Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Predica de Hoy: ¿Cómo ser un siervo de Dios?
Predica Cristiana Lectura Bíblica: “Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.” (1 Timoteo 6:11)
Introducción
El Señor sabe que en el mundo tendremos aflicción. Él sabe que es difícil ir contra la corriente y que el mundo no nos pondrá fácil el mantener nuestra fe, todo lo contrario, buscará como obligarnos a ir con la corriente de este siglo.
El cristiano fiel debe estar preparado para toda buena obra, para cumplir con todo mandamiento que venga de Dios. Para eso necesitamos armarnos con la armadura espiritual que Dios nos ha dado. El Señor no nos envía solos a la batalla, sino que nos ha dado de su Espíritu para enfrentar las huestes de maldad.
La palabra de Dios está llena de consejos del Señor para que busquemos la verdad y nos alejemos cada vez más del mundo de maldad. El Señor nos pide que dejemos ciertas cosas y busquemos otras para ser considerados hombres de Dios, preparados para pelear la buena batalla de la fe.
1. Un Siervo de Dios Huye de la codicia (1 Timoteo 6:10)
La palabra de Dios es clara y nos dice que la raíz de todos los males es el amor al dinero. Muchos toman esta palabra sin apreciar el contexto y no profundizar en él. No estamos diciendo que la palabra esté equivocada, de ninguna manera, la palabra de Dios es perfecta.
Jesús también nos advirtió que no podemos servir a dos señores, no podemos servir a Dios y a las riquezas. Pero la realidad es que las riquezas no son malas, bien dice el versículo 17 nos dice que Dios nos da todas las cosas en abundancia, para que las disfrutemos. Aquí incluimos las riquezas. Pero lo que no podemos hacer es poner nuestra esperanza en las riquezas, sino en Dios.
Nuestra esperanza debe estar puesta en Dios. El Señor nos puede dar riquezas y gloria a Él por ello, pero esas riquezas no nos gobiernan, no dependemos de ellas, sino de Dios Todopoderoso. El Señor nos manda que así como nos da riquezas, seamos también ricos en buenas obras.
Entonces las riquezas no son malas, lo que sí es contrario a Dios es amar el dinero más que al Señor. Debemos huir de la codicia desmedida que nos aleja de Dios y nos pone a trabajar para obtener riqueza o posesiones que perecerán. En tal caso debemos conformarnos con lo que Dios nos permite para vivir con contentamiento.
2. El Siervo de Dios Sigue la justicia (Santiago 1:20)
Dios nos llama a seguir la justicia. Dice su palabra que si seguimos la justicia no sólo la obtendremos, sino que también tendremos vida y honra. Pero el mundo nos presenta la justicia humana, la cual a pesar de sus intentos por ser imparcial, está viciada con sentimientos y moralidad corrompida. En cambio la justicia de Dios es perfecta.
Es en la palabra de Dios que encontramos la perfecta voluntad de Dios y el manual de conducta humana para con Dios, para con nuestros semejantes y para con el mundo en general. La justicia de Dios si es imparcial y solo Él puede juzgarnos con verdad.
La palabra de Dios es verdadera, y si nos dice que busquemos la justicia debemos hacerlo. Así obtendremos justicia, pero no la humana, sino la divina. Dios es juez justo y no hay imperfección en su juicio. Un hombre de Dios sigue la justicia y busca que sus opiniones y juicios sean guiados por la palabra de Dios.
3. El siervo de Dios es Piadoso (2 Pedro 2:9)
Dios ha escogido a los piadosos para sí. Si alguien es piadoso y el amor de Dios por los demás está en su corazón, este es un escogido de Dios. Por lo tanto debemos procurar ser personas piadosas que sienten el dolor ajeno, que buscan cómo ayudar al necesitado, no porque es bueno hacerlo, sino porque sentimos el mismo dolor.
Dios es piadoso y tiene misericordia de nuestra vida, este es el espíritu que Dios quiere en nuestro ser, el ser misericordioso con los demás, aunque no lo merezcan. Así hace el Señor con nosotros, nos dio vida cuando no lo merecíamos. Por eso Dios se goza cuando alguien es piadoso como Él.
Dios libra de tentación a los piadosos, pero a los injustos les está esperando el día del juicio. Como siervos fieles del Señor, sigamos su ejemplo y nuestro corazón sea piadoso en todo momento.
4. Tener fe es Esencial Para un Siervo de Dios (Efesios 2:8)
Para ser salvos necesitamos tener fe. Sin la fe no alcanzamos la salvación, sino que es necesario creer en Jesucristo como Hijo de Dios, creer en que su sacrificio en la cruz es suficiente para limpiarnos de toda maldad y acercarnos a Dios.
