Nuestra familia delante de Dios: cuatro motivos para orar

José M. Vega

Nuestra familia delante de Dios

Bosquejo para predicar basado en 1 Samuel 12:23: Nuestra familia necesita mucho más que seguridad económica y bienestar material; necesita que intercedamos por ella delante del Señor. Descubramos cuatro motivos bíblicos para orar por nuestros seres queridos, fortalecer nuestro hogar y cultivar una vida familiar fundamentada en Jesucristo.

INTRODUCCIÓN

Todos queremos lo mejor para nuestra familia. Nos levantamos temprano, trabajamos, atendemos responsabilidades y hacemos sacrificios para que a nuestros seres queridos no les falte lo necesario. Pero debemos preguntarnos algo: ¿Estamos dedicando a la oración la misma atención que dedicamos a las necesidades materiales de nuestro hogar? Porque podemos esforzarnos por darles muchas cosas y, sin embargo, olvidar que su mayor necesidad es conocer a Dios y vivir conforme a su voluntad.

En 1 Samuel 12, el profeta Samuel se dirigió al pueblo de Israel después de que este reconociera su pecado al pedir un rey. Aunque el pueblo había actuado equivocadamente, Samuel no abandonó su responsabilidad de interceder por ellos ni de enseñarles el camino correcto. ¡Qué enseñanza tan necesaria para nosotros! Cuando alguien de nuestra casa falla, no debemos responder solamente con enojo o reproches; necesitamos buscar al Señor y continuar enseñando su verdad.

La palabra hebrea “פָּלַל” (palal), relacionada con la expresión “rogar” en este pasaje, incluye el sentido de orar e interceder. Samuel no estaba hablando de un simple deseo de bienestar, sino de presentar al pueblo delante de Dios (Blue Letter Bible Lexicon Strong’s H6419).

Ahora bien, nuestras oraciones no sustituyen la obediencia ni garantizan que nunca tendremos problemas. Oramos porque dependemos del Señor y porque reconocemos que hay necesidades que nuestros recursos, consejos y esfuerzos no pueden resolver. Consideremos cuatro motivos por los cuales debemos perseverar en la oración.

I. OREMOS PARA QUE NUESTRA FAMILIA CONOZCA A JESUCRISTO

“Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.” (Romanos 10:1)

El apóstol Pablo amaba profundamente a su pueblo y deseaba que conociera la salvación por medio de Jesucristo. Aunque muchos israelitas tenían conocimiento religioso, necesitaban reconocer que la justicia delante de Dios no se alcanza mediante los esfuerzos humanos, sino por la fe en Cristo. Este mismo deseo debe ocupar un lugar importante en nuestras oraciones.

A. No confundamos la educación cristiana con la salvación

Podemos llevar a nuestros hijos a la iglesia desde pequeños, enseñarles himnos y procurar que conozcan las Escrituras, pero ninguna de esas cosas los convierte automáticamente en creyentes.

La salvación no se hereda de los padres; cada persona necesita arrepentirse y creer en Jesucristo. Por eso, además de preocuparnos por sus estudios y su futuro, debemos interesarnos sinceramente por su relación con el Señor.

B. No abandonemos la intercesión por nuestros familiares inconversos

Tal vez llevamos años hablándole de Cristo a un hermano, a nuestro cónyuge o a uno de nuestros hijos, y todavía no vemos una respuesta favorable. No permitamos que el desánimo nos lleve a dejar de orar. Sigamos compartiendo el evangelio con paciencia, demostrando amor y dando testimonio con nuestra conducta, porque solamente Dios puede transformar verdaderamente el corazón.

Aplicación: Escribamos los nombres de nuestros familiares que todavía no conocen al Señor y comencemos a interceder específicamente por ellos, pidiendo también oportunidades para compartirles el evangelio con claridad y amor.

II. OREMOS POR LA PROTECCIÓN DE NUESTRA FAMILIA

“Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.” (2 Tesalonicenses 3:3)

Pablo escribió estas palabras en medio de su enseñanza acerca de la oposición al evangelio y la fidelidad del Señor. El pasaje no promete que los creyentes estarán libres de accidentes, enfermedades o sufrimientos, pero sí afirma que podemos confiar en Dios para recibir fortaleza y permanecer firmes frente al mal.

A. Presentemos sus necesidades diarias delante del Señor

Cuando nuestros hijos salen a estudiar o nuestros familiares se dirigen al trabajo, nosotros no podemos acompañarlos a todas partes. Hay circunstancias que no controlamos y situaciones que ni siquiera conocemos. Por eso debemos orar por su bienestar, pedir sabiduría para sus decisiones y enseñarles a actuar responsablemente, recordando que confiar en Dios no significa descuidar las precauciones necesarias.

B. Pidamos discernimiento frente a las malas influencias

No todos los peligros se encuentran en las calles. Algunas influencias llegan por medio de las amistades, las conversaciones y aquello que permitimos entrar en nuestros hogares. Necesitamos pedirle al Señor que nuestros hijos aprendan a distinguir la verdad del error y desarrollen convicciones fundamentadas en su Palabra. Pero también debemos escucharlos, conocer sus inquietudes y enseñarles con paciencia, porque la vigilancia sin comunicación puede terminar levantando barreras entre nosotros.

Aplicación: Antes de comenzar nuestras actividades, dediquemos un momento a pedirle a Dios protección, prudencia y fortaleza espiritual para cada miembro de nuestra casa.

