Una herencia de Dios y una responsabilidad

Reflexiones Cristianas

Reflexiones Cristianas Texto Biblico: Salmo 127:3

INTRODUCCIÓN

Los hijos son para los padres un regalo de Dios, una bendición, es parte de la herencia que el Señor nos da. Pero con este gran regalo, Dios nos asigna también una gran responsabilidad. Hemos de enseñarles lo más importante, el sentido de la vida que es amar a Dios.

Hemos de enseñarles con nuestra vida y nuestra palabra el camino del bien que permite alcanzar la felicidad en esta vida y en el cielo. Algunos niños son buenos escuchando los consejos de sus padres. Pero todos son excelentes imitando los ejemplos que ven.

Por eso, los hijos son una bendición que conlleva una gran responsabilidad. De nuestra corrección, y principalmente de nuestros ejemplos, dependerá en gran medida su amor a Dios y en última instancia, su salvación eterna.

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Una gran bendición

Convertirse en padre o madre es una de las aspiraciones naturales más grandes y sublimes de todo ser humano. Está inscrito en nuestra naturaleza, pues Dios ha querido que sea esa la manera de perpetuarnos, de existir más allá de nuestra limitación temporal.

Un bebé alegra el hogar. Ciertamente al inicio es muy dependiente, y puede llegar a ser una tarea muy ardua atenderlo de día y de noche. Pero basta una sonrisa, sus primeras palabras, sus primeros pasos o cada logro, hacen sentir que los esfuerzos por ellos valen la pena.

Los trabajos que nos cuestan ayudarlos a convertirse en adultos independientes nos parecen pocos y fáciles, cuando poco a poco los vemos crecer y conseguir ciertas metas.

Porque los hijos tienen la habilidad de enorgullecer a sus padres y a sus abuelos. Ellos llevan en sí la capacidad de devolver amor y hacer más llevaderos los años de la vejez, en los que el hombre se despide del mundo de la misma manera en que llegó: pidiendo amor. Y los hijos bien educados honran a sus padres y a sus abuelos y les dan esa dosis de amor que les hacen sentirse plenos.

Amor y disciplina

Hoy en día, debido a una gran difusión de las doctrinas de falsos pedagogos y psicólogos se ha generalizado la idea de que corregir a los hijos es malo. Dicen que nunca se debe decir “no” a los hijos. Dicen que se les debe permitir “experimentar” todo lo que quieran, y no se les debe reprender.

Pero la sabiduría de Dios, que nos llega por su palabra, nos dice que debemos ayudar a nuestros hijos a discernir entre el bien y el mal. La palabra de Dios nos dice que les debemos reprender cuando cometen un error. Que no hemos de festejarles las faltas de educación como si fueran “curiosidades graciosas”.  Al estilo de la cultura y la época, la Biblia dice que “el que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24).

Nuestra influencia sobre los hijos pequeños es muy grande en sus pequeñas almas inexpertas. «Porque La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la corrección la alejará de él.» (Proverbios 22:15). Aunque la vara no debe ser literal, la corrección sí.

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Y si por quererlos tanto y evitarnos “conflictos” no los corregimos, y no les enseñándoles hábitos prácticos como ocuparse de tender su cama o recoger sus juguetes, corremos el riesgo de hacerles creer que el mundo tiene que servirles. Si nos reímos cuando dicen una mala palabra, la seguirán repitiendo y crecerán con la idea de que faltar al respeto es algo gracioso.

Y es que corregirlos en cada momento implica amarlos de verdad porque estaremos siempre preocupados por su futuro y su crecimiento. Implica, sobre todo, que tenemos altas expectativas de ellos, que queremos que se conviertan en personas de bien y que llegado el momento procreen familias sanas y devotas de Dios.

Pero hay quienes no esperan mucho de sus hijos, piensan que no pueden ser responsables, por eso no les asignan tareas en casa, por eso no les llaman la atención cuando obtienen notas bajas en la escuela o cuando toman algo que no es suyo. Por eso bien dice el libro de los Proverbios 23:13 «No rehúses corregir al muchacho; Porque si lo castigas con vara, no morirá.»

Dios nos invita a esperar mucho de ellos, a tener altas expectativas y no ceder ante la presión social que nos engaña, nos dice que “de todos modos van a tener sexo, de todos modos se van a drogar, de todos modos van a consumir alcohol. Mejor que lo hagan seguros con quien quieran, pero usando preservativos. Mejor que se emborrachen en mi casa para que no conduzcan alcoholizados…”

CONCLUSIÓN

Nuestro deber como padres es amarlos y formar su carácter. Es decir su capacidad de tomar las decisiones correctas aunque nadie los vea, aunque todo el mundo haga lo contrario, aunque no sea la decisión más fácil.

Tenemos que enseñarles a ser valientes y a defender su fe. Tenemos que enseñarles a reconocer a Dios delante de quien sea. Debemos y tenemos que enseñarles a ser generosos, a mantenerse puros, a abstenerse del libertinaje que reina por todos lados.

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Pero ellos no van a formar en sí esos hábitos si antes no nos exigimos eso mismo a nosotros mismos. La parte más difícil de la paternidad es estar dispuestos a ser para ellos los adultos en que deben convertirse. Principalmente, enseñarles a honrar y reconocer a Dios, pues logrando eso, estaremos garantizándoles la felicidad en esta vida y en la futura.

El amor verdadero a nuestros hijos nos debe impulsar a educarlos, aunque el Apóstol Pablo también dijo: Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4).

© Hilda Hernández. Todos los derechos reservados.

Predicas Biblicas… Reflexiones Cristianas

Acerca de Hilda Hernández

Soy la esposa del pastor. Amante de mi Dios y Salvador Jesucristo y la palabra de Dios. Me gusta redactar y compartir mensajes cristianos y reflexiones cristianas. Es mi oración que mis redacciones le sirva de bendicion.

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