Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Predica de Hoy: Ingresa al reposo en Cristo
Predicas Cristianas Lectura Bíblica: 1 Corintios 9:25-27
Introducción
Todos sabemos que un hijo tiene, obviamente, mucha más libertad que la que tiene un sirviente, y Moisés era un siervo, pero Jesús era el Hijo; Moisés sacó al pueblo de Egipto y lo llevo a Canaan, que era el símbolo del reposo de Dios.
El descanso que Dios quiere que aprendamos a disfrutar en lo profundo de nuestros corazones, el descanso que significa vivir en medio de las bendiciones de Dios, ya que:
“poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” 1 Corintios 9:8
Podríamos decir que Moisés vino a ser símbolo del reposo, pero Jesús es el lugar de reposo mismo: “Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” Hebreos 4:10.
En este pasaje, la Escritura utiliza el término “reposo”, que proviene del griego katápausis (κατάπαυσις, Strong’s G2663), el cual describe un descanso completo, un cese de esfuerzo propio. Esto nos revela que entrar en el reposo de Dios no es inactividad, sino dejar de depender de nuestras propias obras para comenzar a vivir por fe en la obra perfecta de Cristo.
¿Que nos quiere decir el Señor con esto? Pues, que si hemos aprendido a dejar de depender de nosotros y de nuestros esfuerzos, también hemos aprendido a entrar en su reposo, porque comenzamos a depender de otro, comenzamos a depender de la obra que Dios ha hecho en nosotros. Fue por eso por lo que perdieron Adán y Eva el huerto del Edén, y eso es lo que ha perdido la humanidad y el principal motivo del desorden mundial, cuando aprendemos a descansar en Dios, obtenemos paz y calma, sin que las circunstancias nos afecten, confiando, y haciendo las cosas por amor a Cristo.
Ingresa al reposo en Cristo- Desarrollo
Leamos la Palabra de Dios en 1 Corintios 9:25-27 “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”.

El problema de los cristiano es que muchas veces ponen demasiada confianza en sí mismo, y se olvidan que no es con nuestras fuerzas que vencemos sino en las de Dios:
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” Efesios 6:12
Entonces: “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” Hebreos 4:1-2.
Cuando analizamos estos pasajes nos encontramos con dos peligros inminentes, el dejar de perseverar perdiendo la esperanza de entrar en el reposo de Dios, situación que se tiene demasiada frecuencia en el pueblo cristiano; y por otro lado, la falta de fidelidad en la que caen aquellos a quienes el mundo busca para arrastrarlos a los hábitos y prácticas del “viejo hombre” que abandonamos al recibir a Cristo como Señor y Salvador, con el fin de hacernos perder el camino recorrido.
Los israelitas al salir de Egipto recibieron la promesa de entrar en la tierra prometida, pero la primera generación no la alcanzó a disfrutar a causa de su incredulidad y rebeldía; nosotros por la obra de Jesucristo, tenemos la promesa de las bendiciones presentes y futuras, hasta Su presencia eterna. ¿Podremos disfrutarlas?
Por supuesto que sí, siempre y cuando seamos fieles y nos mantengamos firmes, sin caer en la actitud de Israel en el desierto a quienes “no les aprovechó el oír la palabra”, porque no iban acompañada de fe por parte de los que oyeron; cuando a un creyente se reviste de la fe en las promesas del Señor, éstas se cumplen, pues la fe es quien asegura que entraremos y conquistaremos la tierra de las bendiciones.
Muchos ya están en camino de las bendiciones al aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador, y ya están disfrutando sus bendiciones por tener la nueva ciudadanía; otros todavía no lo han hecho, aunque seguramente llegarán; y hay una parte también que rechazarán las buenas nuevas; pero nosotros no podemos repetir la historia y ser rebeldes porque cometeríamos el mismo error del pueblo de Israel en el desierto, a quienes tenían la promesa, pero no entraron por causa de la desobediencia.
Hay algo que es necesario recordar siempre cuando nos referimos a la vida cristiana: Quien gana la carrera no es aquél que comienza primero o con mayor ímpetu, sino quien permanece firme hasta el final, así llegue último.
Es común ver cristianos que comienzan con mucho ímpetu, pero cuando se encuentran con los problemas y circunstancias en su camino, se quedan rezagados, y es allí donde el Señor espera que luchemos en Sus fuerzas y no con las nuestras para que permanezcamos firmes.
El cristiano que se somete a la ley de las obras da vueltas en el desierto, y finalmente muere en ese desierto, y el desierto es la vida cristiana vivida en la carne, como un sistema de obras, de rituales externos, sin esperanza de avanzar a la conquista de las promesas, hacia una plenitud de vida en Cristo.
