Bosquejos para Predicar
Prédica de Hoy: La familia cristiana según la Escritura
Bosquejos para Predicar Lectura Bíblica de hoy: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6:6-7)
Introducción:
La familia debe estar unida por la fe. De esta manera tendrá un vínculo más fuerte que el de la sangre, y permanecerá unida hasta la eternidad.
Para esto debe poner en el centro de su vida a Dios y a su Palabra, como guía para todas sus acciones. Las relaciones familiares vividas en Dios, serán indisolubles y acompañarán en el camino hacia el cielo.
I. La Palabra está en el centro de la familia cristiana (vers. 6)
a. La Palabra de Dios debe ser la norma de nuestra vida.
Por esto, en ella encontramos también cómo quiere Dios que sea la familia cristiana. Hallaremos en ella los consejos y advertencias que necesitamos para guiar nuestro hogar por la senda hacia el cielo.
Pero para ello es necesario que la Escritura nos sea familiar, íntima, e interiorizarla en nuestro espíritu con fervor (vers. 6).
b. La fe vivida en familia cristiana es lo que fundamenta la fe de los hijos y los que vendrán.
Porque recibir a Cristo ya desde el seno del hogar es la base para cimentar una vivencia sólida del cristianismo.
Los hijos que ven practicar la fe a sus padres la aprenden por el ejemplo. Y los padres que enseñan a sus hijos se ven en la necesidad de no contradecir lo que enseñan con sus vidas (Hechos 16:31).
c. El ejemplo de los padres
Imprime en lo profundo del corazón el amor a Dios. Del mismo modo, el mal ejemplo, puede ser el principio del alejamiento de los hijos de la práctica del cristianismo.
Tenemos que tener mucho cuidado, porque podemos ser culpables no sólo de nuestra condenación, sino también del mal camino que tomen los que nos siguen. Siempre está la libertad del hombre, pero si somos piedras de tropiezo para los de nuestra propia casa, nos hacemos culpables también de su caída (1 Timoteo 5:8).
d. El lazo del amor es lo que verdaderamente une un hogar.
Y si ese amor está construido sobre la roca de Cristo, es imperecedero y dura hasta la vida eterna.
A eso debe tender el hogar cristiano, a que Jesús habite con ellos en su casa. De esta manera permanecerán protegidos de todos los embates del demonio, por el poder de la fe que los une (1 Corintios 1:10).
II. Toda la familia cristiana debe ser discípula fiel del Señor (Deuteronomio 6:7)
a. Los hijos deben aprender de los consejos de los padres.
Porque ellos son figura de Dios Padre que vela por nosotros. Despreciar el consejo de nuestros mayores nos llevará a cometer muchos errores, porque ellos nos hablan desde una vida puesta al servicio de Dios hace mucho tiempo.
Cuando los padres aconsejan, alimentados por la Palabra, es como si Dios mismo nos amonestara con amor (Proverbios 6:20).
b. Los padres deben amar a sus hijos
Preocupándose principalmente en que sean buenos hijos de Dios. Primero deben ser los padres los que reciban a Cristo en su corazón, para poder transmitirlo a sus hijos después.
Los padres sobre todo deben instruir a sus hijos en la Palabra, para sembrar una semilla que luego dará frutos de vida eterna. Todo debe ser hecho con amor y desde el amor, para que la amonestación no sea amarga, sino que brote de un corazón lleno del Espíritu Santo (Efesios 6:4).
c. Los hermanos debes cuidarse entre si
Para que todos permanezcan en el camino hacia la casa del Padre. No debe haber discordia entre ellos, porque comparten la fe del hogar, y son hermanos por sangre y en Cristo. Viviendo la fe en familia, compartirán la misma esperanza en la vida eterna, y se apoyarán en el camino hacia la salvación (Salmo 133:1).
Conclusión
La familia cristiana debe estar construida sobre la base de la Palabra de Dios. En la meditación diaria de la Escritura y en la práctica de la fe, se encontrará el cimiento profundo donde construir el hogar.
Si la fe es enseñada por los padres a los hijos, éstos a su vez plantarán la semilla de la Palabra en sus descendientes. Así crecerá la familia de los hijos de Dios y el Evangelio se esparcirá por la tierra como mandó el Señor (Salmo 103:17-18).
Los padres tienen que enseñar a sus hijos con el ejemplo, para que lo enseñado por la palabra sea llevado a la obra. Así el testimonio será valedero, y arraigará más fuertemente en el corazón de los hijos. Porque entonces lo que le aconsejen será reflejo del Padre en el cielo que nos ama y nos instruye (Proverbios 22:6).
© Pedro Blanco. Todos los derechos reservados.






