Bosquejos Bíblicos
Bosquejos Bíblicos Prédica de Hoy: Aviva el fuego, no dejes apagar el don de Dios
Bosquejos Bíblicos Lectura Bíblica: “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios.” (2 Timoteo 1:6–8)
Introducción
Hay fuegos que no se apagan de golpe. Primero pierden intensidad, después quedan algunas brasas y, si nadie las atiende, finalmente solo quedan cenizas. Algo parecido puede ocurrir en nuestra vida espiritual.
No necesariamente abandonamos a Cristo. Seguimos creyendo. Seguimos congregándonos. Incluso podemos continuar sirviendo. Pero aquella pasión por la Palabra comienza a enfriarse, la oración se vuelve rutinaria, servir se convierte en una obligación y aquello que antes hacíamos con gozo ahora lo hacemos casi por costumbre.
Pablo escribe 2 Timoteo desde una situación difícil. Está preso y sabe que el final de su ministerio se acerca. Timoteo, su colaborador y discípulo en la fe, enfrenta una época donde seguir a Cristo tiene un costo verdadero. En ese contexto Pablo no le ofrece una vida cómoda. Le dice: “avives el fuego del don de Dios que está en ti”.
No debemos interpretar estas palabras como evidencia de que Timoteo había abandonado la fe. El contexto muestra lo contrario. Pablo recuerda su “fe no fingida” y reconoce que esa fe también habita en Timoteo (2 Timoteo 1:5). Sin embargo, precisamente porque Timoteo poseía un llamado y una responsabilidad, necesitaba mantener vivo aquello que Dios había puesto en él.
La exhortación también está conectada con el versículo siguiente: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía”. Pablo sabía que el temor podía convertirse en un freno para el servicio y el testimonio cristiano.
La palabra griega “δειλία” (deilia), traducida en este pasaje como “cobardía”, expresa la idea de timidez, temor o cobardía, especialmente aquel temor que nos hace retroceder cuando debemos permanecer firmes (Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G1167). La palabra aparece precisamente en 2 Timoteo 1:7 y, según el léxico, solamente una vez en el texto griego del Nuevo Testamento.
Pablo no estaba reprendiendo a Timoteo por sentir alguna emoción humana de temor. Estaba llamándolo a no permitir que la cobardía gobernara su ministerio.
Nosotros también necesitamos escuchar este llamado. Quizás nuestro problema no sea que dejamos de creer. Quizás simplemente hemos permitido que aquello que ardía comience a enfriarse.
Hoy veremos tres verdades: debemos cuidar lo que Dios nos ha confiado, debemos rechazar la cobardía que intenta paralizarnos y debemos permanecer fieles aun cuando servir a Cristo tenga un costo.
I. AVIVA LO QUE DIOS HA PUESTO EN TI
Pablo comienza con una responsabilidad personal: “te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti”. Dios había dado el don. Timoteo debía avivarlo.
a. El don procede de Dios
Timoteo no había inventado su llamado. Pablo lo identifica como “el don de Dios”.
- Pablo le recuerda el don recibido (2 Timoteo 1:6)
- Cada creyente debe ministrar conforme al don recibido (1 Pedro 4:10)
- Los dones son distribuidos por el Espíritu conforme a su voluntad (1 Corintios 12:11)
- Toda nuestra suficiencia procede finalmente de Dios (2 Corintios 3:5)
Esto nos protege de dos extremos. No debemos sentirnos superiores porque Dios nos utilice. El don es recibido, no fabricado. Pero tampoco debemos despreciar aquello que Dios nos ha confiado simplemente porque nos parece pequeño.
Quizás no todos predicamos delante de multitudes. No todos cantamos. No todos dirigimos una congregación. Pero cada creyente tiene una vida que puede ser utilizada para la gloria de Cristo.
b. Lo recibido debe cultivarse
Pablo no le dijo a Timoteo que buscara otro don. Le dijo que avivara el que ya estaba en él.
