La luz del mundo

Ricardo Hernandez

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Predicas Cristianas.. Descubriendo a Dios

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: La luz del mundo: Descubriendo a Dios

Introducción

En estos días tan difíciles que pasa la humanidad sería bueno que reflexionemos en la vida que estamos llevando y en lo que Dios quiere de nosotros. Debemos tener la certeza de que estamos realmente haciendo lo correcto ante sus ojos, no sea que todo lo que nos toca pasar es a consecuencia de no escuchar su voz, y hacer su perfecta voluntad.

Sería bueno ponernos a pensar sobre nuestras acciones, y buscar la comunión con el Señor en la intimidad. Buscar la comunión para confesarle esas faltas que hemos cometido, logrando así respuestas a las muchas preguntas que le hacemos a Dios en medio de nuestras crisis y problemas, para terminar siempre diciendo: Señor, ¿qué quieres de mí?.

Si pensamos un poco en las maravillas del Señor y aprendemos a orar conforme a la voluntad de Dios, veremos que es la experiencia más agradable y hermosa que podamos imaginar.

Hablar con un Dios tan puro y bueno, sabiendo además que te escucha y responde con amor. Y a partir de ahí comenzar cada día a leer la Palabra con nuevos ojos, como si nos hubiesen quitado una venda que ahora me permite leer, comprender, y estar con Jesús.

Leamos la Palabra de Dios

1 Juan 1:4-10Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

La palabra de Dios

Cuando podemos leer con entendimiento, descubriendo lo que realmente es la oración. Y la Palabra de Dios que nos hace entender que el Señor camina a nuestro lado.

Inevitablemente nos sentiremos atraídos, ya que nuestra alma anhela estar con Dios, y pasar ratos juntos. Será que Dios nos está pidiendo una fe verdadera, que le entreguemos nuestra confianza, todo lo que tenemos y lo que somos, para que Él pueda obrar libremente en nuestra vida.

A llegado el momento de despertar

A llegado el momento de despertar a nuestra propias realidad. Es tiempo de despertar del largo sueño terrenal que hemos venido teniendo. Es el momento de resucitar, de salir del sepulcro, y comenzar a vivir realmente una vida cristiana. Pero esto no es para mañana, sino para hoy mismo, para este instante.

Entonces, despójate de las obras de las tinieblas que te han venido haciendo dormir. Revístete con la luz del amanecer en Cristo. Despierta, tú que duermes, y Cristo te iluminará. El eterno Dios te llenará de su luz de gloria. Comienza ahora mismo a caminar en la presencia de Dios, del Dios de la Vida, del Dios del Amor.

Somos peregrinos en la tierra

Sabemos que en la tierra somos peregrinos. Nuestra estadía aquí en la tierra es temporal, pues nuestra verdadera tierra es el cielo, lo eterno. Allí tenemos morada, porque “en la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” Juan 14:2.

Entonces, ¿para qué apartarnos de Dios para estar lleno de cosas, si mañana tendremos que proseguir nuestro viaje? Ese pasaje por la tierra es una etapa gloriosa, porque somos representantes de lo eterno de Dios. somos embajadores de Dios para nuestros semejantes, quienes esperan de nosotros grandes mensajes a través de nuestro testimonio de vida, a través de nuestra forma de ser, actuar, y relacionarnos.

Nuestra cabeza

Entendamos que si bien nuestros pies están en esta tierra, nuestra cabeza debemos mantenerla en las alturas de Dios. Por lo que debemos interesarnos por las cosas terrestres, pero conservar la consciencia por encima de todos los intereses terrestres.

No haciendo de este mundo nuestro reino, trabajando en la tierra para el Señor. Pero viviendo en la libertad de los hijos de Dios, gozándonos de ser embajadores y mensajeros de Dios en este mundo sometido bajo el poder del diablo.

Trabaja con alegría, dedicación y entusiasmo por todas las cosas terrestres. Pero no te identifiques con ninguna de ellas. recuerda que  eres mayor que todas las obras que haces.

No te esclavices en las cosas del mundo, pues tus obras son tuyas, pero tú no eres de ellas. Tú eres el soberano de tus trabajos y sus cosas. Pero debes mantener plena libertad sobre ellos, ya que ellos se quedarán en esta tierra, pero tú seguirás más allá, rumbo a Dios.

No te esclavices

No te esclavices de ninguna cosa. Nadie puede amar aquello de lo que es esclavo. Recuerda que estamos aquí en la tierra para servir al Señor. Pero para servirle con entusiasmo y amor, porque este es nuestro cielo en la tierra y una de las moradas por donde debemos pasar, sabiendo que el Señor nos dice:

Vosotros sois la luz del mundoMateo 5:14

Dios es luz, es la luz que llena de vida espiritual pues “en Él no hay tinieblas”. Y sus discípulos también son la luz del mundo. Esa es una invitación, un desafío que hace el Señor a los discípulos de Cristo para llevar esa luz a la humanidad.

El hombre que ha recibido a Cristo como Señor y Salvador personal no está separado de Dios, quien sigue dándole la responsabilidad de sus actos conscientes y libres, de manera que si el hombre es bueno, no es Dios el que es bueno en él, sino él mismo; y si el hombre es pecador, no es Dios el que es malo en él, sino el propio hombre, así que quien comete pecado es el hombre mismo.

