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Luis Alberto Coria

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Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Nuestro proveedor

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: 2 Pedro 1:3-10

Introducción

Hoy, la humanidad tiene la oportunidad de invocar a la acción, el poder del amor de Dios y la justicia divina que son permanentes, si hay en ellos arrepentimiento y reciben al Señor como su salvador personal. Hoy tenemos la oportunidad y la posibilidad de invocar este infinito poder de Dios para que asuma el comando de cada uno de nuestros pensamientos, palabras y acciones; y además, para darle a la gente, prosperidad, sanidad, libertad y liberación.

Los hombres buscan en sus riquezas personales algo que les brinde el equilibrio de todas las actividades y cualidades que desarrollan en la humanidad; pero nadie puede sostenerlo sin el conocimiento del “YO SOY EL QUE SOY”, de ese Dios Todopoderoso al cual adoramos y glorificamos sus hijos, ya que sin esto no hay manera de lograrlo.

¿Por qué son tantos los que tienen el poder de la posición o del dinero pero no logran un equilibrio emocional y mucho menos la paz interior que les permita disfrutar de ese poder?, pues, porque están permitiendo que su atención sea constantemente atraída al mundo egoísta y persisten en la búsqueda de la experiencia humana que les provea lo que están buscando.

Nuestro proveedor – Desarrollo

Leamos la Palabra de Dios en 2 Pedro 1:3-10 “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”.

Aún a aquellos que llevan tiempo en el evangelio se les oye ocasionalmente quejarse de que “no les alcanza el dinero”, “que su salud no es buena”, o que “la familia está destruida”; y tal punto llegan algunos a mal interpretar la Palabra de Dios, por no hablar de falta de fe, que llegan a dejar su casa o a tomar trabajos que no les permiten congregarse aduciendo que la provisión divina puede venir por muchos canales, pensamiento que emplea el diablo para colocarles en una situación de desobediencia e impedirles asistir a la iglesia.

Lo cierto es que a través de las promesas de Dios nos volvemos participantes de la naturaleza divina, pero luego debemos manifestar esa naturaleza divina en nuestra naturaleza humana por medio de la formación de hábitos congruentes con la Palabra de Dios.

Y el primer hábito que debemos desarrollar es reconocer la provisión que Dios nos ha dado, por ejemplo, decimos: “No tengo con qué comprar” , y esta frase encierra una gran mentira ya que estamos hablando como si nuestro Padre celestial nos hubiera dejado sin un centavo, sin embargo, en Cristo, el Dios omnipotente es nuestro por completo, y si le obedecemos, Él nos dará todo para bendecirnos.

¿Realmente importa que nuestras circunstancias sean difíciles? En donde dijo el Señor que no habrían de serlo, lo que pasa es que si nosotros le damos lugar a la autocompasión y permitimos que la miseria y la infelicidad señoreen en nuestra vida, excluimos de ella las riquezas de Dios e impedimos que otros participen de su provisión.

La autocompasión es un pecado porque elimina completamente a Dios y coloca en el trono a nuestros intereses personales, por lo que este pecado nos lleva a abrir la boca sólo para quejarnos y nos convierte en esponjas espirituales, siempre absorbiendo, nunca dando y nunca llenos.

La provisión es algo a lo que siempre tenemos derecho, nosotros normalmente nos andamos quejando de que no tenemos, de que no tengo, y esa es una frase que tenemos que eliminar de nuestro vocabulario, “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” Mateo 12:37, y cuando dices “no tengo”, estás siendo condenado porque precisamente no vas a tener.

Recuerden que en el Génesis dice Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (1:26-28).

Señorear quiere decir dominar, o mandar en una cosa como dueño de ella, y cuando uno es dueño de algo pone lo que tiene como uno desea, los animales que se arrastran sobre la tierra son los pensamientos y sentimientos de pobreza, escasez, enfermedades, dolores y sufrimientos sobre los cuales tenemos potestad para que no nos gobiernen; y esto es un mandato divino, y Jesús nos dice que no nos afanemos ni preocupemos por qué comeremos o que vestiremos, sino “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” Mateo 6:33.

Este es el día que el Señor ha determinado para que cada uno de nosotros examinemos por nosotros mismos el corazón de Dios cuando se trata de nuestro bienestar, pues muchos hombres y mujeres cristianos, y mucha gente en el mundo, todavía sufren en sus cuerpos y sus mentes de los ataques de Satanás y sus maquinaciones a causa de no poner la mirada en nuestro proveedor de todas las cosas:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12:1-2.

