Estudio bíblico basado en Apocalipsis 8–11: ¿Qué significan las siete trompetas del Apocalipsis? Descubramos los juicios anunciados por los siete ángeles, el significado de las plagas, los dos testigos y la séptima trompeta, comprendiendo el llamado de Dios al arrepentimiento y la victoria de Jesucristo.
Serie: Estudios Bíblicos de Apocalipsis
Estudios Bíblicos Texto Bíblico: Apocalipsis 8:1–11:19
Apocalipsis 8:6 declara: “Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.”
INTRODUCCIÓN: ¿QUÉ NOS REVELAN LAS SIETE TROMPETAS DEL APOCALIPSIS?
Cuando estudiamos los siete sellos del Apocalipsis descubrimos que el propósito de Dios permanece bajo la autoridad de Jesucristo, el Cordero que fue inmolado y que ha vencido, y comprendimos que las escenas de conquista, violencia, hambre, muerte y juicio no deben llevarnos a pensar que Satanás posee la misma autoridad que el Señor, porque toda la revelación comienza mostrándonos quién está sentado en el trono.
Al llegar al capítulo 8 encontramos que el Cordero abre el séptimo sello y se produce un silencio en el cielo como por media hora. Después de las voces celestiales, el clamor de los mártires y las extraordinarias manifestaciones de juicio, aquella pausa introduce una profunda solemnidad y prepara nuestra atención para las visiones que están por comenzar.
Pero aquel silencio no significa que la revelación haya terminado, porque inmediatamente después aparecen siete ángeles que reciben siete trompetas, y con ellas comienza otra serie de visiones que debemos estudiar cuidadosamente.
¿Qué representan estas trompetas? ¿Por qué los primeros cuatro juicios afectan diferentes elementos de la creación? ¿Qué significan las langostas que aparecen en el quinto toque? ¿Quiénes son los dos testigos del capítulo 11? ¿Y qué sucede cuando finalmente suena la séptima trompeta?
Estas preguntas merecen una explicación bíblica completa, pero debemos recordar que el propósito de nuestro estudio no consiste en identificar acontecimientos modernos mediante semejanzas superficiales, ni mucho menos establecer fechas acerca del cumplimiento de las profecías, porque las Escrituras no nos autorizan a convertir nuestras opiniones en declaraciones de Dios.
Por eso examinaremos las siete trompetas en el orden en que Juan las presenta, considerando sus antecedentes en el Antiguo Testamento, su relación con el juicio divino y el llamado espiritual que encontramos en esta sección de Apocalipsis.
Y hay algo que deseo que mantengamos presente desde el principio: las trompetas no solamente nos presentan escenas de juicio, también nos confrontan con la gravedad del pecado, la paciencia de Dios y la responsabilidad que tenemos de responder a su Palabra mientras todavía disfrutamos de la oportunidad de arrepentirnos.
I. LAS SIETE TROMPETAS COMIENZAN CON EL SÉPTIMO SELLO (APOCALIPSIS 8:1-6)
Antes de examinar lo que sucede cuando los ángeles comienzan a tocar sus trompetas, necesitamos comprender la conexión con nuestro estudio anterior, porque las siete trompetas aparecen después de la apertura del séptimo sello, y esta relación no debe perderse cuando dividimos el Apocalipsis en diferentes enseñanzas.
En Apocalipsis 8:1 Juan contempla el silencio celestial, y posteriormente observa a siete ángeles que están delante de Dios y reciben siete trompetas. Después aparece otro ángel con un incensario de oro, mientras se presenta una escena relacionada con el altar y las oraciones de los santos.
Observemos que antes de escuchar la primera trompeta, Juan contempla las oraciones del pueblo de Dios ascendiendo delante de su presencia, una verdad que merece toda nuestra atención porque nos recuerda que el Señor no permanece indiferente ante sus hijos.
En el quinto sello habíamos contemplado a los mártires clamando por justicia, y ahora volvemos a encontrar una escena donde las oraciones ocupan un lugar importante dentro de la visión celestial.
Esto no significa que podamos afirmar que cada juicio descrito posteriormente constituye una respuesta exclusiva a determinada oración, pero sí nos muestra que las súplicas de los santos aparecen dentro del desarrollo de la revelación y que Dios conoce el clamor de quienes le pertenecen.
Cuando el ángel arroja a la tierra el fuego del altar, Juan contempla truenos, voces, relámpagos y un terremoto, imágenes que comunican la solemnidad de los acontecimientos que están por desarrollarse.
Para comprender la importancia de estas señales también necesitamos considerar el significado de las trompetas dentro del lenguaje bíblico, porque su sonido estaba relacionado con anuncios, convocatorias y advertencias que exigían la atención del pueblo.
La palabra griega “σάλπιγξ” (sálpinx), traducida como “trompeta”, se refiere a un instrumento utilizado para producir señales sonoras, cuyo uso en las Escrituras aparece relacionado con convocatorias, anuncios solemnes y acontecimientos de gran importancia (Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G4536).
En el Antiguo Testamento encontramos trompetas utilizadas para reunir al pueblo, anunciar movimientos militares y acompañar determinadas celebraciones religiosas. En Josué 6, por ejemplo, las trompetas forman parte de las instrucciones dadas por Dios durante la conquista de Jericó, mientras que otros pasajes las relacionan con llamados de advertencia.
Por esta razón, cuando llegamos a Apocalipsis debemos considerar que el sonido de una trompeta puede anunciar algo que exige atención, aunque siempre será el contexto el que determine exactamente qué representa cada una de ellas.