III. OREMOS POR LA UNIDAD DE NUESTRA FAMILIA

“con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Efesios 4:2-3)

El apóstol Pablo exhortó a la iglesia a vivir de acuerdo con el llamamiento recibido en Cristo. Aunque su enseñanza se dirige a la comunidad de creyentes, los principios de humildad, paciencia y amor también deben caracterizar nuestras relaciones familiares. Porque vivir juntos no significa necesariamente vivir unidos; podemos compartir la misma casa y mantener nuestros corazones separados por heridas que nunca hemos querido resolver.

A. Reconozcamos lo que está debilitando nuestras relaciones

En ocasiones, los conflictos familiares comienzan con algo aparentemente pequeño: una palabra hiriente, una actitud orgullosa o una discusión que nadie quiso solucionar. Con el tiempo, aquello que parecía insignificante termina afectando la confianza. Y aquí debemos examinarnos: ¿Estamos pidiendo a Dios que cambie a nuestra familia mientras nosotros nos negamos a corregir nuestras propias actitudes?

B. Practiquemos el perdón y aprendamos a expresar amor

Ninguno de nosotros es perfecto. Todos podemos equivocarnos y lastimar a quienes amamos, por eso necesitamos desarrollar un corazón dispuesto a reconocer sus faltas. Perdonar no significa justificar el pecado ni permitir el maltrato; significa responder con verdad y sin deseos de venganza. Y cuando buscamos restaurar una relación, debemos acompañar nuestras palabras con arrepentimiento sincero y cambios visibles.

Aplicación: Si existe una diferencia familiar que debemos atender, no nos limitemos a orar por ella. Pidamos al Señor humildad y demos los pasos responsables que estén a nuestro alcance para procurar la paz.

IV. OREMOS POR EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL DE NUESTRA FAMILIA

“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” (2 Timoteo 3:15)

Pablo recordó a Timoteo la enseñanza bíblica que había recibido desde su niñez. Aquella formación fue importante porque las Escrituras lo dirigían hacia la salvación por la fe en Jesucristo. De igual manera, nosotros debemos procurar que nuestros hijos conozcan la Palabra de Dios, no solamente como información religiosa, sino como la verdad que los conduce al Salvador y orienta su manera de vivir.

A. Hagamos de la Palabra de Dios una parte de nuestra vida diaria

No podemos esperar que nuestros hijos valoren las Escrituras si nosotros nunca mostramos interés en ellas. Necesitamos leer la Biblia, conversar sobre sus enseñanzas y permitir que sus principios orienten nuestras decisiones. No se trata de convertir cada conversación familiar en un sermón, sino de vivir de tal manera que nuestros seres queridos puedan reconocer la importancia que tiene la Palabra de Dios para nosotros.

B. Enseñemos con el ejemplo lo que significa permanecer fieles

La vida espiritual no consiste solamente en asistir a los cultos. Necesitamos aprender a congregarnos con fidelidad, servir con humildad, perseverar en la oración y obedecer al Señor en nuestras responsabilidades cotidianas. Llegará el momento cuando nuestros hijos tendrán que tomar sus propias decisiones, y aunque nosotros no podemos producir la fe en sus corazones, sí podemos dejarles un ejemplo digno de imitar.

Aplicación: Establezcamos momentos sencillos para leer la Biblia y orar juntos, sin convertirlos en una rutina vacía. Procuremos que nuestra conducta confirme aquello que enseñamos con nuestras palabras.

CONCLUSIÓN

Samuel comprendía que su responsabilidad no terminaba al corregir al pueblo; también debía continuar intercediendo y enseñando el camino de Dios. Nosotros necesitamos aprender esa misma lección. No basta con señalar los errores de nuestros hijos, preocuparnos por nuestro matrimonio o lamentarnos por las dificultades del hogar. Debemos acercarnos al Señor con perseverancia y asumir las responsabilidades que Él nos ha confiado.

Hoy hemos considerado cuatro motivos para orar: la salvación, la protección, la unidad y el crecimiento espiritual de nuestros seres queridos. Ninguno de nosotros puede garantizar el futuro de su casa, pero todos podemos buscar la sabiduría de Dios, enseñar su Palabra y procurar que nuestras decisiones reflejen nuestra fe en Jesucristo.

LLAMADO A LA ACCIÓN

Quizá hemos dedicado mucho tiempo a preocuparnos por situaciones que no podemos controlar, mientras hemos dedicado muy poco tiempo a presentarlas delante del Señor. Tal vez necesitamos pedir perdón a nuestros hijos, restaurar la comunicación con nuestro cónyuge o comenzar a interceder por ese familiar que lleva años lejos de Cristo.

No esperemos a que aparezca una crisis para reconocer nuestra necesidad de Dios. Comencemos hoy a buscarlo, no solamente para pedir que cambien las circunstancias, sino también para que transforme nuestras propias actitudes y nos ayude a cumplir nuestras responsabilidades.

¡Que nuestra familia encuentre en nosotros personas que no solamente hablan de Dios, sino que también oran, obedecen su Palabra y reflejan el amor de Jesucristo!

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José M. Vega
Autor

José M. Vega

Soy José Vega, un cristiano devoto que disfruta escribir mensajes inspiradores basados en la fe cristiana para compartir con la comunidad cristiana. Mi mayor pasión es transmitir esperanza, amor y fe en Dios a través de mis escritos. Es mi oración que los mensajes que publico fortalezcan y le de animo a otros en su caminar cristiano.

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