- Timoteo debía avivar el don recibido (2 Timoteo 1:6)
- Pablo anteriormente le había dicho que no descuidara su don (1 Timoteo 4:14)
- También debía ocuparse en la lectura, exhortación y enseñanza (1 Timoteo 4:13)
- Su aprovechamiento debía ser manifiesto a todos (1 Timoteo 4:15)
Aquí encontramos equilibrio bíblico. Dependencia de Dios no significa pasividad. Oramos, pero también estudiamos. Confiamos en el Espíritu Santo, pero también nos preparamos. Reconocemos que el poder viene de Dios, pero trabajamos responsablemente con aquello que Él nos ha entregado.
c. La rutina puede enfriar lo que una vez hicimos con pasión
No sabemos exactamente qué emociones experimentaba Timoteo, por eso no debemos inventarlas. Pero sí sabemos que Pablo consideró necesario recordarle que avivara el fuego.
- La iglesia de Éfeso había trabajado y perseverado, pero había dejado su primer amor (Apocalipsis 2:2–4)
- Los creyentes son llamados a ser fervientes en espíritu (Romanos 12:11)
- Debemos ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12)
- Dios mismo produce en nosotros el querer y el hacer por su buena voluntad (Filipenses 2:13)
Podemos seguir haciendo cosas correctas con un corazón que lentamente se enfría. Actividad espiritual no siempre significa vitalidad espiritual. Podemos predicar y estar secos. Podemos cantar sin adorar. Podemos leer la Biblia únicamente para preparar algo para otros. Podemos servir a muchas personas mientras descuidamos nuestra propia comunión con Dios.
d. Cristo debe permanecer en el centro de nuestro servicio
Avivar el don no significa obsesionarnos con nuestros talentos. El propósito del don es servir a Cristo y edificar a otros.
- Cristo debe tener la preeminencia en todo (Colosenses 1:18)
- Separados de Cristo nada podemos hacer (Juan 15:5)
- Todo lo que hacemos debe hacerse para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31)
- Nuestro servicio debe realizarse como para el Señor (Colosenses 3:23–24)
No necesitamos simplemente recuperar entusiasmo. Necesitamos volver nuestros ojos a Cristo. Porque un ministerio puede continuar funcionando mientras el corazón del siervo comienza a funcionar por inercia.
II. NO PERMITAS QUE EL TEMOR GOBIERNE TU OBEDIENCIA
Después de hablar del fuego, Pablo habla de cobardía. La conexión es importante. El temor puede apagar lentamente nuestra disposición para servir, hablar y permanecer firmes.
a. Dios no nos llama a vivir gobernados por la cobardía
Pablo declara: “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía”.
- Dios no nos ha dado espíritu de cobardía (2 Timoteo 1:7)
- El temor del hombre pondrá lazo (Proverbios 29:25)
- Los apóstoles pidieron denuedo para continuar anunciando la Palabra (Hechos 4:29)
- Después de orar, hablaban con denuedo la palabra de Dios (Hechos 4:31)
Esto no significa que el cristiano nunca sentirá temor. Pablo mismo conoció peligros, persecuciones y aflicciones. El valor bíblico no consiste en jamás sentir miedo. Valor es obedecer a Dios aunque tengamos razones humanas para sentir temor.
b. Dios nos ha dado poder para cumplir su voluntad
Pablo contrasta cobardía con “poder”. Ese poder no debe convertirse en una promesa de éxito personal o dominio sobre todas nuestras circunstancias. El contexto es servicio, testimonio y sufrimiento por el evangelio.
- Timoteo había recibido espíritu de poder (2 Timoteo 1:7)
- Los discípulos recibirían poder para ser testigos de Cristo (Hechos 1:8)
- Pablo podía servir mediante el poder que actuaba en él (Colosenses 1:29)
- El poder de Cristo se perfeccionaba aun en su debilidad (2 Corintios 12:9)
Dios no necesariamente eliminará aquello que nos intimida. Muchas veces nos dará poder para obedecer en medio de aquello que nos intimida.
c. El poder debe caminar junto al amor
El texto no dice solamente “poder”. Dice “poder, amor y dominio propio”. Eso evita una interpretación peligrosa del poder espiritual. Podemos hablar con valentía y todavía hacerlo sin amor. Podemos defender una verdad correcta con un espíritu incorrecto.