Ahora bien, existe una cuestión interpretativa que debemos aclarar desde el principio. Algunos entienden que las trompetas describen acontecimientos futuros que seguirán cronológicamente a los sellos, mientras otros consideran que los diferentes ciclos de Apocalipsis presentan aspectos relacionados de la historia y del juicio divino desde distintas perspectivas.
Ambas posiciones requieren examinar cuidadosamente la estructura del libro. Lo que podemos afirmar con seguridad es que Juan presenta las trompetas después de la apertura del séptimo sello, pero eso no demuestra por sí solo que cada acontecimiento descrito deba cumplirse como una secuencia terrestre continua sin recapitulaciones.
Y esta distinción es importante, porque nuestra responsabilidad consiste en enseñar aquello que la Escritura revela, sin imponerle un calendario que el pasaje no proporciona.
II. LA PRIMERA TROMPETA: EL JUICIO SOBRE LA TIERRA Y LA VEGETACIÓN (APOCALIPSIS 8:7)
Cuando el primer ángel toca su trompeta, Juan contempla granizo y fuego mezclados con sangre que son lanzados sobre la tierra, y como consecuencia una tercera parte de los árboles resulta quemada, junto con toda la hierba verde mencionada en la visión.
Esta descripción nos presenta un escenario de destrucción que afecta directamente la vegetación, y debemos reconocer que se trata de una imagen extraordinaria, cuyo lenguaje nos recuerda algunas de las plagas que Dios envió sobre Egipto durante el tiempo de Moisés.
En Éxodo 9 encontramos una plaga de granizo acompañada de fuego, mediante la cual Dios manifestó su poder y confrontó la resistencia de Faraón, quien repetidamente se negó a escuchar el mandato divino.
Esta relación no significa que los acontecimientos de Apocalipsis deban ser idénticos a los de Egipto, pero sí demuestra que Juan utiliza imágenes que poseen antecedentes dentro de la historia bíblica de los juicios de Dios.
Ahora bien, observemos un detalle importante: el texto menciona la tercera parte de los árboles, pero también declara que toda la hierba verde fue quemada. Por eso no sería correcto simplificar el versículo afirmando que absolutamente todos los elementos afectados fueron destruidos solamente en una tercera parte.
La expresión de la tercera parte aparece repetidamente durante las primeras trompetas y comunica una limitación dentro de las escenas, en contraste con la idea de una destrucción absoluta de todos los elementos de la creación.
Sin embargo, no debemos convertir esa observación en una fórmula matemática que nos permita calcular fechas o determinar qué regiones del mundo serán afectadas, porque el texto no identifica países ni ofrece información suficiente para establecer semejantes conclusiones.
Y aquí encontramos una enseñanza que no debemos ignorar, porque los seres humanos muchas veces vivimos como si los recursos de la creación fueran inagotables, olvidando que nuestra existencia depende diariamente de condiciones que no controlamos completamente.
Necesitamos agua, alimentos, tierra fértil y numerosos elementos que Dios ha permitido que existan para sostener la vida, pero ninguna de esas cosas debe convertirse en objeto de nuestra confianza absoluta, porque toda la creación permanece bajo la autoridad de su Creador.
Esta visión también debe conducirnos a una actitud responsable hacia aquello que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado, sin confundir la administración de la creación con la adoración de la naturaleza.
Hermanos, el primer toque nos recuerda que la seguridad humana puede resultar más frágil de lo que imaginamos, y que nuestra verdadera esperanza no debe descansar exclusivamente en la abundancia material, sino en el Señor que sostiene nuestra vida.
III. LA SEGUNDA TROMPETA: LA GRAN MONTAÑA ARDIENDO Y EL JUICIO SOBRE EL MAR (APOCALIPSIS 8:8-9)
Cuando suena la segunda trompeta, Juan contempla algo semejante a una gran montaña ardiendo en fuego que es precipitada en el mar, provocando que una tercera parte de sus aguas se convierta en sangre, que muera una tercera parte de los seres vivientes marinos y que una tercera parte de las naves resulte destruida.
Observemos que Juan utiliza una comparación, porque describe aquello que contempla como algo semejante a una gran montaña. Esta expresión merece nuestra atención, pues no necesariamente significa que haya visto una montaña terrestre literal desprendiéndose de su lugar.
Algunos intérpretes han relacionado esta imagen con acontecimientos naturales de gran magnitud, mientras otros consideran que posee un significado simbólico asociado con el derrumbamiento de poderes humanos o con manifestaciones del juicio divino.
Sin embargo, debemos reconocer que Apocalipsis 8 no identifica expresamente aquella montaña con un volcán, un meteorito, una nación o un imperio determinado, por lo que ninguna de estas explicaciones debe presentarse como si fuera una declaración directa de la Escritura.
Lo que sí podemos afirmar es que la visión presenta una destrucción relacionada con el mar, sus criaturas y las embarcaciones que navegan sobre sus aguas.
Esta descripción también recuerda la primera plaga de Egipto, cuando las aguas fueron convertidas en sangre, una conexión que fortalece la relación temática entre las trompetas y los juicios que encontramos anteriormente en las Escrituras.
Ahora bien, el mar ocupa un lugar importante en la vida de numerosas comunidades, porque proporciona alimentos, facilita el transporte y permite actividades comerciales que afectan a pueblos enteros.
Por eso, una escena donde las aguas, los seres vivos y las embarcaciones son afectados comunica consecuencias que trascienden el daño a un solo elemento natural.
