Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Un verdadero adorador
Predicaciones Cristianas Lectura Bíblica: “Mas la hora viene, y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. Juan 4:23-24
Introducción
En primer lugar debemos saber que para llegar a ser un adorador, debemos ser hijos de Dios, nacidos en el Espíritu por la fe en el Señor Jesucristo, (Juan 1:12-13); el hombre estaba enemistado con Dios, por el pecado de Adán y fue destituido de la gloria de Dios y separado de su presencia, Romanos 3:23-24.
Por el sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario, el hombre fue justificado por la fe en Él, pudiendo nuevamente tener comunión con el Padre, (Gálatas 3:26); siendo hijos de Dios, fuimos sellados por el Espíritu Santo de la promesa hasta nuestra redención y vida eterna, (Efesios 1:13-14); fuimos sellados por el Espíritu de Dios para tener una comunión intima y perfecta con él, y vivir en su presencia, solo Jesús debe ser el único objeto de nuestra alabanza y adoración, (Salmo 95:6).
Verdadero adorador
Dios busca adoradores que le adoren en Espíritu y en verdad, y de estos verdaderos adoradores hablaremos en este día.
ADORACIÓN: Significa reverenciar con sumo honor a Dios como ser supremo y excelso, significa amar con extremo, alabar, exaltar, servir.
ADORAR EN EL ESPÍRITU: Significa que la adoración verdadera exige mas que meras expresiones exteriores, es una sumisión de la persona a Dios.
ADORAR EN VERDAD: Es aquella persona que ha recibido el conocimiento y la revelación de Dios en su espíritu a través de nuestro Señor Jesucristo.
Adoración es la que se rinde a Dios por lo que Él es en si mismo y de lo que Él es para aquellos que le adoran; el Espíritu Santo que mora en nosotras es el que nos lleva a adorarle.
Un verdadero adorador, es aquel que ha crucificado la carne con sus pasiones y deseos, que se ha negado a si mismo para vivir una vida consagrada para Él, (Gálatas 5:22-25); es aquel que se ha despojado de todos sus ídolos, no solo aquellos de madera o bronce, sino tales como recuerdos, seres queridos, dinero, etc, (Levíticos 26:1-2).
Adorador es aquel que a consagrado y apartado su vida por su amor a Dios y se ha puesto a su servicio porque Dios le ha llamado a ser parte de Él mismo; consagrado es aquél que se ha apartado del mal, que busca constantemente agradarle a Dios, es aquel que vive por fe, en el Espíritu buscando santidad para vivir en su presencia, 1 Tesalonicenses 4:3 “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación..”.
¿Qué se requiere de un verdadero adorador?
a. Ser obediente:
La obediencia es la base primordial de un adorador, es aquel que pone en practica su palabra, es aquel que es guiado por el Espíritu Santo, es aquel que está sujeto a la autoridades establecidas por Dios.
Tito 3: 1 “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos para toda obra”.
La obediencia no es solo una acción externa, es una rendición interna, profunda, donde el corazón deja de pelear con Dios y comienza a alinearse con Su voluntad, aun cuando no entiende el proceso. Un verdadero adorador no negocia la obediencia, la vive, la respira, la carga en lo cotidiano, en lo secreto, en lo que nadie ve.
Porque obedecer no siempre se siente bien, pero siempre produce vida, siempre forma carácter, siempre nos acerca más al diseño perfecto de Dios. A veces Dios va a pedir cosas que confrontan nuestra lógica, pero ahí es donde se revela si somos guiados por emociones o por el Espíritu Santo. La obediencia también nos guarda, nos protege de desviarnos, nos mantiene dentro del propósito eterno, aunque el camino parezca lento o difícil. Y en medio de todo, es ahí, justo ahí, donde la adoración deja de ser solo palabras y se convierte en una vida rendida delante de Dios.
b. Ser humilde:
El Señor Jesús nos dejo ejemplo de humildad, para que nosotras seamos sumisas, no altaneras, no teniendo mas alto concepto del que debemos de tener ni creer ser mas que nadie, sino tener a los demás como superiores a nosotras mismas.
Santiago 4:6 “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.
La humildad no es debilidad, es fuerza rendida bajo el control de Dios, es saber quiénes somos sin inflarnos, sin compararnos, sin competir, es caminar con un corazón enseñable. Jesús no solo habló de humildad, la vivió en cada paso, sirviendo, callando cuando pudo defenderse, amando cuando fue rechazado, y ahí nos dejó el modelo que confronta nuestro orgullo escondido.
La mujer que camina en humildad no busca ser vista, pero Dios la exalta en Su tiempo, porque el cielo responde a los corazones quebrantados, no a los que se levantan a sí mismos. A veces la altivez se disfraza de seguridad, de carácter fuerte, pero en el fondo es resistencia a rendirse completamente a Dios.
La humildad también se refleja en cómo tratamos a otros, en cómo hablamos, en cómo servimos sin esperar reconocimiento. Y cuando vivimos así, bajo esa gracia, dejamos de luchar por posiciones, y comenzamos a descansar en el lugar donde Dios mismo nos pone.
c. Estar llenas de amor:
Es amar a Dios con un deseo intenso, si el verdadero amor de Dios a sido derramado en nuestros corazones, no podremos hacer daño a nuestro prójimo, demostraremos nuestro amor a Él con el buen testimonio de nuestras vidas, seguiremos las pisadas de Jesús, amando y sirviendo a los demás como él nos enseñó.
Romanos 13:10 “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”.
