Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Conquista,… El que lo hace es el Señor
Introducción
Muchas veces los cristianos son amedrentados por las primeras escaramuzas que debe enfrentar en la guerra con el enemigo, y esto sucede porque no han alcanzado a comprender que no son ellos quienes deben batallar sino el Señor mismo junto a Su ejército, por lo que a sus hijos dice: “No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios” 2 Crónicas 20:15.
Pero como al enfrentar toda conquista, es necesario elaborar una estrategia, y es allí en donde muchos fracasan ya que son ellos mismos quienes planifican y hacen conforme a sus deseos y corazones, olvidando lo mas importante, que “no es vuestra la guerra, sino de Dios”, y entonces, como el apóstol decía: “Queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” Romanos 7:21-23, y la ley fundamental desconocida en este caso resulta ser la de la obediencia, ingresando por lo tanto en el terreno de la rebeldía.
Leamos la Palabra de Dios
Deuteronomio 11:8-15 “Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis fortalecidos, y entréis y poseáis la tierra a la cual pasáis para tomarla; y para que os sean prolongados los días sobre la tierra, de la cual juró Jehová a vuestros padres, que había de darla a ellos y a su descendencia, tierra que fluye leche y miel. La tierra a la cual entras para tomarla no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza. La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin. Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus ganados; y comerás, y te saciarás”.
La conquista de Canaán
Cuando Josué comenzó la conquista de Canaán, tuvo que planear la estrategia para conquistar la ciudad de Jericó, y seguramente se habrá sentido tan perplejo y confuso como aquellos que llegan al camino del Señor y vez de comenzar a disfrutar de una vida sin problemas, resulta ser que le aparecen problemas aún donde antes no los había.
Frente a esta situación, muchos se harán las mismas preguntas que se hacía Josué: ¿Cómo me las voy a arreglar para conquistar esta enorme ciudad rodeada de muros, con ese ejército de personas que no habían sido nunca entrenadas para la batalla?; y allí es donde debemos centrar nuestra búsqueda en el Señor para que Él se manifieste y traiga la paz a nuestro corazón.
Josué, al mirar la ciudad bajo la luz de la luna, vio a un hombre con la espada desenvainada y le preguntó: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?” y éste le respondió: “Como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora” Josué 5:14, le estaba diciendo: “He venido para tomar el control de la situación”; y es así en cada caso y con cada uno de nosotros, debes entender que no es tu tarea el planear la estrategia, el tiempo, ni la forma de la batalla, esa es mi tarea dice el Señor.
He puesto la ciudad de Jericó en tus manos, le dijo a Josué, y entonces este hombre le presentó el plan de batalla más asombroso que jamás se ha trazado, algo que para el hombre no sería mas que una idea descabellada, ya que lo que tenía que hacer era tan simple como todas las cosas lo son para Dios; solamente se trataba de lograr que el pueblo marchara alrededor de la ciudad una vez al día durante seis día y en el séptimo, siete veces, para luego tocar prolongadamente los cuernos de carnero y las murallas se derrumbarían.
Eso era todo, simple como Dios es simple, aunque muchos cristianos hacen tan difíciles las cosas del Señor y las complican con sus propias opiniones o conceptos; o dificultan los planes sencillos de Dios con lo que sienten desde su propia carne o como ellos quisieran que sean las cosas.
Que las soluciones de Dios sean simples no significa de ninguna manera que debemos quedarnos de brazos cruzados esperando una solución mágica, y nosotros, lo también debió hacerlo el pueblo de Israel, debemos prepararnos para la batalla, y es así que nos encontramos con obstáculos que tenemos que vencer antes de apoderarnos de la tierra; hay tres clases de problemas con los que nos enfrentamos al caminar en la vida cristiana y que resultan equiparables al camino de la conquista de Canaán.
Lo primero que debían conquistar es Jericó, con murallas de gran espesor y unos 20 metros de altura, una tremenda fortaleza, un desafío externo, un obstáculo aparentemente insuperable, tal como se presentan nuestros problemas y cuya frecuencia se incrementa al principio de nuestra experiencia de andar en el Espíritu, cuando nos enfrentamos con algo que durante años nos ha mantenido encerrado y se ha burlado de nosotros muchas veces.
Tal vez sea una costumbre, o un vicio que hemos tenido durante mucho tiempo y que nunca hemos podido vencer; posiblemente sea alguna circunstancia que vivimos y que se transformó una constante amenaza para nuestra vida espiritual y nada de lo que hagamos parece cambiarla; puede que sea alguna situación en la que nos encontramos, alguien con quien tenemos que lidiar a diario, o algún problema que a nosotros nos parece insuperable.
Cuando seguimos la estrategia que Dios nos muestra aquí, sencillamente caminar alrededor de ellos, exhibiendo el arca, es decir, mostrando la presencia de Dios en nosotros mientras gritamos y tocamos las trompetas como señal de triunfo, las murallas se derrumban; cuando hay un cambio total de actitud hacia un problema, el problema desaparece pues el problema no es el obstáculo invisible, sino la actitud que tenemos sobre él, y tan pronto como cambia nuestra actitud, el problema desaparece.