Y esto nos lleva a reflexionar acerca de nuestra tendencia a confiar excesivamente en los sistemas humanos, porque podemos desarrollar grandes tecnologías, construir embarcaciones extraordinarias y establecer rutas comerciales capaces de conectar diferentes continentes, pero ninguna de esas capacidades convierte al hombre en dueño absoluto de la creación.
No estamos llamados a despreciar el conocimiento ni los avances tecnológicos, pero sí debemos reconocer que nuestra inteligencia y nuestros recursos permanecen limitados delante del Señor.
Hermanos, el segundo toque nos recuerda que todo cuanto poseemos depende finalmente de Dios, y que debemos administrar nuestras responsabilidades con humildad, sin permitir que la prosperidad material nos lleve a olvidar a nuestro Creador.
IV. LA TERCERA TROMPETA: LA ESTRELLA LLAMADA AJENJO (APOCALIPSIS 8:10-11)
Al sonar la tercera trompeta, Juan contempla una gran estrella que cae del cielo ardiendo como una antorcha, y esa estrella recibe el nombre de Ajenjo. La visión declara que una tercera parte de las aguas se vuelve amarga y que muchas personas mueren a causa de ellas.
En esta ocasión el juicio afecta las fuentes de agua dulce, incluyendo los ríos y los manantiales, lo cual representa una amenaza particularmente grave porque el agua potable es indispensable para la vida humana.
Ahora bien, el nombre Ajenjo posee antecedentes importantes dentro del lenguaje del Antiguo Testamento, donde la amargura aparece utilizada en diferentes contextos para comunicar experiencias dolorosas y consecuencias relacionadas con la maldad.
En Jeremías 9:15, por ejemplo, encontramos una referencia al ajenjo dentro de un anuncio de juicio, y esta relación nos ayuda a comprender por qué una imagen semejante puede comunicar sufrimiento y aflicción.
Sin embargo, debemos evitar afirmar que la estrella llamada Ajenjo representa necesariamente una sustancia química específica, un arma moderna o algún acontecimiento histórico cuyo nombre pueda relacionarse con la amargura, porque el pasaje no proporciona esa identificación.
También debemos recordar que Juan está comunicando una visión mediante imágenes proféticas, y que nuestra responsabilidad consiste en interpretar esas imágenes considerando sus antecedentes bíblicos y el desarrollo del propio libro.
¿Qué podemos aprender entonces del tercer toque?
Que aquello que normalmente sostiene la vida aparece convertido en una fuente de sufrimiento, una escena que debe llevarnos a reconocer la gravedad del juicio y la fragilidad de nuestra condición humana.
En ocasiones damos por sentado que mañana tendremos agua limpia, alimentos suficientes y todas las condiciones necesarias para continuar viviendo, pero las Escrituras nos recuerdan que nuestra existencia no depende exclusivamente de aquello que podemos almacenar o producir.
Esta enseñanza también debe producir compasión hacia quienes actualmente carecen de agua potable o enfrentan enfermedades relacionadas con condiciones sanitarias difíciles, porque sería contradictorio estudiar las consecuencias de la escasez y permanecer indiferentes ante quienes verdaderamente la padecen.
Hermanos, la profecía no debe endurecer nuestro corazón frente al sufrimiento humano, sino recordarnos que necesitamos vivir con gratitud, responsabilidad y amor hacia nuestro prójimo.
V. LA CUARTA TROMPETA: EL OSCURECIMIENTO DEL SOL, LA LUNA Y LAS ESTRELLAS (APOCALIPSIS 8:12-13)
Cuando suena la cuarta trompeta, Juan contempla que una tercera parte del sol, la luna y las estrellas resulta afectada, produciendo una disminución de la luz durante el día y durante la noche.
Esta escena nos presenta otra manifestación de juicio que alcanza elementos fundamentales del orden creado, porque después de las visiones relacionadas con la tierra, el mar y las aguas dulces, ahora nuestra atención se dirige hacia los cuerpos celestes.
El lenguaje utilizado posee antecedentes en las declaraciones de los profetas, quienes en diferentes ocasiones describieron el oscurecimiento de los astros para anunciar acontecimientos de juicio y grandes conmociones.
Por eso debemos estudiar la imagen cuidadosamente, reconociendo que el lenguaje profético puede utilizar símbolos cósmicos para comunicar realidades extraordinarias, sin que nosotros tengamos autoridad para determinar todos los mecanismos físicos mediante los cuales podría manifestarse su cumplimiento.
Algunas personas han intentado relacionar esta visión con eclipses, fenómenos atmosféricos o acontecimientos astronómicos específicos, pero debemos recordar que una semejanza superficial no demuestra que determinado fenómeno constituya el cumplimiento de la cuarta trompeta.
Ahora bien, al terminar esta primera sección aparece un anuncio solemne, porque Juan escucha una advertencia acerca de las tres trompetas que todavía faltan por sonar.
Apocalipsis 8:13 contiene esta advertencia: “¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra”.
Esta declaración marca una transición importante, porque las tres trompetas restantes serán presentadas también como tres ayes, comunicando la gravedad de las visiones que continúan.
Debemos observar que los primeros cuatro toques afectan elementos de la creación que sostienen la vida humana, mientras que las escenas posteriores dirigen nuestra atención de una manera más directa hacia el sufrimiento de las personas y la persistencia de la rebelión contra Dios.
Y aquí encontramos una aplicación importante, porque muchas veces necesitamos enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones antes de reconocer que hemos tomado un camino equivocado, pero el sufrimiento por sí mismo no garantiza que una persona responda con verdadero arrepentimiento.
