Ana, la Madre de Samuel

Ricardo Hernandez

Updated on:

Ana, la Madre de Samuel

Estudios Bíblicos

Estudio Bíblico de Hoy: Ana, la Madre de Samuel

Texto Bíblico Principal: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.” 1 Samuel 1:27-28

Tema: Perseverancia, Fe y Devoción en el Ejemplo de Ana

Introducción

La historia de Ana, la madre de Samuel, es una de las narrativas más conmovedoras de las Escrituras. En ella, encontramos a una mujer común enfrentando una realidad dolorosa: la infertilidad, el desprecio de quienes la rodeaban y un profundo anhelo por el cumplimiento de las promesas de Dios.

Pero más allá de su sufrimiento, Ana nos deja una lección eterna de fe, entrega y adoración. Su vida no es solo un ejemplo para las mujeres; es una inspiración para todo aquel que busca acercarse a Dios con un corazón sincero.

Ana vivió en un tiempo donde la fertilidad era vista como una señal del favor divino y la infertilidad, como una maldición. Sin embargo, en lugar de rendirse al desánimo, Ana tomó su dolor y lo transformó en una oración ferviente, confiando en que Dios escucharía su clamor. Su historia, relatada en 1 Samuel 1 y 2, nos muestra cómo una vida de fe activa y obediente puede convertirse en un instrumento del plan redentor de Dios.

En este estudio bíblico, exploraremos las cualidades que hicieron de Ana un modelo de fe para todas las generaciones. Desde su persistencia en la oración hasta su disposición para entregar a Samuel al servicio del Señor, descubriremos verdades transformadoras que pueden guiarnos en nuestra relación con Dios y en nuestra misión personal.

Temas Principales del Estudio:

a. La fe de Ana en medio del sufrimiento.
b. La importancia de la oración ferviente y sincera.
c. La obediencia y la entrega como actos de adoración.
d. El impacto de una vida dedicada a Dios en las generaciones futuras.

Tomemos un momento para reflexionar: ¿Cómo enfrentamos nuestro tiempos de espera y desafío? Ana nos muestra que no se trata solo de esperar, sino de esperar con fe, confianza y un corazón dispuesto a obedecer.

Hermanos, tomemos nuestra Biblia, abramos nuestros corazones y permitamos que el testimonio de Ana nos inspire a vivir con una fe inquebrantable. Que su historia no solo sea un relato para aprender, sino un llamado a ser hombres y mujeres que confían en el poder y la fidelidad de Dios.

I. La Fe que Persevera en Medio de la Aflicción

La historia de Ana comienza con un escenario de profundo sufrimiento. En 1 Samuel 1:2-7, aprendemos que Ana enfrentaba una situación desgarradora: era estéril en una sociedad donde la maternidad se veía como una señal de favor divino. Además, su rival, Penina, la provocaba constantemente, haciendo aún más dolorosa su carga.

A pesar de las circunstancias, Ana no permitió que la desesperación definiera su vida. Su respuesta, llena de fe y perseverancia, nos enseña a recurrir a Dios en los momentos más oscuros, confiando en Su poder y Su plan perfecto.

Como mencionamos anteriormente, en 1 Samuel 1:2-7 se nos presenta a Ana, una mujer que enfrentaba la esterilidad en una cultura donde la maternidad era vista como una señal de favor divino. Este contexto no solo implicaba un desafío personal, sino también una presión social inmensa. En esta narrativa, vemos cómo su dolor se acentúa por las circunstancias familiares, particularmente debido a la presencia de Penina, la otra esposa de Elcana.

Penina, quien tenía hijos, no dudaba en aprovechar su posición para menospreciar a Ana. Su provocación constante, llena de palabras hirientes, buscaba herir profundamente a Ana, intensificando su sufrimiento: “Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos” (1 Samuel 1:6). Este tipo de menosprecio no solo afectaba el ánimo de Ana, sino que la enfrentaba a una lucha interna entre la desesperación y la fe.

En este contexto de dolor y humillación, Ana toma una decisión que marcaría el curso de su vida: en lugar de ceder al resentimiento, eligió recurrir a Dios con una oración sincera y ferviente. Este acto de fe nos enseña que, incluso en nuestras circunstancias más difíciles, siempre podemos hallar consuelo en la presencia de Dios.

a. El Dolor de la Espera y la Oración como Respuesta

La infertilidad de Ana representaba mucho más que un desafío físico. En una sociedad donde la maternidad era un símbolo de bendición divina, su situación era percibida como una señal de desaprobación de Dios. A esto se sumaba el peso emocional del desprecio de Penina, que la provocaba constantemente.

