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Ayudando al pobre

Reflexiones Cristianas

Reflexiones Cristianas – Base Bíblica: Salmo 41:1; Proverbios 19:17

Introducción 

Desde que se instauraron las sociedades en el mundo, generalmente existió una división de clases en las cuales existían: los ricos, que eran los que mantenían el poder económico. Representado por los bienes materiales que poseían, los esclavos y siervos que trabajaban para ellos, y actualmente, el dinero que acumulan en metálico, bienes, o acciones en empresas. Y los pobres, o menos afortunados, con una ínfima cantidad de bienes, y actualmente, con poco o casi ningún recurso económico que le permita satisfacer sus necesidades.

Hoy en día, es alarmante el alto número de la población mundial que vive en condiciones de pobreza, y de pobreza extrema. Siendo los países más representativos de tal situación, los países de África, y América. Por tal motivo, se hace necesario que la iglesia entienda cual es su papel, y cómo pueden ayudarse a las personas que viven en pobreza. Debido a que son estos los que tienen más necesidades.

División de clases

Esta división de clases, data desde hace mucho tiempo, y en la Biblia, Dios nos enseña qué es lo que debemos hacer con los pobres y cómo ayudarles, y es sobre eso que trata esta reflexión cristiana.

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Para comenzar esta reflexión cristiana, quisiera comentar algo que dijo Jesús en una ocasión acerca de los pobres. Relatan los evangelios en Mateo 26:6-13, y en Juan 12:1-8, que cuando Jesús fue ungido en Betania, una mujer ungió los pies de Jesús con un perfume altamente costoso, razón por la cual algunos discípulos criticaron ese hecho, a lo cual Jesús dijo “Siempre tendréis pobres entre ustedes”.

Es un hecho que siempre habrá personas con menos recursos en la sociedad, existían en los tiempos de Jesús, y los encontramos ahora. ¿Cuál es la razón? Podríamos decir que hay diversas razones como el sistema económico que rige el mundo, el mal desempeño de los entes encargados de las finanzas en nuestros países, la mala planificación económica de nuestras familias, la poca cultura del ahorro, y la casi nula educación sobre inversión, son algunas de las razones por las cuales siempre habrá pobres entre nosotros.

Pero, sería bueno preguntarnos ¿qué podemos hacer por los pobres? Es aquí donde la Biblia misma, nos enseña algunas cosas que podemos hacer para ayudar a las personas que están pasando dificultades económicas.

En el Salmo 41:1 encontramos dos promesas relacionadas con el pobre.

La primera promesa

La primera dice que somos bienaventurados cuando pensamos en el pobre, es decir, somos felices, y dichosos, cuando dedicamos  de nuestro tiempo a pensar en las personas de bajos recursos.

Habría que hacer énfasis en que no es solo pensar en los pobres y ya. Debe ser un pensar que te induzca a realizar una acción. Porque ¿qué de meritorio sería pensar en las personas de escasos recursos y no hacer nada por ellos? Sería algo totalmente infructuoso. Por esto, podemos decir que somos bienaventurados cuando pensamos en como ayudar al pobre, y realizamos esa acción que podría ayudarles.     

Alguien podría preguntarse ¿cómo el pensar en el pobre te hace feliz? ¿No te deprimiría pensar en que haya personas con tan pocos recursos? 

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En un principio, todos los que han ayudado a alguien en pobreza, o pobreza extrema, dan fe de que existe un choque de realidades entre la persona que ayuda, y la persona que necesita. Pero es precisamente el sentir tal vulnerabilidad en el pobre, lo que te lleva a hacer algo por ellos. Y al final trae un sentimiento de satisfacción a la vida de la persona que ayuda. Y aunque esté colocando de sus propios recursos para ayudar alguien, la felicidad que se siente al ser el canal para bendecir a estas personas en necesidad, no la podrá sentir haciendo cualquier otra cosa. Es por ello que son bienaventurados los que piensan en el pobre.

La segunda promesa

La segunda promesa del Salmo 41:1, es que al pensar en el pobre, podremos asegurar que Dios mismo nos podrá librar cuando estemos enfrentando dificultades. El carácter transitorio, y la inestabilidad de la vida, puede llevarnos de estar muy bien económicamente, a estar pasando por momentos difíciles en cuanto a nuestra situación financiera se refiere. Pero, cuando ayudamos al pobre, podemos tener la certeza de que es Dios mismo el que nos va a ayudar. Recordemos que Él tiene todos os recursos para solventar cualquier problema que enfrentemos.

En Proverbios 19:17, encontramos una promesa similar, porque dice que el que da a los pobres, le está prestando a Dios, y el bien que ha hecho, Dios mismo se lo va a pagar.

Cada vez que ayudamos alguien en necesidad, podemos estar seguros de que aunque esa persona no tenga para pagarnos, es Dios mismo el que nos va a pagar todo ese bien que hagamos. Debemos comprender que cada ayuda que brindemos a alguien, es un préstamo que le estamos haciendo a Dios. Y Dios, el dueño del oro y de la plata (Hageo 2:8). Él tiene todos los recursos para pagarnos conforme a todo lo que tiene.

Para finalizar

Para finalizar esta reflexión cristiana, quisiera comentar algo que encontramos en 1 Juan 3:17, donde se nos pregunta cómo puede morar el amor de Dios en una persona que teniendo bienes, cierra su corazón para ayudar a alguien.

En los países de América, especialmente en las grandes ciudades, donde encontramos muchas personas en situación de calle, pidiendo dinero o algo para comer, al verlas tan seguido, y convertirse en algo tan natural, puede que nuestro corazón se enfríe, e incluso nos justifiquemos para no ayudarles. Muchas veces hemos dicho que “no tenemos”, cuando en realidad si teníamos dinero pero no quisimos hacerlo.

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Necesitamos recapacitar al respecto, y entender que siempre habrá personas de bajos recursos alrededor de nosotros. Pero que somos nosotros los hijos de Dios, lo que debemos hacer algo al respecto. Y verdaderamente demostrar con hechos que el amor de Dios está dentro de nosotros, y ayudarles en la medida de lo posible.

Dejemos que la dicha de ayudar a las personas de bajos recursos inunde nuestros corazones, y disfrutemos de esos préstamos que le hacemos a Dios. Él no le debe a nadie, y a su debido tiempo, nos será retribuido el bien que hayamos hecho a cada persona que ayudemos. Demostremos que amamos a Dios, ayudando al pobre.

Reflexiones Cristianas Redactado por: Roger Rosales para Prédicas Cristianas.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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