero si nuestra fe no se refleja en las obras para el Señor se irá muriendo de a poco hasta que nosotros mismos lleguemos a morir espiritualmente.
Mostrar nuestra fe a través de nuestras obras
Es tiempo de mostrar nuestra fe a través de nuestras obras, es tiempo de comenzar a trabajar en serio para el Señor, dejando de distraer nuestro tiempo en aquello que nos dicta nuestro propio pensamiento.
Si verdaderamente tienes fe, habrás dejado que sea el Señor quien gobierne y guíe tu vida, si verdaderamente tienes fe, comenzarás a trabajar para que el reino de Dios se extienda:
“La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros” (Nehemías 4:19), es necesario que nos acerquemos mas al Señor primeramente y luego entre nosotros, que unamos nuestros esfuerzos para que la obra de Dios prospere.
En tu vida de cristiano, muchas veces habrás escuchado que estamos en los últimos tiempos, que la venida del Señor esta pronta y que las señales están dadas, por fe así lo creemos.
Pero muchas veces no tenemos en cuenta la palabra de Dios cuando nos dice que “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14), “Porque él pagará al hombre según su obra, Y le retribuirá conforme a su camino” (Job 34:11).
Pasamos por alto la palabra de Dios y nos limitamos a congregarnos cuando nos es posible, sin esforzarnos demasiado; no miramos límites ni esfuerzos para nuestros propios afanes, y siempre tenemos una excusa para no hacer obras para Dios.
Oramos y leemos la palabra de Dios, cosa que esta muy bien pues aumenta nuestra fe y maduramos espiritualmente, pero no tenemos tiempo para visitar al hermano, para predicarle a los amigo o para estudiar esa doctrina con la cual debemos exhortar.
Tienes fe para esperar un milagro de sanidad, tienes fe para esperar la prosperidad del Señor, tienes fe que el Señor restaurará tu familia, pero toda tu fe es muerta si no tienes obras.
Tu familia, tus vecinos y el mundo entero espera ver tus obras, tu trabajo en la obra del Señor para comenzar a creer que posible un cambio en nuestra vida, que es posible ser rescatado del pecado para pasar a la luz admirable de Cristo, que es posible vivir en el mundo aún cuando no somos del mundo.
CONCLUSIÓN:
Nos insta el Señor en 1 Corintios 15:58 diciéndonos: “Hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, nada es en vano de lo que hacemos para el Señor pues sabemos que estamos sembrando y que a su tiempo veremos los frutos.
“El deseo del perezoso le mata, Porque sus manos no quieren trabajar” (Proverbios 21:25), si no trabajas en la obra del Señor vas camino a la muerte espiritual, si no tienes obra tu fe será muerta y de nada servirá; “Si fueses flojo en el día de trabajo, Tu fuerza será reducida” (Proverbios 24:10), cuanto menos trabajes en la obra, menos fe tendrás para mostrar, pero si tu trabajas grandemente, también grandemente serás recompensado, 2 Corintios 9:6.
“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” nos dice el Señor en Apocalipsis 2:2-4.
Vuelve a tu primer amor con Jesús, vuelve a hacer obras para que así aumentes tu fe y engrandezcas el reino de Dios; vuelve tu al primer amor donde abundabas en obras y entonces:
“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aún cuando se os contare, no la creeréis” (Habacuc 1:5).
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