Quizás nos preguntamos por qué Dios hizo que Israel marchara durante siete días alrededor de la ciudad, ¿Por qué durante tanto tiempo? Es porque ese fue el tiempo que les llevó cambiar de actitud con respecto a Jericó, pues todo el tiempo anterior habían estado pensando: “Qué fortaleza, ¿Cómo podremos apoderarnos de ella?, y…. ¿no le suena este pensamiento similar al que tenemos frente a esos problemas que nos parecen fortalezas insuperables?, cuando piensa en su enfermedad, en su economía, en las cuestiones familiares, o ese problema personal.
Día tras día, mientras marchaban alrededor de aquella ciudad, tuvieron el tiempo necesario para pensar que Dios estaba entre ellos, en el poder que había manifestado y en lo que Él podía hacer, y entonces la actitud de ellos fue cambiando gradualmente, de manera que al séptimo día gritaron triunfantes y las murallas se derrumbaron; así en la estrategia del Señor, simple, pero debemos mostrar la actitud y obediencia previa para que tenga el efecto que Dios quiere que tenga; cuando obedece no resulta nada difícil.
El segundo obstáculo con el que se encontró Josué fue la ciudad de Hai, y la historia del pecado cometido por Acán, que codiciaba algo que estaba prohibido; luego se apoderó de ello y lo escondió…., y que paso entonces..
que cuando fueron en contra de Hai, Israel fue completamente derrotado.; estos son nuestros problemas interiores que surgen por causa de nuestras propias concupiscencias por lo que a nadie podemos culpar, y son los problemas que tenemos por aquello que Dios dice que no podemos y no debemos tener, ya sea un lugar, algo material o aún espiritual.
Muchas veces hace falta que hagamos el papel de hipócritas y luego, cuando vemos que la felicidad y las bendiciones se alejan cada vez más descubrimos que, sin querer reconocerlo, estábamos influenciados por la fuerza interior que le impide al Señor gobernar nuestra vida y que no tenemos la fuerza ni el deseo para echarla fuera, entonces experimentamos el fracaso y la derrota igual que le sucedió a Israel, pero el momento en que confesaron el pecado, fueron hasta Hai y dejó de ser un problema; y es esto lo que debemos hacer en estos casos, reconocer nuestra falta y confesar el pecado, aunque lo cierto es que para muchos es tan difícil hacer esto que prefieren continuar viviendo una vida sin felicidad ni bendiciones.
Finalmente tenemos las batallas de Gabaón y Bet-horón que representan los ataques especiales de Satanás sobre el creyente; Gabaón es la historia de un engaño, recordemos cuando los gabaonitas se pusieron ropas viejas, tomaron pan seco y odres de vino viejo y cabalgaron sobre asnos viejos para encontrarse con Josué, Josué 9:3-13, entonces cuando les encontró les preguntó de dónde eran, “le dijeron a él y a los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana; haced, pues, ahora alianza con nosotros”, y Josué les creyó e hizo un pacto con ellos; pero cuando firmaron el tratado, Israel subió la colina y allá abajo estaba Gabaón; habían sido atrapados y engañados, habían sido presa de una maquinación satánica que parecía ser correcta, buena y digna de confianza, pero no lo era.
Este mismo tipo de maquinaciones se manifiestan en la actualidad, … y no son pocos los que caen en ellas; son muchos los que se embarcan en propuestas o se encolumnan tras palabras que aparentemente son correctas, buenas y dignas de confianza, pero que en realidad solo llevan a la destrucción de la obra del Señor en la vida de aquellos que se ven involucrados, retrasando ministerios y crecimiento espiritual.
Y por último tenemos lo sucedido en Bet-horón, cuando todos los reyes de los cananitas se unieron en contra de Josué; fue una gran batalla y a pesar de que sobrepasaban en número a Israel, Dios concedió una victoria asombrosa, haciendo que el sol se detenga en su curso, haciendo que el día dure hasta que consiguiesen la victoria, es el llamado largo día de Josué.
Es lo que sucede cuando el diablo viene como león rugiente en el preciso momento en que se produce una catástrofe que parece destrozarnos, sacudir nuestra fe y nos hace decir: “Dios mío, ¿qué es lo que me está pasando?, es cuando parece que se nos hunde el mundo bajo los pies por causa de algo espantoso, que nos hace titubear, pero Josué se mantuvo firme en su fe, dependiendo solo de Dios para que haga un milagro y Dios lo hizo.
La Biblia nos dice que “el justo no será removido jamás” Proverbios 10:30, y por eso es que Pablo nos dice en Efesios que cuando el enemigo se presenta de este modo, debemos de mantener la calma, así de simple, dependiendo de las promesas de Dios y el enemigo será derrotado; es tu tiempo de conquista, tu mismo sabes lo que debes conquistar.
Conclusión
Piensa ahora en ese territorio que necesitas conquistar, tu salud, tu trabajo, tu economía, tu familia, o lo que fuere, lánzate a la conquista en oración ahora, CONQUISTA, …y recuerda que…EL QUE LO HACE ES EL SEÑOR…
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” Efesios 6:13-18.
© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.







No cabe duda pastor Coria usted tiene el fuego del Espíritu Santo sus predicas son muy inspiradas y acá donde vivo han sacado a mucha gente del pecado incluyendome a mi, sus predicas tienen autoridad contra las fuerzas del mal venciendolas y dándonos la victoria a nosotros sus ovejas siga así aleluya