Preparados para la venida del Señor

José M. Vega

Preparados pata la venida del Señor

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Preparados para la venida del Señor en un mundo que no quiere escuchar

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” Mateo 24:42-44

Introducción

Durante muchos años se han publicado noticias, especulaciones y predicciones afirmando que la reconstrucción de un Tercer Templo en Jerusalén estaba a punto de comenzar, y algunos cristianos han utilizado esas afirmaciones como evidencia inmediata de que la venida del Señor ocurrirá prácticamente en cualquier momento.

Sin embargo, debemos ser cuidadosos para no convertir rumores, interpretaciones periodísticas o proyectos de determinados grupos religiosos en profecías bíblicas ya cumplidas, porque nuestra esperanza debe descansar en lo que Dios realmente ha revelado en su Palabra y no en aquello que alguien supone que podría suceder mañana.

Actualmente existen organizaciones judías que preparan objetos, estudian rituales y expresan abiertamente su deseo de ver algún día un templo reconstruido en Jerusalén, pero esto no significa que exista actualmente una construcción autorizada del Tercer Templo ni que podamos establecer una fecha para semejante acontecimiento.

Aun así, la situación de Jerusalén continúa recordándonos algo que nunca debemos olvidar, porque Jesucristo enseñó claramente que su regreso será real, visible e inesperado para aquellos que viven espiritualmente dormidos, y por esa razón nuestra responsabilidad no consiste en calcular fechas sino en permanecer preparados.

Jesús dijo: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” Mateo 24:44, y estas palabras colocan nuestra atención exactamente donde debe estar, no solamente sobre acontecimientos internacionales, sino principalmente sobre la condición espiritual de nuestro corazón.

Podemos saber mucho acerca de Israel, Jerusalén, profecías y acontecimientos mundiales, pero si continuamos viviendo en desobediencia, indiferencia espiritual y dureza de corazón, toda esa información tendrá muy poco valor delante del Señor.

La gran pregunta, entonces, no es solamente qué está ocurriendo actualmente en Jerusalén, sino si nosotros estamos viviendo preparados para encontrarnos con Jesucristo cuando llegue el momento señalado por el Padre.

I. Las promesas acerca de Jerusalén deben entenderse dentro del plan fiel de Dios

El profeta Zacarías ministró después del exilio babilónico, cuando una comunidad judía pequeña y debilitada había regresado a la tierra y trataba de reconstruir su vida, su ciudad y su adoración delante del Señor.

En aquel contexto Dios declaró: “Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad” Zacarías 8:3.

Aquellas palabras comunicaban esperanza a un pueblo que había conocido destrucción, exilio, pérdida y humillación, porque el Señor estaba asegurándoles que su infidelidad anterior no había destruido la fidelidad de Dios hacia sus propósitos.

El pasaje continúa describiendo ancianos nuevamente sentados en las calles y niños jugando tranquilamente dentro de Jerusalén, imágenes que presentan seguridad, restauración, vida comunitaria y una ciudad que vuelve a experimentar la misericordia del Señor.

Dios también declara: “He aquí, yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se pone el sol; y los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén” Zacarías 8:7-8.

No debemos tomar estas palabras y convertirlas inmediatamente en una predicción detallada acerca de cada acontecimiento político moderno, porque Zacarías estaba hablando primeramente a una comunidad histórica que necesitaba comprender que Dios todavía tenía propósitos para Jerusalén y para su pueblo.

Al mismo tiempo, el testimonio completo de las Escrituras nos enseña que Dios no ha perdido el control de la historia y que sus propósitos redentores alcanzan finalmente su cumplimiento en Jesucristo, el Mesías prometido que vino a traer salvación.

Malaquías también profetizó: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis” Malaquías 3:1.

El Nuevo Testamento relaciona al mensajero que prepara el camino con Juan el Bautista, mientras que Jesucristo aparece como aquel cuya llegada cumple las expectativas mesiánicas que Dios había venido anunciando durante generaciones.

Por eso debemos evitar leer Malaquías 3:1 como si fuera solamente una profecía futura acerca de un tercer templo todavía inexistente, porque el texto posee una conexión directa con la primera venida de Cristo y con el ministerio que preparó su manifestación pública.

Isaías también habló de una casa de oración abierta para los pueblos, declarando: “porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos” Isaías 56:7, y Jesucristo mismo utilizó posteriormente estas palabras cuando confrontó la corrupción religiosa alrededor del templo.

Todo esto nos enseña que Jerusalén ocupa un lugar importante dentro de la historia bíblica, pero nuestra esperanza cristiana nunca debe descansar en un edificio futuro, porque nuestra salvación descansa únicamente en Jesucristo y en su obra terminada.

