Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Las órdenes de Dios
Predica Cristiana Lectura Bíblica: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no dependas de tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas.” Proverbios 3:5-6
INTRODUCCIÓN
Hermanos y hermanas, cuando Dios nos habla, no es solo para mostrarnos su amor y su cercanía. Él nos da instrucciones que debemos seguir con diligencia y alegría, sin importar el costo que pueda tener para nosotros. En llos versículos que hemos leído hoy, se nos exhorta a confiar en el Señor con todo nuestro corazón y no depender de nuestra propia inteligencia, reconociéndolo en todos nuestros caminos, y Él enderezará nuestras sendas.
Es crucial entender que, como hijos de Dios, tenemos el deber de obedecer con un corazón sabio y dispuesto. Como dijo el teólogo Charles Spurgeon, “La obediencia es la verdadera prueba de nuestro amor por Cristo.” Esta verdad nos llama a reflexionar sobre cómo estamos respondiendo a las órdenes de nuestro Padre Celestial.
I. LA IMPORTANCIA DE OBEDECER A DIOS CON DILIGENCIA
Cuando Moisés convocó a los hijos de Israel para transmitirles las órdenes de Dios, les dijo: “Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá” (Éxodo 35:5). Moisés estaba trasladando al pueblo las instrucciones directas de Dios, y el mensaje que recibimos hoy de nuestros líderes espirituales tiene el mismo peso. No son simples sugerencias, sino órdenes divinas que debemos cumplir con seriedad.
Muchas veces, dudamos o nos retrasamos en obedecer porque cuestionamos si es el momento correcto o si es realmente la voluntad de Dios. Santiago 1:22 nos advierte: “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Aquí, es esencial entender lo que significa ser “hacedores”. Según el Diccionario Bíblico Holman, un “hacedor” es alguien que no solo escucha o conoce la Palabra, sino que la aplica activamente en su vida diaria.
Si sentimos un llamado en nuestro corazón, debemos actuar con prontitud y obedecer sin titubear. No debemos ser cristianos tibios, sino llenos del fuego del Espíritu Santo, listos para cumplir con el propósito que Dios nos ha encomendado. A. W. Tozer, un renombrado teólogo y pastor, dijo: “Dios no puede usar a un hombre que no puede controlar.” Esto enfatiza la necesidad de someter nuestra voluntad y acciones a Dios, actuando con diligencia en lo que Él nos llama a hacer.
II. EL PELIGRO DE LA TIBIEZA ESPIRITUAL
La tibieza espiritual es uno de los mayores peligros para un creyente. En Apocalipsis 3:16, el Señor dice: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” Ser tibio es estar en una zona de confort donde el enemigo puede infiltrarse fácilmente. John Stott, en su libro “Cristianismo Básico” (1958), advirtió: “El mayor enemigo del entusiasmo cristiano es la complacencia espiritual.” Cuando nos volvemos complacientes, nos alejamos de Dios y nos volvemos vulnerables a las trampas del enemigo.
Debemos entender que cuando Dios nos da una orden, no es algo que debemos poner en duda o retrasar. Como nos dice Isaías 1:19, “Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra.” El Señor espera que seamos obedientes y que cumplamos con sus mandatos sin vacilación, sabiendo que Él es sabio y conoce lo mejor para nosotros. Matthew Henry, un renombrado comentarista bíblico, señaló: “La obediencia parcial es desobediencia disimulada.” Debemos recordar que obedecer a medias no es obedecer en absoluto.
III. LA GENEROSIDAD EN LA OBRA DEL SEÑOR
Cuando los hijos de Israel entendieron la orden de Dios, respondieron con generosidad. En 2 Corintios 9:7, leemos: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” Ellos trajeron sus ofrendas con alegría, sabiendo que estaban contribuyendo a la obra de Dios y que su generosidad sería recompensada.
Hoy en día, vivimos en un mundo donde el espíritu de las riquezas, conocido como Mammón, ha ganado terreno, incluso entre el pueblo de Dios. Según el Diccionario Bíblico Strong, Mammón se refiere a las riquezas y al dios del dinero que compite por la lealtad de los corazones humanos. Muchos cristianos deben ser despertados por el Señor para avivar su generosidad. Randy Alcorn, un conocido autor cristiano, escribió en su libro “La Ley de la Generosidad”: “La medida de nuestra generosidad es una medida de nuestra fidelidad a Dios.”
Nuestras ofrendas, ya sea en tiempo, talentos o recursos, son para la gloria de Dios, y debemos darlas con un corazón dispuesto. John Wesley dijo: “No tengo más que hacer en este mundo que salvar almas; todo el gasto es solo esto: gastar y ser gastado en este trabajo.” Debemos tener esta misma actitud, dispuestos a dar lo mejor de nosotros para la obra del Señor.
