Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Predica de Hoy: La sanidad divina: la voluntad de Dios para tu salud según la Biblia
Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Marcos 16:14-18
Introducción
Para saber lo que Dios piensa de la enfermedad debemos ir a su Palabra, sabiendo que “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” Santiago 1:17.
Y así como Dios se reveló a Moisés como el que es, y Jehová significa: El que es, el que era, y el que ha de venir, Dios no ha cambiado, es el eterno presente, Dios siempre ha sido y será el mismo y su actitud frente a la enfermedad sigue siendo la misma en este tiempo en que vivimos.
Dios no ha cambiado, El siempre ha sido y será el mismo, un Dios bueno y misericordioso que siempre está dando buenas cosas a sus hijos: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Mateo 7:11, y Jesús, para que a pesar de todo lo que nos pudiera suceder entendamos Su Soberanía, nos dijo que oremos así: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” Mateo 6:10.
Además, pensemos que si Jesús nos dijo que oremos así y Apocalipsis 21:4 nos dice que “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor”, y puesto que el dolor y la muerte son consecuencias de la enfermedad, si la voluntad de Dios es que no haya enfermedades en el Cielo, Su voluntad es que no haya enfermedades tampoco en la tierra.
La sanidad divina – Desarrollo
Con estas premisas en mente, hablaremos un poco sobre la sanidad divina, y para esto leamos la Palabra de Dios en Marcos 16:14-18 “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
Para comenzar, quiero decirte que confíes en lo que dice la Biblia, y dejes que Dios mismo te diga por medio de Su Palabra, que Él es el Dios que te sana, ya que cuando “Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” Éxodo 15:25-26
En este pasaje, Dios se revela como “sanador”. Esta expresión proviene del hebreo “רָפָא” (rapha – Strong’s H7495), que significa sanar, restaurar y devolver a un estado completo. Esto nos muestra que la sanidad no es algo ajeno a la naturaleza de Dios, sino una manifestación directa de Su carácter.
En tu casa y en todo momento escudriña las Escrituras y veras de que Dios es misericordioso de verdad, “Y grande en misericordia para con todos los que te invocan” Salmo 86:5. Además de bondadoso, pues “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová” Jeremías 9:23-24 y muy compasivo, pues “Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia” Salmo 145:8.
Entonces, lo que debes hacer es desechar las dudas que puedas tener y abrir tu corazón para recibir la verdad acerca del Padre, ya que es lo único que podrá hacerte verdaderamente libre, Salmo 89:1-28, libre de la enfermedad, libre de la escasez, y en general, libre de todo aquello que no proviene de Dios.
Mira, cuando Adán pecó, le dio el dominio a Satanás a través del pecado, y esto trajo la enfermedad y la muerte al mundo, pero Dios nos compró por la sangre de Jesucristo:
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” Hebreos 10:19-22, y al aceptar la obra que Jesús hizo por nosotros en la cruz, somos hechos libres, “Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra” Mateo 18:16.
Y tenemos testigos como Isaías que nos dicen que: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” Isaías 53:4-5.
Tenemos también a Mateo, que hablando de Jesús testifica que: “cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” Mateo 8:16-17, y nos está allí declarando que Jesús tomó nuestras enfermedades en su cuerpo, y si están en el suyo, no pueden estar en el tuyo, ¡¡entonces glorifica a Jesús por su obra!!.
Y también Pedro da su testimonio diciendo: “Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” 1 Pedro 2:24; entonces, de estos pasajes podemos concluir que la obra de Cristo fue doble, perdonó nuestros pecados y sanó nuestras enfermedades.
Ahora…., antes de que puedas empezar a recibir la sanidad y el poder liberador de Dios, tienes que tener la respuesta a esas preguntas que te haces sobre si será o no verdad que el Señor puede sanarte, a fin de tener claro ese asunto de una vez por todas y que el Señor sea glorificado en ti.
Y si tienes alguna sospecha de que Dios es la fuente de tus problemas, o has permitido que alguien te siembre dudas al respecto, entonces no podrás creer que Él pueda liberarte de tus dificultades, y además, estarás paralizando su obra de fe porque creerás que si evitas esas dificultades estarás oponiéndote a la voluntad de Dios como hacen aquellos que flagelan su cuerpo pensando que esto agrada a Dios.
