Vivir en familia y comunión

Raimundo Linares

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Vivir en familia y comunión

Predicas Cristianas

Prédica de hoy: Vivir en familia y comunión

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Marcos 3:25

Introducción

Nacer en una familia qué nos acompaña y escucha es realmente un privilegio. En tiempos dónde una mano ayuda es urgente, el futuro parece borrascoso y necesitamos un abrazo, ellos son los primeros en brindarnos auxilio. A veces parece qué nada puede sustituir éste tipo de amor, pues realmente surge de una conexión muy especial.

Dios es el autor de la familia, de qué éste mundo sea poblado por ellas, y de ésta manera pueda expandirse el amor entre las generaciones. ¿Es obligatorio amar a la familia?

No podemos ignorar el hecho de qué no todas las familias son ese cliché que vemos en las películas donde no existe el conflicto ó dolor; pero por muy difícil qué sea, sí, debemos aprender de nuestras diferencias y amarnos.

Hay qué aprender a vivir en comunión, saber cómo pueden evitarse los problemas y también de qué forma pueden ser atravesados. Para qué en la casa haya paz, se debe aprender a crear paz en nosotros mismos primeros, pues pocas cosas son mas satisfactorias qué sabernos juntos para las buenas y las malas en un mismo corazón.

I. Vivir en familia y comunión – Dirección familiar

1. Creer en el Señor Jesús (Hechos 16:13)

Para qué una familia pueda vivir en paz, necesita de dirección. Nadie nace aprendiendo cosas espirituales sobre un hogar, pero Jehová se encarga cada día de qué a nosotros llegue el conocimiento necesario a través de su palabra.

¿Qué tipo de dirección nos da él para mantener la comunión? Creer en el Señor Jesús de manera profunda. Ésta es la clave de la salvación, no separados ó disipados, sino en un compartir lleno de alegría.

Sí bien cada uno puede disfrutar de sus actividades en soledad, es necesario qué cuando se trata del Evangelio, la familia sea capaz de mirarse a los ojos y agradecer a Dios por la vida.

2. Tener un propósito común (1 Corintios 1:10)

Es necesario qué la familia sepa cual es su propósito y en la fe se unan para recibir de la bendición de Dios. Vivir en armonía debe ser una prioridad y conocer cada día mas del Padre, una necesidad.

Cuando en una casa cada uno va por su camino, sin interesarse en los demás, irremediablemente hay una brecha qué después es difícil de volver a unir. Hay qué procurar expandir la armonía, involucrarse en el ritmo del otro para poder vivir y disfrutar plenamente del propio.

Para esto es necesario soltar el egoísmo en cualquiera de sus variantes. Debemos percibir a nuestros familiares con nobleza y lealtad, decidiendo todos los días orar por ellos y compartiendo una misma felicidad.

3. Practicar lealtad (Eclesiastés 7:14; Filipenses 2:4)

La comunión y lealtad se construyen de la mano. Cuando cada miembro de la familia decide estar de manera incondicional, para resolver problemas y para celebrar victorias, en el amor y en la tristeza, en la abundancia y en la escasez.

Esto es lo qué distingue a una familia qué tiene la dirección de Dios. Mientras algunos actúan solo por conveniencia y crean contiendas, nosotros debemos buscar soluciones qué vengan del evangelio. No solo para nosotros mismos, sino principalmente para quiénes nos rodean y con quiénes compartimos la casa en amor.

Lograr una comunión así de profunda precisa de mucha fe en Dios. Cuando toda una familia se une en pos del Creador, las bendiciones son incomparables. Pues no es fácil trabajar en equipo, pero a todos lo qué se esfuerzan les llega su recompensa.

II. Vivir en familia y comunión – Problemas familiares

1. Buscar la raíz del problema en la familia (Santiago 4:1)

Los conflictos familiares son muy comunes y también muy dolorosos. No hay sensación tan terrible cómo ver y hacer sufrir a quién amamos. Sin embargo antes de poder resolver algo, necesitamos saber qué ocasionó el problema, buscar y tratarlo desde su raíz.