IV. LA HUMILDAD Y LA OBEDIENCIA EN EL SERVICIO
Los obreros que trabajaron en el tabernáculo de Dios lo hicieron con humildad y obediencia, siguiendo las instrucciones que habían recibido. Colosenses 3:23-24 nos enseña: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.“
Dietrich Bonhoeffer, en su libro “El Costo del Discipulado”, escribió: “Cuando Cristo llama a un hombre, lo invita a venir y morir.” Esto significa que debemos estar dispuestos a dejar de lado nuestro orgullo, nuestros planes personales, y obedecer con humildad y devoción al llamado de Dios. Dios busca siervos que actúen con integridad, que no busquen su propio beneficio, sino que trabajen con un corazón humilde, reconociendo que toda la gloria pertenece al Señor.
Un corazón soberbio no puede desarrollar un ministerio eficaz, porque es Dios quien da el crecimiento, y nosotros somos solo instrumentos en sus manos. Oswald Chambers también señaló en “En Pos de lo Supremo” que “la santidad no es la forma de Cristo, sino la vida de Cristo en nosotros.” Es en la humildad y la obediencia donde se manifiesta esta santidad.
V. LA RESPONSABILIDAD DE EDIFICAR LA CASA DE DIOS
Nosotros somos responsables de aportar los materiales necesarios para la obra del evangelio. Esas almas a quienes llevamos la Palabra de Dios se convierten en templos del Espíritu Santo, como nos recuerda Romanos 12:1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Según el Diccionario Bíblico Vine, “sacrificio vivo” implica una vida completamente entregada a Dios, donde nuestras acciones diarias reflejan nuestra devoción a Él.
Cada uno de nosotros tiene un papel en la edificación de la casa de Dios, y debemos hacerlo con diligencia y devoción. Martyn Lloyd-Jones dijo: “Si la iglesia es la verdadera iglesia, la gloria de Dios y la salvación de las almas deben ser sus mayores preocupaciones.” Esta cita nos recuerda que nuestro enfoque principal debe estar en glorificar a Dios y trabajar para la salvación de las almas, edificando así su iglesia.
VI. LA FORTALEZA EN LA CASA DEL SEÑOR
La fortaleza que encontramos en la casa de Dios no tiene comparación con las fortificaciones humanas. En Salmos 27:4, David expresa su deseo de habitar en la casa del Señor todos los días de su vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su templo. La verdadera protección y seguridad se encuentran en la presencia de Dios, no en las construcciones humanas.
C.S. Lewis escribió en “Mero Cristianismo”: “No hay manera segura de obtener la felicidad para nosotros mismos, sino buscando la felicidad de los demás.” De la misma manera, al edificar la casa de Dios, encontramos nuestra seguridad en Su presencia y en la comunión con otros creyentes.
Como iglesia, debemos preocuparnos por descubrir y desarrollar los dones que el Espíritu Santo nos ha dado, para adornar la casa de nuestro Dios y ser efectivos en nuestra misión. Rick Warren, en “Una Vida con Propósito”, nos recuerda que “la iglesia no es una audiencia a la que hay que impresionar, sino un ejército que hay que movilizar.” Al hacerlo, estamos construyendo una fortaleza espiritual que nos protege de los ataques del enemigo y nos mantiene firmes en la fe.
APLICACIÓN
Hermanos, es tiempo de reflexionar sobre nuestro compromiso con la obra del Señor. ¿Estamos cumpliendo diligentemente con las órdenes que Dios nos ha dado? ¿Estamos usando nuestros talentos y recursos para glorificar a Dios y edificar su iglesia? Debemos ser cristianos llenos del fuego del Espíritu Santo, dispuestos a obedecer sin reservas y a servir con un corazón generoso y humilde.
CONCLUSIÓN
Cuando Dios nos habla y nos da una tarea, no es un simple comentario, sino una orden que debemos cumplir con alegría y diligencia. En Lucas 11:28, Jesús dice: “Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.” El llamado a aportar almas para el desarrollo de la obra de Dios es para todos nosotros, y debemos hacerlo con el fuego del Espíritu Santo ardiendo en nuestro interior. Los dones y talentos que hemos recibido son para testificar y glorificar a Dios, y al vivir dentro de la fortaleza del Señor, estaremos protegidos de todo ataque del enemigo.
© Reenier Gonzalo Prado. Todos los derechos reservados.







Excelente predicación. Muchas gracias por compartirla, me ha servido de gran bendición para mi vida.
Que hermosa predica hermano que privilegio tener a un hombre de Dios como usted en esta página.