Por eso, cuando Dios nos confronta mediante su Palabra, no debemos esperar a experimentar consecuencias dolorosas para reconocer aquello que ya sabemos que necesita cambiar en nuestro corazón.
VI. LA QUINTA TROMPETA: LAS LANGOSTAS DEL ABISMO Y EL PRIMER AY (APOCALIPSIS 9:1-12)
Al comenzar Apocalipsis 9 encontramos una de las visiones más impresionantes de toda esta sección, porque cuando el quinto ángel toca su trompeta, Juan contempla una estrella que ha caído del cielo a la tierra, y a esta figura se le concede la llave del pozo del abismo.
Después de abrirse el pozo, sube humo semejante al de un gran horno, y de aquel humo salen langostas que reciben poder para atormentar a las personas que no tienen el sello de Dios en sus frentes.
Ahora bien, debemos observar que estas langostas no actúan de la misma manera que los insectos conocidos, porque se les ordena no dañar la hierba, los árboles ni las cosas verdes, sino que su actividad se dirige específicamente hacia determinadas personas.
Esto representa una diferencia importante respecto a las langostas que normalmente encontramos en la naturaleza, y precisamente por esa razón muchos intérpretes entienden que Juan está describiendo seres o fuerzas relacionadas con el ámbito espiritual mediante imágenes simbólicas.
La visión presenta características extraordinarias, incluyendo semejanzas con caballos preparados para la guerra, rostros humanos, dientes de leones y colas semejantes a las de escorpiones.
Debemos tener cuidado al interpretar estas descripciones, porque algunas explicaciones modernas han intentado identificar las langostas con helicópteros, máquinas militares o tecnologías que no existían durante el primer siglo, pero el texto no establece semejante identificación.
El hecho de que una imagen antigua nos recuerde algún objeto moderno no demuestra que Juan estuviera describiendo aquel objeto, especialmente cuando la visión utiliza comparaciones tomadas del lenguaje conocido por sus primeros lectores.
También debemos observar que las langostas tienen un rey llamado Abadón en hebreo y Apolión en griego, nombres relacionados con destrucción, dentro de una escena que presenta una actividad aterradora y limitada por las condiciones expresadas en el texto.
La referencia al abismo y a su gobernante ha llevado a muchos intérpretes a comprender esta visión como una manifestación de actividad demoníaca o de juicio relacionado con poderes espirituales malignos.
Sin embargo, no debemos afirmar automáticamente que cada detalle identifica literalmente a una clase específica de demonios, porque el pasaje utiliza un lenguaje visionario que requiere prudencia.
Ahora bien, el texto establece que el tormento tiene una duración limitada dentro de la visión, expresada mediante cinco meses, pero no nos autoriza a transformar ese número en una fecha profética ni a utilizarlo para calcular el momento de algún acontecimiento contemporáneo.
Hay una enseñanza importante que debemos reconocer: aun las fuerzas malignas que aparecen dentro del desarrollo de la revelación no poseen autoridad independiente e ilimitada, porque su actividad se presenta sujeta a determinadas restricciones.
Y esto debe ayudarnos a comprender nuevamente que Satanás no es igual a Dios, ni posee la capacidad de actuar por encima de la soberanía divina.
Hermanos, el propósito de estudiar esta visión no consiste en alimentar nuestra imaginación acerca de criaturas monstruosas, sino en reconocer la gravedad del mal, la realidad del juicio y la necesidad de permanecer firmes en Jesucristo.
También debemos evitar convertir las imágenes del tormento en una manera de manipular emocionalmente a las personas, porque el Evangelio debe proclamarse con verdad, reverencia y claridad, sin añadir amenazas que Dios no ha expresado.
La advertencia espiritual es suficientemente seria por sí misma, y nuestra responsabilidad consiste en anunciar que el pecado tiene consecuencias y que solamente mediante Jesucristo podemos recibir perdón y reconciliación con Dios.
VII. LA SEXTA TROMPETA: LOS CUATRO ÁNGELES DEL ÉUFRATES Y EL SEGUNDO AY (APOCALIPSIS 9:13-21)
Cuando suena la sexta trompeta, Juan escucha una voz que procede de los cuatro cuernos del altar de oro que está delante de Dios, y esta voz ordena desatar a cuatro ángeles que se encuentran atados junto al gran río Éufrates.
La escena introduce una manifestación de juicio de enormes proporciones, acompañada por un ejército de jinetes cuyo número Juan declara haber escuchado, y posteriormente describe caballos que aparecen mediante imágenes extraordinarias relacionadas con fuego, humo y azufre.
Ahora bien, debemos reconocer que el Éufrates era un río conocido por los primeros lectores del Apocalipsis, y que dentro de la historia bíblica aparece relacionado con regiones y poderes importantes del antiguo Cercano Oriente.
Sin embargo, el hecho de que Juan mencione aquel río no nos permite identificar automáticamente a los cuatro ángeles con ejércitos contemporáneos o afirmar que determinada nación moderna constituye el cumplimiento definitivo de la visión.
Tampoco debemos interpretar la enorme cantidad de jinetes como si el texto estuviera anunciando directamente el tamaño de las fuerzas militares de un país específico, porque Juan describe un ejército dentro de una visión profética y no proporciona la identidad nacional de sus integrantes.
Algunos intérpretes comprenden estas imágenes como la representación de un conflicto militar extraordinario, mientras otros consideran que comunican una manifestación de juicio relacionada con fuerzas espirituales o con poderes destructivos descritos simbólicamente.
