Predicas Cristianas Predica de Hoy: El sacrificio de Cristo y nuestro llamado al amor
Introducción
En el cristianismo todo sacrificio se une al Sacrificio que de Cristo, Jesucristo se ofrece a sí mismo como cordero Pascual, de manera sangrienta en la Cruz una vez y para siempre; es así que la Cruz es el sacrificio definitivo que contiene todos los méritos necesarios para la redención de los hombres, pero para aplicarlos a cada persona, Cristo mismo instituyó la Santa Cena, la cual es la continuación no sangrienta y la representación del sacrificio del Calvario, por lo que se trata de un continuo sacrificio y no de una repetición.
Todos los antiguos sacrificios eran solo un signo del único sacrificio que puede salvarnos, el sacrificio de Jesús, porque solo Él puede reparar la relación ante el Padre como Dios y hombre, ofreciéndole el perfecto sacrificio de amor y obediencia por nuestro desamor y nuestra desobediencia.
Predicas Cristianas – El sacrificio de Cristo y nuestro llamado al amor
Leamos la Palabra de Dios en Mateo 9:9-13 “Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”.
El Cristo encarnado se ofreció a sí mismo en sacrificio a Dios Padre por nosotros, si todos los sacrificios del Antiguo Testamento, especialmente los sangrientos, fueron figuras que anticipaban el sacrificio de la Cruz, y si la idea de expiación a través de una víctima que se sacrifica en substitución por los pecados de otro ya estaba presente en los sacrificios de la ley, entonces se deduce que la muerte de Cristo en la Cruz debe poseer el carácter de sacrificio vicario de expiación, pues “Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” Hebreos 10:8-10.
En el Nuevo Testamento, como en el Antiguo, el poder expiatorio del sacrificio está en la sangre de la víctima, por eso la expiación para el perdón de los pecados se aplica a la Sangre de Cristo y no hay, por tanto, nada más precioso que esta Sangre, “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” 1 Pedro 1:17-21.
En el sacrificio de la Cruz, Cristo ofrece libremente Su Sangre para entregarnos la redención, y con ese sacrificio de la cruz se termina para siempre la necesidad de hacer sacrificios de animales, pues Cristo es el Cordero sacrificado cuya eficacia para redimirnos es infinita.
El evangelio necesita que el amor esté por encima de todo ya que éste es quien le da valor a todo, el sacrificio que agrada a Dios es nuestro amor que se manifiesta en la obediencia, puesto que “el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios” Marcos 12:33; y el sacrificio externo debe representar la disposición del corazón al amor de Dios, “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” Mateo 5:23-24.
Siempre es posible hacer un esfuerzo extra para alcanzar una meta, ¿Por qué no hacerlo para servir mejor a Dios?, y el valor del sacrificio es aquel esfuerzo extraordinario para alcanzar un beneficio mayor, venciendo los propios gustos, intereses y comodidad; el sacrificio es muy importante para superarnos en nuestra vida espiritual ya que de esa manera adquirimos compromiso, perseverancia, superación y servicio para nuestro Dios, pero de ninguna manera sugiere sufrimiento y castigo, sino una fuente de crecimiento espiritual.
Ahora, ¿Por qué es tan difícil tener espíritu de sacrificio?, sencillamente porque estamos acostumbrados a dosificar nuestro esfuerzo como el mundo lo hace, y es lo que nos lleva a pensar que “todo” lo que hacemos es más que suficiente; como siempre decimos, debemos luchar contra el egoísmo y la comodidad ya que todos somos capaces de realizar un esfuerzo superior dependiendo de nuestros intereses: Las dietas rigurosas para tener una mejor figura; trabajar horas extra e incluso fines de semana para consolidar nuestra posición profesional o económica; quitar horas al descanso para estudiar; ahorrar en vez de salir de vacaciones… El problema central, es que no debemos movernos sólo por intereses pasajeros, sino que debemos ser constantes en nuestra actitud también en las cosas del Señor.