Debemos tener fe en que Dios levantó a su hijo de la muerte y está sentado a su diestra en el cielo. Esta fe no termina ahí, sino que creemos que Dios envió a su Espíritu Santo para que nos acompañe en nuestra vida nueva.
Además creemos que un día estaremos en la eternidad con nuestro Dios adorando para siempre. Creemos que Dios nos ayuda en cada aspecto de nuestra vida, dándonos salud, dándonos prosperidad material, dándonos paz en medio de la tormenta, guardandonos de todo mal.
Dios nos invita a que nuestra fe en Él sea inquebrantable y le sirvamos con todo nuestro corazón. Esto debe ser de testimonio a los demás, que vea el mundo a una persona que cree en Dios con todas sus fuerzas y que esto impulse a los demás a creer en ese Dios misericordioso.
5. Estar llenos de amor (1 Corintios 13)
Si amamos a Dios es porque Él nos amó primero. Hemos recibido de ese amor que excede a todo conocimiento, el cual se ha derramado en nuestras vidas dándonos el mayor regalo que alguien puede recibir, la vida eterna.
Ese regalo lo hemos recibido por la gracia de Dios, y de la misma manera debemos darlo a los demás. El amor de Dios sobreabunda en nuestro corazón y es normal que se derrame a través de nuestras relaciones con otras personas. Este amor manifiesto no es fingido sino que sale desde lo profundo de nuestro corazón y contagia a los demás, es el amor genuino de Dios en nuestra vida.
Un siervo de Dios está lleno de ese amor, el cual se derrama a otros en buenas obras, en buenos deseos, en palabras de aliento, en apoyo en los momentos difíciles. Pero ese amor tiene una manifestación especial, en querer que los demás conozcan al único y sabio Dios. Por eso predicamos con amor, para que los demás conozcan acerca del plan de salvación de Dios para la humanidad.
6. Ser pacientes (Salmos 40:1)
Dios quiere que seamos pacientes con todos. El Señor nos pide que sostengamos a los débiles y seamos pacientes con todos. Así como el Señor es paciente con la humanidad y no ha venido por su iglesia esperando que se conviertan a Él antes que esto acontezca. El Señor es paciente con nosotros, debemos también nosotros ser pacientes con los demás.
En cambio el Señor nos pide que esperemos pacientemente la esperanza de vida que nos está preparada en el cielo. Muchos son a quienes les hablaremos acerca del Señor Jesucristo, pero muchos son los que no creerán. Dios quiere que seamos pacientes, que oremos a Él por esas vidas perdidas en el mundo.
Dios no quiere que nadie se pierda sino que todos vengan al arrepentimiento. Si gracias a su misericordia hemos sido alcanzados, así debemos procurar que otros también lo sean, seamos perseverantes y pacientes para con ellos, hablando siempre con la verdad y dando el mensaje de salvación.
7. Ser mansos: Un siervo de Dios (Mateo 5:5)
En el primer sermón que Jesús dio a una multitud se encuentran estas palabras maravillosas que nos indican que los mansos recibirán la tierra por heredad. No quiere Dios que seamos desordenados, impulsivos, sino que podamos dominar nuestros sentimientos y actuemos de manera humilde y paciente.
El mundo puede correr y dar rienda suelta a sus pensamientos, pero los hijos de Dios controlan estos impulsos que no llevan a ninguna parte, en cambio la mansedumbre nos lleva a heredar la tierra. El Señor nos bendice grandemente y no quiere que vayamos a perdición, en cambio quiere que seamos obedientes y entonces nos bendice con toda bendición espiritual y material.
Las bendiciones de Dios no se limitan a aquello que conocemos, sino que van más alla de lo que podemos comprender. El Señor nos quiere mansos y obedientes a su palabra. Para el mundo tal vez esto parezca una locura, pero para los que confiamos en el Señor sabemos que esto nos lleva a recibir de Él sus incontables bendiciones.
Conclusión
Un hijo de Dios siempre se va a diferenciar de un hijo del mundo cuando su comportamiento está guiado por la verdad de Dios. Un hijo de Dios no es codicioso, todo lo contrario, sabe esperar en el Señor todas las cosas.
Como un siervo de Dios debemos ser justos como nuestro Padre lo es, debemos ser piadosos, llenos de fe y de amor. También un hombre de Dios es paciente para con los demás y sabe refrenar su carácter y su lengua. Esto nos diferenciará del comportamiento de los demás y dejará ver a los verdaderos hijos de Dios que no andan conforme a la carne, sino que viven conforme al espíritu de Dios.
© Julio Torres. Todos los derechos reservados.






