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Predicas Cristianas Lectura Bíblica para Hoy: Salmos 21:2-6

Introducción

Como el sol cada día entra en la casa si abrimos la ventana, Dios quiere que lo adoremos cada día en nuestro interior y hablemos con Él, y la fe es lo que Dios nos ha dado para descubrirle, pues Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” Juan 14:23, “Si me amáis, guardad mis mandamientos… Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” Juan 14:15-14.

De manera que para hablar con Él, tenemos que abrir nuestro corazón y dejarle entrar en nuestro ser.

I. La Petición que Abre el Camino

Dios te concede el deseo de tu corazón y no te niega la petición de tus labios, pero está claro que para que esto suceda, nuestros deseos deben convertirse en peticiones expresadas con nuestra boca. Por eso es que la Palabra nos enseña: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” Mateo 7:7-8.

Es importante que comprendamos la profundidad de esa palabra “pedir”. No se trata solo de formular un deseo, sino de elevar una súplica con convicción. En el original griego, el término usado es aiteo (αἰτέω), y según la Blue Letter Bible, significa: “Pedir, rogar, solicitar, anhelar, requerir.” (Strong’s G154)

Eso es lo que Dios espera de nosotros: que aquello que llevamos en el corazón lo expresemos con fe, creyendo que Él puede y lo hará.

No dice: Desead y se os dará. Aunque esto parezca lo mismo, pues Dios conoce los deseos de nuestro corazón, no lo es. Cuando un deseo se transforma en petición, es porque verdaderamente creemos que puede ser concedido.

Ya desde ese momento en que la petición se ha fortalecido en el corazón a través de la fe, el Señor comienza a caminar con sus bendiciones hacia nosotros, para salirnos al encuentro cuando expresemos con nuestros labios ese anhelo. Y es desde ahí cuando comienza a contar el tiempo de Dios para recibir la bendición.

II. Dios Habita en Nosotros y Nos Busca Primero

Leamos la Palabra de Dios en Salmos 21:2-6:

“Le has concedido el deseo de su corazón, Y no le negaste la petición de sus labios. Selah 3 Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. 4 Vida te demandó, y se la diste; Largura de días eternamente y para siempre. 5 Grande es su gloria en tu salvación; Honra y majestad has puesto sobre él. 6 Porque lo has bendecido para siempre; Lo llenaste de alegría con tu presencia.”

El ser humano tiene la capacidad para conocer y amar al Señor que está en su corazón, al Dios que vive en lo más profundo del ser, pero por la fe podemos ver al Señor que está dentro de nuestro corazón. Aunque muchos cristianos no se dan cuenta que esa falta de conocimiento es lo que les impide descubrir las riquezas que llevamos escondidas junto a Él, y sufrimos buscándolo fuera, mientras que está adentro nuestro.

Cuando en el corazón del hombre hay una intención, Dios siempre sale al encuentro del ser humano. La de Dios es una historia de búsqueda y encuentro, donde la iniciativa y la parte más importante la lleva Él, porque nos ama y se entrega totalmente. Por lo que si buscamos a Dios, más nos busca Dios a nosotros. Pero ese buscar a Dios lleva la necesidad de esforzarse por cambiar el corazón y desear seguir toda su voluntad, como dijo el Señor:
“Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” Mateo 12:50.

Y es precisamente en ese proceso donde debemos recordar que, aunque no siempre veamos resultados inmediatos, podemos confiar en la fidelidad de Dios. Su presencia está en nosotros, y su mano guía cada paso, incluso cuando el camino parece incierto. Por eso, cada vez que buscamos a Dios de corazón, Él se manifiesta y nos sale al encuentro, porque su amor nunca falla.

III. Requisitos para que Dios Te Salga al Encuentro

Dios está en todos los momentos de nuestra vida, siempre disponible para nosotros. Para que venga a nosotros, solo tenemos que hablarle, pues comprende nuestro lenguaje, nuestros temores, nuestros secretos, nuestra amargura. Y no se apartará, aunque seas un mentiroso, un ladrón, un asesino, un hipócrita, un traidor. Porque está escrito:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” Juan 3:16-17.

Pero también debemos saber que para que esto suceda, y podamos recibir las bendiciones en nuestra vida, debemos cumplir algunos requisitos previos. Toda promesa de Dios tiene un condicionante, que es lo que muchas veces no leemos o no nos gusta cumplir, aunque sí queremos recibir la promesa.

Dios está en nosotros. Ha entrado en nosotros cuando recibimos a Cristo. Dios está realmente en el tabernáculo de cada corazón humano que se ha entregado para hacer su voluntad, y ahí podemos encontrarlo. Desde ahí nos habla, nos escucha, y nos da vida, invitándonos a transformarnos a Su imagen, para vivir con Él como un amigo. Pero un amigo que nunca te va a fallar, y que en las peores circunstancias va a estar para darte la mano, levantarte y fortalecerte.

Así lo enseña la Palabra:
“Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” Colosenses 3:10.

La palabra “imagen” que usa Pablo en el original griego es eikón (εἰκών), y según la Blue Letter Bible, Strong’s G1504, significa: “Imagen, figura, semejanza; la imagen del Hijo de Dios, en la cual los verdaderos cristianos son transformados.”

Por eso, cuando permitimos que Dios nos transforme conforme a esa imagen, nos preparamos verdaderamente para que en su tiempo, Él nos salga al encuentro con sus bendiciones.

Conclusión

Hoy declaramos que creemos que Dios nos saldrá al encuentro con bendiciones, y que además estamos preparados para recibirlas. Oramos para que en este tiempo podamos ser sorprendidos por la bendición de Dios, logrando la plenitud de sus bendiciones en todas las áreas de nuestra vida.

Equipo Predicas Bíblicas

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