Estudio bíblico basado en 1 Corintios 14:2: Este estudio bíblico sobre hablar en lenguas examina el propósito del don de lenguas, su manifestación en la Iglesia y las enseñanzas del apóstol Pablo acerca de los dones espirituales. Analizamos cómo deben ejercerse para la edificación de los creyentes, la importancia de la interpretación y el orden congregacional, y por qué hablar en lenguas no constituye un requisito para demostrar la salvación.
Estudios Bíblicos Lectura Bíblica: “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.” (1 Corintios 14:2, RVR1960).
Introducción
Ciertamente en muchos estudios bíblicos se busca aclarar y dar luces a ciertos temas que generan controversia dentro de la Iglesia de Cristo, y ese es el caso del presente estudio.
Hablar en lenguas, de acuerdo con la doctrina de algunas iglesias, es una muestra irrefutable e imprescindible de la verdadera vida cristiana, mientras que, según la doctrina de otras, tales manifestaciones no deben tener cabida dentro de la Iglesia de Cristo para la era moderna.
¿Qué dice la Palabra del Señor acerca del don de lenguas?
¿Acaso estas no son manifestaciones correspondientes a la Iglesia moderna? ¿El no hablar en lenguas me hace menos cristiano que los que sí lo hacen?
Primeramente, se debe descubrir mediante las Escrituras cuál es el verdadero propósito de hablar en lenguas, y lo primero de todo esto es buscar referencias bíblicas acerca de lo que se trata. Como primera referencia tenemos el pasaje en el libro de los Hechos:
Hechos 2:3-4: “y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”
Con esto se muestra que la venida del precioso Espíritu Santo sobre los creyentes les permitió hablar otras lenguas o idiomas, que según la manera en que se percibe el relato, no eran conocidos por quienes los hablaban; y si se lee más adelante, el siguiente versículo puede brindar más luz en el asunto:
Hechos 2:6: “Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.”
Respetando el contexto de la lectura, el don de lenguas fue manifestado en los creyentes para proclamar las maravillas y la gloria de Dios a personas de diversas nacionalidades que se encontraban reunidas en Jerusalén, cada una oyendo en su propia lengua nativa (Hechos 2:8-11).
Otro pasaje importante acerca del propósito del don de lenguas se encuentra en la primera carta a los Corintios, capítulo 14, como lo muestra el versículo base de este estudio al comienzo del artículo.
Si se tomara solamente el relato de Hechos 2 y se pensara que el único propósito del don de lenguas es el de poder proclamar las maravillas de Dios a quienes hablan idiomas que no conocemos, se llegaría a un dilema al estudiar 1 Corintios 14. Pero en lugar de eso podemos examinar cómo el apóstol Pablo trata el uso de este don dentro de la congregación, mientras que en los siguientes versículos da luces acerca de la edificación y la oración:
- 1 Corintios 14:4: “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.”
- 1 Corintios 14:14: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.”
Por la enseñanza inspirada del precioso Espíritu Santo, Pablo explica que quien habla en lengua extraña se edifica a sí mismo, y también menciona la oración en lengua desconocida. Estos pasajes pueden relacionarse con la oración personal del creyente, aunque el capítulo trata principalmente del uso de los dones en la congregación. Pero cuando lo llevamos al ámbito congregacional (entiéndase la Iglesia), el apóstol, mediante los versículos presentados a continuación, también hace constar que este don no sirve para la edificación de los demás si lo expresado no puede ser comprendido o interpretado por alguno de los hermanos que se encuentran presentes en el momento de la manifestación:
- 1 Corintios 14:9: “Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.”
- 1 Corintios 14:19: “pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.”
Además, en 1 Corintios 14:27-28, Pablo establece que cuando se hable en lengua dentro de la congregación, deben hacerlo dos o a lo más tres, por turno, y que uno interprete; pero si no hay intérprete, quien tiene el don debe callar en la iglesia y hablar para sí mismo y para Dios. Por lo tanto, el orden y la interpretación no son asuntos opcionales cuando este don se ejerce públicamente.
