El terreno soy yo

Reflexiones Cristianas

Reflexiones Cristianas Texto Biblico: Mateo 13:1-9

INTRODUCCIÓN

Dios realiza su obra en el mundo por medio de los hombres de buena voluntad (Lucas 2:14) que escuchan sus palabras y hacen que Cristo reine en el mundo por encima de las fuerzas del mal. Nos pide que le demos sabor a nuestra sociedad y la iluminemos con nuestras obras, quiere que seamos la sal y la luz del mundo (Mateo 5:1); que hagamos la diferencia en nuestro entorno.

1. El sembrador

El Espíritu Santo se encarga de inculcarnos continuamente buenas obras, nos invita a tomar buenas decisiones. Nos invita a hacer el bien a los que nos rodean, nos invita a perdonar las ofensas de los demás.

El Espíritu Santo nos invita a ser comprensivos con los defectos de los demás, nos invita a compadecernos de los demás en sus necesidades sin juzgar si son reales o si son exageradas. Él es el sembrador que de su morral, como se hacía en tiempos de Cristo, saca puñados de semillas y las riega en el mundo, confiando que esas inspiraciones divinas en algún lugar darán su fruto.

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Cristo utiliza la imagen del sembrador cuando narra la parábola del sembrador y de la semilla y nos ayuda a comprender que la grandeza de la semilla de Dios nunca suplirá nuestra colaboración, que somos ese terreno capaz de hacer germinar las obras de Dios y dar frutos de santidad. El gran sembrador divino nos asegura que recibiremos la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos (Hechos 1:8).

Pero esa semilla puede encontrarse con varios tipos de terreno. ¿Con cuál terreno nos identificamos?

2. El camino

Jesús habla de un puñado de semillas que caen en el terreno que está sobre el camino, donde la pisotea la gente y como están al descubierto, llegan las aves y las devoran. Y nos explica que es el tipo de terreno que no está preparado para recibir la palabra de Dios.

Personas superficiales, sin fe, que se preocupan más de lo que piensa la gente que nos rodea, es decir los transeúntes; por eso son inspiraciones de Dios quedan estériles. Inmediatamente se pierde esa semilla, el diablo se encarga de hacerla desaparecer hasta que no queda nada; sólo el camino estéril y sin trascendencia.

Son esas personas sin fe, demasiado mundanas, materialistas que no valoran los tesoros espirituales y que no les interesa ahorrar para la vida eterna; su tesoro es material y allí mismo está su corazón (Mateo 6:21). A ese terreno le preocupa que la gente lo critique o se burle, entonces, no se compromete y le da la espalda a Dios.

3. Las piedras

La Palabra de Dios cayó también sobre un terreno pedregoso, con poca profundidad, y por lo mismo germinó rápidamente. Ese terreno recibe la semilla con entusiasmo, con buenas intenciones, pero sin raíces, sin consistencia ni voluntad y apenas llegan las primeras dificultades, el pequeño brote se seca y no llega a dar frutos.

Es el tipo de personas que quieren seguir a Dios sin mucho compromiso, seguirán las inspiraciones del Espíritu pero sin salir de su zona de confort, sin esforzarse demasiado, sin romper con los malos hábitos. Y eso no es posible, porque el mensaje de Cristo es radical; el terreno con poca profundidad no es apto para dar frutos.

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4. Terreno espinoso

Sin discriminar tipos de terreno, el sembrador rocía la semilla también en un terreno lleno de espinas y abrojos, donde los malos hábitos y los vicios no dejan que la palabra de Dios dé fruto. Sí llega a germinar la semilla, pero gradualmente la hierba mala sofoca a la buena semilla y no la deja dar fruto.

El terreno para que las inspiraciones de Dios den frutos tiene que estar preparado, se deben quitar las hierbas que estorban, que tapan la luz, que acaparan la humedad. Pasa lo mismo con los malos hábitos de personas con buenas intenciones. No es suficiente con querer seguir a Cristo de forma tibia y sin decisión. Si no queremos que la semilla se ahogue, hemos de limpiar  nuestro corazón de la maleza del materialismo, de los placeres dañinos como la pereza y la concupiscencia.

5. La tierra buena

Finalmente Cristo habla de ese terreno bueno que está preparado, que se ha purificado y se ha limpiado, al que no le importa lo que diga la gente, que tiene profundidad y humedad suficiente para que la plantita eche raíz y además combate cada día a las hierbas malas y a las espinas.

El terreno es apto para recibir la Palabra de Dios y dar fruto haciendo una diferencia en el mundo porque devuelve bien por mal, es generoso, perdona y ama a los enemigos, se disciplina a sí mismo alejándose de los placeres y de la lujuria. Es el terreno que protege la semilla cada día, la escarda, la riega, la abona de manera consistente y con paciencia. Superando las dificultades diarias.

CONCLUSIÓN

En esa parábola del sembrador y el terreno, Jesús nos deja un mensaje claro: hemos de acoger las inspiraciones del Espíritu Santo que nos invita a hacer la obra de Dios, a ser apóstoles a dar fruto abundante; Dios pone la semilla y nosotros el terreno. ¿Qué clase de terreno tenemos para seguir el llamado de Dios?

© Susana Gomez. Todos los derechos reservados.

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