Estudios Bíblicos
Paciencia.. Estudios Biblico.. Texto: Romanos 5:3-5
Introducción
“La paciencia es una virtud.” ¿Quién no conoce este dicho popular? Escuchamos esto muchas veces al largo de nuestras vidas, en los más diferentes momentos.
Cuando somos niños o jóvenes, los más viejos nos piden para que tengamos paciencia. Cuando alcanzamos un poco más de madurez, somos nosotros mismos los que piden a los niños y jóvenes para que tengan paciencia.
Sin embargo, la paciencia, como toda virtud, es algo difícil de comprender, conquistar y cultivar en nuestro día a día. Y así como también se pasa con prácticamente toda virtud que intentamos cultivar, somos frecuentemente puestos a prueba de nuestra paciencia.
La paciencia, además de ser una virtud, es también una enseñanza cristiana de las más importantes.
En la carta que Pablo envía a la Iglesia de Dios en Roma, está escrito: “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:3-5). En última instancia, la
Paciencia es lo que nos lleva hacia el amor de Dios
Hoy vamos a estudiar un poco más el concepto de la paciencia, tratando de comprender el porqué de la paciencia ser una virtud y cuales son los enredos religiosos, teóricos y morales de esta virtud.
Fundamentos bíblicos de la paciencia (Parte I: El Antiguo Testamento — Job, Proverbios)
La paciencia es un tema recurrente en la Biblia, tanto en el antiguo, cuanto en el nuevo testamento. Ella aparece en varias ocasiones, mientras comparte muchos sentidos en diferentes episodios.
En el libro de Job, leemos: “¿Cuál es mi fuerza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia?” (Job 6:11). Las indagaciones de Job entran todavía en el contexto de una cuestión anterior.
Después de reconocer la angustia de la posibilidad de morir sin haber adquirido sabiduría, Job enfrenta a la pregunta: “Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda? ¿Y a cuál de los santos te volverás?” (Job 5:1). Job contesta puntualmente: “Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten.” (Job 6:4).
Sin embargo, cuando él pregunta “¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia?”, él enfatiza la evidencia muy obvia de la presencia de Dios en su espíritu. Esto es lo mismo que decir: “¿Qué podría esperar yo, con paciencia y temor, sino el Todopoderoso?”
Los Proverbios
Ya en los Proverbios de Salomón, leemos: “Con larga paciencia se aplaca el príncipe, y la lengua blanda quebranta los huesos.” (Proverbios 25:15). Aquí, Salomón habla de una dialéctica, es decir, de un movimiento lógico del pensamiento, entre encubrir y descubrir los misterios de Dios. Por esto él empieza hablando: “Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.” (Proverbios 25:1). Para Salomón, “larga paciencia” es la virtud por la cual se escudriña la sabiduría. El opuesto de esto es: “Como ciudad derribada y sin muro, es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.” (Proverbios 25:28).
Tanto en Job cuanto en Salomón, la paciencia es una virtud para dejar manifestar la divinidad de Dios.
Fundamentos bíblicos de la paciencia (Parte II: El Nuevo Testamento — Mateo, Lucas y Hechos)
Hay otros momentos en que la paciencia aparece en la Biblia (ya en el nuevo testamento todavía). Estos se dan en el Evangelio de Mateo, en el Evangelio de Lucas y en los Hechos de los Apóstoles.
En Mateo, la paciencia aparece como una virtud anunciada por el Cristo: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” (Mateo 18:21-22).
Más adelante, leemos el relato de la deuda, que dice: “Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.” (Mateo 18:26-29)
Ante la actitud del prestamista, Jesús indagó: “¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” (Mateo 18:33). O sea, la paciencia tiene que ver con la misericordia.
Evangelio de Lucas
En el Evangelio de Lucas, tenemos la parábola del juez, donde encontramos la falta de paciencia relacionada con la injusticia. Leemos: “ Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba al hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.” (Lucas 18:2-6). Esto es lo mismo que decir que la paciencia es algo que tiene que ver con la justicia.
A su vez, en los Hechos de los Apóstoles, precisamente en el diálogo entre Pablo y Agripa, leemos la defensa del cristiano contra el romano, que empieza diciendo: “Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.” (Hechos 26:2-3).
Por más que parezca, la súplica de Pablo no es todavía un pedido de clemencia, porque él estaba a se defender, pero un consejo para que Agripa preste atención en el discurso. Mientras tanto, paciencia tiene que ver con atención.
Desde un punto de vista panorámico, encontramos en Mateo, Lucas y Hechos la virtud de la paciencia relacionada con tres cosas fundamentales en la enseñanza cristiana, a saber: misericordia, justicia y atención.
Fundamentos bíblicos de la paciencia (Parte III: La paciencia en la carta a los Romanos)
La carta de Pablo a los Romanos es, sin duda, el libro de la Biblia donde encontramos la virtud de la paciencia manifiesta con más profundidad y pureza.
Pablo empieza el tercer libro de su carta cuestionando los judíos. Él pone el relieve que, de ninguna manera, la incredulidad de ellos hache nula la fidelidad de Dios para con ellos. Con esto, Pablo llama atención para el hecho de que nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios.
Cuando Pablo habla de la justicia de Dios, él se refiere a la ejecución de la ley divina. Esto es la justicia en sentido más simples: la elaboración y ejecución de la ley. Sobre esto, Pablo escribe: “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Romanos 3:19-20).
Además, Pablo explica que Dios manifestó su justicia con la sangre de Jesús, “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3:25). Es decir, la paciencia es lo que Dios tuve cuando pasó por alto a los pecados pasados de los seres humanos y envió su hijo único al mundo.
