Predicas Cristianas
Prédica de hoy: Una bendición es una promesa cumplida
Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Jeremías 17:7-8
Introducción
En la palabra de Dios podemos encontrar tantas bendiciones, cómo promesas qué él ha hecho para nosotros. Cada una más maravillosa qué la otra, llenas de amor, misericordia y gracia. Más qué inscripciones en un papel, son muestra de la fidelidad de Dios hacia sus hijos y solo creyendo en ellas podremos verlas reflejadas en nuestras vidas.
Conocer la incontables promesas de Dios, llena de sentido nuestras existencias. Cuando nos relacionamos con ellas y confiamos en su poder, nunca mas volvemos a estar solos.
Ellas son un ancla para estar a salvos, un puerto seguro para quién navega mares turbulentos, un alivio para quiénes están cansados. En nombre de sus promesas somos bendecidos.
¿Hay alguna manera de recibirlas? ¿cómo podemos prepararnos? ¿son para todos? Dios, a través de su palabra, ha sido muy específico sobre qué espera de nuestra parte. Él es bondadoso y siempre desea nuestro bien, sin embargo debemos corresponder en acciones, sentimientos y pensamientos.
Solo siguiendo sus mandamientos de todo corazón, podremos conocer de éstas promesas, hacer de ellas nuestro sustento y vivir en bendición.
I. Una bendición es una promesa cumplida – Bendiciones
1. Desde la creación (Génesis 1:22-28)
Las bendiciones cómo expresión benigna de alabanza al Padre, existen desde la creación. Son una manifestación pura de su amor, qué viene de su mano y solo puede existir a través de él. Ninguna persona puede bendecir algo sí no es nombre de Jesús, pues nadie mas tiene ese poder.
Jehová bendijo su orden, su obra, esperando qué se multiplique y todo lo qué invadiera la tierra fuese prosperidad y abundancia. También bendijo a los primeros humanos, su alimento y su entorno.
Podemos clarificar qué en lo largo de la historia bíblica muchas naciones y profetas fueron bendecidos en nombre de Dios. Generalmente antes de una bendición, hay una promesa. Y en el medio de ambas, nuestra consecuencia y voluntad hacia el Padre.
2. El fruto de lo qué sembramos (Gálatas 6:9)
Ésta es una analogía muy usada en la Biblia para explicar lo qué ocurre con nuestras acciones y sus consecuencias. Respecto a lo qué sembramos, eso cosecharemos; lo cuál es verídico pues bien sabemos qué toda acción tiene una reacción.
Las bendiciones son el fruto de aquello qué sembramos, en donde las promesas de Dios tienen lugar y experimentamos la recompensa del esfuerzo. Sí sembramos poco, cosechamos poco. Sí sembramos para la honra de Dios, su amor vendrá en correspondencia a nosotros.
¿Somos responsables de las bendiciones qué recibimos? Esto no es tan literal, pues a sí como Dios nos da libertad para actuar, también nos entrega bendiciones por gracia, simplemente a través de su misericordia.
3. Bendecidos por fe (Juan 20:29)
Sin fe es imposible conocer las bendiciones de Dios.
Debemos creer antes de ver aquello qué se nos ha prometido. Principalmente, debemos creer por necesidad, porque no podamos vivir de otra manera, mas no para recibir algo a cambio.
Muchas veces suelen confundirse las bendiciones, con los formatos qué tiene el mundo para agradarse. Dios no actúa en modo de acción-recompensa-dopamina. Él no nos “premia” por amarlo. Nosotros debemos amar de manera incondicional, sabiendo qué en su nombre tenemos todo, pero no buscando interés detrás.
Parece complicado en un mundo donde lo material y el efecto de felicidad inmediata están cada vez mas presentes. Justamente por ello los bendecidos serán aquellos que sepan esperar en la palabra de Dios.
II. Una bendición es una promesa cumplida – Promesas
1. Promesas absolutas (Apocalipsis 3:20)
Existen promesas qué Dios inscribe en su Palabra de manera absoluta. Es decir, no dependen de nuestras acciones ó pensamientos, sino qué van a cumplirse cuando él lo decida, en su tiempo correspondiente.