Cuando Jesucristo pagó el precio por toda la humanidad con su sacrificio en la cruz, el cual terminó en su muerte, por el derramamiento de su sangre, la mutilación de su carne, la agonía, el dolor, el sufrimiento y aún desamparo momentáneo del Padre Celestial, nos dejó beneficios eternos para cada uno de los que creeríamos en Él, y los ratificó a través de su resurrección; Dios, en su infinita sabiduría, misericordia y gracia, en aquel día, hizo provisión para todas las necesidades de su hombre creado.

Jesucristo derrotó a Satanás y a todas sus legiones a través de su muerte y resurrección y El vive para siempre sentado a la diestra del Padre intercediendo por nosotros, y si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros?, porque si Dios no escatimó ni a su propio hijo, ¿cómo no nos dará también todas las cosas necesitadas?

Declaremos ahora como David: “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias” Salmos 103:1-4.

Si podemos creer que Jesús perdona nuestros pecados, y nos da vida eterna en una morada celestial con calles de oro y un mar de cristal, ¿entonces por qué las demás promesas y provisiones son tan difíciles de creer para algunos creyentes? El perdón de pecado, la vida eterna, el cielo, y todas las otras promesas se encuentran en la Palabra de Dios, y “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” Romanos 10:17.

En este punto, la Escritura nos revela una verdad fundamental acerca de la fe. La palabra “fe” proviene del griego “πίστις” (pístis – Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G4102), y se refiere a una convicción firme, una confianza activa y una dependencia total en Dios y en Su Palabra. Esto significa que la fe no es un sentimiento pasajero, sino una certeza que se desarrolla al oír y creer lo que Dios ha dicho.

Si podemos creer en una sola promesa deberíamos creer EN TODAS las promesas, pues “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” Números 23:19.

Mucha gente ha dicho que el propósito de Dios para Jesús era salvar la humanidad del infierno y de la muerte eterna, y esto es verdad, pero la vida y el ministerio de Jesús escritos en la Palabra de Dios nos muestra una provisión más amplia, así vemos que:

“recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó” Mateo 4:23-24

Como también vemos que: “En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto? El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud. Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió” Marcos 8:1-9.

Recuerde que la fe viene por oír la palabra de Dios, y por esto, de ninguna manera podemos tomar decisiones de fe y aferrarnos a las decisiones si no están basadas en Su Palabra, pues nuestra palabra no es suficiente y por eso el Señor nos dice:

Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo” Proverbios 4:20-22.

Ahora mi pregunta es esta, ¿está gozando de una vida rebosante y en abundancia?, pues si no lo es y ha decidido cambiarla, necesitará tomar una decisión de fe sin límite y siempre creciente para vivir en victoria aquí en la tierra, recibiendo la provisión de Dios que incluye perdón de pecados, sanidad para la mente y el cuerpo, sustento diario y poder para mantenerlos, ya que:

“todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” 1 Juan 5:4-5.

Conclusión

¿Queremos ser sanos, ser librados de la opresión, ser prosperados, y completamente restaurados nosotros y nuestra familia? Esa es nuestra decisión, pero una decisión que no debemos basar en nuestras opiniones, dudas, preocupaciones, tradiciones religiosas, ni prejuicios, sino, basados en la verdad absoluta de la Palabra de Dios, pues Jesús dijo en Juan 8:31-32 “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libre”.

En este día debemos participar en la tristeza del Señor cuando nos encontramos con aquellos que no quieren recibir Su ayuda, pero al mismo tiempo debemos tomar la decisión de continuar siendo fieles para recibir lo que el Señor nos entregó; y por causa de la misericordia de Dios.

Algunos recibirán en este día, a través de los dones del Espíritu Santo que fluyen en nosotros, discernimiento de espíritus, los dones de fe, dones de sanidad, y dones de milagros; pero también habrá quienes reciban sanidad, liberación, prosperidad y restauración, solo pídele al Señor recordando que: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” Marcos 9:23.

© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.

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Luis Alberto Coria
Autor

Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, soy un Pastor jubilado. Estoy casado con Nora Griselda Correa; tenemos cuatro hijos. Tuvimos una iglesia en Córdoba, Argentina, que formaba parte del ministerio El Nuevo Pacto. Somos fieles seguidores de la palabra de Dios.

1 comentario en «Nuestro proveedor»

  1. Aleluya aleluya aleluya pastor Coria estamos muy felices agradecidos con Dios por haberlo encontrado a usted la verdad nos sacamos el premio mayor con toda sus enseñanzas que nos da llenas de fuego Santo del Espíritu Divino siga asi somos muchos los que hemos Sido transformados

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