¿Qué sucede sí descubrimos qué la culpa no la tiene el otro? Esto es lo primero qué debemos considerar. Generalmente la rabia y la amargura no nos dejan mirar con claridad. De esto se trata despojarnos del egoísmo, aprender a reconocer qué los errores vienen de nuestras pasiones, pero qué aún podemos ser redimidos.

Debemos aprender a mirar hacía dentro, reconocer qué no somos perfectos y qué a fin de cuentas, nuestra familia tampoco lo es. Empezar a ver a los padres como seres humanos qué aún están aprendiendo, hace qué podamos soltar el juicio para abrir paso al perdón.

2. Aceptar el perdón (Lucas 17:3-4)

La humanidad se habría ahorrado muchas batallas de haber aprendido a pedir perdón a tiempo. Lo mismo ocurre con la familia para poder preservar la comunión.

El orgullo no nos sirve para nada. Jesús fue muy claro en enseñarlo. Debemos ser capaces de pedir perdón pero también de aceptarlo. Principalmente porque en éste mundo ninguno está libre de pecado. ¿De qué sirve seguir extendiendo un problema? Solo alejamos la paz del hogar.

Por supuesto qué lidiar con la decepción es complicado, pero para fortuna nuestra, no estamos solos. Dios nos conoce y nos ayuda en éste proceso. Así podemos en la fe asegurar qué entre hermanos conviva la paz.

3. Regla de oro para la familia (Mateo 7:12)

Jesús enseñó una ley qué está inscripta cómo “regla de oro” pues su valor para la vida, es inmenso. Resulta tan sencillo cómo tratar los demás de la manera en la qué nos gustaría qué nos traten a nosotros. No en ciertos días y con ciertas personas, sino todo el tiempo y sin excluir a nadie. ¿Ahora se pone mas complicado?

Todos somos creación de Dios, no hay motivo para no brindar el mismo amor incluso quiénes no nos aman tanto. Nosotros debemos hacer la diferencia.

Cuando se trata de la familia la conexión es todavía mas especial. Sí uno quiere evitar conflictos lo mejor qué puede hacer es seguir la ley de Dios. Ella siempre nos encamina por la paz y cuando todos en comunión la aceptan, pueden crecer y ser bendecidos mutuamente.

Conclusión

Mantener la paz en una familia requiere de paciencia y entrega a Dios. Pensemos que a veces es difícil hasta mantener la paz solo dentro de nosotros mismos, cuando se trata de mas personas debemos multiplicar nuestra templanza.

¿Es posible estar en paz y convivir de manera sana? Aunque algunas situaciones sean límites, sí el compromiso es suficiente, con esfuerzo y disciplina puede lograrse. El pilar principal de la familia debe ser el amor, esto es lo qué nos une mas allá de las diferencias. Y debemos creer con entereza qué el amor de Dios no puede ser destruido nunca.

Aunque los problemas puedan estar presentes, porque son parte de la experiencia humana, no son imposibles de superar. Siempre es mas sencillo salir de la oscuridad sí estamos tomados de la mano de alguien qué nos ama. Simplemente hay qué procurar caminar juntos hacía la luz, en donde el Padre nos recibe y permite qué sigamos creciendo en comunión.

¿Qué actitud debemos tener hacía nuestra familia? Una llena de agradecimiento y dedicación. Todavía tenemos mucho por aprender de los qué nos rodean, mirarnos con amor es la primera parte para recibir el amor de Dios en nuestra familia, y vivir llenos de su bendición.

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Autor

Raimundo Linares

Siervo de Jesucristo y amante de la palabra de Dios. Me gusta redactar prédicas cristianas para la gloria de Dios. Saludos y bendiciones desde Caracas, Venezuela.

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