II. Estar preparados significa escuchar a Dios y abandonar la religión sin obediencia

Uno de los problemas más graves que Zacarías enfrentó no era simplemente la ausencia de un edificio, sino la dureza espiritual de personas que practicaban actividades religiosas mientras resistían aquello que Dios verdaderamente les estaba diciendo.

El profeta describe aquella condición diciendo: “No quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu” Zacarías 7:11-12.

Ellos podían mantener costumbres religiosas y continuar completamente cerrados delante de la voluntad de Dios, una condición que todavía representa un peligro serio para quienes asistimos regularmente a una congregación.

El capítulo siete muestra que el pueblo preguntaba si debía continuar determinados ayunos que había practicado durante muchos años, pero Dios respondió examinando la motivación que existía detrás de aquellas prácticas.

El Señor preguntó: “Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí?” Zacarías 7:5.

La pregunta era profundamente espiritual, porque Dios estaba mostrando que una práctica religiosa puede continuar durante muchos años mientras el corazón permanece lejos de aquello que verdaderamente le agrada.

Podemos congregarnos, cantar, ayunar, ofrendar, escuchar predicaciones y utilizar correctamente el lenguaje cristiano, pero ninguna de esas actividades reemplaza la obediencia que Dios espera de quienes dicen pertenecerle.

El problema comienza muchas veces cuando escuchamos claramente aquello que la Palabra enseña, pero decidimos que nuestra opinión, comodidad o preferencia personal merece mayor autoridad que la voluntad revelada de Dios.

Jeremías describe el peligro interior diciendo: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón” Jeremías 17:9-10.

Cuando rechazamos repetidamente la verdad, nuestra conciencia puede perder sensibilidad hasta llegar al punto donde aquello que anteriormente nos incomodaba comienza a parecernos perfectamente aceptable.

Por eso Pablo nos exhorta diciendo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” Romanos 12:2, porque una mente moldeada constantemente por este mundo tendrá dificultades para discernir correctamente la voluntad de Dios.

La palabra griega γρηγορέω (grēgoreō), Strong G1127, utilizada en el Nuevo Testamento para expresar la idea de velar, comunica el sentido de mantenerse despierto, vigilante y atento, precisamente la actitud espiritual que Jesucristo exige de quienes esperan su regreso. Fuente: Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G1127.

Esta vigilancia espiritual resulta especialmente necesaria en una época donde noticias, videos, titulares alarmantes y predicciones proféticas pueden circular mundialmente antes de que alguien haya comprobado si aquello que se afirma realmente es verdadero.

El cristiano preparado no es simplemente quien conoce cada rumor acerca de Jerusalén, sino quien mantiene su mente sometida a las Escrituras, examina aquello que escucha y vive diariamente en obediencia a Jesucristo.

III. Jesucristo regresará, por eso nuestra preparación debe comenzar ahora

Cuando Jesucristo entró en Jerusalén montado sobre un pollino, se cumplió públicamente la profecía de Zacarías acerca del Rey prometido que llegaría humilde y ofreciendo salvación a su pueblo.

La multitud gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Mateo 21:9, mientras Jesús avanzaba hacia una ciudad que no comprendía completamente quién estaba entrando por sus puertas.

Lucas registra que cuando Jesús contempló Jerusalén lloró sobre ella y declaró: “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” Lucas 19:42.

La tragedia no consistía en que Dios hubiera dejado de hablar, sino en que muchos habían desarrollado una manera de mirar la realidad que les impedía reconocer aquello que Dios estaba haciendo delante de ellos.

Ese peligro continúa existiendo para nosotros, porque podemos estar tan acostumbrados al lenguaje cristiano que dejamos de sentir el peso de las verdades que repetimos semana tras semana.

Decimos que Cristo volverá, pero algunas veces vivimos exactamente como si nunca fuéramos a encontrarnos personalmente delante de Él para rendir cuentas de nuestra vida.

Las Escrituras enseñan claramente que Jesucristo regresará, aunque también enseñan que nadie posee autoridad para establecer el día o la hora de su venida.

Por eso nuestra preparación no debe construirse alrededor de calendarios proféticos, rumores internacionales o predicciones acerca del Tercer Templo, sino alrededor del arrepentimiento, la fe, la santidad, la obediencia y una relación verdadera con Jesucristo.

Hebreos declara: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” Hebreos 9:27-28.

Estas palabras colocan delante de nosotros dos realidades que ningún ser humano puede evitar, porque nuestra vida presente terminará y cada persona tendrá que responder finalmente delante de Dios.

Pero el mismo pasaje también coloca delante de nosotros nuestra esperanza, porque Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos y aparecerá nuevamente para aquellos que esperan su venida.

