Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Predica de Hoy: El camino del Señor
Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Filipenses 2:1-11
Introducción
Isaías anunciaba que la venida del Cristo estaba marcada por una voz que clamaría en el desierto y que prepararía el camino del Señor, enderezando sus veredas, esa voz que llamaba a reflexión, y a la vez, a un cambio integral de la conducta que lleve al arrepentimiento, a volverse al Señor, y que venía a través de Juan el bautista, es la misma voz que nos llega a cada uno de los habitantes de hoy en la tierra, aún de los cristianos que todavía no han permitido que el Espíritu Santo obre en su corazón.
Esta venida del Señor a morar en nuestro corazón debe marcar una nueva etapa en la historia de la cristiano, pues con ello se deben producir cambios sustanciales en la conducta del ser humano, en la visión del mundo y del futuro.
Cuando el Señor vino en carne se produjo un gran movimiento y las cosas cambiaron en lo político, social y religioso de manera que los razonamientos y la ley fueron cubiertos por la fe y el amor. Jesús prometió que vendría otra vez, y también tenemos marcado un tiempo de reflexión respecto de nuestra fe en Él a fin de ser parte de esa iglesia que supo guardar sus vestiduras blancas y sin arrugas para ser llevada junto a Él a los cielos; de esa iglesia que ha sabido encaminar la vida hacia el bien, dejando todo aquello que contamina nuestro ser, nuestra razón y nuestro espíritu.
Este siglo es nuestro tiempo real y estamos llamados, como cristianos, a preparar el camino de retorno del Señor, somos sus mensajeros, somos esa voz del siglo que clama en el desierto, y para esta tarea no estamos solos, pues el Señor derramó su Espíritu sobre su Iglesia y le dio poder para hacer grandes maravillas en su nombre.
El camino del Señor – Desarrollo
Leamos la Palabra de Dios en Filipenses 2:1-11 “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
En este pasaje, la Escritura nos muestra una verdad profunda acerca de Cristo. La expresión “se humilló” proviene del griego tapeinóō (ἐταπείνωσεν, Strong’s G5013), la cual describe un acto voluntario de descender, de someterse y de renunciar a toda exaltación propia. Esto nos revela que el camino del Señor no es de exaltación personal, sino de rendición, obediencia y entrega total a la voluntad de Dios.
Hoy la humanidad avanza con pasos agigantados hacia la conquista del futuro, el mundo con toda la tecnología de punta para generar una nueva humanidad, diferente a la del pasado para no volver a cometer los mismos errores, pero no está en sus cálculos una probable venida del Señor, con lo cual vemos que se ha dejado de lado la fe para darle lugar solamente a la razón.
Lo lamentable es que también muchos cristianos han dejado de vivir su fe en Cristo para caer en una fe intelectual, y esto los ha hecho insensibles a los problemas sociales a causa de la falta de amor por el prójimo; hay miles de hogares que se destruyen; miles de niños y jóvenes están solos y vagan en el desierto de la vida.
Millones de personas mueren de hambre; enfermos que mueren sin poder adquirir remedios; la corrupción y la prostitución, y todo esto evidencia que los valores y principios cristianos no son tomados en cuenta en la formación del ser humano, y si no se alimenta el espíritu.
¿Cómo podemos preparar Su venida?
Esta tarea es de la Iglesia, a través de la Palabra que predica, a través de sus acciones y consejos, logrando equipar a hombres y mujeres con una fe sustentada en los principios y valores enseñados por Jesucristo, y que debidamente preparados en el conocimiento puedan ser agentes de cambio en nuestra sociedad, sirviendo con amor, y por amor a Dios con un fin común: el servicio al prójimo.

Como pastores anhelamos que llenos del Espíritu, nuestros hermanos puedan transformar este mundo en uno mejor y que preparen el camino del Señor, que sean las voces que claman en el desierto anunciando las buenas nuevas de nuestro Señor Jesucristo a toda la humanidad, ya que si esto no es así, la iglesia dejaría de ser ese oasis en medio del desierto y perdería la razón de ser por la que fue creada.
El cristiano, cuando se convierte de verdad es como un cazador que anda en busca del poder de Dios para que éste sea glorificado con nuestra acción, pero que al mismo tiempo puede ser cazado por el diablo; un cazador es un hombre que se prepara, y para esto debe saber percibir el mundo de diferente formas, y además, un cazador es flexible y está en equilibrio con el mundo que lo rodea.
Y no es bueno porque conozca las rutinas de la presa, sino porque él no tiene las rutinas que impone la religiosidad que muchos pretenden vivir desde sus vivencias pasadas, sino que ha comprendido que en Cristo, siempre lo mejor está por venir y por lo tanto es mejor mirar hacia delante que mirar al tiempo y acciones del pasado.
La mayoría de la personas, y entre ellas muchos cristianos, se pasan la vida quejándose, golpeándose y conformándose con la misericordia de Dios en vez de jugarse en fe para lograr el poder y las bendiciones que cada uno tenemos preparadas por parte del Señor.
Un guerrero de Dios, para no “embarrarse” en el mundo debe tocar lo menos posible el mundo y tratar de ponerse fuera del alcance del pecado, no aferrándose a lo que normalmente se aferraba, no explotando ni exprimiendo a las personas, y menos a las que el Señor nos manda amar:
“Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros” Gálatas 5:14-15.
El hombre común está deseoso de decirle a quien le quiera escuchar, “quien es él”, o mejor dicho….., quién supone lo que es él; lo triste es que hay muchos cristianos que también necesitan repetir su vida para que todos conozcan “quien es”, como si lo que es fuese algo propio y no una gracia de Dios sobre su vida.

