Sanar

Reflexiones Cristianas

¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará” (Santiago 5:14-15).

La salud es uno de las bendiciones más preciadas que nuestro Dios podría habernos dado.

Lamentablemente, solemos acordarnos de ella cuando se ha ido y ha reemplazada por la enfermedad.

Podemos hallar mucho consuelo al contar con el apoyo espiritual de nuestros hermanos en la fe y seres queridos en tiempos de enfermedad. No hay tiempo tan duro y solitario como el estar postrado en cama, sin la compañía de nadie. Cierta vez un pastor de mi comunidad se accidentó en un viaje misionero a una ciudad. No tenía a nadie que no auxiliara, pero una persona, testigo ocular del accidente se quedó con él.

Esta persona se encargó de acompañarlo por muchas horas en el hospital y luego acompañarlo hasta el aeropuerto para que regresara a su ciudad. Después de que este pastor se recupera, se contactó con esta persona para darle las gracias, y grande fue la sorpresa al enterarse que este señor era un hijo de Dios también.

Una oración de fe puede recomponer la salud. Lo que la ciencia ni los mejores doctores no pueden hacer, una oración empapada en fe puede transformar nuestro cuerpo, sanándolo. Porque el poder de Dios es infinito, capaz de cualquier cosa. Tengamos la convicción de pedir por sanidad, y roguemos por la intercesión de nuestros hermanos también.

A veces, por inanición, llamamos a la enfermedad. Bien sabemos que podríamos enfermar pero preferimos ir en contra de la salud. Por ejemplo, durmiendo pocas horas, teniendo mal humor o alimentándonos negligentemente.

Entonces, nuestro ser interior podría estar enfermo también, porque puede más nuestros malos hábitos que nuestras virtudes. Será bueno también hacer un examen interno pronto. Porque es sabio recordar que la salud física se respalda en la salud espiritual y por lo tanto debe existir en nosotros un celo especial por la protección del templo de nuestra alma.

Es siempre más sensato orar a Dios cuando estamos sanos que solo clamarle a Él cuando terminamos enfermos. Porque agradeciendo por la salud que nos brinda demostramos madurez espiritual y también habla bien de nosotros mismos, porque constata que estamos haciendo bien las cosas y por ello gozamos de salud completa.

Pero no nos desconsolemos, porque al final, si caemos rendidos en nuestro lecho, por enfermedad, nuestro padre nos extenderá la medicina para nuestros cuerpos. Él tan solo espera nuestro clamor de fe.

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