La primera venida de Jesucristo estuvo marcada por humildad, servicio, sufrimiento y finalmente por la cruz donde entregó voluntariamente su vida para pagar la culpa de nuestros pecados.

Su segunda venida no repetirá el sacrificio del Calvario, porque aquella obra fue realizada una vez y para siempre, y Cristo regresará gloriosamente para consumar aquello que Dios ha prometido.

Lucas declara: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria” Lucas 21:27, y esa certeza debe producir en nosotros esperanza, sobriedad y una vida que desea permanecer fiel.

También debemos hablar con claridad acerca del juicio, pero sin presentar a Jesús como si actualmente estuviera rogando impotentemente que alguien le permita salvarlo, porque el evangelio proclama que Dios llama soberanamente a todos los hombres al arrepentimiento mediante Jesucristo.

La salvación tampoco consiste solamente en pronunciar determinadas palabras con nuestra boca, porque la fe verdadera recibe a Cristo como Señor y Salvador, descansa en su obra redentora y comienza a producir una vida transformada.

Jesucristo murió por nuestros pecados, resucitó corporalmente y ofrece vida eterna a todo aquel que deposita verdaderamente su fe en Él, por eso hoy continúa siendo el día apropiado para responder al llamado del evangelio.

Conclusión

Tal vez los acontecimientos que rodean Jerusalén continuarán cambiando durante los próximos meses y años, y seguramente continuaremos escuchando afirmaciones acerca del Tercer Templo, conflictos religiosos, movimientos políticos y posibles señales relacionadas con los últimos tiempos.

Algunas noticias serán verdaderas, otras estarán exageradas y otras desaparecerán después de haber provocado preocupación entre miles de personas, por eso nuestra fe nunca debe depender de titulares cambiantes.

Nuestra seguridad descansa en una verdad mucho más firme, porque Jesucristo vino, murió por nuestros pecados, resucitó de entre los muertos y prometió que volverá.

Precisamente por eso no necesitamos conocer la fecha de su regreso para comenzar a prepararnos, porque el mismo Señor nos ordenó permanecer vigilantes y vivir preparados continuamente.

Si estamos viviendo con un pecado que conocemos y deliberadamente no queremos abandonar, entonces nuestra preparación debe comenzar mediante un arrepentimiento sincero delante del Señor.

Si nuestra vida cristiana se ha convertido solamente en costumbre religiosa, mientras nuestro corazón permanece distante y endurecido, entonces necesitamos volver nuevamente a una relación obediente con Jesucristo.

Si hemos permitido que nuestra manera de pensar sea formada principalmente por este mundo, necesitamos regresar a las Escrituras y permitir que Dios renueve nuestro entendimiento mediante su verdad.

No necesitamos vivir aterrorizados cada vez que aparece una noticia relacionada con Jerusalén, porque Cristo nunca llamó a su iglesia a vivir dominada por miedo y especulación.

Necesitamos vivir despiertos, sobrios, obedientes y llenos de esperanza, sabiendo que nuestra historia no termina con las crisis presentes ni con nuestra muerte física.

El Señor Jesucristo regresará, y aquello que debe preocuparnos hoy no es solamente cuándo ocurrirá ese acontecimiento, sino cómo encontrará nuestra vida cuando finalmente llegue ese momento.

Por eso debemos examinar nuestra fe, nuestras prioridades, nuestras decisiones y nuestra obediencia, preguntándonos sinceramente si estamos caminando como personas que realmente esperan encontrarse con Cristo.

No permitamos que la abundancia de información nos produzca ceguera espiritual, porque podemos conocer cada noticia del mundo y todavía desconocer aquello que Dios está tratando con nosotros personalmente.

Jesús continúa llamándonos a permanecer preparados mediante una fe verdadera, una vida arrepentida y una obediencia que demuestra que realmente creemos aquello que confesamos.

Hoy tenemos oportunidad de escuchar, arrepentirnos, creer y ordenar nuestra vida delante del Señor, porque llegará un momento cuando nuestra oportunidad presente habrá terminado definitivamente.

Mientras ese día llega, permanezcamos firmes en Jesucristo, guardemos su Palabra y vivamos preparados, porque nuestra esperanza no descansa en la reconstrucción de un templo terrenal, sino en el Rey que vino una vez y prometió regresar con poder y gran gloria.

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Autor

José M. Vega

Soy José Vega, un cristiano devoto que disfruta escribir mensajes inspiradores basados en la fe cristiana para compartir con la comunidad cristiana. Mi mayor pasión es transmitir esperanza, amor y fe en Dios a través de mis escritos. Es mi oración que los mensajes que publico fortalezcan y le de animo a otros en su caminar cristiano.

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