Pero el buen cristiano deberá ir “borrando” poco a poco su historia personal para hacer que Cristo viva en él, y esto no es dejar de hablar del pasado, sino usarlo de manera impersonal o como referencia, puesto que la importancia personal, nos impide apreciar el mundo en que vivimos y la acción del Espíritu sobre nuestra propia vida.
Cuando un cristiano ha tomado la decisión de seguir el camino del Señor, debe hacerse responsable de esta decisión entendiendo que no le queda tiempo para derrochar en el mundo, ni para lamentarse, ni para equivocarse.
El cristiano debe saber que es un cazador de poder o conocimientos, pero que el cazador también puede ser cazado por el enemigo: “porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” 1 Pedro 5:8.
La primera batalla que debemos librar como cristianos es por la libertad, pero ¿Qué es libertad para nosotros? La libertad en Cristo está relacionada con el espíritu, y es por esto que la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de que no es libre, algo en su interior se los dice, pero no lo comprenden, y no saben por qué no son libres; humanamente, la libertad que buscamos consiste en vivir nuestra propia vida como mejor nos parezca en lugar de vivir la vida en función de nuestra creencia.
Y cuando descubrimos que nuestra vida está controlada por ese sistema que el mundo instaló, sólo tenemos dos opciones: Seguir viviendo como lo hemos hecho hasta ahora, rindiéndonos ante los poderes del mundo, o rebelarnos completamente y declararle la guerra a todo eso que nos han impuesto, siguiendo el camino que el Señor marcara a través de Su Palabra, y allí es donde tendremos la oportunidad de recuperar nuestra libertad.
Un verdadero cristiano vive de actuar, y no de pensar en actuar, un verdadero cristiano elige un camino desde su corazón y lo sigue, mira y se goza pues “ve” y se da cuenta de que su vida se acabó en el mismo instante en que Cristo ingresó a su corazón; sabe que todos los demás, sin Cristo, no van a ningún lado.
Un cristiano sabe que no tiene nada, excepto vida para servir a su Señor, y su única relación con el mundo es para atraerlo a los pies de Cristo, y como nada más le importa, un hombre de Dios lleva adelante su propósito y lo ejecuta como si le importara, pero él sabe que en realidad solamente le importa que la obra del Señor se vea realizada.
Un Cristiano es, antes que nada y sobre todas las cosas, un hombre de Dios, humilde y consciente de sus limitaciones, pero también de sus potenciales, sabe que debe aprovechar la oportunidad de estar vivo para engrandecer el reino de Dios pues sabe que su vida puede acabar en cualquier momento.
Un cristiano sabe qué quiere de la vida y usa la Palabra de Dios para lograrlo, sabe que es un camino difícil: “Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” Lucas 18:25, pero también sabe que no hay nada en el mundo que satisfaga a su espíritu, y por eso no se embarra con el pecado ni se aferra a las personas, a los sentimientos o a los bienes materiales.
Conclusión
Un cristiano sabe que tiene muy pocas oportunidades para perder en la conquista de las almas, y sobre todo muy poco tiempo, pues la venida del Señor está próxima, por lo tanto se prepara a través de una disciplina, fortalece su cuerpo con la Palabra de Dios, y perfecciona su espíritu, ya que sabe que su campo de batalla es el mundo y la vida diaria.
El verdadero cristiano hace el bien sin necesidad de que se lo indiquen; acciona frente a la injusticia; no soporta la pereza; está dispuesto a enseñar aunque prefiere callar y escuchar; se aleja de ambientes contaminados; no se deja vencer por el miedo, aunque a veces lo sienta; conoce el mundo y lo que hay de perjudicial en él; en todo momento está aprendiendo; no está apegado al dinero, y cuando lo tiene lo usa con sabiduría para satisfacer necesidades.
Ahora bien, esa es la recompensa por esta batalla, ¿crees realmente que no vale la pena luchar?, luchar contra nosotros mismo, contra nuestros tesoros, y contra todo lo que nos impida ser libres para servir al Señor.
© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.







Aleluya aleluya aleluya pastor Coria que gozo que jubiló que alegría que usted nos siga pastoreando por este medio ay gozo con sus predicas en el pueblo de Dios el cielo se alegra y el los demonios tiemblan cuando usted escribe sus temas siga así se lo pedimos