Estudios Bíblicos
Prédica de Hoy: La omnipresencia de Dios
Introducción
La Biblia nos habla en repetidas ocasiones de tres atributos que solo Dios posee en virtud de su naturaleza divina. Nos dice que nuestro Padre Celestial es omnipotente (de lo cual ya hablamos en dos de nuestras prédicas: ‘La omnipotencia de Dios (Primera parte)‘ y ‘La omnipotencia de Dios (Segunda parte)‘), que es omnisciente y que es omnipresente.
En esta prédica vamos a explorar el significado de la omnipresencia como atributo de nuestro Señor.
Para comenzar, atenderemos al significado de la palabra “omnipresencia” para que podamos entender lo que significa decir que Dios es omnipresente. Luego, centraremos nuestra atención en las distintas formas que, de acuerdo a la Biblia, Dios nos revela su omnipresencia.
I. ¿Qué es omnipresencia?
Como sucede con la mayor parte de nuestro vocabulario, la palabra ‘omnipresencia’ proviene del latín, en concreto, del vocablo omnipraesentia. Si lo analizamos más al detalle, nos daremos cuenta de que se compone del prefijo omni y del sustantivo praesentia. Traducidas ambas expresiones al español, encontramos que omni significa ‘todo’ y praesentia, como efectivamente podríamos intuir, ‘presencia’.
¿Pero qué entendemos por ‘presencia’? El diccionario nos dice que ‘presencia’ es el estado de una persona o cosa que se halla delante de otra u otras o en el mismo sitio que ellas.
Considerada globalmente, pues, la palabra ‘omnipresencia’ vendría a significar el estado por medio del cual algo puede estar en todas partes. También, formulándolo con otras palabras, el estado mediante el cual algo puede estar presente en todo lugar. De manera que cuando afirmamos que algo o alguien es omnipresente lo que decimos es que puede estar presente en todas partes.
A la luz de estas aclaraciones, queda descartada la posibilidad de que la omnipresencia sea una cualidad de los seres humanos. Es imposible que, estado en un país del Extremo Oriente, una persona esté al mismo tiempo, por ejemplo, en Latinoamérica.
No importa si un cibernauta está en línea para muchos países que, desde sus diferentes horarios, interactúan con él vía internet. Esto no lo hace en sí omnipresente, pues el cibernauta necesita un medio externo a él para ‘estar presente’ al mismo tiempo en todas partes. La posibilidad de estar en todo el mundo no hace parte de su naturaleza, es, más bien, un artificio.
En El Aleph, uno de sus relatos más conocidos, el escritor argentino Jorge Luis Borges nos cuenta una historia relacionada con nuestro tema. Aquí el protagonista nos revela el hallazgo de uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos.
Dicho de otro modo, era una especie de ventana desde la cual podía verse lo que sucedía en todos los lugares. A través de este punto, el protagonista pudo ver el mar, la población de América, una telaraña en una pirámide y muchas cosas más. Cabe aclarar, vio todas estas cosas – y más – al mismo tiempo.
Si bien el personaje principal aquí podía ver al mismo tiempo todo lo que acontecía, tampoco se trataba de alguien omnipresente. Él contemplaba, desde un punto concreto, los sucesos que tenían lugar en todos los confines del mundo.
Pero su presencia no se extendía a la totalidad de esos lugares. Es como un vigilante que, desde su cuarto de seguridad, observa en un conjunto de monitores lo que pasa en el lugar que cuida. Él, en efecto, ve lo que sucede dentro del lugar, pero no está físicamente en cada uno de sus rincones.
Esta situación cambia totalmente, como podremos ver, cuando se trata de nuestro Padre Celestial. Vamos a ver que, contrario a lo que pudimos advertir en los casos anteriores, la omnipotencia de nuestro Señor es genuina. Esto quiere decir, por una parte, que Jehová puede ver todo lo que pasa en su creación. Pero, por otra parte, que Él está, al mismo tiempo, en cada lugar de ella.