Entonces, de acuerdo con las Escrituras, si bien es cierto que el don de lenguas es presentado como un don del Espíritu Santo, este debe usarse con propósito y orden, para edificación de los hermanos y sin producir confusión entre los no creyentes. Podemos visualizar lo antes expresado citando la conclusión del capítulo:
1 Corintios 14:39-40: “Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden.”
La Palabra de Dios nos enseña que no debemos hacer declaraciones sin fundamento bíblico. En este estudio no encontramos que Pablo presente el hablar en lenguas como una prueba irrefutable e indispensable de la salvación de todo cristiano. Por el contrario, cuando el apóstol enumera los diferentes dones espirituales, explica que el Espíritu los reparte a cada uno en particular como Él quiere (1 Corintios 12:11), y más adelante pregunta:
1 Corintios 12:30: “¿Tienen todos dones de sanidad?, ¿hablan todos lenguas?, ¿interpretan todos?”
Estas preguntas forman parte de una enseñanza donde Pablo muestra que no todos los miembros del cuerpo de Cristo reciben los mismos dones. Por eso, no hablar en lenguas no hace que una persona sea menos cristiana ni constituye evidencia de que no tenga el Espíritu Santo, porque todos los verdaderos creyentes pertenecen a Cristo por la obra del Espíritu (Romanos 8:9; 1 Corintios 12:13).
Respecto a la vigencia de este don en la Iglesia moderna, debemos reconocer que existen diferencias de interpretación entre los cristianos evangélicos. Algunos entienden que los dones de lenguas y su interpretación continúan vigentes, mientras otros consideran que ciertas manifestaciones extraordinarias cumplieron una función particular durante el período apostólico. Ambas posiciones procuran fundamentarse en las Escrituras, aunque difieren en la interpretación de algunos pasajes, entre ellos 1 Corintios 13:8-12 y 1 Corintios 14:39-40.
Por esta razón, no es correcto afirmar que toda interpretación diferente carece de fundamento bíblico. Lo que debemos hacer es examinar los argumentos a la luz de toda la Palabra de Dios, sin imponer como requisito de salvación un don que el apóstol presenta como distribuido de manera diferente entre los creyentes.
Según el propio Señor Jesús, los que verdaderamente pertenecen a Dios deben manifestar frutos que correspondan a su profesión de fe. En su enseñanza acerca de los falsos profetas, declaró:
Mateo 7:16-18: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.”
En la carta a los Gálatas, el apóstol Pablo define más claramente el fruto del Espíritu que debe manifestarse en la vida del creyente:
Gálatas 5:22-23: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”
Podemos ver que cuando es descrito el fruto del Espíritu, no es nombrado en ningún momento el don de lenguas, porque el fruto espiritual y los dones espirituales no son la misma cosa. El primero se relaciona con el carácter que el Espíritu produce en quienes pertenecen a Cristo, mientras que los dones son capacidades que el Espíritu reparte para el servicio y la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:4-11).
Es más, una manifestación de un don espiritual nunca debe utilizarse como sustituto del amor, la santidad y la obediencia. El propio apóstol Pablo advierte en 1 Corintios 13:1-3 que aun las manifestaciones extraordinarias, cuando carecen de amor, no tienen el valor espiritual que algunos podrían atribuirles.
Conclusión
Finalmente, en este estudio bíblico se concluye que el hablar en lenguas es un don presentado en las Escrituras, y que cuando se propone como principio y evidencia indispensable de la vida cristiana verdadera, se está afirmando algo que no concuerda con la diversidad de dones enseñada por el apóstol Pablo. Respecto a su vigencia en la Iglesia moderna, existen diferentes interpretaciones que deben examinarse bíblicamente, sin imponer conclusiones que excedan lo que los textos permiten afirmar.
Si entendemos que este don continúa vigente, debemos recordar también que su ejercicio congregacional está sujeto a las instrucciones apostólicas sobre interpretación, edificación y orden. Por encima de cualquier manifestación espiritual, nuestra mayor responsabilidad es permanecer fieles a Jesucristo, vivir en obediencia a su Palabra y procurar el amor, porque los dones espirituales nunca fueron entregados para exaltar al hombre, sino para servir a Dios y edificar a su Iglesia.
© Predicas Biblicas. Todos los derechos reservados.