Estas interpretaciones deben examinarse mediante el propio pasaje, sin convertir nuestras suposiciones acerca de la tecnología o la política internacional en explicaciones bíblicas obligatorias.
Ahora bien, existe algo particularmente importante al terminar esta visión, porque Juan describe la reacción de aquellas personas que sobreviven a las plagas, y esa reacción nos permite comprender una de las enseñanzas centrales de toda la sección.
En lugar de presentar un arrepentimiento generalizado, el texto declara que los sobrevivientes no abandonaron sus obras pecaminosas, incluyendo la idolatría y diferentes conductas que contradicen la voluntad de Dios.
Apocalipsis 9:20 declara acerca de los sobrevivientes: “ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos”.
Observemos la gravedad de esta declaración, porque después de contemplar escenas de sufrimiento y destrucción encontramos personas que continúan resistiéndose a reconocer su pecado.
Esto nos enseña que experimentar consecuencias dolorosas no produce necesariamente arrepentimiento verdadero, porque el corazón humano puede endurecerse hasta el punto de continuar defendiendo aquello que lo está destruyendo.
Y aquí debemos examinarnos cuidadosamente, porque muchas veces pensamos que si una persona experimentara una manifestación extraordinaria del poder de Dios necesariamente cambiaría su manera de vivir, pero las Escrituras muestran repetidamente que el ser humano puede presenciar grandes acontecimientos y aun así resistirse a obedecer.
Recordemos a Faraón durante las plagas de Egipto, quien experimentó manifestaciones extraordinarias y, sin embargo, repetidamente endureció su corazón frente al mandato divino.
Por eso, no debemos esperar una calamidad para responder a la Palabra de Dios, ni creer que necesitaremos experimentar algo impresionante para reconocer nuestra condición espiritual.
Si el Señor nos muestra hoy que debemos abandonar una conducta pecaminosa, perdonar a alguien, corregir una injusticia o reconciliarnos con Él, nuestra responsabilidad es responder con humildad y arrepentimiento.
Hermanos, el problema más profundo de la humanidad no consiste solamente en las dificultades que enfrentamos, sino en el pecado que nos separa de Dios, y precisamente por esa razón Jesucristo vino al mundo para ofrecer salvación mediante su muerte y resurrección.
VIII. EL INTERLUDIO: EL ÁNGEL, EL LIBRITO Y LA RESPONSABILIDAD DE PROCLAMAR LA PALABRA (APOCALIPSIS 10)
Después de la sexta trompeta encontramos otra pausa dentro de la revelación, semejante en su función narrativa a la que habíamos observado entre el sexto y el séptimo sello, porque antes de escuchar la última trompeta Juan contempla nuevas escenas que debemos comprender dentro de su contexto.
En Apocalipsis 10 aparece un ángel fuerte que desciende del cielo, envuelto en una nube, con un arco iris sobre su cabeza, un rostro descrito mediante una comparación con el sol y pies semejantes a columnas de fuego.
El ángel tiene en su mano un librito abierto, y Juan escucha declaraciones solemnes relacionadas con el cumplimiento del misterio de Dios, mientras la visión presenta también siete truenos cuyas palabras no debía escribir.
Este detalle merece nuestra atención porque nos recuerda que no todo cuanto Juan escuchó fue comunicado para que nosotros lo conociéramos, y que la revelación bíblica también establece límites acerca de aquello que podemos afirmar.
Si Dios ordenó que determinadas palabras permanecieran selladas y no fueran escritas, nosotros no tenemos autoridad para inventar su contenido mediante supuestas revelaciones personales o interpretaciones secretas.
Ahora bien, después de esta escena Juan recibe la instrucción de tomar el librito y comerlo, una imagen extraordinaria que posee antecedentes en el ministerio del profeta Ezequiel, quien también recibió un rollo relacionado con la palabra que debía comunicar.
En el relato de Apocalipsis, el libro resulta dulce en la boca de Juan, pero amargo en su vientre, mostrando mediante una experiencia simbólica que recibir y proclamar la revelación divina puede incluir tanto el gozo de conocer su verdad como el peso de anunciar mensajes solemnes.
Esta enseñanza también tiene una aplicación importante para nosotros, especialmente para quienes tenemos la responsabilidad de enseñar las Escrituras, porque no podemos escoger solamente aquellos pasajes que producen entusiasmo y evitar deliberadamente las enseñanzas relacionadas con el pecado, la justicia y el arrepentimiento.
Predicar fielmente la Palabra significa anunciar todo cuanto Dios ha revelado, explicando tanto sus promesas como sus advertencias, sin suavizar la verdad para conseguir aprobación humana ni utilizarla para maltratar a quienes necesitan escuchar el Evangelio.
Y aquí debemos recordar que nuestra autoridad como maestros no procede de nuestras opiniones personales, sino de la fidelidad con la cual explicamos las Escrituras.
Por eso, cuando encontramos un pasaje difícil, lo correcto no es inventar una explicación que parezca impresionante, sino estudiar cuidadosamente su contexto, reconocer las interpretaciones responsables y admitir con humildad aquello que todavía no podemos establecer con certeza.
IX. LOS DOS TESTIGOS Y SU TESTIMONIO DELANTE DEL MUNDO (APOCALIPSIS 11:1-14)
Al comenzar Apocalipsis 11, Juan recibe instrucciones relacionadas con la medición del templo, y posteriormente la visión presenta a dos testigos que reciben autoridad para profetizar durante un período determinado.