La luz del mundo

Dijo el Señor: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielosMateo 5:14-16.

El hombre que realmente ha entregado su corazón a Cristo no debe ocultarse sino brillar en el candelabro para que el mundo entero vea esa luz y en esa dirección oriente su vida.

El ego del hombre común es el que debe desaparecer, y el Cristo que habita en su interior debe brillar en la oscuridad del mundo para sacarlos del pecado; de nada le sirve al Señor el contacto del cristiano con la sociedad y el mundo si no presenta esa luz para sacarles de las tinieblas.

En su relación con Dios el hombre es solitario

En su relación con Dios el hombre es solitario pues nadie lo puede acompañar a esas alturas. Nadie podrá jamás saber lo que pasó entre un alma y Dios en las alturas espirituales, donde se produce ese encuentro entre Dios y el alma humana, fuera de las barreras del tiempo y del espacio.

El hombre que no tiene suficiente fidelidad con Dios no debe arriesgarse a batallar en su nombre, para hacerlo. Antes debe colocarse en lo alto del candelabro o en la cima del monte, y si no lo hace es preferible que se quede debajo del almud o en el fondo del valle, pues corre el riesgo de la ilusión de su posición sea obra del ego personal y no de la presencia del Espíritu Santo en su vida.

El diablo se ríe del hombre cuando el hombre afirma: “Yo hago esto, yo hago aquello, yo tengo esto o yo tengo aquello”.

Se ríe cuando el hombre piensa que es él, su ego personal, que hizo esto o aquello y no Dios porque significa que ya lo sacó del camino, y cuando tiene esa ilusión hay posibilidad de caída, ya que solamente cuando la totalidad de la ilusión ha cedido a la totalidad de la verdad de Cristo es que hay seguridad absoluta.

El ego

El ego hace que el hombre sea orgulloso y que desprecie a Dios con sus pensamientos y acciones. Ese orgullo hace que el hombre atribuya su espiritualidad al mérito propio. Ignorando que “todo don perfecto viene de arriba, del Padre de las luces”, y que nadie puede enorgullecerse de lo que es de Dios.

Aquel que atribuye a su ego humano cualquier obra espiritual está en un error, y este error genera orgullo y el orgullo prepara la caída. Pero quien comprendió que ningún hecho espiritual puede provenir de una causa material o mental, está en la verdad. Y la verdad lo liberará de cualquier ilusión y peligro de caída.

Cuando Jesús dice a sus discípulos que deben colocar su luz en el candelabro o en lo alto del monte, supone que esos hombres han pasado la etapa de la ilusión sobre sí mismos para madurar y tener claridad y certeza sobre la causa real de todos las cosas espirituales, “así brille vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

La pureza de corazón

La pureza de corazón nace del conocimiento de la verdad. Por lo que ningún hombre purificado por el conocimiento de la verdad se enorgullece de su espiritualidad. Pero si agradece humildemente a Dios por ese regalo. ¿Por qué? Porque sabe que no fue él, ni su ego el que produjo ese efecto, sino la gracia de Dios.

Ningún hombre purificado por el conocimiento de la verdad se siente ofendido por actos, palabras u opiniones injustas de los demás. ¿Por que no?

Porque sabe que esas ofensas alcanzan solamente a su yo humano, y sabe que ningún mal que otros le hagan le podrá hace mal.

Esa luz de la verdad que está en mí, debe ser colocada como una lámpara en lo alto de un monte, pues quien es redimido de su yo puede ayudar otros a que se rediman también, por eso debe hacer brillar su luz, porque esa luz es la luz de Dios que brilla a través del hombre, en el caso de que el hombre renuncie al opaco de su egoísmo y acepte la transparencia del amor de Cristo.

Conclusión

En general, para que el hombre pueda ser luz para la humanidad, es necesario que haya abandonado su ego para echar los cimientos inquebrantables de su edificación en Cristo.

Una vez que el hombre haya traspasado esa frontera interna de experiencia de Dios con él mismo, estará definitivamente inmune a las viejas enfermedades del hombre natural. Enfermedades como son la codicia, lujuria, orgullo, egoísmo, deseo de aplausos y admiración, expectativa de resultados palpables, o esperanza de premio.

El hombre que llegó al conocimiento de la verdad no corre más peligro de recaer en esas miserias. La verdad lo liberó de toda ilusión y esclavitud, para volverse libre y puro como la luz. Recordemos que ningún hombre puede ser por fuera hijo de Dios sin que sea por dentro, solo de Dios.

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Ricardo Hernandez
Autor

Ricardo Hernandez

Soy Ricardo Hernández, un apasionado estudiante de la Palabra que busca inspirar a otros a renovar su mente en Cristo. En un mundo que nos impulsa a conformarnos a sus valores, siento el llamado de guiar a mis hermanos y hermanas a una transformación profunda, basada en la verdad de Dios.

1 comentario en «La luz del mundo»

  1. Aleluya aleluya hermano Ricardo que predica tan poderosa tan inspirada como todas las que usted nos comparte por este sitio aleluya nos gozamos todo el pueblo Cristiano de acá Nayarit México siga así le animamos aleluya

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