Aunque Ana contaba con el apoyo y amor de su esposo, Elcana, quien trataba de consolarla con estas palabras: “Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?” (1 Samuel 1:8), su angustia era demasiado profunda para ser aliviada por el consuelo humano.

En lugar de rendirse a la desesperación, Ana encontró refugio en la oración. En 1 Samuel 1:10 leemos: “Ella, con amargura de alma, oró a Jehová y lloró abundantemente.” Esta escena en el templo nos revela una lección poderosa: cuando llevamos nuestras cargas a Dios con honestidad, encontramos en Él un lugar seguro donde derramar nuestras emociones. Como afirma el Salmo 34:17: “Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias.”

El clamor de Ana no fue una simple súplica; fue una oración transformadora que reflejaba su confianza en la soberanía de Dios.

b. La Súplica que Transforma

En su oración, Ana hizo un voto al Señor, mostrando no solo su anhelo de ser madre, sino también su disposición a consagrar esa bendición al servicio de Dios. En 1 Samuel 1:11 encontramos estas palabras: “Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieras a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida.”

La referencia a “Jehová de los ejércitos” es significativa. Este título subraya que Ana reconoce a Dios como el soberano todopoderoso que gobierna sobre todas las cosas, incluido su dolor. Además, el contenido de su oración revela una fe profunda: Ana no pide solo para satisfacer un deseo personal, sino para glorificar a Dios con aquello que Él le concediera.

En Filipenses 4:6-7, Pablo describe esta misma actitud de entrega y confianza: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

La respuesta de Ana a su tiempo de oración muestra que su fe iba más allá de las palabras; su confianza en Dios le permitió experimentar una paz que sobrepasaba cualquier circunstancia.

c. La Paz que Sobrepasa Todo Entendimiento

Después de presentar su clamor a Dios, algo transformador sucedió en el corazón de Ana. Aunque no recibió una respuesta inmediata, la Escritura describe un cambio notable en su actitud: “Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste” (1 Samuel 1:18).

Este momento es una poderosa enseñanza sobre la naturaleza de la paz que Dios ofrece. Ana no experimentó este consuelo porque su situación había cambiado, sino porque había dejado su carga en manos del Señor. Su confianza en el carácter fiel de Dios le permitió descansar, sabiendo que Él actuaría en Su tiempo perfecto.

Jesús mismo promete esta paz en Juan 14:27: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Este tipo de paz no depende de las circunstancias, sino de la relación con un Dios que es fiel y poderoso.

Esta paz, nacida de la fe y la confianza en Dios, marcó el inicio de un proceso en el que Ana no solo recibiría una respuesta a su clamor, sino que también impactaría a las generaciones futuras a través de su fidelidad al Señor.

Aplicación Practica

Orar con Honestidad y Fe: Como Ana, podemos llevar nuestras cargas al Señor, confiando en que Él escucha y responde a nuestras oraciones según Su voluntad. Hebreos 4:16 nos anima: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

Aceptar el Tiempo de Dios: La paciencia de Ana nos recuerda que los retrasos de Dios no son denegaciones. En Eclesiastés 3:11 leemos: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo.”

Depositar la Carga en Dios: La paz que Ana experimentó después de orar es una promesa para nosotros también. En 1 Pedro 5:7 se nos dice: “Echad toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.”

Ana nos deja una poderosa lección sobre la oración ferviente y la confianza total en Dios. Su historia nos muestra que no solo debemos acercarnos a Dios con nuestras cargas, sino también confiar en que Su voluntad es perfecta, incluso cuando no entendemos Su plan inmediato.

Su súplica en 1 Samuel 1:11 no fue solo un deseo personal; fue un acto de entrega y fe que refleja un corazón dispuesto a honrar a Dios en todo.

Sin embargo, la historia de Ana no termina en su oración. Su ejemplo nos invita a explorar cómo ella vivió después de recibir la respuesta divina, destacando cómo cumplió su voto y cómo su fidelidad impactó a las generaciones futuras. Esto nos lleva al próximo aspecto clave de su vida: la importancia de cumplir nuestras promesas al Señor y vivir una vida de adoración constante.