Esta sección ha producido diferentes interpretaciones dentro del cristianismo, porque algunos consideran que los dos testigos serán personas concretas que ejercerán un ministerio profético en un período futuro, mientras otros entienden que representan simbólicamente el testimonio del pueblo de Dios.
John Gill (1697-1771), pastor bautista inglés y autor de Exposition of the Old and New Testaments, interpretó a los dos testigos como una representación del testimonio que diferentes ministros e iglesias mantuvieron a lo largo de la historia frente a los poderes que consideraba contrarios al Evangelio. Al explicar Apocalipsis 11:3, declaró:
“but these witnesses intend the ministers of the Gospel and churches of Christ, who have bore testimony for Christ, and against antichrist”
Traducción: «Estos testigos representan a los ministros del Evangelio y a las iglesias de Cristo que han dado testimonio de Cristo y se han opuesto al anticristo».
Fuente original: John Gill, Exposition of the Bible, comentario de Apocalipsis 11:3.
Gill sostiene que los dos testigos no deben identificarse necesariamente con dos individuos que aparecerán en el futuro, porque relaciona los 1.260 días de su ministerio con un período histórico más extenso. Desde esta perspectiva, considera que representan una sucesión de creyentes, ministros e iglesias que preservaron el testimonio del Evangelio durante tiempos de oposición y persecución religiosa. También vincula esa resistencia con su interpretación del sistema papal como una manifestación histórica del poder anticristiano.
La explicación de Gill constituye un ejemplo importante de la interpretación historicista protestante, aunque existen diferencias con quienes consideran que los dos testigos serán personas concretas que ejercerán un ministerio profético futuro. El propio texto describe sus características y actividades, pero no proporciona nombres personales que permitan resolver directamente todas las preguntas acerca de su identidad.
Entre quienes sostienen una interpretación literal también existen propuestas acerca de su posible identidad, incluyendo asociaciones con personajes del Antiguo Testamento, pero debemos recordar que el pasaje no proporciona expresamente sus nombres.
Por eso, no sería correcto afirmar categóricamente que los dos testigos son Moisés y Elías, Enoc y Elías, o cualquier otra combinación de personajes, cuando la Escritura no establece directamente esa identificación.
Ahora bien, el texto relaciona a los testigos con dos olivos y dos candeleros, imágenes que poseen antecedentes importantes en Zacarías 4, donde encontramos una visión relacionada con la obra de Dios y con la necesidad de depender de su Espíritu.
Esta conexión nos ayuda a comprender que el testimonio de los dos testigos no debe interpretarse como una manifestación de poder humano independiente, sino dentro del propósito de Dios y de la autoridad que Él concede.
La visión también describe oposición, sufrimiento y finalmente la muerte de los testigos, pero posteriormente presenta su vindicación mediante una intervención extraordinaria de Dios.
Esto comunica una enseñanza fundamental: la oposición humana no puede frustrar definitivamente aquello que Dios ha determinado cumplir, aun cuando sus siervos atraviesen períodos de persecución y aparente derrota.
Ahora bien, debemos distinguir el testimonio de estos personajes de nuestra propia experiencia cotidiana, porque el pasaje contiene elementos proféticos específicos que no podemos trasladar automáticamente a cualquier ministerio cristiano.
Sin embargo, sí encontramos una aplicación legítima acerca de la perseverancia y la responsabilidad de proclamar la verdad, especialmente cuando hacerlo puede producir rechazo.
Hermanos, nosotros no hemos sido llamados a modificar el Evangelio para conseguir aceptación, pero tampoco debemos confundir la fidelidad con una actitud arrogante o agresiva, porque el testimonio cristiano debe permanecer unido a la verdad, el amor y la santidad.
También debemos reconocer que el sufrimiento de los siervos de Dios no demuestra que el Señor los haya abandonado, porque las Escrituras presentan numerosos ejemplos de personas fieles que experimentaron oposición mientras cumplían su responsabilidad.
Y aunque no podamos identificar con certeza todos los detalles relacionados con los dos testigos, podemos reconocer que su historia comunica la importancia del testimonio, la perseverancia y la victoria final de Dios sobre los poderes que se oponen a su voluntad.
Después de esta sección, el relato anuncia que el segundo ay ha pasado y que el tercero viene pronto, preparando así nuestra atención para la séptima trompeta.
X. LA SÉPTIMA TROMPETA: EL REINO DE CRISTO Y LA MANIFESTACIÓN DE SU VICTORIA (APOCALIPSIS 11:15-19)
Cuando finalmente suena la séptima trompeta, encontramos una escena diferente de las anteriores, porque en lugar de describir inmediatamente otra plaga semejante a las primeras seis, Juan escucha grandes voces en el cielo proclamando la autoridad del Señor y de su Cristo.
Apocalipsis 11:15 declara: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”
Esta declaración constituye uno de los momentos más importantes de toda la sección, porque nos recuerda que el propósito definitivo de Dios no consiste simplemente en manifestar su juicio contra la maldad, sino en establecer plenamente su reino y vindicar su justicia.
Observemos que la proclamación celestial dirige nuestra atención nuevamente hacia Jesucristo, el mismo Cordero que encontramos al comienzo de los siete sellos, cuya autoridad permanece en el centro de toda la revelación.
Después de escuchar esta declaración, Juan contempla a los veinticuatro ancianos adorando a Dios y reconociendo su poder, mientras anuncian acontecimientos relacionados con el juicio, la recompensa de sus siervos y la destrucción de quienes destruyen la tierra.
