El dinero

Pastor Jose R. Hernandez

El dinero

Bosquejos Bíblicos

Bosquejos Bíblicos Prédica de Hoy: Cuando el dinero ocupa el lugar de Dios

Bosquejos Bíblicos Lectura Bíblica: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.” (Hebreos 13:5-6)

Introducción

El dinero forma parte de nuestra vida cotidiana, porque necesitamos pagar una vivienda, comprar alimentos, sostener una familia y cumplir responsablemente nuestras obligaciones; por eso, la Biblia nunca enseña que poseer dinero sea pecado ni presenta la pobreza como una condición automáticamente más espiritual. El problema comienza cuando aquello que debía servirnos termina gobernándonos, y nuestra seguridad empieza a depender más de lo que tenemos acumulado que del Dios que prometió permanecer con nosotros.

Esta lucha resulta especialmente importante en una sociedad donde constantemente somos invitados a comparar lo que tenemos con lo que otros poseen. Siempre aparece algo más nuevo, una casa más grande, un automóvil mejor o una vida aparentemente más cómoda, y si nuestro corazón no está vigilado podemos pasar años persiguiendo una satisfacción que siempre parece encontrarse un poco más adelante.

Hebreos 13:5 confronta directamente esa tendencia cuando dice: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora”. La palabra griega “ἀφιλάργυρος” (aphilargyros), traducida dentro de esta expresión como “sin avaricia”, describe a quien está libre del amor al dinero y no vive dominado por él (Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G866).

Observe también la razón que proporciona el escritor: “porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré”. El remedio bíblico contra el dominio del dinero no consiste simplemente en tener menos, sino en aprender que nuestra seguridad final se encuentra en la presencia y fidelidad de Dios.

I. EL DINERO SE CONVIERTE EN UN PROBLEMA CUANDO COMIENZA A GOBERNAR EL CORAZÓN

La Escritura no condena el trabajo, el ahorro ni la administración responsable, pero sí advierte repetidamente acerca del peligro de amar aquello que poseemos.

a. El problema no es tener dinero, sino amar el dinero

Pablo no dijo que el dinero fuera la raíz de todos los males, sino que identificó específicamente “el amor al dinero” como una fuente capaz de producir graves consecuencias espirituales.

  • El amor al dinero puede apartar a las personas de la fe (1 Timoteo 6:10)
  • Nuestra conducta debe mantenerse libre de avaricia (Hebreos 13:5)
  • La avaricia es identificada como una forma de idolatría (Colosenses 3:5)
  • Jesús advirtió contra toda forma de avaricia (Lucas 12:15)

b. Nuestro corazón puede revelar aquello que realmente valoramos

Jesús enseñó que existe una relación directa entre nuestro tesoro y nuestro corazón, porque aquello que consideramos más valioso termina capturando nuestra atención.

  • Donde está nuestro tesoro también estará nuestro corazón (Mateo 6:21)
  • Debemos buscar primeramente el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33)
  • Las cosas de arriba deben ocupar nuestra atención principal (Colosenses 3:1-2)
  • Nuestro afecto debe dirigirse hacia aquello que posee valor eterno (2 Corintios 4:18)

c. Compararnos constantemente alimenta el descontento

Muchas veces no estamos insatisfechos porque carecemos de lo necesario, sino porque observamos continuamente aquello que otros poseen y comenzamos a pensar que nuestra vida debería parecerse a la de ellos.

  • Debemos estar contentos con lo que tenemos ahora (Hebreos 13:5)
  • Pablo aprendió a estar contento cualquiera que fuera su situación (Filipenses 4:11-12)
  • La piedad acompañada de contentamiento es gran ganancia (1 Timoteo 6:6)
  • La vida del hombre no consiste en la abundancia de sus bienes (Lucas 12:15)

d. El dinero nunca puede ocupar el lugar de Dios

Jesús enseñó que finalmente tendremos que decidir quién gobierna nuestro corazón, porque no podemos convertir simultáneamente a Dios y a las riquezas en nuestros señores.

  • Nadie puede servir a Dios y a las riquezas (Mateo 6:24)
  • El rico no debe poner su esperanza en las riquezas inciertas (1 Timoteo 6:17)
  • Las riquezas pueden desaparecer inesperadamente (Proverbios 23:4-5)
  • Solamente Dios permanece como nuestra porción y seguridad (Salmo 73:25-26)

II. EL CONTENTAMIENTO NACE CUANDO NUESTRA SEGURIDAD DESCANSA EN DIOS

Hebreos no presenta el contentamiento como conformismo ni falta de aspiraciones legítimas. Lo conecta directamente con una promesa: “No te desampararé, ni te dejaré”.

a. Podemos estar contentos porque Dios permanece con nosotros

La mayor riqueza del creyente no consiste en aquello que posee, sino en pertenecer al Dios que ha prometido permanecer fiel.

  • Dios promete no dejarnos ni desampararnos (Hebreos 13:5)
  • Cristo prometió estar con sus discípulos todos los días (Mateo 28:20)
  • Dios permanece como nuestro amparo y fortaleza (Salmo 46:1)
  • Nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo (Romanos 8:38-39)

b. Contentamiento no significa irresponsabilidad

Confiar en Dios nunca debe utilizarse como excusa para evitar el trabajo, descuidar nuestras obligaciones o administrar irresponsablemente aquello que recibimos.