II. Cumpliendo el Voto: La Fidelidad de Ana al Señor

La historia de Ana no solo es conmovedora por su ferviente oración y fe inquebrantable, sino también por su fidelidad al cumplir el voto que hizo al Señor. Cuando Dios respondió a su clamor y le concedió un hijo, Ana demostró un carácter íntegro y obediente al entregar a Samuel al servicio de Dios, tal como había prometido. Este acto de entrega no solo honró al Señor, sino que también marcó un legado espiritual que impactaría a las generaciones futuras.

a. El Cumplimiento del Voto: La Entrega de Samuel

Cuando Samuel nació, Ana no olvidó la promesa que hizo en su oración. En lugar de aferrarse al hijo que tanto deseaba, mostró una fe y gratitud extraordinarias al entregarlo al Señor. En 1 Samuel 1:27-28, Ana declara con firmeza y alegría: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.”

La entrega de Samuel no fue un acto simbólico ni superficial. Ana esperó hasta que el niño fue destetado, un momento que simbolizaba que estaba listo para ser dedicado al servicio del Señor. En 1 Samuel 1:24 leemos: “Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, una efa de harina y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño.”

Este acto de obediencia no fue sencillo. Como madre, Ana debió experimentar un sacrificio profundo al separar a su hijo amado, especialmente después de años de oración y espera. Sin embargo, su prioridad no era retener lo que había recibido, sino glorificar al Dios que le había concedido la bendición. En este gesto vemos una lección poderosa: la verdadera gratitud se expresa en acciones que honran a Dios.

Ana no solo cumplió su voto con fidelidad, sino que también respondió a esta bendición con una actitud de adoración genuina y continua.

b. La Adoración y Gratitud de Ana

El cumplimiento del voto de Ana estuvo marcado por un espíritu de adoración y gratitud. En lugar de lamentarse por la separación de su hijo, Ana elevó un cántico de alabanza que reflejaba su confianza en la fidelidad y soberanía de Dios. Este cántico, conocido como “El Cántico de Ana”, se encuentra en 1 Samuel 2:1-10 y es uno de los pasajes más hermosos de alabanza en las Escrituras.

Ana comienza su cántico con una declaración de regocijo: “Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación.” (1 Samuel 2:1). Este versículo muestra que su gozo no estaba centrado únicamente en la bendición de tener un hijo, sino en el Dios que la había escuchado y respondido.

El cántico de Ana no solo expresa gratitud; también exalta atributos clave de Dios:

Su santidad y singularidad: “No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay roca como nuestro Dios.” (1 Samuel 2:2).

Su justicia y soberanía: “Jehová empobrece, y Él enriquece; abate, y enaltece.” (1 Samuel 2:7).

Su poder para transformar vidas: “Él levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes.” (1 Samuel 2:8).

Este cántico de alabanza es considerado un precursor del Magnificat de María (Lucas 1:46-55), lo que subraya la relevancia continua del espíritu de adoración de Ana en la historia de la redención. Ana nos enseña que la gratitud hacia Dios no solo se expresa con palabras, sino con un corazón que exalta Su grandeza y vive para Su gloria.

A través de su obediencia y adoración, Ana no solo honró a Dios, sino que también estableció un legado espiritual que impactaría la vida de Samuel y la historia de Israel.

c. El Legado de Ana: Impacto en las Generaciones Futuras

La fidelidad de Ana no solo benefició su relación personal con Dios, sino que también tuvo un impacto profundo en la vida de Samuel y en la historia de Israel. Samuel creció en la presencia del Señor, convirtiéndose en uno de los líderes espirituales más influyentes del Antiguo Testamento. Como juez, profeta y sacerdote, su vida marcó una transición crucial en la historia de Israel, guiando al pueblo desde la época de los jueces hasta el establecimiento de la monarquía.

El legado de Ana no se limita a su hijo. Su ejemplo sigue inspirando a creyentes de todas las generaciones a vivir con una fe activa, una gratitud sincera y una disposición para obedecer a Dios, incluso cuando esto implica sacrificios personales.

Aplicación Práctica:

Modelar la fe para las generaciones futuras: Ana nos enseña que nuestras acciones de obediencia y fe pueden influir en quienes nos rodean y en las generaciones que vienen detrás de nosotros.

Honrar nuestras promesas al Señor: Cuando hacemos votos o compromisos ante Dios, debemos cumplirlos con integridad y gratitud, recordando que Él es digno de todo lo que le ofrecemos.

El ejemplo de Ana nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras acciones actuales pueden impactar a los demás y glorificar a Dios. En la siguiente sección, exploraremos las cualidades que hicieron de Ana un modelo de fe, obediencia y adoración para todo creyente.

