El don de descansar

Reflexiones Cristianas

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28)

Es plena mañana, el sol brilla en el cielo, pero nosotros amanecemos cansados. El cuerpo no ha aceptado el sueño (¡O incluso habiendo dormido!), lo ha dejado ir. Aunque nuestros ojos se mantuvieron cerrado, nuestra mente se mantuvo “encendida”, atrapada en espíritus, tareas pendientes, preocupaciones, deudas, planes, miedos, afanes, frustraciones… Esta escena se suscita muchas veces (a diario incluso) en nuestras vidas y cuánto quisiéramos encontrar una solución definitiva al respecto.

Nadie puede hallar reposo si no deja de trabajar. Dejemos nuestras herramientas de lado. Gocémonos por el esfuerzo realizado y consideremos al descanso como nuestra recompensa. Porque como buenos cristianos, seguramente hemos peleado el día a día, y hemos logrado grandes cosas, como garantizar el sustento para la familia, atender a los niños, obtener buenas calificaciones en los estudios o llegar primero en una maratón. Nos toca recomponer las energías gastadas.

Nadie puede descansar si no pone a tierra sus cargas. Es hora de erguirnos y dejar caer todo el peso de nuestras tribulaciones; pues cuando nos aferramos a ellas, nuestro espíritu no encuentra pausa, y sigue andando a cuestas. Aceptemos la invitación del padre al reposo.

Descansar no es sinónimo de pereza. Tras un descanso honesto y merecido está una voluntad empeñada en hechos. En cambio la flojera no es más que la acumulación de descanso sin trabajo. Entonces, no hemos sido llamados a ser hijos de Dios para ser esclavos de nada ni de nadie, menos de nuestro propio trabajo. Por ello descansemos en el señor.

Porque si no descansamos, no podemos recobrar fuerzas. El único modo de recargar las energías es permaneciendo quieto al cuerpo y al espíritu, dándoles pausa y alimento para que se renueven. Que nuestros alimentos sean nuestra medicina para el cuerpo cansado y que las sagradas escrituras sean nuestro alimento para la renovación espiritual en nuestras almas.

Una oración llena de fe puede garantizar un buen descanso. Antes de dormir, es imprescindible inclinar nuestras cabezas y doblar nuestras rodillas ante el padre. Oremos agradeciendo, alabando, intercediendo y pidiendo. Él padre celestial no nos dejará solos jamás, ni siquiera en nuestros sueños. Más al contrario, nos inspirará para la mañana siguiente, nos aliviará las cargas y nos dotará de fuerzas infinitas en cuerpo y alma.

Y algo importante, respetemos el día de reposo, porque así nuestro padre lo ha instituido. Aprovechemos este tiempo para asistir a nuestra congregación y servirnos de la palabra de vida.

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