  • El creyente debe trabajar honradamente con sus manos (Efesios 4:28)
  • Quien no quiere trabajar tampoco debe comer (2 Tesalonicenses 3:10)
  • Debemos proveer responsablemente para nuestra familia (1 Timoteo 5:8)
  • Los planes del diligente conducen hacia resultados provechosos (Proverbios 21:5)

c. Debemos aprender a distinguir necesidades de deseos

Nuestra cultura puede convertir rápidamente los deseos en supuestas necesidades, haciendo que nunca sintamos que tenemos suficiente.

  • Jesús enseñó a pedir diariamente el pan necesario (Mateo 6:11)
  • Teniendo sustento y abrigo podemos aprender contentamiento (1 Timoteo 6:8)
  • El Padre conoce nuestras necesidades antes de que pidamos (Mateo 6:31-32)
  • Dios promete suplir nuestras necesidades conforme a sus riquezas en Cristo (Filipenses 4:19)

d. La gratitud protege nuestro corazón del descontento

Cuando solamente pensamos en aquello que todavía queremos conseguir, olvidamos fácilmente todo lo que ya hemos recibido de la mano de Dios.

  • Debemos dar gracias en todo (1 Tesalonicenses 5:18)
  • La oración debe acompañarse de acción de gracias (Filipenses 4:6)
  • Todo buen regalo procede finalmente de Dios (Santiago 1:17)
  • No debemos olvidar ninguno de sus beneficios (Salmo 103:2)

III. DIOS NOS CONFÍA RECURSOS PARA ADMINISTRARLOS, NO PARA ADORARLOS

El creyente no debe preguntarse solamente cuánto puede conseguir, sino también para qué propósito Dios le permite administrar aquello que posee.

a. Todo lo que poseemos finalmente pertenece a Dios

Reconocer a Dios como dueño transforma nuestra perspectiva, porque dejamos de ver nuestros recursos como posesiones absolutas y comenzamos a considerarlos una responsabilidad.

  • De Jehová es la tierra y su plenitud (Salmo 24:1)
  • Las riquezas y el honor proceden finalmente de Dios (1 Crónicas 29:12)
  • Somos administradores de aquello que Dios nos confía (1 Corintios 4:2)
  • Toda buena dádiva procede del Padre (Santiago 1:17)

b. Debemos administrar con sabiduría

La espiritualidad bíblica no consiste en ignorar nuestras finanzas, sino en manejarlas responsablemente y evitar decisiones que nos esclavicen innecesariamente.

  • El diligente planifica cuidadosamente sus recursos (Proverbios 21:5)
  • Jesús habló de calcular el costo antes de comenzar una obra (Lucas 14:28)
  • El prestatario puede quedar sujeto al prestamista (Proverbios 22:7)
  • La fidelidad en lo poco demuestra nuestro carácter (Lucas 16:10)

c. Dios también nos da para que podamos compartir

Las posesiones no deben encerrarnos en nosotros mismos, porque el Nuevo Testamento presenta la generosidad como una expresión visible del amor cristiano.

  • Debemos compartir con quien padece necesidad (Efesios 4:28)
  • Dios ama al dador alegre (2 Corintios 9:7)
  • Quienes poseen recursos deben ser generosos y dispuestos a compartir (1 Timoteo 6:17-18)
  • Nuestro amor debe expresarse mediante acciones concretas (1 Juan 3:17-18)

d. Nuestro verdadero tesoro debe permanecer en Cristo

Todo aquello que acumulamos en este mundo eventualmente quedará atrás, pero lo que recibimos en Jesucristo posee valor eterno.

  • Debemos hacer tesoros en el cielo (Mateo 6:19-20)
  • Nuestra herencia en Cristo es incorruptible (1 Pedro 1:3-4)
  • Pablo consideró todo pérdida comparado con conocer a Cristo (Filipenses 3:7-8)
  • En Cristo tenemos riquezas espirituales que este mundo no puede proporcionar (Efesios 1:3)

Aplicación

Examinemos sinceramente nuestra relación con el dinero, porque algunas veces podemos reconocer fácilmente la idolatría cuando se presenta mediante una imagen religiosa, pero resulta mucho más difícil reconocerla cuando aparece dentro de nuestra cuenta bancaria, nuestras compras o nuestra obsesión por tener más.

Trabajemos, ahorremos y administremos responsablemente, pero no permitamos que nuestro saldo determine nuestra paz. Disfrutemos agradecidamente aquello que Dios nos concede, pero recordemos que ninguna posesión puede proporcionar la seguridad que solamente encontramos en Jesucristo.

Conclusión

Hebreos coloca frente a nosotros dos maneras completamente diferentes de vivir. Podemos pasar nuestra vida buscando seguridad en aquello que acumulamos, o podemos aprender a decir confiadamente: “El Señor es mi ayudador; no temeré”.

El dinero puede comprar una casa, pero no puede garantizar paz dentro de ella; puede pagar tratamientos médicos, pero no puede garantizar otro día de vida; puede proporcionar comodidad, pero jamás puede perdonar nuestros pecados ni reconciliarnos con Dios.

Solamente Jesucristo puede hacer aquello que nuestras posesiones nunca podrán conseguir.

Por eso trabajemos responsablemente, administremos sabiamente, compartamos generosamente y disfrutemos agradecidos aquello que Dios coloca en nuestras manos, pero nunca permitamos que algo temporal ocupe en nuestro corazón el lugar que pertenece al Dios eterno.

Porque llegará el día cuando tendremos que dejar aquí todo lo que acumulamos, pero quien tiene a Cristo posee un tesoro que ni la muerte puede quitarle.

Que el dinero permanezca en nuestras manos para ser administrado, pero que solamente Jesucristo permanezca en nuestro corazón para ser adorado.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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