Prédica de hoy: Entregarse a Dios
Lectura Bíblica: Números 14:1-11
INTRODUCCIÓN
Entregarse a Dios, se han preguntado ¿Qué significa realmente esta frase? Entregarse a Dios es un término que hemos escuchado y dicho muchas veces, pero ¿Qué significa exactamente? Rendirse es una palabra que normalmente no se asocia con acciones positivas, pues sabemos que cuando una parte se rinde a otra en la batalla, es una señal de que han renunciado a cualquier esperanza de victoria, y también muchos se preguntarán, ¿Si me rindo a Dios….., a qué estoy renunciando?.
Es la gran pregunta que muchos se hacen, si nos entregamos a Dios, ¿A qué estamos renunciando?, ¿Significa, como para el enemigo en la batalla, renunciar a la victoria en nuestras vidas?, ¿Está Dios forzándonos a darles todo lo que tenemos, como un delincuente podría hacer?
Probablemente hay algunos que desean mostrar a Dios de esta manera, especialmente cuando están mirando o buscando el beneficio propio, pero cuando llegamos a conocer el verdadero carácter y naturaleza de Dios, descubrimos lo falso es esta imagen para transformarse en una imagen de Amor.
Entregarse a Dios – Desarrollo
Leamos la Palabra de Dios en Números 14:1-11 “Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?. Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto. …. Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación ….., diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. …..; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; …..; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró ……, y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?”.
Entrega significa ceder la propiedad, renunciar el control de lo que consideramos nuestro: Nuestros bienes, nuestro tiempo, nuestros “derechos”, cuando nos entregamos a Dios, estamos simplemente reconociendo que todas nuestras posesiones, sean del tipo que sean, materiales o espirituales, realmente le pertenecen a Él.
El Señor es el dador de todas las cosas buenas que poseemos, y nosotros somos responsables de cuidar lo que Dios nos ha dado como administradores de Su propiedad, pero al entregarnos a Dios, admitimos que en última instancia.
Él está en control de todo, incluyendo nuestras circunstancias más difíciles; el entregarnos a Dios, nos ayuda a soltar aquello que nos separa de lo mejor que Dios tiene para nuestras vidas ya que al entregarnos a Dios, dejamos de lado aquello que nos impide desear primero los caminos de Dios.
En el principio, Dios puso a Adán y a Eva en el huerto de Edén y les dio todo lo que necesitaban, todo, excepto el árbol del conocimiento del bien y del mal; allí aparece la serpiente que ahora llamamos Satanás, y el primer paso de la serpiente fue poner en duda la Palabra de Dios, cuando “la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” Génesis 3:4-5.
Pero….., ¿Qué hubiera ocurrido si Adán y Eva hubieran sido lo suficientemente sabios para ver el engaño, y en vez de dudar de la Palabra de Dios, hubieran escogido obedecer a Dios?, ¿Qué hubiera ocurrido si se hubieran dado cuenta de que Dios debía ser obedecido, aún cuando Su orden no tenía mucho sentido para ellos?, pues Dios no le dijo a Adán y a Eva: “No pueden comer del árbol del conocimiento del bien y del mal”, sino que “mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” Génesis 2:16-17.
A Adán y a Eva se les dio a elegir el rendirse a Dios cuando les dijo: “no deben” en vez de “no pueden”, allí, el fruto de este árbol representaba la alternativa que Dios ofrecía. ¿Debieron Adán y Eva confiar y obedecerle a cambio de una recompensa mayor más adelante, o debieron ceder al deseo momentáneo de sus corazones?
Pensemos que si hubieran escogido entregar los deseos de su corazón a Dios, es posible que todos estuviéramos viviendo eternamente en una tierra perfecta, aquí y ahora, pero lamentablemente, Adán y Eva no eligieron ese camino, y a causa de esa primer desobediencia, nuestros corazones se han vuelto cada vez más egoístas con cada generación.
Para algunas personas, la entrega puede tener algunos aspectos negativos, pues implica derrota del ego, renunciar a los deseos personales o algo así, pero la verdadera entrega, sin embargo, es algo completamente diferente pues no significa soportar pasivamente cualquier situación que se nos presente y no hacer nada al respecto, sino todo lo contrario, significa buscar la mejor solución y que es la que viene de lo alto:
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:1-2
Tampoco significa dejar de hacer planes o iniciar acciones para lograr una vida mejor, sino que “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” 1 Timoteo 6:17-19.