Esta escena nos recuerda que la justicia divina incluye tanto la condenación del mal como la vindicación de quienes pertenecen al Señor, y que ninguna injusticia permanecerá definitivamente fuera de su juicio.
Ahora bien, existen diferentes interpretaciones acerca de la relación de esta séptima trompeta con las visiones que aparecen posteriormente en Apocalipsis, incluyendo la manera en que debemos comprender los ciclos de juicio y la consumación final del reino.
Por eso, no debemos afirmar que todos los acontecimientos mencionados en el capítulo 11 ocurren necesariamente en un único instante cronológico, ni intentar calcular mediante esta visión una fecha para el regreso de Jesucristo.
Lo que sí podemos enseñar con confianza es que la séptima trompeta presenta una proclamación extraordinaria de la autoridad divina, la certeza del juicio y la victoria del Señor sobre toda oposición.
Finalmente, Juan contempla abierto el templo de Dios en el cielo y aparece el arca de su pacto, seguida de manifestaciones solemnes que completan esta sección de la visión.
Ahora bien, cuando pensamos en la promesa del reino de Cristo, debemos recordar que nuestra esperanza no está fundamentada en que los sistemas humanos finalmente conseguirán establecer una sociedad perfecta mediante sus propias capacidades, sino en la fidelidad del Señor que cumplirá todas sus promesas.
Los gobiernos pueden realizar acciones beneficiosas y los seres humanos tenemos responsabilidades legítimas hacia nuestras comunidades, pero ninguna institución terrenal puede eliminar definitivamente el pecado ni ofrecer la salvación que Jesucristo consiguió mediante su muerte y resurrección.
Por eso, mientras esperamos el cumplimiento de las promesas de Dios, nuestra responsabilidad consiste en vivir conforme a su voluntad, anunciar el Evangelio y permanecer fieles aun cuando el mundo atraviese circunstancias difíciles.
Hermanos, la séptima trompeta nos recuerda que el mal no tendrá la última palabra, porque Jesucristo reina y su propósito finalmente será cumplido.
XI. ¿QUÉ NOS ENSEÑAN LAS SIETE TROMPETAS SOBRE LA JUSTICIA Y LA PACIENCIA DE DIOS?
Después de examinar las siete trompetas necesitamos detenernos para considerar el mensaje espiritual de toda esta sección, porque sería un error terminar nuestro estudio creyendo que solamente hemos aprendido acerca de fenómenos extraordinarios, criaturas aterradoras y acontecimientos difíciles de comprender.
En primer lugar, las trompetas nos recuerdan la santidad de Dios y la gravedad del pecado, porque la revelación presenta escenas de juicio que deben llevarnos a reconocer que la maldad no puede permanecer eternamente sin respuesta.
En segundo lugar, las limitaciones que aparecen en diferentes escenas nos muestran que los acontecimientos descritos no deben interpretarse como manifestaciones de poderes independientes que actúan sin ninguna restricción, porque toda la revelación continúa desarrollándose bajo la soberanía divina.
En tercer lugar, encontramos un llamado al arrepentimiento que resulta especialmente evidente después de la sexta trompeta, cuando el texto declara que muchas personas continúan practicando sus pecados aun después de experimentar acontecimientos terribles.
Esto nos recuerda que el problema del hombre no puede resolverse solamente mediante el temor al sufrimiento, porque necesitamos una transformación espiritual que comienza cuando reconocemos nuestra condición pecaminosa y nos volvemos a Jesucristo mediante la fe.
Ahora bien, también debemos comprender que la paciencia de Dios no significa que Él apruebe nuestra desobediencia, sino que su misericordia nos llama a responder mientras todavía tenemos oportunidad.
En ocasiones confundimos el hecho de que no enfrentamos consecuencias inmediatas con una supuesta aprobación divina de nuestras decisiones, pero la Escritura nos enseña que debemos examinar nuestra conducta conforme a su Palabra y no solamente según las circunstancias que nos rodean.
En cuarto lugar, las visiones relacionadas con el librito y los dos testigos nos recuerdan la responsabilidad de anunciar fielmente la verdad, aun cuando el mensaje resulte incómodo para quienes prefieren continuar viviendo conforme a sus propios deseos.
Y finalmente, la séptima trompeta nos dirige hacia la victoria del Señor, recordándonos que nuestra esperanza no descansa en la capacidad humana para controlar todos los acontecimientos, sino en Jesucristo, quien reina y cumplirá el propósito eterno del Padre.
Hermanos, podemos estudiar durante muchos años las profecías y conocer diferentes explicaciones acerca de cada símbolo, pero si aquel conocimiento no produce humildad, santidad, perseverancia y una mayor confianza en nuestro Salvador, necesitamos examinar qué estamos haciendo con la Palabra de Dios.
No hemos sido llamados a convertir la escatología en una competencia para descubrir quién conoce más secretos acerca del futuro, sino a estudiar humildemente lo que Dios ha revelado y vivir preparados para encontrarnos con Él.
CONCLUSIÓN: LAS TROMPETAS NOS LLAMAN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Al concluir este estudio podemos reconocer que las siete trompetas presentan una serie de visiones relacionadas con el juicio divino, comenzando con acontecimientos que afectan diferentes elementos de la creación y continuando con escenas de tormento, destrucción, oposición espiritual y finalmente la proclamación celestial del reino de nuestro Señor Jesucristo.
Aunque existen diferencias acerca de la naturaleza exacta de estas visiones y del momento de su cumplimiento, el mensaje central permanece firme: Dios es santo, el pecado tiene consecuencias, las oraciones de sus hijos no pasan inadvertidas delante de Él y Jesucristo manifestará plenamente su victoria. Estas verdades deben fortalecer nuestra fe y movernos a vivir conforme a su Palabra.
