¿Gratitud y felicidad?

Reflexiones Cristianas

Reflexiones Cristianas Texto Biblico: 1 Crónicas 16:34

INTRODUCCIÓN

La condición en la que llegamos todos hombres y mujeres al mundo es la de indigentes y completamente dependientes. Cuando un bebé llega al mundo está a la merced de los demás, de lo que hagan con él. Si los adultos lo alimentan,  lo visten y lo cuidan, seguramente sobrevivirá. Pero si un bebé queda abandonado a su suerte y a lo que pueda hacer por sí mismo, no tiene ninguna oportunidad.

Esa es nuestra realidad, quienes hemos llegado a la vida adulta y a ser independientes, se lo debemos a muchas personas que nos han ayudado en lo físico como en lo espiritual, pero principalmente se lo debemos a Dios, nuestro Padre.

INDIGENTES: Gracias a los otros y gracias a Dios

Hemos recibido gratis y sin méritos hasta lo que pensamos que es más nuestro: la vida y a partir de ese regalo, hemos ido recibiendo muchos, muchos más a lo largo de nuestra vida. De hecho, nuestra condición como humanos es siempre, desde el principio y hasta el final, de necesitados de los demás y principalmente de Dios.

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Nuestro crecimiento físico y la salud sólo se pueden conservar gracias a los demás: la mamá que alimenta sanamente a sus hijos, que juega con ellos y ejercita sus músculos, que los cura en sus enfermedades.

Pero incluso la salud emocional y psicológica es fruto de una buena relación con los que rodean a un infante, comenzando por su familia. Y por supuesto, a Dios le debemos absolutamente lo que somos y cómo somos. Es una cadena enorme de actos de bondad, que al final nos llevan al único principio de toda bondad en el mundo: Dios.

Jesús y la gratitud

Ante el amor de Dios y sus abundantes dones sobre cada uno de nosotros, sólo cabe la acción de gracias, el reconocer el amor de Dios y la gratuidad con que nos regala su amor; a pesar de que no lo merecemos, su amor es absolutamente desinteresado, absolutamente gratuito y desproporcionado y es en esos abundantes y constantes dones que reconocemos que Dios es nuestro Padre bueno, que sabe dar cosas buenas a sus hijos y cuidar hasta el último de nuestros cabellos.

En una ocasión 10 leprosos le pidieron a Jesús la curación y le imploraban: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! (Lucas 17:11). Jesús se compadeció de aquellos pobres hombres que además de la enfermedad sufrían también la segregación de todos, estaban condenados a vivir y morir apartados y en soledad.

Así que Cristo quiso hacerles el milagro de su sanidad, por eso los manda a presentarse con los sacerdotes. Pues son los únicos que los pueden declarar limpios (Levítico 13:9-17).  Podría ser simplemente un milagro más, de los muchos que Jesús obró. Pero Jesús aprovecha para dar una lección y decir: agradecer sí importa. Uno de los leprosos volvió  y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias (Lucas 17:16).

Jesús aprovecha para preguntar: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?

Jesús no hizo el milagro para recibir la gratitud, porque no necesita nada de lo que le pudiéramos dar, pero sí valora al alma agradecida, que no sólo sabe orar para pedir, sino también orar para agradecer por lo que recibe.

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Cuando un hombre poseso, después de expulsar al demonio, manifestó que quería seguir a Jesús. Él le dijo: Cuéntales a todos lo que el Señor ha hecho contigo (Marcos 5:19), porque una manera de agradecer a Dios por sus dones, es precisamente hablar a los demás del amor de Dios. Testificar de Sus maravillas y de los constantes presentes que nos regala. Eso también es gratitud y eso también Cristo lo valora.

Jesús mismo nos enseña a ser agradecidos y por eso antes de la resurrección de Lázaro pronuncia estas palabras: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado (Juan 11:41-42). También le agradece al Padre el pan (Mateo 26:26), porque sabe que la oración de gratitud es agradable a su Padre.

CONCLUSIÓN:

Quien agradece, valora y es capaz de reconocer la bondad de Dios en todo lo que le rodea, desde las cosas pequeñas, las cosas agradables e incluso los retos que cuestan y duelen. Todo es un regalo de Dios y quien lo valora y lo agradece es más feliz porque se siente amado por Dios.

La oración de gratitud equivale a admirar una fotografía del álbum familiar y sonreír recordando la dicha de ese momento, es por eso que quien tiene un corazón agradecido es mucho más feliz.

© Hilda Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Hilda Hernández

Soy la esposa del pastor. Amante de mi Dios y Salvador Jesucristo y la palabra de Dios. Me gusta redactar y compartir mensajes cristianos y reflexiones cristianas. Es mi oración que mis redacciones le sirva de bendicion.

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