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Oportuno, pero no oportunista

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La oportunidad es algo que viene una vez y después tarda en regresar o en la mayoría de los casos, no vuelve más. Por eso cuando llega por primera vez, debemos aprovecharla antes que la perdamos. El hecho de actuar a tiempo para lograr el objetivo, se llama ser oportuno.

Por otra parte, cuando forzamos las circunstancias para tomar ventaja en cierto propósito -que generalmente perjudicamos a alguien- se está siendo oportunista. El oportunismo es una afrenta al que resulta la víctima y una ignominia que los hombres honestos que nunca deben aplaudirse.

A veces los oportunistas se enredan en la misma tela de mentiras que ellos fabrican y van a tener al fondo del pantano donde con mucho trabajo, más tarde salen, si es que logran salir.

Me contaba mi abuela, que en la primera mitad del año 1953 del siglo pasado, al pueblín llamado Nueva Luisa -lugar donde yo desarrollé mi niñez y parte de la juventud- llegó una gran inundación producto de varios días de llover copiosamente.

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A dicho suceso, los ciudadanos de ese lugar, lo denominaron: La Anegación y marcó época allí como un hecho histórico, de manera que cuando se alude a cualquier otro suceso tratando de recordar la fecha, se pregunta si fue antes o después de la Anegación.

Bueno, pues me decía ella que en la medida que llovía, la gente estaba muy asustada por la vida de los animales de corrales y trataron de trasladarlos a áreas más elevadas o procuraron deshacerse de ellos vendiéndolos a compradores que vivían más distantes.

Entonces José la Ñosa, que ya lo conocemos como uno de los protagonistas de del relato anterior, como gran oportunista, trató de tomar ventaja con los asustados pobladores. Y llegándose a casa del pobre Atere que temía por perder su valioso caballo, que conservaba como semental de una raza pura.

-Y bien Atere- dijo la Ñosa -Por ahí viene un diluvio, te ofrezco cincuenta pesos por tu caballo. Sé que no es mucho; pero en estos momentos es mejor poco que perderlo todo.

Atere, aunque estaba enamorado de su caballo, comprendió que podía perderlo y a pesar del oportunismo de la Ñosa, él debía ser oportuno antes que fatal. Y no tardó en decir: -Pues sí que te lo vendo José, y ahora mismo.

Así Atere tomó su dinerito y la Ñosa se fue contento con el caballo, satisfecho de la pillería que acababa de hacer. Pero no llegó muy lejos, cuando el arroyuelo y la cañada que circunscriben a Nueva Luisa se desbordaron, arrastrando al caballo y con él a la Ñosa, muriendo el primero y salvándose milagrosamente el segundo. De esta manera, a Atere, el Espíritu Santo le habló y él fue obediente y oportuno; mientras que José la Ñosa, por ser tan oportunista, su final fue triste.

Recordemos que Noé fue obediente a la voz de Dios y oportuno al actuar, salvando su vida, la de su familia y los animales. Mientras que Judas Iscariote fue oportunista, tomando indebidamente dinero de los ahorros de los cuales él era responsable y entregando a Jesús. Su final, fue trágico.

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Hoy tenemos la gran oportunidad de estar bajo la gracia y sin dejar de ser prudentes y obedientes, también debemos ser oportunos para acercarnos a su trono: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16

© Antonio J. Fernandez. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernández, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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