Cuidar nuestra conciencia

José R. Hernández

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Cuidar nuestra conciencia

Bosquejos Bíblicos

Prédica de hoy: Cuidar nuestra conciencia

Texto Bíblico Principal: “Sí confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” 1 Juan 1:9

Introducción

Encontramos el perdón como una de las gracias más bellas que se nos ha concedido. Sabemos que inmerecidamente somos perdonados diariamente. Pero en realidad esto ocurre en conjunción a la limpieza de nuestra conciencia.

Somos perdonados después de haber profesado un profundo arrepentimiento. El arrepentimiento solo es real después de que hemos hecho conciencia respecto a nuestros actos y entorno.

Es importante cuidar y tener en cuenta lo qué pensamos y sentimos, pues en base a ello actúa nuestro corazón. ¿Quién debe ser el director de nuestro funcionamiento consciente? No cabe duda qué el Padre Celestial.

I. Nuestra conciencia propia (Jeremías 23:24)

Siempre antes de actuar nos enfrentamos con nuestra conciencia. Ese estado de conocimiento sobre lo qué hacemos, que está en desarrollo desde nuestra niñez. A veces la dejamos pasar y en otras ocasiones decidimos qué es mejor prestar atención.

Lo qué hagamos con ella siempre es determinante en nuestras vidas.

Tener conciencia propia es mirarnos a nosotros mismos de manera acertada. Cuando generamos conciencia sabemos qué algunas acciones no son correctas y otras nos traen beneficios.

La conciencia es una de las partes más honestas qué podemos tener. Aunque quisiéramos engañar al mundo, Dios sabe lo que sucede en nuestro interior.

Es imposible engañar al Padre, pues de nada sirve hacer obras buenas sí en nosotros se esconden otros sentimientos. Es importante para nosotros cristianos, estar atentos a lo qué dicta nuestra conciencia y ajustarnos a los mandatos de Dios.

II. Guardar nuestra conciencia (Tito 1:15-16)

“Tener la conciencia limpia” es una manera en la qué el mundo justifica sus actos. ¿Sí alguien roba pero eso no pesa en su conciencia entonces no tiene importancia? ¡Por supuesto que sí!

Nuestra conciencia no debe estar determinada por nuestro propio juicio. Dios mediante su Palabra nos explica que a la humanidad todo le parece bien. Sus preceptos, en cambio, son más difíciles. A esto se refería Jesús cuando hablaba de qué debemos entrar por la puerta angosta. Mateo 7:13-14

Aunque requiera un esfuerzo mayor guardar nuestra conciencia, es un factor imprescindible para agradar a Dios. Dado qué se trata de nuestro conocimiento, es muy importante no dejarla pasar por alto y nutrirnos cada día de la Palabra

III. Transformación en nuestra conciencia (Proverbios 28:13)

Sí tenemos una conciencia cargada por nuestros malos actos, existe una única forma de obtener redención. Dios es el único qué en su misericordia puede perdonarnos y transformarnos.

El perdón no ocurre cómo acto de magia. Es decir, qué Dios sea compasivo no significa qué podemos ir llenando nuestra conciencia de impureza y después pedir auxilio. El Padre siempre va a perdonarnos pero debe haber gran honestidad en nuestra confesión.

Dios conoce nuestro verdadero arrepentimiento y además de su perdón, nos invita a empezar de nuevo. Al obtener su ayuda, estamos tomando la decisión de no ser los de antes. Él nos transforma desde nuestros pensamientos hasta corazones, pero debemos dejarlo actuar.

IV. Purificar nuestra conciencia (2 Corintios 1:12)

Somos purificados cada vez que nos acercamos de corazón a la presencia de Dios. Él toma y limpia cada parte nuestra, dejando nuestra conciencia conforme a su Palabra.
Esa purificación se trata de escucharlo y amarlo con fe inamovible. No a medias ó con inseguridades, sino con entrega y pasión como él nos enseña.

Cuidar de nuestra conciencia, purificarla y entregarla a Jehová, es un acto de cada día. En cada pequeña cosa qué hagamos debemos tenerlo presente. Nuestra mayor satisfacción será sentir que hemos construido una vida para su obra.

Una conciencia limpia es el testimonio vivo de qué Dios hace milagros y que para él nada es imposible.

Conclusión

Vivir en el mundo es aprender a tener conciencia de lo qué nos rodea. Sin embargo debemos tener especial cuidado con nuestra propia conciencia. La manera de pensar y actuar qué tenemos debe ser guiada por Dios.

Para poder seguir sus mandamientos, es necesario soltar el pasado y confesar nuestros pecados. En un arrepentimiento puro, el Padre concede su perdón y limpia nuestra conciencia. Su transformación es tan profunda que solo en ella somos capaces de conseguir paz.

Cuando hacemos una entrega sincera a la obra de Dios, purificamos nuestra conciencia todos los días. No hay atribulaciones pues cuando él es nuestro capitán nada puede salir mal.

Uno de los mayores placeres qué puede tener un ser humano, es dormir con la seguridad de qué cumple los mandatos del Rey. No volveremos a tener una conciencia intranquila ¡él nos ha dado paz! ¿Ya la aceptaste?

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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