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Cristiano “light”

Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente…” (Apocalipsis 3:15)

Yo tengo un buen muy conocido del colegio. Él, al igual que yo, es cristiano (asistimos a diferentes congregaciones). Lo curioso es que todas las veces que nos encontramos es en la calle. Al encontrarnos no hablábamos de otro tema que no sea de Dios.

Un día, en uno de nuestros tantos encuentros “callejeros”, comenzamos a hablar sobre el fanatismo religioso. Ambos estábamos de acuerdo en varios puntos. Pero en una parte de la charla, él me dijo: “Bueno, parece que ser fanáticos no es nada bueno, pero ¿Qué tal si la próxima vez hablamos sobre los cristianos “light”…?

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Lamentablemente no tuvimos la fortuna de volvernos a encontrar para continuar la charla, pero pese a ello, reflexioné bastante al respecto.

Un cristiano “light” tiene que ver con el hecho de que una persona se considere o llame cristiano pero viva a medias o no viva en absoluto según el evangelio de Jesús. Entonces es una persona titubeante, que quiere seguir las enseñanzas de manera superficial.

Y hay diversas maneras de ser superficiales en nuestro proceder como cristianos, por ejemplo cuando consideramos que Dios es como un genio de botella, que está para cumplir nuestros deseos. Entonces oramos pidiendo esto y aquello y nos olvidamos de agradecer, interceder o alabar.

Somos superficiales como cristianos cuando hablamos mucho y hacemos poco para el señor. Porque el verdadero obrero es aquel que obra, aquel que pone las manos a trabajar. “No seas sabio en tu propia opinión” (Proverbio 3:7) nos exhorta uno de los proverbios de las sagradas escrituras. Porque podemos creer que lo sabemos todo, pero quien aporta con hechos y esfuerzo es el que a la verdad conoce más sobre la obra de Dios.

Podemos caer en autoengaño de ser cristianos cuando simplemente obramos en contra de lo que se nos ha enseñado. Este es quizás el punto más delicado en este tema. En el evangelio de Mateo, Jesús nos revela “Por sus frutos los conoceréis…” (Mateo 7:16).

Si somos verdaderos cristianos, somos árboles buenos, por lo tanto nuestros frutos son buenos también. A su vez, un buen árbol tiene raíces profundas, no superficiales, por lo tanto el viento no pude derribarlo, entonces crece fortalecido y llega a ser muy grande. ¿Somos esto, sí o no?

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El egoísmo es también fruto de la superficialidad. No hay nada más light que llamarse cristianos, pero no preocuparse por el prójimo. Decimos amar a Dios pero descuidamos al prójimo. Es más, lo lastimamos. ¿Dónde está nuestro verdadero sentir de hijos de Dios? En Juan (4:20) leemos: “Si alguno dice, Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”

También somos superficiales si acomodamos la palabra de Dios a las costumbres mundanas. Decimos amar a Dios pero y al mismo tiempo estamos pensando en qué cómo divertirnos el viernes por la noche. Decimos estar santificados pero nos permitimos escuchar, leer, ver cosas nocivas para nuestra alma… Si nos sucede esto entonces estamos siendo viviendo en la superficialidad.

Buscar a Dios es el inicio de nuestro llamamiento, pero luego sigue el encontrarlo. Y cuando lo hayamos, Él nos pide que consagremos por completo a su enseñanza, sin excusas, sin claudicaciones, de corazón y profundamente. Así es como debe ser.

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