Escuchar antes de hablar

Pastor Jose R. Hernandez

Escuchar antes de hablar

Mensaje cristiano basado en Proverbios 18:13-17 que nos enseña la importancia de escuchar antes de hablar, y juzgar, comprobar la información que recibimos, y evitar que nuestras palabras se conviertan en instrumentos de injusticia. Examinaremos cómo el discernimiento bíblico debe gobernar nuestras conversaciones, nuestras decisiones y aquello que compartimos con otras personas, especialmente en un mundo donde los rumores y las acusaciones pueden propagarse rápidamente.

Introducción

Una gran realidad que estamos viendo suceder en nuestros días, es que vivimos en un mundo donde las personas reciben constantemente grandes cantidades de información, pero lamentablemente no todas toman el tiempo necesario para comprobar si aquello que están escuchando es verdadero.

Esto es algo que podemos ver claramente en las redes sociales, donde una noticia, una acusación, o simplemente un comentario publicado por una persona puede propagarse rápidamente, sin que nadie se detenga a examinar si existen pruebas que confirmen lo que se está diciendo.

Y esto no es algo que solamente sucede entre las personas que no conocen a Dios, sino que también puede suceder entre cristianos que, sin darse cuenta, comienzan a repetir información que nunca han comprobado. En ocasiones escuchamos algo negativo acerca de otra persona, y en vez de procurar conocer la verdad, inmediatamente aceptamos lo que se nos ha dicho. El resultado es que podemos terminar participando en una injusticia, perjudicando la reputación de alguien, y causando divisiones que pudieron haberse evitado si simplemente hubiésemos actuado con prudencia.

Pero cuando examinamos las Escrituras encontramos que Dios nos ha dejado instrucciones muy claras acerca de la responsabilidad que tenemos de escuchar, examinar, y actuar con sabiduría antes de emitir nuestros juicios. Esto es algo que queda bien reflejado en Proverbios 18:13, donde leemos: «Al que responde palabra antes de oír, Le es fatuidad y oprobio.»

Las preguntas que debemos hacernos son: ¿estamos verdaderamente interesados en conocer la verdad, o solamente estamos dispuestos a aceptar aquello que confirma nuestras opiniones? ¿Estamos utilizando nuestras palabras para edificar, o estamos contribuyendo a perjudicar a otras personas? Para contestar estas preguntas examinaremos tres principios que encontramos en la palabra de Dios.

I. Tenemos que aprender a escuchar antes de emitir nuestros juicios

Texto bíblico: “Al que responde palabra antes de oír, Le es fatuidad y oprobio.” Proverbios 18:13.

Fatuidad: 1. Presunción o vanidad infundada y ridícula. 2. a. Falta de razón o de entendimiento.
Sinónimos y afinesfatuería b. Dicho o hecho necio. (Diccionario de la Real Academia Española)

a) La precipitación puede conducirnos a cometer injusticias.

Cuando examinamos nuestro texto bíblico encontramos que el proverbio presenta una advertencia contra la persona que responde antes de haber escuchado. No se trata simplemente de alguien que interrumpe una conversación, sino de una conducta que refleja falta de prudencia y discernimiento, porque la persona está llegando a una conclusión sin haber obtenido la información necesaria para hacerlo correctamente.

Y esto es algo que sucede con bastante frecuencia cuando escuchamos rumores o acusaciones acerca de otras personas. Podemos sentirnos tentados a emitir inmediatamente nuestra opinión, especialmente cuando aquello que hemos escuchado parece confirmar alguna sospecha que ya teníamos. Pero una gran realidad es que nuestras sospechas no constituyen pruebas, y nuestras opiniones personales nunca deben ocupar el lugar que le corresponde a la verdad.

b) Escuchar correctamente exige humildad y paciencia.

En ocasiones pensamos que conocemos todos los detalles acerca de determinada situación, cuando en realidad solamente hemos escuchado una pequeña parte de lo sucedido. Es precisamente por esto que debemos desarrollar la humildad necesaria para reconocer que podemos estar equivocados, y que antes de hablar tenemos la responsabilidad de procurar un mejor entendimiento de los hechos.

El propósito del proverbio no es enseñarnos que nunca debemos expresar nuestras opiniones, sino advertirnos acerca del peligro de hablar precipitadamente, especialmente cuando nuestras palabras pueden afectar la vida de otras personas.

Aplicación: Antes de reaccionar a una noticia, acusación, o comentario, debemos preguntarnos si verdaderamente conocemos los hechos. Una respuesta prudente puede evitar un conflicto que después resulte extremadamente difícil de corregir.

II. Tenemos que procurar conocer la verdad antes de tomar una decisión

Texto bíblico: “El corazón del entendido adquiere sabiduría; Y el oído de los sabios busca la ciencia. 16 La dádiva del hombre le ensancha el camino Y le lleva delante de los grandes. 17 Justo parece el primero que aboga por su causa; Pero viene su adversario, y le descubre.” Proverbios 18:15-17.

a) La sabiduría nos conduce a buscar conocimiento.

En Proverbios 18:15 encontramos que el corazón del entendido procura adquirir sabiduría, y que el oído de los sabios busca conocimiento. Aquí encontramos una diferencia importante entre la persona que desea comprender correctamente una situación, y aquella que solamente está interesada en encontrar argumentos para defender lo que ya ha decidido creer.

Como cristianos fieles, nosotros no podemos permitir que nuestras preferencias personales determinen aquello que consideramos verdadero. Tenemos que aprender a examinar la información que recibimos, y cuando no tenemos suficientes elementos para llegar a una conclusión, lo correcto es reconocerlo en vez de comenzar a hablar acerca de cosas que todavía desconocemos.

b) Una historia puede parecer convincente hasta que escuchamos la otra parte.