La entrega es la sabiduría de ceder más que oponerse al fluir de la vida de Cristo en cada uno de nosotros, ya que en Él es en el único lugar donde podemos experimentar el fluir de la vida puesto que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo” 1 Pedro 1:3-4
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” 1 Juan 5:11-12
Así que entregarse es aceptar el presente incondicionalmente y sin reservas, es abandonar la resistencia interior generada por el juicio mental y emocional, especialmente cuando las cosas “van mal”, pues esto significa que hay una brecha entre las demandas o expectativas de la mente y la voluntad de Dios.
Si Ud. ha vivido bastante en el evangelio, sabrá que las cosas van mal, muy seguido, pero también habrá aprendido que es precisamente en esas ocasiones cuando se debe practicar la entrega a fin de eliminar el dolor y la tristeza de su vida, pues:
“Así ha dicho Jehová: En este lugar, del cual decís que está desierto sin hombres y sin animales, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que están asoladas, sin hombre y sin morador y sin animal, ha de oírse aún voz de gozo y de alegría, voz de desposado y voz de desposada, voz de los que digan: Alabad a Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia; voz de los que traigan ofrendas de acción de gracias a la casa de Jehová. Porque volveré a traer los cautivos de la tierra como al principio, ha dicho Jehová” Jeremías 33:10-1
La aceptación de lo que es la voluntad del Señor, es lo que lo libera de la resistencia que el hombre genera con la mente; la resistencia es la mente, pues sabemos que allí se ubica el taller del diablo.
El Señor desea que le sigamos, tal como así se lo expresó a cada uno de los apóstoles, que cuando oyeron de su boca la palabra, “sígueme”, y de inmediato abandonaron sus redes, riquezas y familias; al joven rico de Marcos 10:17-22, el Señor le ofreció una invitación para que dejase libre su corazón de los apegos humanos y se entregara a Él, pero no supo aprovechar su oportunidad de ser grande en el Reino de los cielos.
Así, muchos quieren santificarse y salvarse sin comprometerse nada más que lo imprescindible, pero debemos tener en cuenta que “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” Mateo 6:24
El compromiso de entrega incondicional al Señor, solo puede ser aceptado por personas que tengan una absoluta confianza de en Señor, ya que la confianza en Dios puede llegar a ser inamovible solo si se está dispuesto a aceptar todo lo que venga de la mano del Padre, pues solo Él sabe lo que nos conviene.
Desde luego que Dios lo pide “todo”, porque quiere recompensarnos con millones de “todo”, pero nunca lo toma todo obligatoriamente, el Señor nos pide una actitud de desprendimiento en nuestro corazón, una disposición a darlo todo, pero no necesariamente Él lo toma todo, pues siempre nos deja la posesión de muchas cosas, que pueden servir a su voluntad y no sean malas en sí mismas.
La actitud requerida es sencillamente la de estar dispuesto a entregar todo a Dios sin temor y con confianza total, para dejarle actuar a su gusto, para luego sorprendernos al poseer lo que nunca habíamos imaginado.
Pero nunca nos asustemos pensando en que Dios nos puede pedir demasiado, pues de la misma forma que no le permite al diablo que nos tiente con algo superior a nuestra fuerza, tampoco nunca nos va a pedir algo que no podemos dar; si aceptamos un compromiso de entrega al Señor, quizás caminemos por caminos que no estaban en nuestros proyectos, pero si hemos perseverado en su amor, hay que estar seguros de que caminaremos gozosamente, pues será el Señor el que vivirá su vida a través de nosotros, para que se realice la obra de Dios en la tierra.
CONCLUSIÓN
La entrega es una actitud completamente interior que produce los cambios en el exterior, pero la resignación no es entrega, ni necesita uno engañarse a sí mismo y decir que no hay nada malo en estar en el barro, sino reconocer de corazón que quiere salir de ahí y entonces emprende la acción y hace todo lo que puede para salir del barro.
Pero debe tenerse en cuenta que la incapacidad de aceptar la voluntad de Dios endurece el ego, y crea así un fuerte sentido de separación con el Señor que el mundo aprovecha para involucrarte en sus cosas, y antes de que decida culpar de cada problema a lo largo de la historia a Adán y a Eva, debemos considerar que a todos se nos ha dado la misma elección que a ellos, sólo que ellos fueron los primeros en equivocarse, el tema ahora es…., ¿Cual es la decisión que Ud. ha tomado?.
© Luís A. Coria. Todos los derechos reservados.