Para que pueda recibir todos los beneficios que Dios desea darte, debes estar de acuerdo con que Él es un Dios bueno, debes creer que la voluntad de Dios para ti es la salud, y no la enfermedad; la prosperidad, y no la pobreza; la felicidad, y no la tristeza, y este debe ser tu pensamiento durante todo el tiempo.
El Salmo 103 prueba que eso es cierto, pero si no es suficiente para convencerte, no tienes más que preguntarle directamente a Él, pues “Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” Jeremías 33:2-3.
Hemos visto muchos adelantos médicos sorprendentes en este tiempo, y por allí también se publicitan algunas “drogas o tratamientos milagrosos” que pueden detener muchas clases de enfermedades y dolencias, pero hay una medicina mucho más eficaz: la Palabra de Dios, y nunca ha habido algo que la pueda igualar ya que la medicina de Dios es la respuesta a toda necesidad, es la única medicina integral para el hombre; la Palabra de Dios es vida, es salud, es el poder mismo de Dios, y si la pones en su corazón y la pones en práctica, ella te sanará.
A veces la gente pregunta: Si la medicina de Dios da resultado siempre, ¿por qué hay tantos creyentes que están todavía enfermos? Hay dos razones para esto, primero porque no se toman el tiempo para leer y sembrar la Palabra profundamente en su corazón, ya que “el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó” Mateo 13:3-6
Segundo, porque no hacen lo que la Palabra les dice que hagan, es decir, son desobedientes a los mandatos del Señor, por lo tanto: “Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas” 1 Reyes 2:3.
El Señor nos dice: “Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo” Proverbios 4:20-22
Nos dice que las Palabras de Dios son vida y salud para nosotros, por lo tanto, no esperemos hasta que nos enfermemos para comenzar a usarlas y empecemos hoy mismo a poner la Palabra de Dios en nuestro corazón en abundancia, y esa Palabra trabajará constantemente dentro nuestro para mantener el poder sanador de Dios en acción; y no se preocupe pues no hay límite a la cantidad de la medicina de Dios que puede tomar, no hay peligro de una sobredosis, sino que mientras más tome, más fuerte será.
Cuando la Palabra de Dios entra en tu corazón, en el espíritu se produce la fe automáticamente, y si bien desde el punto de vista intelectual no podemos explicar la forma, y alguien puede decir: No entiendo, déjenme decirles que Dios no nos pide que entendamos Su Palabra, sino simplemente que la creamos, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” Romanos 10:17 y no tienes que tratar de entenderla, solamente cree, pues “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” Marcos 9:23.

Jesús también se encontró con esta resistencia y con la incredulidad que algunas veces imposibilitó su ministerio de sanidad:
“Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando” Marcos 6:5-6
Y si las tradiciones religiosas te han privado de la bondad de Dios, si te han enseñado que Él permite dificultades en la vida para enseñarte algo, empieza hoy a deshacerte de esas tradiciones y reemplázalas con la verdad, pues así “Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” Mateo 15:6.
¡La voluntad de Dios es sanarte!, así lo dice su Palabra, y si no lo crees, entonces usted no puede orar creyendo que recibirá en fe su sanidad, su prosperidad, ni su libertad.
Marcos nos enseña que: “estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” Marcos 16:17-18.
Conclusión
Dios dijo que se sanarán, y Él nunca miente, y si dijo que se sanarán, entonces eso significa que la sanidad siempre viene, y no es Dios quien la retiene, sino los que no la reciben; yo voy a imponer las manos sobre las personas y a creer que van a ser sanadas, y se vayan sanas o no, yo solo permanezco en la fe por ellas, y sé que si esa persona, que se va enferma, llega a poner su fe en Dios y conforme a mi oración, sin importar el tiempo que pase, se sanará.
Y si alguien no recibió la sanidad hoy, no retire su fe para que no se corte el poder de Dios, permanezca firme y siga creyendo que la sanidad siempre viene, y quizá más adelante esa persona decida estar firme y ponerse de acuerdo con Dios.
© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.









Aleluya aleluya aleluya pastor Coria como siempre sus predicas llenas de fuego Santo que consume todo pecado todo lo malo que hay en nuestros corazones estamos muy felices por qué Dios lo puso en nuestro camino somos muchos los que sus predicas nos han transformado siga así