- Todo debe hacerse con amor (1 Corintios 16:14)
- La verdad debe hablarse en amor (Efesios 4:15)
- Sin amor, aun los grandes dones pierden su valor espiritual (1 Corintios 13:1–3)
- El amor de Cristo debe controlar nuestra manera de vivir (2 Corintios 5:14)
El valor cristiano no es agresividad. Jesús podía confrontar el pecado con absoluta firmeza y al mismo tiempo mirar con compasión a las multitudes.
d. El dominio propio impide que nuestras emociones gobiernen nuestras decisiones
Pablo completa la expresión con “dominio propio”. La palabra griega σωφρονισμός (sōphronismos) que aparece en 2 Timoteo 1:7 comunica la idea de disciplina, moderación y autocontrol. Blue Letter Bible registra esta palabra precisamente en este versículo. Timoteo no debía permitir que el miedo decidiera por él. Nosotros tampoco.
Hay decisiones que no podemos entregar a nuestras emociones. Si solamente obedecemos cuando nos sentimos fuertes, llegará el día cuando dejaremos de obedecer.
La madurez espiritual aprende a decir: “Tengo temor, pero Cristo continúa siendo Señor; por eso obedeceré”.
III. NO TE AVERGÜENCES DEL EVANGELIO CUANDO SER FIEL TENGA UN COSTO
El versículo 8 muestra hacia dónde conduce todo lo anterior.
“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”.
El fuego debía mantenerse vivo porque Timoteo tenía una misión.
a. Nuestra responsabilidad es dar testimonio de Cristo
El centro del mensaje no era Timoteo, ni Pablo, ni sus dones.
Era Jesucristo.
- Timoteo debía dar testimonio del Señor (2 Timoteo 1:8)
- Pablo no se avergonzaba del evangelio porque es poder de Dios para salvación (Romanos 1:16)
- Cristo envió a sus discípulos a hacer discípulos de todas las naciones (Mateo 28:19–20)
- Los creyentes somos llamados a anunciar las virtudes de quien nos llamó de las tinieblas (1 Pedro 2:9)
Necesitamos recordar esto especialmente cuando hablamos de dones.
El don nunca debe hacerse más visible que Cristo. Si nuestra predicación hace admirar al predicador pero no conduce a las personas hacia Jesús, algo está fuera de lugar.
b. Seguir a Cristo puede traer oposición
Pablo estaba preso mientras escribía estas palabras. Timoteo sabía perfectamente lo que podía significar identificarse públicamente con él.
- Pablo estaba encarcelado por causa del evangelio (2 Timoteo 1:8)
- Timoteo fue llamado a participar de las aflicciones por el evangelio (2 Timoteo 1:8)
- Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo enfrentarán persecución (2 Timoteo 3:12)
- Jesús advirtió a sus discípulos acerca de la oposición del mundo (Juan 15:18–20)
El evangelio nunca promete que nuestra fidelidad será aplaudida por todos. Hay momentos cuando obedecer a Cristo nos costará aceptación, comodidad, oportunidades o relaciones. Entonces descubriremos si queríamos solamente las bendiciones de Cristo o verdaderamente queríamos a Cristo.
c. Nuestra confianza descansa en Cristo, no en nuestra capacidad
Pablo no termina este capítulo hablando de cuánto confiaba en sí mismo. Declara algo mucho mejor: “yo sé a quién he creído”.