En este sentido, la paciencia es un acto de bondad divino.
Esto también se muestra cuando Pablo escribe: “¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción.” (9:22). O aún, cuando escribe: “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús” (Romanos 15:5).
En otro momento, Pablo habla también de la paciencia que tenemos que tener nosotros. Él dice: “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:3-5).
La explicación para esto, leemos cuando Pablo escribe: “Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” (Romanos 8:24-25).
Más adelante, él aún explica que: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:26).
El camino hacia la salvación de Dios
En palabras más simples: Pablo indica que el camino hacia la salvación de Dios, por medio de lo Espíritu, demanda de nosotros paciencia. La razón para esto es sencilla: cuando ejercemos la paciencia, nos acercamos del acto de bondad divino de lo cual habló Pablo en otros momentos, o sea, nos acercamos de Dios.
Por fin, la paciencia es un acto divino y un camino para acercarse de Dios. Juntando lo que vimos en las secciones anteriores, este camino pasa por dejar la divinidad de Dios se manifestar, bajo la misericordia, la justicia y la atención.
Fundamentos morales de la paciencia (parte I: la alegoría de Prudentius)
Además de los fundamentos bíblicos de la paciencia, hay aún fundamentos morales, esto es, que derivan no específicamente de la palabra de Dios, pero de la cultura de los seres humanos.
Encontramos esto en diferentes momentos de la historia del cristianismo. Quizás el primer y más antiguo sea el escrito Psychomachia, del poeta cristiano Aurelius Prudentius Clemens (que nació en la región del norte de España en 348 y murió entre 405 y 413).
La obra Psychomachia (que se traduce como “la batalla del alma”) es una alegoría que describe la lucha entre las virtudes y los vicios. Estos son presentados como personajes, como si la Paciencia fuera una persona, así como las virtudes de la Esperanza y la Sobriedad, o los vicios de la Ira y del Orgullo.
La historia que Prudentius narra nos cuenta que la Paciencia estaba mirando el campo de batalla tranquilamente, sin ingresar en la lucha. En un dado momento, Ira se enfureció con la longanimidad de Paciencia y la atacó. Todavía Paciencia y estaba preparada porque, de antemano, había cosido una chaqueta de acero y cuero.
Cuando las armas de Ira golpearan Paciencia, no causaron daños. Ira estaba aún más enfurecida con esto y continuó golpeando, hasta el punto que ya o tenía más fuerzas. Entonces, cuando Ira percibió que no podría matar a Paciencia, se frustró y se suicidó.
Aparece aquí la primera moral de la historia que tiene como núcleo la virtud de la paciencia: la ira lleva al fracaso y a la muerte; la paciencia, a su vez, previene daños y conduce al triunfo.
Fundamentos morales de la paciencia (Parte II: La doctrina de Lulio)
Otro fundamento moral de la paciencia, encontramos en el filósofo catalán Raimundo Lulio, de la transición del siglo XIII para el XIV.
En su obra, Lulio destacó nueve atributos aplicables a todos los seres: bondad, grandeza, duración, poder, sabiduría, voluntad, virtud, verdad y gloria. Cada uno de estos atributos tiene una relación con los entes, una dirección propia, un sujeto que les corresponde, además de una virtud y un vicio.
Por ejemplo, para Lulio, la bondad se relaciona con los entes por medio de la diferencia, cuya dirección es condicional (o esto o aquello) y cuyo sujeto correspondiente es Dios, la virtud la justicia y el vicio la avaricia. Otro ejemplo: la voluntad tiene que ver con un “fin”, con la dirección de calidad, con los sentidos, con la esperanza y con la envidia.
Con esto, Lulio apunta que el atributo de la verdad tiene con una relación con la igualdad entre los entes. Esta relación se basa en la pregunta “¿dónde?” y tiene como sujeto los elementos que intervienen en la ecuación.
La virtud de la verdad es la paciencia
La virtud de la verdad es la paciencia, mientras el vicio es la mentira. Él explica que la paciencia es entonces un elemento fundamental de la doctrina de la verdad, cuya consecuencia es la igualdad entre los entes.
Si pensamos en el fondo bíblico, donde la misericordia, la justicia y la atención son aspectos esenciales de la paciencia, comprendemos un poco mejor lo que dice Lulio. En otras palabras, lo que posibilita la igualdad entre todos es, sin embargo, la paciencia.
Conclusión
Podemos hacer un rápido resumen de lo que encontramos sobre la paciencia.
En primer lugar, la paciencia, en su fundamento bíblico, nos muestra que ella tiene que ver con un acto de bondad divino y que su ejercicio, mediante la práctica de la misericordia, de la justicia y de la atención, nos pone más cerca de Dios.
En segundo lugar, estudiamos que la paciencia tienen también un fundamento moral, que nos enseña que ella previene daños, conduce al triunfo y siembra la verdad. Además, aprendimos aún que de esto todo depende la igualdad entre todos.
Entonces, cuando escuchamos que debemos tener paciencia, debemos mantener en nuestro espíritu que alguien que nos pide esto nos indica un camino. Quizás, si alguien nos apunta la impaciencia, nos apunta también que estamos incurriendo (o estamos muy cerca de incurrir) en una injusticia que llevará a la desigualdad.
Por otra parte, cuando somos nosotros los que demandamos paciencia, quizás sea bueno explicar que nuestra intención no es simplemente trata de apaciguar los ánimos, pero, antes, dejar claro que existen cosas más importante por detrás del ejercicio de la paciencia, a saber: el camino hacia el amor Dios.
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