Duro puede ser el camino

Ricardo Hernandez

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Duro puede ser el camino, pero dulce el caminar

Predicas Cristianas

Prédica de Hoy: Duro puede ser el camino, pero dulce el caminar

Introducción

Con los adelantos tecnológicos y científicos muchas cosa se han mejorado en el mundo, pero hay cosas que todavía no se ha podido eliminar.

La enfermedad, la pobreza, los desastres naturales, etc, siguen atribulándonos, siguen siendo la aflicción en el mundo. Es decir que todavía está vigente la palabra de Jesús que nos dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33, y dice Isaías que por donde se mire al mundo se verá tiniebla de tribulación, Isaías 5:30.

Cuando Dios hizo juicio contra la desobediencia de Adán y Eva, sentenció también al mundo diciéndole: “Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo” Génesis 3:17-18.

De manera que la tierra también quedó sujeta a maldición, y Pablo explica esto diciendo:

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” Romanos 8:22-23

Jesús nos quiso decir que la aflicción proviene del mundo, no es que el mundo sea nuestro enemigo, sino que el mundo sufre aflicción con nosotros.

Leamos la Palabra de Dios

Isaías 41:10-11 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo”.

La enfermedad

La enfermedad es una fuente de aflicción, aflicción que seguramente todos sufrimos alguna vez, y si alguien es sano y no sufre alguna enfermedad, seguramente verá esta aflicción en los suyos, o en la gente que le rodea sin que poder hacer mucho por ayudar.

Tengamos claro que la enfermedad no viene como castigo, o a causa de males que hacen los brujos y hechiceros. Sino por procesos naturales como contagios, infecciones, etc, o la misma edad.

Jeremías estaba enfermo y sin nadie que le ayude, pero reacciona:

“¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy dolorosa. Pero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla” Jeremías 10:19.

Es decir que no se puso a clamar a Dios que le quite la enfermedad, sino asumió su realidad y se resignó a sufrirla. Y si todos pudiéramos comprender nuestras aflicciones de esa manera, nos seríamos más valientes y tendríamos mayor capacidad para enfrentar las cosas que nos pasan.

El aburrimiento es una aflicción

Aunque no lo crean, el aburrimiento es una aflicción que está congelando el espíritu de muchos cristianos, y en la humanidad se está profundizando el aburrimiento llevando a muchos a hacer cosas impensadas y trágicas.

“hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte. Aun en la risa tendrá dolor el corazón; Y el término de la alegría es congoja. De sus caminos será hastiado el necio de corazón; Pero el hombre de bien estará contento del suyo” Proverbios 14:12-14

Muchas personas sonríen ante los demás, pero pueden estar profundamente entristecidas, “como diente roto y pie descoyuntado Es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia. El que canta canciones al corazón afligido Es como el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón echa vinagre” Proverbios 25:19-20. En ellos, las palabras de consuelo y consejo no hacen nada pues está aburrido de su vida.

Cosas que afligen este mundo

Hay muchos otras cosas que afligen este mundo como los accidentes, los desastres naturales, la delincuencia, el terrorismo, y la pobreza sin esperanza. Y muchos dicen que hay que luchar, y por supuesto que hay que seguir esa lucha.

Pero también hay que aprender a convivir con las aflicciones, porque Jesús ya nos dijo que en el mundo tendremos aflicción. Entonces no debemos hacernos la ilusión de una vida sin aflicciones en este mundo engañándonos a nosotros mismo, sino tomar la enseñanza que nos anima a ser buenos soldados de Jesucristo, “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” 2 Timoteo 2:3.

Hubo un hombre enviado por Dios, se llamaba Juan, y vino para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él, y Juan les decía:

“Yo soy la voz que clama en el desierto: Enderecen el camino del Señor”, y su nacimiento marcó el inicio del cumplimiento de las promesas divinas. Pero para que éstas lleguen a nosotros “es preciso que él crezca y que yo disminuya”.

Como decía Juan, es dejar que Cristo ocupe el lugar de nuestro “yo”, es hacer una realidad lo que Pablo escribió: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”.

El desierto

El desierto significa que tenemos que hacer espacios de silencio en nuestro interior para escuchar esa voz que clama. Y también que debemos desprendernos de las cosas materiales que nos distraen para poder concentrarnos en lo fundamental, en lo verdaderamente importante, pues el mensaje de esta voz es: “Preparad los caminos del Señor”.