Amar a Dios no es solo una emoción bonita, es un fuego interno que nos mueve, que nos incomoda cuando algo no está bien, que nos lleva a vivir diferente aun cuando nadie nos está mirando. Cuando ese amor ha sido verdaderamente derramado en nuestros corazones, comienza a notarse en lo práctico, en cómo respondemos, en cómo tratamos, en cómo decidimos.
No podemos decir que amamos a Dios y al mismo tiempo herir, ignorar, o despreciar a nuestro prójimo, porque el amor de Dios siempre produce fruto visible. Seguir las pisadas de Jesús implica amar cuando cuesta, servir cuando no hay reconocimiento, dar cuando parece que no hay retorno, y aun así seguir caminando.
Ese amor nos transforma desde adentro, nos corrige, nos moldea, nos hace más como Cristo sin darnos cuenta a veces. Y es ahí donde nuestro testimonio deja de ser palabras, y se convierte en evidencia viva de que Dios realmente habita en nosotros.
d. Estar rendido a Él:
Es buscar continuamente su presencia y la revelación de su conocimiento, es contemplar su hermosura, es maravillarse de su inmenso amor y misericordia, es reconocer sus atributos que Él es Santo, Digno, Bueno, Fiel, Justo, Verdadero, es comprender que después de Él no hay nada y solo de Él lo esperamos todo.
Salmo 99:5 “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; El es Santo”.
Estar rendido a Él no es un momento emocional, es una postura constante del alma, es vivir inclinados por dentro, reconociendo que sin Él no somos nada, y que todo lo que somos depende de Su gracia. Es buscar Su presencia no por obligación, sino por hambre, por esa necesidad que no se sacia con nada más, como si el corazón estuviera siempre diciendo, necesito más de Ti Señor.
En esa rendición comenzamos a ver Su hermosura de una manera que no se explica fácil, nos asombra Su santidad, nos confronta Su pureza, y aun así nos atrae Su misericordia. Cuando contemplamos quién Él es, dejamos de centrarnos en nosotros mismos, y todo lo demás pierde peso, pierde brillo, pierde importancia.
Reconocer Sus atributos no es repetir palabras, es responder con una vida que se postra, que obedece, que honra aun en lo pequeño. Y es ahí donde entendemos, bien profundo, que fuera de Él no hay nada que sostenga, pero en Él lo tenemos todo, absolutamente todo.
e. Ser un servidor:
El señor Jesús nos dejo su ejemplo de servicio, el no vino para ser servido sino, vino a servir y poner su vida por los demás, a dejar su vida por cada una de nosotras, es un gran privilegio de parte de Dios que haya elegido nuestras vidas para servirle y nuestro clamor diario como verdaderos adoradores es decirle: Señor; Heme aquí; envíame a mí; usa mi vida como instrumento en tus manos; prepárame para la gran cosecha de almas; no quiero ser una espectadora, quiero ser parte de tu iglesia Santa cundo tu la levantes con todo tu poder y manifiestes gloria.
Marcos 10:45 “Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en recate por muchos”.
Servir no es una carga, es una respuesta al amor que ya recibimos, es decirle a Dios con nuestras acciones, aquí estoy, cuenta conmigo, aunque cueste, aunque no sea visto, aunque nadie aplauda. Jesús no solo habló de servicio, Él se desgastó, se entregó, se dio completamente, y ahí nos dejó un camino que confronta nuestra comodidad, porque servir implica negarnos, implica salir de nosotros mismos.
Cuando entendemos esto, dejamos de ver el servicio como obligación y comenzamos a verlo como privilegio, como participación en algo eterno, algo que trasciende esta vida. Hay algo poderoso que pasa cuando una vida se rinde para servir, Dios la toma, la forma, la usa de maneras que uno ni imaginaba.
Ya no queremos ser espectadores, algo dentro de nosotros despierta, un clamor que dice, Señor, aquí estoy, haz conmigo lo que quieras, envíame donde Tú quieras. Y es en ese lugar, en esa entrega, donde comenzamos a ver Su gloria manifestarse, no desde la distancia, sino siendo parte viva de lo que Él está haciendo.
f. Tener un espíritu de sacrificio:
Significa que a pesar de todos los pesares de esta tierra y las circunstancias que nos toquen vivir, no dejaremos el camino de la salvación y vida eterna, no hay mayor recompensa en esta tierra que la que esperamos de los cielos, tener un espíritu de sacrificio es servir en el lugar que Dios nos a puesto.
Es cumplir con la tarea que nos ha encomendado, es poner todo nuestro esfuerzo para servir con excelencia, es aún dejar las cosas que nos gustan para agradar a Él y tener a Dios como prioridad en nuestras vidas, es no bajar la mirada de Jesús, es amar y ser misericordioso.
Deuteronomio 10:12-13 “Ahora, pues, Israel, ¿Qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad”.
Un verdadero adorador es aquel que demuestra con su servicio el amor a Dios, “El que ama sirve, y el que no sirve, no ama”.
Conclusión
El hombre natural, que no conoce a Dios, ama y adora a dioses hechos por ellos mismos, los verdaderos hijos de Dios le adoramos a Él porque Él nos ha hecho a nosotros, Juan 4:22 “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos…”
En este tiempo Dios está buscando verdaderos adoradores que le adoren es espíritu y verdad, tu puedes ser una de ellas como María que derramo el perfume mas costoso derramándolo a sus pies; derrama tú, ese perfume de olor grato, que es tu propia vida en sacrificio vivo de adoración y alabanza.
Cristo está esperando una respuesta de tu parte; no tardes escucha su voz y responde a su llamado, recuerda que Jesús te ama con amor eterno.
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