¿Qué pasa después de la muerte?

Pastor Jose R. Hernandez

¿Qué pasa después de la muerte?

Estudio bíblico basado en Lucas 16:19-31: El rico ignoró al mendigo que estaba a su puerta; después de morir pidió una advertencia para sus hermanos, y Jesús nos llama a escuchar hoy la Palabra que ellos ya tenían.

Introducción

Cuando alguien muere, las preguntas llegan antes que las respuestas. ¿Sigue consciente? ¿Hay consuelo o sufrimiento? ¿Podemos cambiar nuestro destino después? En Lucas 16:19-31, Jesús cuenta la historia de un hombre rico y de un mendigo llamado Lázaro. Los dos murieron, y lo que Jesús dijo a continuación nos obliga a escuchar con cuidado, porque trata tanto de la muerte como de la manera en que vivimos hoy.

Este estudio se concentra en ese relato y en su llamado a escuchar la Palabra de Dios. Para seguir el tema más amplio de Seol, Hades, paraíso, resurrección y juicio final, necesitamos otros pasajes además de Lucas 16. No vamos a pedirle a esta escena un mapa completo del mundo invisible ni a convertir una conclusión teológica en una frase que Jesús no pronunció.

I. Dos vidas que debemos leer en su contexto

a. El rico, Lázaro y la advertencia sobre el dinero

El rico vestía con lujo y celebraba banquetes cada día; Lázaro estaba a su puerta, cubierto de llagas y deseando comer las migajas que caían de su mesa (Lucas 16:19-21). Antes de contar esta historia, Jesús había dicho que nadie puede servir a Dios y a las riquezas, y Lucas añade que los fariseos, que eran avaros, se burlaban de él (Lucas 16:13-14). Ese contexto importa: la riqueza del hombre no era el problema por sí sola, pero su vida mostraba un corazón que no escuchaba a Dios ni veía la necesidad que tenía delante.

Tampoco debemos decir que Lázaro recibió consuelo simplemente por ser pobre. Jesús no enseña que la falta de dinero salva ni que una persona puede comprar la vida eterna dando limosna. Al final del relato, Abraham señala a Moisés y a los profetas como el testimonio que los hermanos del rico debían escuchar (Lucas 16:29-31). Nosotros necesitamos recibir la Palabra de Dios y responder a su llamado; nuestras obras muestran lo que gobierna el corazón, pero la salvación no se compra con ellas (Efesios 2:8-10).

b. La muerte alcanzó a los dos

Jesús dice que Lázaro murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; el rico también murió y fue sepultado (Lucas 16:22). La diferencia que el dinero había marcado en sus vidas terrenales no le dio al rico poder para evitar la muerte. Nosotros tampoco podemos llevar nuestras posesiones más allá de ella.

La expresión «seno de Abraham» comunica la cercanía y el consuelo que Jesús atribuye a Lázaro. El relato no explica con precisión la ubicación física de ese ámbito. Llamarlo automáticamente «cielo», identificarlo sin explicación con «paraíso», o afirmar que Jesús describió aquí la forma de dos habitaciones subterráneas sería decir más de lo que Lucas escribió.

II. Lo que Jesús afirma después de la muerte

a. Tormento, consuelo y una separación que no podían cruzar

Jesús sitúa al rico en el Hades y en tormentos; desde allí ve a Abraham y a Lázaro, quien recibe consuelo (Lucas 16:23-25). La palabra griega ᾅδης (hádēs), traducida en este pasaje como «Hades», puede designar el reino de los muertos (Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G86). En Lucas 16:23, Jesús la usa al hablar de la condición del rico después de morir.

Abraham añade que hay una gran sima entre ambos y que nadie puede cruzarla (Lucas 16:26). Esa separación impide convertir el relato en una promesa de traslado del tormento al consuelo después de morir. El rico conversa, recuerda a sus hermanos y pide ayuda; Jesús no lo presenta como alguien que dejó de existir o perdió toda conciencia.

Debemos distinguir las palabras de Jesús de nuestra explicación de ellas. El texto llama «Hades» al ámbito donde se encontraba el rico y llama «seno de Abraham» al lugar de consuelo de Lázaro; no llama expresamente «Hades» al seno de Abraham. Yo entiendo que ambos aparecen dentro de una realidad más amplia relacionada con los muertos, en condiciones distintas. He descrito esa conclusión como dos ámbitos del lugar de los muertos, pero es una interpretación de la escena, no una descripción de su arquitectura dada por Jesús.

b. Este relato todavía no describe el juicio final

El rico pide que adviertan a sus cinco hermanos, que todavía viven (Lucas 16:27-28). Por eso la conversación ocurre antes de la consumación final, y no debemos llamar «lago de fuego» al lugar donde Jesús sitúa al rico. Apocalipsis 20:11-15 presenta después a los muertos ante el juicio y dice que la muerte y el Hades entregan a los muertos y son lanzados al lago de fuego. Son escenas que debemos leer juntas sin tratar Hades y lago de fuego como si fueran el mismo término.