Esto es algo que queda claramente reflejado en Proverbios 18:17, donde leemos: «Justo parece el primero que aboga por su causa; Pero viene su adversario, y le descubre.»

El principio que encontramos aquí es extremadamente importante, porque nos recuerda que una versión de los acontecimientos puede parecer completamente correcta, hasta que conocemos información adicional que nos permite examinar la situación de una manera diferente.

Esto no significa que debemos desconfiar automáticamente de toda persona que presenta una queja, ni mucho menos que debemos considerar falsas las denuncias de quienes han sufrido una injusticia. Lo que significa es que tenemos la responsabilidad de actuar con discernimiento, escuchar cuidadosamente, y procurar establecer los hechos mediante información confiable.

c) La verdad tiene que estar por encima de nuestras simpatías personales.

Resulta muy fácil defender a una persona que apreciamos, o aceptar una acusación contra alguien con quien anteriormente hemos tenido algún desacuerdo. Pero cuando actuamos de esta manera corremos el peligro de permitir que nuestras emociones gobiernen nuestras decisiones, y esto puede conducirnos a cometer injusticias contra personas que no las merecen.

Aplicación: No debemos compartir acusaciones simplemente porque provienen de alguien en quien confiamos. Nuestra responsabilidad es procurar la verdad, actuar con imparcialidad, y evitar que nuestros prejuicios determinen nuestras conclusiones.

III. Tenemos que utilizar nuestras palabras con responsabilidad delante de Dios

Texto bíblico: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.” Efesios 4:25

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;” Santiago 1:19.

a) Nuestra responsabilidad no termina cuando recibimos información.

Una de las cosas que debemos reconocer es que no solamente somos responsables de aquello que decimos personalmente, sino también de la información que decidimos transmitir a otras personas. Y esto es algo que adquiere especial importancia cuando utilizamos las redes sociales, porque compartir una publicación puede contribuir a propagar una acusación falsa, aunque nosotros no hayamos sido quienes la escribieron originalmente.

En Efesios 4:25, el apóstol Pablo enseña que debemos desechar la mentira y hablar verdad con nuestro prójimo. Esto significa que nuestra responsabilidad como cristianos no consiste simplemente en evitar inventar mentiras, sino también en procurar que nuestra manera de comunicarnos refleje sinceridad y respeto por la verdad.

b) No todo aquello que podemos decir debemos decirlo inmediatamente.

En Santiago 1:19 encontramos una exhortación a ser prontos para oír y tardos para hablar. Aunque el contexto de esta enseñanza está relacionado con la conducta que debemos mantener delante de la palabra de Dios, el principio de escuchar cuidadosamente y controlar nuestras reacciones también nos ayuda a comprender la importancia de actuar con prudencia en nuestras conversaciones.

Podemos recibir información que resulte verdadera, pero que no nos corresponde divulgar indiscriminadamente. La verdad no debe convertirse en una excusa para humillar, perjudicar, o exponer innecesariamente la vida privada de otras personas.

c) Nuestras palabras deben reflejar nuestro compromiso con Jesucristo.

La realidad es que nuestras conversaciones revelan mucho acerca de nuestra condición espiritual. Una persona puede afirmar que ama la verdad, pero si continuamente participa en rumores, propaga acusaciones que no ha comprobado, o utiliza sus palabras para destruir la reputación de otros, entonces tiene que examinar cuidadosamente si su conducta está reflejando las enseñanzas de Jesucristo.

Como cristianos, estamos llamados a vivir de una manera diferente. Esto no significa guardar silencio frente al pecado o la injusticia, sino aprender a confrontar las situaciones con verdad, prudencia, y responsabilidad, procurando siempre que nuestras palabras estén gobernadas por los principios de las Escrituras.

Aplicación: Antes de compartir una publicación o repetir una acusación, debemos examinar si tenemos razones suficientes para considerarla verdadera, si realmente es necesario divulgarla, y si al hacerlo estamos actuando conforme a la palabra de Dios.

Conclusión

Hoy hemos aprendido que actuar con sabiduría requiere mucho más que tener una opinión acerca de las cosas que escuchamos. Hemos visto que las Escrituras nos advierten acerca del peligro de responder antes de conocer los hechos, nos enseñan la importancia de procurar la verdad, y nos recuerdan que nuestras palabras pueden producir consecuencias que no debemos tomar ligeramente.

Y esto es algo que todos necesitamos aplicar a nuestro diario vivir, porque las oportunidades de cometer estos errores se presentan constantemente. Podemos hacerlo durante una conversación familiar, cuando escuchamos algún comentario acerca de un hermano en la fe, o cuando encontramos una publicación en internet que provoca una reacción inmediata en nosotros. Pero independientemente de cuál sea la situación, tenemos que recordar que nuestra responsabilidad delante de Dios no desaparece simplemente porque otras personas también estén repitiendo la misma información.

Así que antes de hablar, antes de juzgar, y especialmente antes de compartir algo que pueda afectar la reputación o la vida de otra persona, tenemos que procurar conocer la verdad. No permitamos que nuestras emociones, nuestros prejuicios, o la presión de los demás nos conduzcan a actuar injustamente, porque nuestra manera de hablar tiene que reflejar la transformación que Jesucristo está produciendo en nuestra vida.

Recordemos siempre que la prudencia nos ayuda a guardar silencio cuando todavía no conocemos los hechos, pero nuestro compromiso con la verdad también nos exige hablar correctamente cuando es necesario hacerlo.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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