III. El Modelo de Fe y Obediencia de Ana

La vida de Ana es un testimonio inquebrantable de fe activa, obediencia sincera, y gratitud constante hacia Dios. Estas cualidades no solo marcaron su experiencia personal, sino que también nos ofrecen lecciones prácticas sobre cómo enfrentar nuestras propias pruebas con confianza y devoción.

a. Fe Activa y Perseverante

Desde su primera oración hasta el cumplimiento de su voto, Ana demostró una fe que no se limitó a esperar pasivamente, sino que actuó con confianza en la fidelidad de Dios. En su súplica en 1 Samuel 1:11, Ana no solo expresó su deseo de ser madre, sino que entregó ese deseo a los propósitos de Dios, mostrando una disposición a glorificarle por encima de sus propios anhelos.

Este tipo de fe no es común; requiere una relación profunda con Dios y la certeza de que Él obra en favor de quienes le buscan. Hebreos 11:6 nos recuerda: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”

Ana nos enseña que la fe activa se manifiesta no solo en palabras, sino en acciones concretas que reflejan una confianza genuina en el Señor.

b. Obediencia como Respuesta a la Fidelidad de Dios

Cuando Dios respondió al clamor de Ana, su gratitud no quedó en palabras. Ana cumplió su promesa de entregar a Samuel al servicio del Señor, demostrando que su devoción no dependía de las circunstancias, sino de su compromiso con Dios. Su obediencia, descrita en 1 Samuel 1:27-28, no fue solo un acto externo, sino una expresión de su corazón entregado al Señor.

Esta lección es crucial: nuestra obediencia no debe ser condicionada por nuestras emociones o resultados inmediatos. En Juan 14:15, Jesús declaró: “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” Ana ejemplifica este principio, mostrando que la obediencia sincera es una respuesta natural al amor y la fidelidad de Dios.

c. Gratitud como Estilo de Vida

El cántico de Ana en 1 Samuel 2:1-10 no solo es una expresión de alabanza, sino también un recordatorio de que la gratitud debe formar parte de nuestra vida diaria. A través de este cántico, Ana exaltó a Dios por Su santidad, Su justicia, y Su poder para transformar las vidas de quienes le buscan.

La gratitud de Ana no fue circunstancial; fue una respuesta constante a la obra de Dios en su vida. Filipenses 4:6 nos exhorta: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” Este modelo de gratitud nos desafía a reflexionar sobre cómo respondemos a las bendiciones de Dios en nuestra vida.

Con estas cualidades de fe activa, obediencia sincera, y gratitud constante, Ana no solo honró a Dios, sino que también sentó las bases para un impacto duradero. Su ejemplo nos invita a preguntarnos:

  • ¿Nuestra fe se traduce en acciones que glorifican a Dios?
  • ¿Nuestra obediencia refleja un amor sincero y profundo hacia Él?
    ¿Vivimos con una gratitud que exalta a Dios en todas las circunstancias?

Estas virtudes transformaron la vida de Ana y se extendieron a través de Samuel, quien jugaría un papel clave en el liderazgo espiritual de Israel. En la siguiente sección, consideraremos cómo este legado de fe y obediencia marcó no solo a su hijo, sino también a la historia de su pueblo.

IV. El Legado de Ana: Impacto en Samuel y en el Pueblo de Israel

La historia de Ana no solo nos inspira por su fe personal y obediencia, sino también por el impacto que tuvo en su hijo Samuel y, a través de él, en la historia de Israel. Este legado no fue accidental; fue el resultado directo de su fidelidad a Dios y de su compromiso de criar a Samuel en el conocimiento y servicio del Señor.

a. Samuel: Un Hijo Criado en la Presencia de Dios

Ana entendió desde el principio que Samuel no era solo una respuesta a su oración, sino un instrumento en las manos de Dios. Al dedicarlo al servicio del Señor, Ana aseguró que su hijo creciera en un ambiente donde el conocimiento de Dios era la prioridad.

En 1 Samuel 2:18-19, vemos a Samuel sirviendo en el templo desde su niñez: “Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. Y su madre le hacía una túnica pequeña, y se la traía cada año.” Este detalle no solo muestra el amor y cuidado continuo de Ana, sino también su interés en que Samuel se mantuviera enfocado en su llamado divino.

La crianza de Samuel en el templo no fue un acto de abandono, sino una decisión intencional que lo preparó para ser el líder espiritual que Israel necesitaba. Proverbios 22:6 nos exhorta: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” Ana vivió esta verdad, asegurando que Samuel estuviera rodeado de influencias piadosas desde temprana edad.

b. Samuel: Un Líder Transformador

El impacto de Samuel en Israel es innegable. Como juez, profeta y sacerdote, jugó un papel crucial en la transición de Israel desde la época de los jueces hasta el establecimiento de la monarquía. Su liderazgo espiritual fue clave para guiar al pueblo de regreso a Dios en medio de la idolatría y el desorden.