Eso no significa que la resurrección y el juicio sean detalles secundarios. Jesús anunció que los muertos saldrán a resurrección de vida o de condenación (Juan 5:28-29).

Y para quienes pertenecemos a Cristo, Pablo anunció que los muertos en Cristo resucitarán cuando el Señor venga (1 Tesalonicenses 4:16). La condición después de morir no sustituye esa esperanza futura. Para estudiar con más detalle su regreso y la resurrección, podemos leer La segunda venida de Cristo.

III. El centro del relato: escuchar la Palabra mientras vivimos

a. La petición del rico por sus hermanos

Al no poder cruzar la sima, el rico pide que Lázaro vaya a advertir a sus cinco hermanos (Lucas 16:27-28). Abraham responde: «A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos» (Lucas 16:29). El rico insiste en que se arrepentirían si alguien regresara de entre los muertos, pero Abraham mantiene que quien no escucha la Palabra tampoco será persuadido por semejante señal (Lucas 16:30-31).

Así llega el golpe principal de la historia: los hermanos todavía pueden escuchar. Jesús no invita a sus oyentes a especular sobre lo que un difunto podría contarles, sino a tomar en serio la revelación de Dios que ya tienen delante. A nosotros nos corresponde escuchar el evangelio mientras estamos vivos, arrepentirnos y confiar en Jesucristo. No encontramos aquí una segunda oportunidad de arrepentimiento para el rico después de morir.

b. La salvación está en Cristo, no en nuestra posición social

Si contamos esta historia como si «el pobre fue al cielo y el rico al infierno», podemos dejar a Jesús fuera del llamado que queremos hacer. Nuestra pobreza no nos justifica, nuestra riqueza no nos condena por sí misma y nuestras buenas obras no borran nuestros pecados. El Hijo de Dios murió por los pecadores y resucitó; solo en él hay salvación (Hechos 4:12; 1 Corintios 15:3-4). La vida del rico nos advierte de un corazón que, rodeado de recursos y de la Palabra, seguía sin escuchar.

Si queremos examinar por qué ninguna enseñanza o práctica puede ocupar el lugar del Salvador, el estudio La suficiencia de Cristo desarrolla esa verdad.

Aquí la pregunta inmediata es más personal: ¿estamos escuchando hoy a Dios y respondiendo con fe y obediencia, o esperamos una señal extraordinaria mientras ignoramos su Palabra?

IV. Lo que este pasaje no nos permite afirmar

Lucas 16 no dice que Satanás gobierne el Hades, que los demonios castiguen al rico, que Lázaro conozca todos los acontecimientos de la tierra, ni que Jesús haya sacado después a todos los justos del seno de Abraham. Tampoco identifica expresamente el seno de Abraham con el paraíso prometido por Jesús al hombre crucificado a su lado (Lucas 23:43). Podemos estudiar esas preguntas con otros textos, pero no debemos introducir sus respuestas dentro de esta historia como si Jesús las hubiera dado aquí.

Más tarde, Pablo expresaría la esperanza del creyente de partir y estar con Cristo, y de estar presente al Señor aun cuando todavía esperamos la resurrección del cuerpo (Filipenses 1:21-24; 2 Corintios 5:6-8; 1 Corintios 15:42-54). Afirmar que el creyente está con Cristo nos da consuelo; no exige que sepamos describir el lugar exacto de cada justo de todas las épocas o el momento de un supuesto traslado desde el seno de Abraham.

Conclusión

Jesús nos muestra en Lucas 16 que la muerte no borra la seriedad de nuestra respuesta a Dios: el rico aparece en tormento, Lázaro recibe consuelo y entre ellos hay una separación que nadie puede cruzar. También nos dirige hacia quienes todavía vivimos. Tenemos la Palabra de Dios delante de nosotros; escucharla y acudir a Cristo no es algo que debamos posponer.

Nosotros no conocemos con certeza el corazón de cada persona que ha muerto, y no necesitamos anunciar su destino basándonos en sus bienes o en su pobreza. Sí podemos anunciar con claridad a Jesucristo, quien murió y resucitó por nosotros, llamar a todos al arrepentimiento y acompañar con compasión a quienes lloran. Si todavía no has confiado en él, escúchalo hoy; si ya le perteneces, vive de tal manera que tu esperanza y tu trato a los necesitados den testimonio de su gracia.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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