Pero hay una enseñanza que no debemos pasar por alto, y es que las trompetas también nos confrontan con la dureza del corazón humano, porque después de contemplar grandes calamidades encontramos personas que continúan resistiéndose al arrepentimiento.
Y aquí debemos hacernos una pregunta muy personal: ¿Qué tendría que suceder para que nosotros reconozcamos aquello que Dios ya nos ha mostrado mediante su Palabra?
¿Necesitamos experimentar una crisis para abandonar una conducta que sabemos que está mal? ¿Debemos enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones antes de reconocer nuestra responsabilidad? ¿O estamos dispuestos a escuchar hoy la voz del Señor y responder con humildad?
El propósito de esta enseñanza no consiste en producir un temor que nos paralice, sino en recordarnos la necesidad de permanecer espiritualmente despiertos, examinando nuestra vida y confiando plenamente en Jesucristo.
No sabemos todos los detalles de cuanto sucederá mañana, ni necesitamos inventarlos para demostrar que creemos en las profecías, porque nuestra esperanza no depende de descubrir fechas ni de identificar países o gobernantes dentro de cada visión.
Nuestra esperanza descansa en Jesucristo, el Cordero que fue inmolado, que resucitó y que tiene autoridad sobre toda la creación.
Las siete trompetas nos recuerdan que el juicio de Dios es una realidad solemne, pero también que mientras tenemos oportunidad debemos escuchar su Palabra, abandonar el pecado y volvernos sinceramente a Jesucristo.
LLAMADO AL ARREPENTIMIENTO Y A LA FIDELIDAD
Hermanos, al terminar este estudio debemos examinar nuestro corazón delante del Señor, porque conocer las trompetas del Apocalipsis no puede sustituir una relación verdadera con Jesucristo, así como tampoco puede reemplazar la obediencia que debemos mostrar en nuestra vida cotidiana.
Si todavía no hemos reconocido nuestra condición de pecadores, necesitamos comprender que ninguna obra religiosa puede salvarnos y que solamente mediante la muerte y resurrección de Jesucristo podemos recibir perdón y reconciliación con Dios.
Y si ya pertenecemos al Señor, entonces vivamos como personas que verdaderamente esperan el cumplimiento de sus promesas, procurando la santidad, cultivando una vida de oración y mostrando compasión hacia quienes atraviesan dificultades.
No utilicemos las profecías para alimentar discusiones inútiles ni para despertar temor mediante especulaciones, sino para fortalecer nuestra fe y recordar que debemos permanecer preparados en todo momento.
Que Dios nos conceda sabiduría para comprender las Escrituras, humildad para reconocer aquello que todavía no sabemos y un corazón dispuesto a obedecer su voluntad.
Y cuando contemplemos las imágenes solemnes de los juicios, recordemos también la esperanza que anuncia la séptima trompeta: el reino pertenece al Señor, Jesucristo ha vencido y su propósito finalmente será cumplido.
PREGUNTAS FRECUENTES SOBRE LAS SIETE TROMPETAS DEL APOCALIPSIS
¿Qué significan las siete trompetas del Apocalipsis?
Las siete trompetas introducen una serie de visiones relacionadas con el juicio de Dios, incluyendo acontecimientos que afectan la tierra, el mar, las aguas dulces, los astros y la humanidad, antes de culminar con la proclamación de la autoridad y el reino de Jesucristo.
¿Las siete trompetas suceden después de los siete sellos?
Juan presenta las trompetas después de la apertura del séptimo sello. Sin embargo, existen diferentes interpretaciones acerca de si todos estos ciclos describen acontecimientos consecutivos o si algunas visiones presentan aspectos relacionados desde distintas perspectivas.
¿Qué representa la estrella llamada Ajenjo?
En la tercera trompeta, la estrella Ajenjo aparece relacionada con el envenenamiento o amargura de las aguas y con la muerte de muchas personas. El pasaje no identifica expresamente la estrella con una sustancia moderna, un arma o un acontecimiento histórico determinado.
¿Qué son las langostas de la quinta trompeta?
Son figuras extraordinarias que aparecen en una visión relacionada con el abismo y con un tormento limitado. Muchos intérpretes consideran que representan fuerzas espirituales malignas, aunque debemos evitar identificarlas con tecnologías modernas o especies naturales específicas sin fundamento bíblico suficiente.
¿Quiénes son los dos testigos de Apocalipsis 11?
Las Escrituras presentan a dos testigos que profetizan, enfrentan oposición y posteriormente son vindicados por Dios. Algunos intérpretes los comprenden como personas concretas y otros como una representación simbólica del testimonio del pueblo de Dios, pero el pasaje no proporciona expresamente sus nombres.
¿Qué sucede cuando suena la séptima trompeta?
En Apocalipsis 11:15-19 aparecen proclamaciones celestiales acerca del reino de Dios y de su Cristo, junto con declaraciones relacionadas con el juicio, la recompensa de los siervos del Señor y la manifestación de su autoridad.
¿Podemos establecer fechas para el cumplimiento de las trompetas?
No. El texto no proporciona una fecha que nos autorice a construir un calendario definitivo de su cumplimiento. Nuestra responsabilidad es examinar las Escrituras cuidadosamente, evitar las especulaciones y permanecer preparados mediante la fe, el arrepentimiento y la obediencia a Jesucristo.
© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.