En 1 Samuel 3:19-21 leemos cómo Dios estuvo con Samuel desde su juventud: “Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.” Este versículo destaca la fidelidad de Dios hacia Samuel, quien fue llamado para proclamar Su palabra y dirigir a Su pueblo con integridad.

La influencia de Ana en la vida de Samuel no debe subestimarse. Su ejemplo de fe y obediencia fue la base sobre la cual Samuel desarrolló su relación con Dios y su compromiso con el servicio.

c. El Impacto Generacional de Ana

El legado de Ana trasciende a Samuel y alcanza a todo Israel. A través de su fidelidad, Ana contribuyó al plan redentor de Dios para Su pueblo, demostrando cómo una vida dedicada al Señor puede tener un impacto duradero.

Ana nos recuerda que nuestra fe y obediencia no solo afectan nuestra vida personal, sino también a quienes nos rodean y a las generaciones futuras. En Deuteronomio 6:6-7, Dios instruye a los padres: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” Ana vivió este mandato, asegurando que su hijo estuviera arraigado en los caminos del Señor.

El impacto generacional de Ana también nos desafía a reflexionar sobre el legado que estamos dejando. ¿Estamos modelando una fe que inspire a otros a buscar a Dios? ¿Estamos sembrando semillas espirituales que producirán fruto en el futuro?

Ana no solo cambió su historia personal, sino que su obediencia y entrega se convirtieron en un faro de esperanza y transformación para todo su pueblo.

Conclusión

Ana, un Modelo de Fe, Obediencia y Legado Espiritual

La vida de Ana, tal como se nos presenta en 1 Samuel, es un ejemplo brillante de cómo la fe, la oración ferviente y la obediencia a Dios pueden transformar no solo nuestra vida, sino también el mundo que nos rodea. A través de su historia, hemos explorado varios aspectos clave que nos inspiran y desafían en nuestra propia caminata espiritual:

La Fe que Persevera en el Sufrimiento: Ana no permitió que su dolor definiera su vida. En lugar de rendirse a la desesperación, eligió buscar a Dios con un corazón honesto, confiando en Su fidelidad para cumplir Su propósito. Su paz, incluso antes de recibir una respuesta, es un testimonio de la confianza que podemos tener en el carácter de Dios.

La Fidelidad al Cumplir Nuestras Promesas: Cuando Dios respondió a su oración, Ana mostró un espíritu de gratitud y obediencia al entregar a Samuel al servicio del Señor. Este acto de entrega nos enseña que nuestras bendiciones deben ser devueltas a Dios como una forma de adoración y gratitud.

El Impacto Generacional de la Obediencia: El legado de Ana se reflejó en la vida de Samuel y en la transformación de todo Israel. Su historia nos recuerda que nuestras decisiones de fe y obediencia hoy pueden influir en generaciones futuras y contribuir al plan redentor de Dios.

Ana nos desafía a reflexionar sobre nuestra propia vida espiritual. ¿Estamos confiando en Dios en nuestros momentos de dificultad? ¿Cumplimos nuestras promesas al Señor con integridad y gratitud? ¿Estamos dejando un legado que inspire a otros a buscar a Dios?

Tal como Ana dedicó su mayor bendición al Señor, también nosotros estamos llamados a consagrar nuestras vidas y recursos a Su servicio. Romanos 12:1 nos exhorta: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

Oración Final

Señor, te damos gracias por la vida de Ana, una mujer cuya fe, obediencia y devoción siguen inspirándonos hoy. Ayúdanos a confiar en Ti en medio de nuestras pruebas, a cumplir nuestras promesas con fidelidad, y a dejar un legado que glorifique Tu nombre. Enséñanos a vivir con un corazón dispuesto a entregarlo todo a Ti, sabiendo que Tú eres digno de nuestra confianza y adoración. En el nombre de Jesús, amén.

© Ricardo Hernández. Todos los derechos reservados.

Predicas Bíblicas … Estudios Bíblicos

Ricardo Hernandez
Autor

Ricardo Hernandez

Soy Ricardo Hernández, un apasionado estudiante de la Palabra que busca inspirar a otros a renovar su mente en Cristo. En un mundo que nos impulsa a conformarnos a sus valores, siento el llamado de guiar a mis hermanos y hermanas a una transformación profunda, basada en la verdad de Dios.

Deja un comentario