Es la vida no crucificada en la cual el cristiano sólo piensa en calmar su hambre y su sed, y si alguna vez mira a lo lejos, no hacia Canaán, sino hacia Egipto; y aún así, la fidelidad de Dios se manifiesta cada día, el calzado no se gasta y el vestido no envejece, pues finalmente es un hijo de Dios, y como tal, disfruta de sus misericordias, sin embargo, no conoce la plenitud de la vida cristiana, lamentablemente, confunde la misericordia de Dios con la buena voluntad de Dios.
El cristiano crece en el mundo, aunque es un escogido de Dios, y si todavía no conoce su poder liberador, es un esclavo que la corriente del mundo atrapa y abruma con sus exigencias; para cada una de las demandas, hay un esfuerzo que realizar y las fuerzas le faltan, pero aunque él no lo sabe, Dios ha escuchado su clamor y ya ha preparado su liberación.
Dios dignificó a su pueblo ante los ojos de Egipto, Dios ha enjoyado a sus hijos, y salen no como esclavos que escapan de su amo, sino como príncipes que van a adorar a su Dios al desierto, pero muchos cristianos terminan su vida sin ver las bendiciones porque piensan que Canaán es el cielo y se consuelan pensando en bendiciones futura, y esto sucede porque no saben que las bendiciones son para disfrutarlas hoy.
Dos clases de personas entraron en Canaán, los menores de 60 años, cuya mayoría habían nacido en el desierto; representan a los que se vuelven niños para entrar en el reino, pues: “si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” Mateo 18:3, y también a los jóvenes fuertes: “porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” 1 Juan 2:14, que no se conforman con los rituales y se atreven a avanzar hacia un futuro mejor, dejando el desierto atrás.
La otra clase de personas son los vencedores mayores, los que soportaron 40 años en el desierto, son los sobrevivientes al sistema del mundo, los pocos que vencen en medio de la mediocridad de la cristiandad, y que aunque no tengan metas claras, se mantienen fuertes como el primer día, porque son hombres de fe, son aquellos que dicen: “Cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar” Josué 14:11.

Al pasar el Jordán están las bendiciones que esperan a los vencedores, y la mayor bendición es Cristo, Cristo para ser disfrutado, cada metro de esa tierra prometida nos espera para que pongamos sobre ella nuestro pie, pues:
“Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; ……… será vuestro territorio. Nadie se sostendrá delante de vosotros; miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre toda la tierra que pisareis, como él os ha dicho” Deuteronomio11:24-25
Y no digas que lo conoces pues es un terreno que no has explorado todavía, sus riquezas son incalculables.
Cada fuente de bendición, cada flor que marca un fruto, cada árbol que da fruto es una bendición nueva que el Señor nos pone por delante; con razón, el salmista decía: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado” Salmo 16:5-6, ya que en el Señor “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” Colosenses 2:3; Cristo es la buena tierra que esconde tesoros.
Israel no conquisto toda la tierra que Dios le dio por dejadez o por cobardía, ¿y tú, que piensas hacer? ¿Te vas a perder de tomar esa tierra, las maravillosas bendiciones del Señor? Cada promesa, cada metro de esa tierra esconde algún tesoro que te está esperando, pero recuerda que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” 2 Timoteo 1:7.
La noche de la liberación, el bordón estaba en la mano de todo israelita, la masa sin levadura que sobró del pan, está envuelta para llevarla; ahora hay que marchar, Egipto debe quedar atrás pues la tierra de las bendiciones les espera; y hoy tenemos la Palabra y nuestra fe multiplicándose como levadura en nuestro corazón, hoy comenzamos a marchar hacia las bendiciones, hoy es el día en que el Señor nos ha llenado de joyas para que marchemos hacia las bendiciones que nos tiene preparadas.
Conclusión
Las bendiciones no están a la vista, para que no las pisoteen los cerdos, están escondidas, pero no tanto como para que tú no las puedas hallar, solo debes pedírselas al Padre; más que el Edén de Adán, más que el Canaán de Israel es Cristo la tierra de bendición para aquellos que amamos a Dios; así que, ¡Adelante, cristianos! ¡A conquistar la Tierra!, y disfrutar del Señor.
En Cristo, está el reposo, está el reposo de sus enemigos ha sido destruidos, es también el reposo de las obras de la carne que quedan atrás, y ahora entramos al gobierno del Espíritu; en Cristo está la plenitud y la riqueza; en Cristo, sólo en Él está la perfección y todo es deleite; en Cristo somos hallados perfectos.
¡Nada menos que eso ha preparado Dios para los que le aman!, no te conformes con menos, buscar a Cristo y verás sus bendiciones.
© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.







