Jesús dormía

Reflexiones Cristianas

Reflexiones Cristianas Texto Biblico: Lucas 8:22–26

INTRODUCCIÓN

En numerosas ocasiones Jesús subió a la barca con sus discípulos para trasladarse de una orilla a otra del gran lago de Tiberíades o mar de Galilea, para ir a pescar e incluso para predicar desde la barca. Porque siempre iban con Él, iban de pueblo en pueblo, predicando, anunciando el Reino de Dios.

Navegar en este mundo hostil, junto con Jesús, en ocasiones se presenta complicado y amenazante. Y es justo para estos momentos en los que nuestra confianza es puesta a prueba.

Lucas nos presenta un episodio dramático en que los apóstoles navegaban, como muchas veces lo habían hecho. Eran expertos en ese oficio, varios eran pescadores y conocían de sobra aquellas aguas. Ellos eran capaces de sortear cualquier dificultad, confiaban en sus habilidades y en su experiencia.

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Sin embargo, Lucas nos narra cómo aquella vez, sus habilidades y sobre todo su confianza en Cristo fueron puestas a prueba.

¿Jesús dormía?

Con todas esas horas trabajando en la predicación de la buena noticia, Jesús seguramente iba agotado. Pero principalmente tenía pensada una lección para sus discípulos. Él quería que aprendieran algo nuevo, y esa lección fue también para nosotros. Es para los cristianos que queremos ser Sus discípulos hoy en el siglo 21.

Jesús se durmió en la barca, pero de pronto comenzó una tormenta de viento que levantaba unas olas enormes que ensañaban contra la barca que se sacudía y empezaba a inundarse. Los discípulos navegaban con dificultad luchando contra las olas.

De un momento a otro los apóstoles empezaron a sentir el miedo del naufragio. Pues veían que la tempestad era demasiado fuerte, y por fin se atrevieron a despertar al Maestro. El maestro que en contraste con la situación desesperada de aquellos marineros, iba plácidamente dormido.

¿Será posible realmente que pueda ir dormido? Le gritaron desesperados: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! (Lucas 8:24) , ¿no te importa que nos hundamos? (Marcos 4:38). ¿Cómo es que vienes dormido mientras nosotros estamos luchando contra viento y marea?

Y es que en ocasiones nosotros vamos como de costumbre, navegando en nuestra vida espiritual, en nuestra familia o en nuestros trabajos y de repente nos comienza a azotar la tempestad. Empezamos a batallar para mantenernos a flote, para ser fieles a Dios, para mantener nuestra familia unida, para realizar con éxito nuestro trabajo.

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Y es entonces cuando volvemos nuestra mirada a Cristo y sentimos como si no oyera, como si no le importara, como si no recibiera nuestra oración… como si estuviera dormido.

Pero Cristo tiene una pedagogía pensada para cada uno de nosotros, igual que a sus apóstoles, nos prueba y nos corrige como un hombre corrige a su hijo (Deuteronomio 8:5). Cristo quiere purgar la confianza de sus apóstoles, de la misma manera en que se refina la plata y nos hace atravesar por el fuego y el agua, para luego permitirnos recobrar el aliento (Salmo 66:10).

Confiar en Cristo cuando el mar está en calma es muy fácil, confiar cuando multiplica los panes, cuando cura enfermos o resucita a los muertos, no representa una dificultad, cualquiera lo puede hacer.

Pero Jesús quiere que seamos capaces de confiar en Él también en situaciones difíciles. Confiar ante la adversidad, confiar cuando nuestro barco parece hundirse. Confiar en Su poder cuando nuestra predicación parece una voz en el desierto que nadie escucha. Porque quien no ha pasado pruebas, poco sabe.

¿Dónde está vuestra fe?

Cuando Jesús despierta se levantó reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. Y las preocupaciones de los discípulos desaparecieron de repente, el miedo a hundirse y a naufragar se esfumó.

Desafortunadamente los apóstoles no pasaron la prueba de la confianza, de abandonarse en las manos de Cristo, porque navegaban con sus propias fuerzas, porque no estaban conscientes de que en su barca llevaban a Jesús.

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Y es precisamente esta la exhortación de este episodio del Evangelio: confiemos en Cristo, a pesar de las olas y de la tormenta, Él no duerme, está con nosotros, porque en el colmo de mis cuitas interiores, tus consuelos recrean mi alma (Salmo 94:19). Nada iba a pasar a los apóstoles, iban con el Maestro y el Señor, sólo tenían que confiar en Él y navegar entre la dificultad afianzando su confianza.

Por eso, cuando se hizo la calma Jesús no sólo reprendió al viento y a las olas, también reprendió a sus amigos y les preguntó ¿Dónde está vuestra fe?

CONCLUSIÓN

Son las dificultades las que ponen a prueba nuestra confianza. Es fácil confiar cuando todo está bien y cuando nada es adverso. Pero cuando llegan los vientos contrarios y parece que todo está perdido, confiamos que siempre va allí Jesús con nosotros que parece que va dormido, que parece que no le importa, pero sólo necesitamos volvernos a Él y pedirle que aplaque esos vientos erosivos de la violencia, de la indiferencia, del ateísmo. Porque confiamos que Él es el Señor de todo lo que existe.

En medio de la tempestad, alegrémonos, porque sabemos que Él va con nosotros, y porque gracias a la prueba, ¡Probado en el crisol, saldré oro puro! (Job 23:10). Todo es un don de Dios tanto el bien como las pruebas y hemos de aceptar ambas por igual (Job 2:9). Porque Jesús, como buen Maestro tiene una pedagogía muy especial por la cual nos va educando cada día. Incluso cuando parece que está dormido y que no se da cuenta de nuestras luchas.

© Hilda Hernández. Todos los derechos reservados.

Predicas Biblicas… Reflexiones Cristianas

Acerca de Hilda Hernández

Soy la esposa del pastor. Amante de mi Dios y Salvador Jesucristo y la palabra de Dios. Me gusta redactar y compartir mensajes cristianos y reflexiones cristianas. Es mi oración que mis redacciones le sirva de bendicion.

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