Un regalo invisible

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos… Lectura Biblica: Lucas 5:17-26

INTRODUCCIÓN

Cuentan que un día un hombre le ofreció a su niño pequeño dos opciones: le mostró en la mano izquierda un billete $50 dólares. En la otra un chocolate. Y le dijo: sólo puedes elegir una mano. El niño, con una sonrisa pícara, como de quien ha resuelto un problema difícil, sin dudarlo tomó el chocolate y se lo comió enseguida. ¡Dejando al padre perplejo!

¿Pero cómo es posible?, podríamos pensar. ¿Por qué un niño preferiría un chocolate que el dinero que le podría comprar muchos chocolates? La respuesta es muy sencilla: porque el chocolate representa una recompensa inmediata, es la opción más efectiva.

El billete podría muy ser valioso, pero no ofrecía un beneficio tangible, inmediato. Ciertamente ofrecía un mayor beneficio objetivamente, pero el niño no alcanzaba a ver la conveniencia de elegir un billete que no se come.

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La tenacidad del indigente

A veces nos puede suceder lo mismo que a este niño pequeño, optamos por lo inmediato y no somos capaces de valorar algo que es mucho más importante. En muchas ocasiones sólo agradecemos y valoramos los beneficios físicos y evidentes que Dios nos da, pero les damos poca importancia a los regalos invisibles como su gracia y su perdón.

Lucas narra cómo en una ocasión que Jesús predicaba y la gente se amontonaba en torno a Él, que enseñaba desde el interior de una casa. El acceso hasta el Maestro era prácticamente imposible. Pero había allí un paralítico que deseaba con toda su fe acercarse a Cristo.

Así que en un golpe de ingenio y desesperación pidió ayuda para subir al techo; no le importó la dificultad de que lo subieran en su camilla, ni que tuvieran que desmantelar el techo de aquella casa. El paralítico pidió que lo bajaran desde el techo para bajar justo frente a Jesús.

Jesús sabe que era imposible acceder a Él y mucho más para un hombre en su condición de paralítico. Por eso Jesús se admira y valora la fe de este hombre; lo ve tendido e indigente y percibe ese deseo enorme de estar en su presencia; admira su tenacidad y la creatividad que empleó para resolver el problema de acercarse a Él.

El regalo invisible

Los fariseos que rodean a Jesús quieren verlo en acción, quieren pruebas, pero no para creer, sino para odiarlo más. Jesús sabiendo lo que había en sus corazones, trata de provocar la fe en ellos. Por eso le ofrece al paralítico un regalo que sólo Dios puede dar. Que es intangible, pero que vale muchísimo más que la salud física y que el uso de sus piernas.

Es mucho más importante tener un corazón limpio y sanar del alma. Es un regalo que ningún doctor podría darle, es un bien que no podría comprar ni con todo el oro del mundo. Y, los fariseos, en lugar de valorarlo y admirar el precio de ese regalo, se escandalizan, murmuran, cavilan entre ellos; estaban esperando algo más tangible e inmediato:

¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” (Lucas 5: 21)

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Y bueno, quizás al paralítico también le supo a poco aquel regalo intangible. Quizás sus amigos y todos los que le rodeaban se hubieran quedado esperando otro regalo más tangible, más comprobable. Nos cuesta mucho más admirar el regalo espiritual del perdón y de la amistad con Dios.

Quizás por eso nos es tan fácil ofenderlo o romper nuestras promesas. Por eso este pasaje es una invitación a valorar lo que realmente importa; que no dejemos el regalo grande para escoger los placeres o los beneficios inmediatos.

Constantemente tenemos la opción de elegir el amor de Dios, su perdón, su gracia y su amistad o elegir la tentación que nos aleja de Dios. Aunque esos regalos de Dios son menos tangibles, son mucho más valiosos. No dejemos que nos encandilen los chocolates.

La fe y la tenacidad de ese paralítico había impresionado a Jesús, así que para dejar claro a los fariseos y a todos los que lo escuchaban que Jesús tiene todo el poder de regalar algo intangible, le quiso regalar también la salud a la vista de todos.

¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis  que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. (Lucas 5:23–26).

CONCLUSIÓN

¿Y cuál es la lección que nos da el ejemplo de este paralítico? Insistir en la oración, superar los obstáculos con creatividad, hacer lo necesario para llegar delante de Cristo. Ir a su presencia, reconocernos indigentes, necesitados, pecadores. Implorar su perdón y lo demás se nos dará por añadidura (Mateo 6:33).

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Valoremos esos regalos invisibles que Dios nos da continuamente y no los cambiemos por satisfacciones inmediatas.

© Miguel Angel Robles. Todos los derechos reservados.

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