Es preparar el alma para la venida que está próxima. Preparar los caminos del Señor significa abandonar el pecado y acercarnos a la gracia. Significa aprender a ser humildes, es dejar entrar al Señor en nuestro corazón y que Él sea quien gobierne nuestra existencia. Significa estar con el corazón atento para poder escuchar a Dios que quiere hablarnos.

Cuando viajamos nos preguntamos: “¿Falta mucho? ¿Ya llegamos?” Esto es porque ansiamos alcanzar la meta, y como cristianos esa meta que deberíamos esperar con ansias es nuestro encuentro con aquél que nos está preparando una morada eterna en la presencia del Padre. Este es el que debe despertar en nosotros, con espíritu de entrega, para ver llegar a Jesucristo a nuestras vidas y al mundo.

Cristo viene a nosotros

Cristo viene a nosotros a cada instante en nuestro vivir diario, pero la nuestra es muchas veces una espera desviada en direcciones equivocadas. Y es por eso que debemos tener presente el ejemplo de Juan dedicando su vida a “preparar el camino del Señor” con una entrega y servicio humilde que todos deberíamos imitar.

Hagamos un examen de conciencia para ver si realmente deseamos con ansias llegar a nuestra meta final. Pidámosle al Señor que despierte o renueve en nosotros el deseo de conocerle a fondo, de seguirle fielmente, y de servirle humildemente.

Nos generemos momentos para estar a solas con Él, en medio del ruido de lo material o pasajero. Despertemos realmente en nuestro corazón el deseo de ser de Cristo y de esperarlo sin manchas y sin arrugas cuando llegue el día de Su segunda y gloriosa venida. Pero también en esa venida intermedia que ocurre en nuestras vidas diarias.

Vencer

El Señor nos dice: “Confiad, yo he vencido”. Pero vencer no significa poner fin a las aflicciones, sino permanecer fiel. Significa creer que viviremos sin aflicciones es engañarnos a nosotros mismo. Jesús lo dijo: “Tendréis aflicción”, y si nos quedan dudas dice:

“Os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre” Mateo 24:9.

Entonces no podemos pensar en una vida cristiana, en el mundo en que vivimos, sin aflicción, significa que no seremos amados por la gente no cristiana, sino despreciados.

Esa gente no nos deseará nuestro progreso ni bienestar. Sino buscarán hacernos bajar los brazos y apartarnos del camino de las bendiciones. Pero necesitamos mantenernos en la fe y fieles al Señor, sin importarnos las circunstancias que tengamos que pasar..

Necesitamos consagrarnos más, ofreciéndonos en sacrificio vivo como nos pide Romanos 12:1. Necesitamos decirle: Señor, “Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Los de corazón apocado, esforzaos” Isaías 35:3.

Cuando uno ve la aflicción gobernando el mundo dejemos de preguntar ¿qué esperanza hay?, para darnos cuenta que la esperanza está en nosotros mismos, en que fortalezcamos nuestra fe. Entendiendo que el secreto para sobrevivir en las aflicciones está en confiar en ti mismo, en que eres seguidor de Cristo y que permanecerás fiel hasta el fin como Él lo va a hacer.

Conclusión

Solo el Señor puede hacer dulce nuestro caminar, solo Él puede darnos las fuerzas, el aliento, y el consuelo de saber que en cada paso que damos, aunque sea equivocado, el Señor está buscándonos para hacernos sentir su presencia y amor.

Puede ser duro el camino, pero con Cristo es dulce el caminar. Pueden ser fuertes las circunstancias que debamos atravesar, pero enorme es la recompensa.

Puede que estemos en el principio del camino, en el medio, o quizás al final. Pero lo importante es saber esperar preparados, con el corazón humilde y entregado sabiendo que el Señor nunca nos abandonará ya que solo Él sabe el fin de nuestro caminar.

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Autor

Ricardo Hernandez

Soy Ricardo Hernández, un apasionado estudiante de la Palabra que busca inspirar a otros a renovar su mente en Cristo. En un mundo que nos impulsa a conformarnos a sus valores, siento el llamado de guiar a mis hermanos y hermanas a una transformación profunda, basada en la verdad de Dios.

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