- Pablo sabía en quién había creído (2 Timoteo 1:12)
- Estaba seguro de que Dios era poderoso para guardar su depósito (2 Timoteo 1:12)
- Cristo puede guardar a los suyos (Juan 10:27–29)
- Dios puede guardarnos sin caída y presentarnos delante de su gloria (Judas 24)
Esa es la raíz de la perseverancia cristiana. No decimos: “Nunca caeré porque soy fuerte”. Decimos: “Continuaré porque conozco a Aquel en quien he creído”.
d. El fuego debe mantenerse encendido hasta terminar la carrera
Años antes, Pablo había llamado a Timoteo a avivar el fuego. Ahora el propio Pablo estaba llegando al final. Y podía mirar hacia atrás sin vergüenza.
- Había peleado la buena batalla (2 Timoteo 4:7)
- Había acabado la carrera (2 Timoteo 4:7)
- Había guardado la fe (2 Timoteo 4:7)
- Esperaba la corona de justicia que el Señor daría en aquel día (2 Timoteo 4:8)
Eso convierte las palabras del capítulo 1 en algo todavía más poderoso. Un hombre que está terminando fielmente su carrera está enseñando a otro cómo continuar la suya.
Aplicación
Quizás no hemos abandonado a Cristo. Quizás simplemente necesitamos reconocer que algunas brasas se están apagando. ¿Seguimos orando con hambre de Dios, o solamente cuando necesitamos algo? ¿Abrimos la Biblia para escuchar al Señor, o únicamente cuando tenemos que preparar una enseñanza? ¿Seguimos hablando de Cristo con libertad, o el temor de lo que otros pensarán comenzó a silenciarnos? ¿Estamos utilizando lo que Dios nos dio, o lo hemos enterrado debajo del cansancio, la rutina, las heridas o el temor?
Pablo no le dijo a Timoteo: “Busca otro fuego”. Le dijo, en esencia: atiende el que Dios ya puso en ti. Volvamos a la Palabra. Volvamos a la oración. Volvamos a mirar a Cristo. Sirvamos nuevamente con intención. Rechacemos la comodidad espiritual que lentamente convierte el llamado en rutina. No necesitamos fabricar una emoción religiosa. Necesitamos permanecer cerca de Cristo y obedecer aquello que Él ya nos ha mostrado.
Conclusión
Algún día nuestro servicio terminará. Pablo lo sabía. La cárcel romana no era el final que muchos habrían escogido para un apóstol. No había una multitud celebrándolo. No había comodidad. No había reconocimiento humano que pudiera compararse con los años de sacrificio que había entregado.
Pero Pablo podía decir: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. Eso es terminar bien. Y quizás esta sea la pregunta que debemos llevarnos hoy: si seguimos viviendo espiritualmente como estamos viviendo ahora, ¿estamos caminando hacia un final fiel?
Porque el fuego no se mantiene encendido accidentalmente. Hay que alimentarlo. Quizás alguna decepción nos enfrió. Quizás el cansancio nos golpeó. Tal vez una crítica nos hizo retroceder. Quizás tenemos miedo de volver a intentarlo. O simplemente los años fueron acumulando ceniza sobre aquello que una vez ardía con fuerza.
Entonces escuchemos nuevamente la voz de la Escritura: “Avives el fuego del don de Dios que está en ti”.
No porque seamos poderosos en nosotros mismos. No porque jamás sintamos temor. Sino porque Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
No permitamos que el miedo escriba el último capítulo de nuestra obediencia. No permitamos que una herida entierre nuestro llamado. No permitamos que la rutina apague nuestra pasión por Cristo.
Sacudamos la ceniza. Volvamos a la Palabra. Volvamos a la oración. Volvamos a servir. Volvamos a hablar de Jesucristo sin vergüenza. Y cuando llegue el día de entregar nuestra carrera al Señor, que no tengamos que mirar hacia atrás lamentando todo aquello que el miedo nos impidió hacer.
Que podamos decir como Pablo: peleamos la buena batalla, terminamos la carrera y guardamos la fe.
El fuego que Dios encendió no fue dado para esconderlo debajo de las cenizas.
Avivémoslo, cuidémoslo y utilicémoslo para la gloria de Jesucristo hasta el último día que Él nos conceda servirle.
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