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Cuídanos del cielo

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¿Cómo puedes correr si no has aprendido a caminar?, ¿cómo puedes leer si no te has dejado alfabetizar?, ¿cómo puedes nadar si nunca has entrado al agua?, ¿cómo puedes querer a un amigo si no quieres a tu propio hermano?, ¿cómo puedes querer a tus suegros si no quieres a tus padres?.

Indiscutiblemente que para que se cumpla la primera parte de las preguntas formuladas en el párrafo anterior, necesariamente tiene que darse la primera. Bueno, entre algunos cristianos que se manifiestan muy ortodoxos de la fe, se les escucha afirmaciones como ésta: no tengo que ver con nada más, porque ya soy un ciudadano del cielo.

Muy bien, me alegra mucho que tengas esa ciudadanía, a fin de cuentas es lo que todos deseamos; pero recuerda que para llegar allá, primero hay que cumplir con ciertas leyes que Dios nos ha dejado a través de las Sagradas Escrituras, y entre ellas figura:

«No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová». Levítico 19.18.

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Levítico es el tercer libro de la Biblia y ya aquí Dios le está dando una serie de leyes morales a Moisés en las cuales le exige no olvidar su pueblo, y naturalmente que no se refería en aquel momento, ni al cielo, ni a los que allá habitan. Con toda claridad Jehová hablaba de la tierra que lo vio nacer y de sus familiares y amigos.

Es muy fácil decir somos ciudadanos del cielo, para con este pretexto olvidarnos de la tierrita donde nacimos, sobre todo cuando estamos en el extranjero y sabemos que ella está atravesando momentos terribles.

Pero lo que ignoran esos supuestos cristianos, es que nada está hecho por coincidencia, porque Dios lo preparó todo, antes de la fundación del mundo. Si a usted, como a mí, le tocó nacer en Cuba, antes de ir al cielo hay muchas cosas que hacer por nuestro prójimo.

Muchos cubanos, por obligación o por voluntad propia, nos encontramos en el destierro. También Moisés y su pueblo estuvieron y Dios los llamó a regresar a su patria.

No creo que estemos amando a nuestro prójimo, si disfrutando de la libertad, no pensamos en los que allá quedaron sin ella. En los que viven en la hambruna, la miseria y la opresión; mientras nosotros gozamos a plenitud todo lo contrario.

Hay hombres y mujeres que sin llamarse cristianos han entregado sus vidas defendiendo a los que sufren. ¿A caso creeremos los cristianos que Dios es bobo o que se pueda engañar?. ¿Que podamos arrodillarnos ante un altar en actitud de arrepentimiento, pidiendo perdón y haciendo promesas de cambios y al mismo tiempo ocultando cosas y que mágicamente todo quedará resuelto?.

Dios no es mago, él es todo poderoso, omnipresente y omnisciente que puede leer los corazones de cada uno y nuestras verdaderos sentimientos aunque inútilmente tratemos de esconderlos.

Escogí en este tema a Cuba como ejemplo, primero por ser cubano y a mucha honra; segundo porque no creo que haya otro lugar sobre la tierra que esté llamando más desesperadamente a sus hijos, y realmente los necesita.

Pero el llamado es para cualquiera que se encuentre fuera de su país. Usted puede estar realizando una linda obra aquí y no le niego amar esta tierra como también yo la amo.

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Ahora bien, su patria es el lugar donde nació, que no por casualidad Dios permitió que viera ante todo.

Mi querido amigo que lee este artículo, si usted es de los que cree que diciendo que ama mucho a Dios tiene su pasaje para el cielo garantizado, sin importarle nada los que compartieron contigo las primeras vivencias, déjame decirte que el Señor mide tu amor hacia él, en la medida que amas a tu prójimo, que es primero que nada, tu pueblo.

Cuando vayamos a decir: somos ciudadanos del cielo, antes analicemos si primero hemos cumplido -de algún modo- con la patria que espera.

© Antonio J. Fernandez. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernández, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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