II. La omnipotencia como atributo esencial de Dios
Nuestro Padre Celestial es totalmente explícito con relación a su omnipresencia, pues Él, a través de Su propia palabra, la declara. Esto debería bastar por sí mismo para creer que, efectivamente, la omnipresencia hace parte de Su naturaleza divina. Su palabra, como leemos en los evangelios, es verdad y, por ende, todo lo que afirme por medio de ella también lo es (Cf. Juan 17:17).
Encontramos, pues, que Dios nuestro Señor afirma su omnipotencia cuando, a través de Jeremías, anuncia el aciago destino de los reyes de Judá. Dice, entonces, que nada hay en el espacio que escape a su presencia, no importa cuán lejos aquello pueda estar.
Además, dice Jehová, nada hay en la extensión del cielo ni en la profundidad de la tierra que su presencia no cubra (Cf. Jeremías 23: 23-24). Así, todo cuanto podamos imaginar en el espacio, incluyendo los más remotos confines, está dentro del alcance de nuestro Padre Celestial.
Pero los hijos de Dios también reconocen y admiran su indiscutible omnipresencia. David, por ejemplo, en sus Salmos enaltece con vena poética la naturaleza omnipresente de Jehová.
Cautivado por ella, se pregunta David qué confín del mundo podría ser ajeno al Espíritu y a la presencia de Dios. Pero dice más: reconoce que ni en la vastedad del cielo ni en el fondo del Seol sería posible huir de su presencia (Cf. Salmos 139: 7-12). La omnipotencia de Dios, en consecuencia, no solo es revelada por Su propia palabra, sino también reconocida por sus hijos.
III. La creación comosigno de la omnipotencia de Dios
Jehová no solo es el Creador del universo, su presencia también habita cada parte de ella. Pero esto no significa que cada una de esas partes sea Dios, así como no podemos decir que un vaso de agua de mar es, efectivamente, el mar.
Pensar lo contrario justificaría, por ejemplo, la idolatría, pues si Dios habita en su creación, entonces podríamos adorar un animal sosteniendo que él es Dios. Por lo tanto, que Dios habite la totalidad de su creación, no implica que Él sea idéntico a ella.
Pues bien, el profeta Isaías, inspirado por el poder de Jehová, nos describe alegóricamente la naturaleza omnipresente de Dios. En las aguas, por ejemplo, vemos el cuenco de su mano; en los cielos, su palmo. En la enormidad del polvo, sus dedos; en los montes y collados, su fuerza (Cf. Isaías 40: 12).
Pero una vez más, David nos da en sus Salmos un testimonio de la omnipresencia de Dios. Nos dice, pues, este varón de Dios que en los cielos habita la mirada de Jehová. Desde allí, agrega David, nuestro Señor contempla a los hijos de los hombres, que son parte de Su creación (Cf. Salmos 33: 13-14).
En conclusión
La omnipresencia no es parte de nuestra naturaleza como seres humanos. No importa cuáles sean los medios de los que el hombre se valga para “estar presente” en todas partes y al mismo tiempo. Estos medios son simplemente elementos externos a nuestra naturaleza; son, en consecuencia, artificios.
La omnipresencia es un atributo que solo pertenece a nuestro Padre Celestial, evidenciado en Su palabra y en Su creación. Esto, sin embargo, no debe llevarnos a pensar que cada parte de su creación es idéntica a su divina presencia.
Esta confusión da pie a una conducta idólatra, según la cual, podríamos rendir culto a una planta. Es decir, si Dios habita en la planta, que es creación Suya, entonces adorar la planta es adorarlo a Él. Así pues, la presencia de Dios se extiende en toda Su creación, por eso Él es omnipotente, sin que cada parte de ella ocupe el Su lugar.
Redactado por Bryan PJ para el uso exclusivo de predicasbiblicas.com
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