La misericordia

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Tres leones andaban errantes y no encontraban un lugar donde pasar la noche. Anduvieron casi todo el día por la llanura y próximo al bosque encontraron una cueva. Después de examinarla comprendieron que sólo podían alojarse dos de ellos y el tercero tendría que irse. Para no ser injustos decidieron discutirse los dos puestos. Entrarían al bosque y cada uno se enfrentaría a un rival fuerte y el que más se tardara en vencer, perdería el derecho de la cueva.

Se sortearon el orden y al primero le tocó enfrentarse a un robusto gorila. Se produjo un combate campal y ambos contrincantes se hirieron mutuamente, hasta que el león, por su valor y destreza, encontró finalmente la forma de matar al gorila; pero antes de hacerlo, sintió misericordia y resueltamente lo dejó, y regresando a sus compañeros aceptó ser el perdedor.

Uno de los leones dijo: “Todo está resuelto, regresemos nosotros a la cueva y que él se vaya como perdedor que es”. Pero el tercero con voz de trueno exclamó: “Tú no eres más que un astuto que quiere sacarle partido a tu bajeza y él es un gran luchador que venció en un tiempo record y quiso perdonar a su rival. Demostremos ahora nosotros si somos mejores”.

Siguieron adelante y apareció una manada de elefantes. El cabeza del grupo al ver los leones salió al frente para defender al resto. Le correspondía el turno al león juicioso, se produjo esta vez otro duelo sangriento; pero al elefante le tocó la de perder y ya el león lo iba a ultimar, cuando vio por encima de sus enormes orejas que un elefante se afilaba los colmillos para quedarse como jefe, en vez de salir en defensa de su compañero.

La traición le provocó tanta abominación, que fingió huir dejando a su rival como vencedor. El león astuto le acusó: “¡Cobarde, no te mereces el derecho a la cueva, vete de nuestra presencia!” Pero fue el primer león quien le respondió: “No trates de evadir tu responsabilidad, él tuvo piedad del valiente elefante que iba ser traicionado. Prepárate que llegó tu turno”.

Continuaron caminando y llegaron a las cercanías de una aldea abandonado. Un cervatillo que andaba por allí, corrió despavorido al ver los leones. El león astuto se preparó para atacar, los dos heridos le señalaron al mismo tiempo: “No es un rival de consideración, será un abuso” a lo que éste respondió: “No me importa, es el que me correspondió” Y sin más salió tras el cervatillo que corría dando pequeños saltitos, y saltando, saltando, saltó unos bejucos a su paso; pero el león sin saber, los pisó encontrando que era un enorme pozo que se lo tragó acabando con su vida.

Los dos leones heridos se miraron y en señal de negación, movieron su cabeza para después regresar a la cueva donde vivieron en lo adelante felices como buenos compañeros premiados por su misericordia.

Lucas 6:36. Sed, pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

La moraleja es, que si quieres alcanzar misericordia, también tenla tú con los demás.

© Antonio J. Fernandez. Todos los derechos reservados.

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Acerca Antonio J. Fernández

Antonio J. Fernández
Mi nombre es Antonio Fernández, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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