En muchas ocasiones caemos en actitudes que quitan mérito a todo lo bueno que hacemos, como es hablar de lo mucho que nos usa el Señor, o echar en cara lo mucho que hacemos y lo poco que los demás nos comprenden, puesto que el espíritu de sacrificio no se logra con las buenas intenciones, se desarrolla haciendo pequeños y grandes esfuerzos, por eso es necesario no hablar de tus esfuerzos, ni poner cara de sufrimiento para que los demás se den cuenta de lo mucho que haces.
Son muchas las cosas que nos desagradan y no podemos esperar que todo sea a nuestro gusto, sino que el verdadero valor del sacrificio está en sobrellevarlas, poniendo buena cara, sin quejas ni críticas a quienes no hacen nada para cambiar sus vidas, pero recordemos que todo aquello que vale la pena requiere de sacrificio, y querer encontrar caminos fáciles para todo sólo existe en la mente de personas con pocas aspiraciones. Quien asume el valor del sacrificio, va por un camino de constante superación, haciendo el bien en todo lugar donde se encuentre.
Cuando el sacrificio es puro, dar no lleva consigo pérdida, gasto o disminución, sino incremento y ganancia puros, es decir que el sacrificio puro no implica la noción de pérdida, y entonces podríamos preguntarnos: ¿Y para qué quiere Dios nuestros sacrificios, ya que no los necesita para nada?, pero esta pregunta solo encierra un gran desconocimiento de Dios ya que Dios es tan generoso que no sólo da vida a sus criaturas y se complace en el despliegue que hacen de esa vida, sino que les ha dado la facultad de poder tratar con El de forma personal, lo cual es una muestra de su generosidad, y de allí surgen aquellas palabras de Jesús que muchas veces no entendemos: “Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” Marcos 4:24-25; Dios, que es el que más posee, es a quien más hemos de dar nosotros, y la alegría de Dios en la conversión de un pecador es infinita, y su alegría consiste en complacerse en nuestro amor.
Nuestra situación de cristiano es muy particular, por una parte, al participar mediante el bautismo en la muerte de Cristo, hemos sido hechos hijos del Padre, hermanos de Cristo y templos del Espíritu Santo, pero quiere la conversión del pecador, no la simple eliminación de sus pecados, y aunque Dios podría haber hecho una nueva criatura que supliera al hombre, no lo hizo sino que nos amó cuando estábamos perdidos en el pecado, y descendió hasta nuestra situación para darnos la posibilidad de ser elevados a una dignidad mayor, por eso, las pérdidas que implica la conversión son convertidas en ganancias y su parcialidad en sacrificios perfectos que encuentran su consumación en la muerte, “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” Marcos 8:35.
Conclusión
En resumen, el sacrificio de Cristo es el único verdadero sacrificio, porque en él la pérdida no es compensación, sino un don puro; es perfecto, porque abarca la integridad de la vida y tareas terrenas de Cristo, y es el mayor porque al consumarse en la muerte ofreció a Dios más de lo que cualquier otra criatura pueda ofrecerle y es su propio ser; en pocas palabras, el sacrificio de Cristo abre la posibilidad del único sacrificio aceptable a Dios, el de amarle por encima de todo y sin reservas, y ese es el único don o regalo que podemos hacer a Dios, vivir su vida santa en nosotros y así darle la alegría a nuestro Rey supremo que es el Señor.
Teniendo esto en cuenta, para participar dignamente en la Santa Cena debemos estar conscientes de que ofrecemos al Padre todo lo nuestro, nuestro ser, posesiones, tiempo, alegrías y tristezas, trabajo y descanso, sufrimientos, enfermedades, etc., en perfecta comunión con el sacrificio de Cristo, de manera tal que el cristiano debe hacer de su vida y de cada acto un sacrificio, una ofrenda de sumisión a Dios por amor, y en unión con Cristo, “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:1-2.
© Luis A. Coria. Todos los derechos reservados.
Exelente predica pastor Coria muy muy inspirada llena de fuego del Espíritu Santo que nos enciende el corazon también las predicas de la otra página están súper poderosas le hemos comentado pero no aparecen los comentarios no sé porque,LA CEGUERA VENCER LOS ATAQUE y más