El Apocalipsis, por ejemplo, es un libro qué relata una gran promesa. No sabemos fecha ó circunstancia, pero podemos tener certeza de qué ocurrirá.
Otra promesa cumplida qué encontramos en la Biblia, fue el diluvio para el cual Noé preparó su gran arca por mandato de Dios. A pesar de qué el mundo fue advertido a través de su profeta, fueron pocos los qué creyeron y velaron por su salvación. Aún así Jehová se mantuvo firme y cumplió de manera total con lo pautado.
Para entender las promesas del Padre, debemos reconocer qué jamás miente, es cumplidor y al empezar una obra, no habrá vuelta atrás.
2. Promesas condicionales (2 Corintios 7:1)
Éstas promesas se manifiestan en nuestras vidas con un “sí” condicional de por medio. Es decir, son el plan de Dios para nosotros pero qué dependen en buena medida de las decisiones qué tomamos en nuestras vidas.
Principalmente esa condición significa desprendernos del mundo, del deseo carnal y del pecado. Quiere decir reconocer qué somos templo del Padre y debemos mantenernos limpios, buscando la santidad y siguiendo sus preceptos.
Sí somos capaces de hacer todo esto, de sacrificar y padecer en nombre de su amor, esas promesas se verán multiplicadas en nosotros. Basta con leer algunos versículos, pidiendo entendimiento, para darnos cuenta de qué todo lo qué nos promete Dios es bueno, eterno y poderoso.
III. Una bendición es una promesa cumplida – Buscar para hallar
1. Jehová tiene pensamientos de paz (Jeremías 29:10-13)
Todas las promesas del Padre son bendiciones. Él ama a quiénes le siguen, jamás debemos dudar de qué todo lo qué venga de él es bueno y busca la paz para sus hijos. Él nos cuida, ninguna promesa ó circunstancia ocurre para hacernos daño.
Es necesario tener en cuenta qué algunas bendiciones vienen acompañadas de sacrificio. Vamos a padecer para dar paso a su gloria, pero esto también es parte de su obra.
Solo una fe muy profunda puede realmente abrir su corazón para vivir las bendiciones qué preceden a la renuncia del mundo, para honrar a Dios.
2. Estar despiertos (Lucas 21:36)
Las bendiciones de Jehová requieren qué despertemos espiritualmente. No solo se trata de decir “yo creo” y hacer un par de actividades por ritual. Nuestra fe debe atravesar nuestro cuerpo, hacerse sentir y estar alerta.
Mientras afuera el mundo disfrace su pecado de felicidad, nosotros debemos pedir discernimiento. Es importante qué nos comprometamos con cada bendición qué el Padre permite, pues es expresión de aquello qué alguna vez nos prometió.
Esto se trata de no romper el vínculo con Dios en ningún momento. Aprender de su nombre y hacer qué nuestros hábitos vengan de lo aprendido. Buscar su regazo en los días alegres y los de angustia. Amar cómo él nos enseña y compartir de ese amor lleno de sinceridad.
Conclusión
Todos queremos disfrutar de las bendiciones pero, ¿cuánto estamos dispuestos a sacrificar para honra de Dios? Hay qué creer y a su vez accionar, dar ese extra qué nos hace hijos del Rey y nos caracteriza cómo vencedores.
Confiemos en qué por gracia nunca estaremos solos. Cada día vivido estamos mar cerca de aquella promesa sagrada, la vida eterna. Después de qué nos hemos apropiado de esto, nuestra confianza está mas plena y nuestro corazón con una entrega mayor para alabar a Dios.
Podemos hacer muchas por las cuales seremos recompensados pero lo mas importante es no olvidar qué solo Dios es dueño de esas recompensas. Nosotros somos sus siervos, y éste lugar es en realidad un privilegio. Vivir a través de un propósito y de las promesas de Jehová ya es un gran bendición, la mayor de todas ellas.
© Raimundo Linares. Todos los derechos reservados.
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