Prédica: A Cristo Servis

José R. Hernández

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Prédica de Hoy: A Cristo servís

Prédica bíblica Texto bíblico: Colosenses 2:23-24

Introducción

Así como Hollywood ha romantizado la idea del amor, pintando historias ideales y de ensueño, nosotros los cristianos nos hemos encargado de hacer lo mismo con el servicio o el ministerio.

Recuerdo cuando me gradué del instituto bíblico junto a mi novia que hoy en día es mi esposa, ¡sentía que las naciones me llamaban! Veía el llegar a servir en la iglesia de tiempo completo como un lugar paradisiaco.

Normalmente cuando pensamos en el servicio a Dios, tenemos una idea en nuestra mente. Pero, ¿qué si la idea que Dios tiene es distinta a lo que esperamos?

Precisamente de esto quiero compartir contigo y que sea de gran bendición a tu vida.

Hay trabajo que hacer en el reino de Dios

Amados en cuanto a lo que decía anteriormente te pido que no me malinterpretes, ¡hay mucha necesidad de servir en la iglesia!, y oro que Dios levante siervos para las misiones, ¡es tan necesario! Pero hay otra clase de servicio a Dios que la mayoría del tiempo pasa inadvertido, provocando así desenfoque y frustración mientras permanecemos en ese campo misionero.

Yo he compartido con cientos de hombres y mujeres de Dios bien entregados al servicio en la obra de Dios, y el día que ellos no sirven allí se sienten inútiles, se frustran. Amado debes pedirle al Señor que te abra el entendimiento para que puedas entender que en todo lo que nos rodea podemos hacer el trabajo del reino de Dios.

No importa si no tienes llamado ministerial, no importa si no eres conocido en tu iglesia local, o si eres pastor o evangelista…Todos fuimos llamados para hacer el mismo trabajo. Unos en distintas asignaciones pero con un mismo fin.

Este tipo de servicio se llama trabajo, muchas veces catalogado como «secular». Éste puede ser desde cambiar un pañal hasta cambiar una tubería, desde trabajar en el hogar hasta trabajar en la fábrica, cargando una escoba o cargando un maletín, portando corbata o un casco de protección. Así es, sea cual sea, ¡tu lugar de trabajo es el ambiente perfecto para servir a Cristo!

Y es que tenemos todo lo que necesitamos para llevar a cabo el trabajo.

1) Tenemos a nuestro amado Dios

2) La guianza y ayuda del Espíritu Santo

3) Y la mente de Cristo.

Todos somos llamados a producir

Si Ud. amado(a) lee bien la biblia se dará cuenta que desde los tiempos de los profetas, jueces, reyes, Cristo y después de Cristo, siempre Dios llamó al ministerio a hombres y mujeres ocupados. Nunca escogió a vagos para que hicieran el trabajo. ¿Por qué?

Dios sabía que siendo ellos hombres y mujeres de trabajo sabían el significado de la responsabilidad. A Dios le importa que tú seas responsable en todas las áreas de tu vida. Le gusta que seas puntual, que seas esforzado(a).

A esos hombres y mujeres dedicados es a quien Dios llama a su reino. Quiere decir que si Ud. y yo estamos en el reino de Dios es porque él vio en nosotros el potencial para hacer el trabajo. Si Ud. se creía inútil déjame decirte que el señor puso sus ojos en ti y vio que eres una persona esforzada y valiente.

En 1 Corintios 10:13 nos dice que Dios no nos pone pruebas que no podamos cargar, y que también dará juntamente con la prueba también la salida. Es decir; todo lo que puedas estar atravesando en tu vida y en el ministerio es permitido por Dios, y que también sabe que lo vas a pasar eximido a otro nivel de su gloria.

Amado (a) todos fuimos llamados para ser luz en medio de la oscuridad, no es tan solo un llamado para los de la iglesia local, es un llamado también para ti. Para que seas luz donde vives, dónde trabajas, en medio de tus amigos, familias, hijos etc..

Todo es para Cristo

Misma fue la exhortación que Pablo le hizo a los colosenses: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís» (Colosenses 3:23-24). Aquí Pablo habla de una recompensa por obedecer… sí, ¡obedecer en todo a sus amos terrenales!

Esto cambia por completo la perspectiva que tenemos de nuestro trabajo. Sé que suele ser complicado, sobre todo cuando tu jefe terrenal no tiene temor de Dios y quizás el trato que recibes no es el que esperabas. La fuerza que necesitas para perseverar viene de recordar que es a Cristo a quien sirves.

Pablo nos hace un llamado a la excelencia y a la integridad, a servir con esmero aun cuando no nos estén viendo. Porque, ¡oh, sorpresa!, nuestro verdadero amo —el celestial— todo el tiempo nos está viendo.

Y es que nuestro amado Dios es tan maravilloso, que viviendo dentro de nosotros hace su voluntad en nuestras vidas, no está sujeto a ningún templo hecho a mano, sinó que a través de nosotros se mueve como Él quiera en medio de nuestro trabajo secular o de la iglesia local.

Así como vió a los demás y les hizo el llamado, así mismo ve nuestros corazones y sabe que somos capaces… si amado, somos hombres y mujeres capaces por su Santo Espíritu.

¿Recuerdan a Moisés?

Después de haber huido por más de 40 años de Egipto y estar en soledad en el desierto, Dios lo llamó para ser un libertador de su pueblo que estaba siendo esclavo. Moisés no sabía todo lo que iba hacer, pero Dios le dijo para qué lo llamó y le dijo que su presencia iba a estar con él. Dios lo llamó, Moisés obedeció, y Dios le mostró todo lo que tenía que hacer y decir.

Amado muchas veces no sabemos que vamos hacer, sólo Dios espera es obediencia de nuestra parte para luego manifestarse con gloria y poder. Él no te va a dejar desamparado(a) Él te dará todas las herramientas para cumplí con el trabajo.

Nuestra integridad en el trabajo puede ser un testimonio para los que están a nuestro alrededor, testimonio que puede respaldarnos cuando se presenten oportunidades para compartir el evangelio con ellos. Dios nos ha puesto como luces en medio de la densa oscuridad.

Él te ha puesto en el lugar en donde estás para que des testimonio de las buenas nuevas en Cristo Jesús. Piensa que, de toda tu congregación, probablemente tú eres la única voz de esperanza que está al alcance de ellos. ¡No desaproveches tu oportunidad de privilegio! Recuerda que es a Cristo a quien sirves y de él recibirás la recompensa.

Conclusión

Recuerdo perfectamente el día que me bauticé, dónde con una convicción intacta hasta el sol de hoy declaré: “muero para el mundo, y vivo para Cristo”.

Y es que nuestra vida se trata precisamente de eso. De vivir por Él y para Él. Todo lo que hagamos en nuestro día a día debe ser con la finalidad de honrarle. Todo lo que hagamos en secreto y en público debe ser para la gloria de Dios, y en segundo lugar para demostrarle al mundo cómo vive un hijo y una hija de Dios…! Vivamos para Él.

Bendiciones

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José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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